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jueves, 25 de agosto de 2016

EL HITO FEMENINO



El basket femenino, una gran familia



No podemos pasar por alto, hablando del baloncesto en los Juegos, lo que ha sido el grandísimo hito histórico de la selección femenina absoluta alcanzando la plata olímpica en una cita en la que de una tacada accedían a semifinales y final por vez primera en su historia. La culminación de un trabajo bien hecho ya desde categorías inferiores con una actual selección intergeneracional, desde los 21 años de la talentosa Leticia Romero, estrella en la NCAA con la camiseta de Florida State, hasta los casi 37 de la capitana Laia Palau, quien suma ya nada menos que diez medallas con la selección absoluta, y sigue siendo una de las mejores jugadores de Euroliga ahora enrolada en el USK Praga, con quienes consiguió el segundo máximo título europeo de clubes de su historia. ¿Retirada?, ni hablar. La plata olímpica tiene aún mayor mérito si cabe al alcanzarse sobreponiéndose a la baja de una de nuestras grandes estrellas, nuestra mejor jugadora en la actualidad junto a Alba Torres, una Sancho Lyttle que se fracturaba el dedo de un píe el pasado Julio y dejaba el roster español cojo en su juego interior. La joven Astou Ndour ocupaba su plaza demostrando que a sus 21 años sería ya uno de los puntales de esta selección si la FIBA permitiese al menos dos jugadores naturalizadas por país para así convivir en el equipo junto a Lyttle (un problema idéntico al que sucede con Ibaka y Mirotic)


El torneo señala de nuevo a Lucas Mondelo, entrenador muy querido en este blog, como uno de los grandes nombres del baloncesto mundial en los banquillos. Es un técnico extraordinario, y su gestión de los grupos humanos que maneja es espectacular. Ahí queda para la posteridad el ya mítico tiempo muerto durante la remontada ante Turquía pidiendo a Ndour que empujase como no ha empujado en su vida, que si había que hacerle el boca ya se lo harían, y advirtiendo a sus chicas que “os va la marcha”. Otro éxito de un entrenador de baloncesto que se reconoce admirador del “Cholo” Simeone pese a declararse culé.  


No ha sido nada fácil colgarse esta plata. Tras una extraordinaria primera fase, sólo cayendo contra Estados Unidos, derrotando a China y Canadá, ganando a las actuales campeones de Europa (Serbia) y batiendo el record de diferencia a favor en un partido (de 54 puntos a Senegal), llegó el agónico partido contra Turquía. Una selección en teoría inferior, a la que derrotamos en el mundial de hace dos años disputado precisamente en tierras otomanas después de un partido igualado y resuelto en un magnífico último cuarto del combinado español, estuvo a punto de dejarnos fuera de la lucha por las medallas. A menos de cuatro minutos para el final perdíamos de ocho puntos. Tiramos de pundonor y épica para remontar el 52-60 y Anna Cruz llevaba el delirio al banquillo español al anotar el 62-60 tras un robo de Alba Torrens. El siguiente fallo turco parecía darnos el partido, pero en la búsqueda de agotar la posesión la propia Torrens cometía un fallo impropio de su calidad al regalar el balón al rival que anotaba por medio de la imparable Sanders (el destrozo que nos hizo la turco-americana se tradujo en 22 puntos, 10 rebotes, 4 robos y 2 tapones) Empate a 62 con 4 segundos por disputarse. Sin tiempos muertos. Sin tiempo para pensar. Anna Cruz corrió la pista y a los Sergio Llull se levantó sobre la bocina para obrar el milagro. 64-62 y a semifinales por primera vez en la historia. Otra vez Anna Cruz, como el verano pasado también en cuartos de final con aquel 2+1 ante Montenegro. Ya la conocen como “Crunchelita”, por su fiabilidad a la hora de anotar canastas ganadoras. Aquel pase a semifinales en el Eurobasket nos aseguró plaza en un Preolímpico en el que no tuvimos problemas para obtener el billete a Río. El hito no se detuvo en semifinales, ya que vencimos de nuevo a Serbia para subir al segundo cajón del podio, sólo detrás de una incontestable selección estadounidense de otra galaxia. 



Absolutamente espectacular, y una gesta que dado el nivel actual de nuestro baloncesto femenino y la edad de muchas de nuestras jugadoras, parece que no va a quedarse aquí. Recuerden que por detrás viene Ángela Salvadores.    


miércoles, 24 de agosto de 2016

LAS NOTAS DE LOS JUEGOS





Abrimos esta entrada para analizar el papel de los 12 equipos participantes en estos Juegos Olímpicos recién finalizados y cual es a nuestro juicio su nota final. Lo hacemos en base a su clasificación final, juego desplegado, posibilidades reales por calidad de la plantilla, y por el global del torneo desde el primer día de competición. También nos gustaría que el aficionado más duro en sus análisis se diese cuenta de la dificultad de un torneo de este tipo, en el que es prácticamente imposible rendir a tu mejor nivel durante los ocho partidos. De hecho nadie lo ha logrado. Cuando la gente se pregunta cómo es posible que nuestra selección haya dado una determinada imagen en un partido y otra radicalmente distinta en otro, hay que recordarles que la selección sigue siendo exactamente la misma, pero las sensaciones, las piernas, o el acierto en el tiro puede cambiar radicalmente en 48 horas. Es deporte. Si ustedes practican eso del running, ahora que está tan de moda, y prueban a correr 8 kilómetros, verán que en ninguno de esos 8 kilómetros hacen el mismo tiempo, e incluso apreciarán diferencias de bastantes segundos entre algunos tramos y otros, y evidentemente notarán sensaciones muy distintas en el kilómetro 1 que en el 3 o que en el 8. Los 12 equipos participantes han corrido sus particulares 8 kilómetros (o 5 o 6, dependiendo en que fase hayan caído) y cada uno de ellos ha sido distinto. Este es nuestro balance final para todos ellos. 


ESTADOS UNIDOS: Sin desplegar un brillo superlativo y sin mostrar una autoridad tan contundente como en otras ocasiones (aun así la diferencia final en la lucha por el oro, de 30 puntos frente a Serbia, es la más abultada desde los 32 que les mete el Dream Team de Jordan y compañía a la Croacia de Drazen Petrovic en Barcelona 92), se han colgado el oro sin perder ni un partido. No se esperaba menos en la despedida de Mike Krzyzewski, quien deja la selección con tres oros olímpicos y dos oros y dos bronces mundiales (súmenle a eso sus 5 títulos en la NCAA, amén de ser el entrenador con más victorias en esa liga, y comprenderán porque hablamos de Coach K como un mito de los banquillos) Pese a las dudas que pudieran dejar en la primera fase, con Australia, Serbia y Francia plantándoles apuros, cuando comenzaron las eliminatorias no dieron opción a sus rivales. Sólo España en semifinales pudo realmente mirarles a la cara. La final, como hemos dicho, un paseo. SOBRESALIENTE.    




Coach K deja paso a Pops... esto si es una transición dulce.



SERBIA: Un parcial de 4 victorias por 4 derrotas, peor que el de España y Australia, pero que les sirve para colgarse la plata. Quedar subcampeones sólo por detrás de los inaccesibles Estados Unidos podría calificarse de sobresaliente, pero les bajamos la nota final por su global del torneo. Cumplen ante China y Venezuela pero pierden el resto de partidos de su fase. Viven un final agónico ante Croacia, y solamente ante Australia en semifinales dejan un partido para el recuerdo. Ejemplo magnífico de rentabilidad. Djordjevic se consolida como líder emocional de un grupo que crece, al igual que su entrenador, cuando sirve a su país. Nada tiene que ver el timorato técnico que vimos en Panathinaikos la pasada temporada con el depredador del banquillo serbio que ha sido capaz de convertir al difuso Teodosic en un arma letal incontestable para los rivales. La recuperación de Macvan, otro acierto. NOTABLE ALTO. 


ESPAÑA: Cinco victorias y tres derrotas. Tres partidos para las videotecas (palizas ante Lituania, Argentina y Francia), dos derrotas por la mínima y otra por seis puntos y siendo el único capaz de competir frente a Estados Unidos en las series eliminatorias. NOTABLE. 


AUSTRALIA: La revelación del torneo. No tanto por llegar a semifinales, vista la calidad de su roster, si no por haber hecho un baloncesto capaz de enganchar al aficionado desde el primer minuto. Sólo muerden el polvo en la primera fase ante Estados Unidos tras un grandísimo partido, vapulean a Lituania en cuartos de final, y sólo flaquean de manera considerable ante Serbia. Ante España recuperan sensaciones en la lucha por el bronce, pero la escasa línea que separa el cielo del infierno les deja sin metal, con un buen balance de 5-3 y 7 buenos partidos jugados. NOTABLE. 





Australia, a un paso de hacer historia.



CROACIA: Rozando el notable. Líderes de su grupo tras ganar a España, Brasil y Lituania, y a punto de dar la campanada ante Serbia. Van por buen camino de la mano de Aza Petrovic. La escasa rotación (ocho jugadores) y la excesiva dependencia de Bogdanovic (35.3 minutos por partido) y Saric (33.1), los dos jugadores que más minutos por partido han jugado de todo el torneo, ha sido su gran lastre. Selección en progresión, que debe dilucidar la cuestión Tomic de cara a futuros torneos. ¿Juegan mejor sin él? ¿Podrá el hermanísimo Petrovic insuflar testiculina a un jugador con tanta calidad como desidia? BIEN ALTO.


ARGENTINA: Que el fin del mundo nos pille bailando. Nocioni y Ginobili bailaron su último tango en Río. Scola de momento no anuncia su retirada. Parecían eternos, pero son humanos. Se van con la cabeza alta. Buen comienzo de torneo, ante una Nigeria que les había ganado en la preparación y ante una gran Croacia. Dejan un partido épico contra Brasil, tras dos prórrogas, y caen ante Lituania y España para finalmente ser cuartos de grupo y verse condenados a un duelo imposible ante Estados Unidos. Que la transición les sea leve. BIEN. 


LITUANIA: Sinceramente, por muy subcampeones de Europa que sean, con la plantilla que maneja Kazlaukas no se puede aspirar a estar mucho más arriba de unos cuartos de final en unos Juegos Olímpicos. Falta esperar que jugadores en progresión den el paso, caso de Kuzminkas, Sabonis jr., o incluso un Valanciunas que no acaba de ser el jugador decisivo para el baloncesto lituano que todos esperaban tras verle brillar en Toronto. Maciulis y Kalnietis siguen siendo el alma del equipo, en el caso del último sigue siendo preocupante la falta de relevo en el base. El joven genio Velicka (16 años, camino de 17), recién fichado por el Barcelona, no debería tardar en aparecer en la absoluta. Balance de tres victorias y tres derrotas con dos caras bien diferenciadas, ya que ganan los tres primeros partidos, pero caen en los siguientes, con derrotas tan contundentes como la que les inflige España o tan dolorosas como la de Australia en cuartos. Un poquito por encima del suficiente. BIEN. 


NIGERIA: Sólo una victoria, como en los Juegos de Londres, pero mucha mejor imagen, pese a sus lustrosas ausencias (Al Farouq Aminu, Ezeli, Udoh, y la lesión de Lawal ya comenzado el torneo) Contra Lituania y España compitieron excepcionalmente, y finalmente hicieron morder el polvo a Croacia, con una notable progresión anotadora (le hacen 80 puntos a los lituanos, 87 a nosotros, y 90 a los croatas) Cualquier cosa menos comparsas. BIEN.     




La Nigeria de William Voigt dejó muy buena imagen.



FRANCIA: Un tanto decepcionante, una vez más, para la mejor generación del baloncesto francés de la historia quedarse fuera de las medallas, y una vez más los responsables han sido Pau Gasol y compañía. Su mejor imagen la dieron en la victoria ante Serbia y en la derrota ante Estados Unidos. Cumplieron el trámite contra China y Venezuela y su mal partido ante una Australia muy superior en el primer partido fue clave para marcar una trayectoria posterior que les llevaría a encontrarse con una España que no les dio opción. SUFICIENTE.


VENEZUELA: Para los de Néstor “Che” García ya era un premio estar en estos Juegos en su condición de actuales y sorprendentes campeones de América. Cumplieron con el objetivo de no irse de vacío, tras una apurada victoria ante China. En el resto de los partidos fueron presa fácil para sus rivales. Parece que agotaron los milagros definitivamente en Ciudad de México el pasado verano, pero sin duda alguna ha sido muy importante el paso por este torneo para esta selección y para que este sufrido país siga manteniendo su pasión por nuestro deporte favorito. SUFICIENTE. 


CHINA: Se van con el dudoso honor de ser la única selección sin estrenar su casillero de victorias. Era, por un lado, previsible, pero por otro pensamos que hay que empezar a exigirle cierto crecimiento a un baloncesto que maneja un mercado tan fuerte económicamente, con una liga a la que acuden con cada vez mayor frecuencia nombres estelares, y con los parques llenos de chavales jugando a la canasta y un número de licencias federativas que ya quisiera cualquier país europeo. La realidad es que estos Juegos sólo han servido para la gloria estadística de Yi Jianlian, número 6 del draft de 2007 y que vuelve al primer plano deportivo tras este torneo al firmar por Los Angeles Lakers. El joven gigante de 20 años Zhou Qi de momento no demuestra gran cosa. INSUFICIENTE. 



BRASIL: Sin duda alguna la gran decepción del torneo. Cierto es que las bajas de Varejao y Splitter limitaban la euforia respecto a los anfitriones, pero el buen año rookie de Marcelinho Huertas y Raulzinho Neto en la NBA, la espléndida temporada de Leandro Barbosa en Golden State, y la solvencia demostrada a lo largo de su trayectoria por Nené Hilario, junto a algún joven valor como Cristiano Felicio, más un buen número de habituales de la “canarinha”, hacían que no fuera nada descabellado pensar en Brasil como aspirante a la lucha por las medallas. Lituania les dio una bofetada de realidad en el primer partido, y aunque se repusieron con un agónico triunfo ante España, Croacia les volvió a complicar la vida para finalmente ser su derrota tras dos prórrogas ante Argentina el momento determinante que señalaría el fracaso de Ruben Magnano, el hombre que conoció la gloria olímpica campeonando con Argentina en 2004 y que tres ediciones olímpicas después prueba el sabor del fracaso. Finalizaba contrato con la federación brasileña este mes de Agosto, y ya se conoce que no será renovado. INSUFICIENTE. 





Brasil, mucha pelea y escaso juego. Decepcionante.






martes, 23 de agosto de 2016

EL TABLERO DE SCARIOLO




Scariolo, primeros tiempos en Pesaro, flanqueado por Andrea Gracis.





Sergio Scariolo engrandece su leyenda. A sus 55 años nadie puede dudar de que el de Brescia posee uno de los palmareses más envidiables de la historia de este deporte en el Viejo Continente. Analizamos su trabajo en este torneo, y la utilización de unos jugadores quienes, igualmente, siguen ampliando el listado de éxitos en su carrera. Y es que el día que se retiren jugadores como Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y compañía, echar un vistazo a todo lo que habrán conseguido a nivel de selección y de clubes (amén de las distinciones individuales) hará palidecer a las generaciones venideras, que, no obstante, confiamos sean capaces de mantener el nivel de competitividad de nuestra selección. 


No ha sido un torneo fácil para nuestro cuerpo técnico. El triunvirato que con Scariolo a la cabeza se formaba con Txus Vidorreta y Jaume Ponsarnau (éste último noticia de última hora al anunciarse su incorporación al Valencia Basket como segundo de Pedro Martínez) afrontaba una gira preparatoria plagada de problemas, dudas sobre el estado físico de algunos jugadores y viajes al otro lado del Atlántico para firmar con sus franquicias NBA. Fue el caso de Sergio Rodríguez y Pau Gasol, dos jugadores de una calidad e importancia tan básicas para nuestra selección que nadie puede plantearse la locura que hubiera supuesto dejarlos fuera del roster como castigo por su ausencia de la concentración. Quizás más dudoso sea el caso de Alex Abrines, elegido finalmente por delante de Fernando San Emeterio pese a que sólo participó en el primer partido de la gira y pese a estar levemente lesionado, hasta el punto de tener que entrenar aparte del resto de sus compañeros. Sea como fuere ya no es tiempo de hablar de hipótesis, si no de realidades, y la realidad, plasmada en una medalla de bronce, merece ser valorada en su justa medida. 


A José Manuel Calderón, nacido en 1981, se le asocia con justicia con la generación del 80, la de Pau, Felipe y Navarro, ya que a pesar de ser un año más joven es otro de los “juniors de oro”, aunque en su caso fuera el oro europeo de Varna en el 98, ya que se perdió el mundial del 99, aquel aldabonazo increíble para aquellos chavales que tumbaron a Estados Unidos, por una de las muchas lesiones que ha tenido a lo largo de su carrera cuando llegan los campeonatos internacionales (es curioso que siendo un jugador muy fiable en el aspecto físico durante temporada regular, distintos percances en los veranos le han hecho perderse citas con nuestra selección que habrían agrandado aún más su palmarés) Lo cierto es que estos Juegos vienen a constatar que, precisamente el más joven de esta generación es quien más difícil va a tener su continuidad. Sergio Rodríguez y Ricky Rubio están ahora mismo varios peldaños por encima, y la progresión de Guillem Vives, ¿Jaime Fernández?, o el polivalente Pau Ribas pudieran cerrarle la puerta para una nueva convocatoria. Habrá que esperar a ver su temporada en los Lakers, si es que finalmente acaba el curso con los púrpura y oro (overbooking y devastadora competencia en el puesto de base… un jugador consagrado como Louis Williams, los jóvenes Clarkson y Russell, el veterano Huertas…) En Brasil Scariolo ha confiado exclusivamente en Ricky Rubio y Sergio Rodríguez como directores de juego, con algún esporádico momento para Llull. Calderón no jugó contra Croacia, fue anecdótico contra Brasil, subió minutaje contra Nigeria para jugar nuestros peores momentos del partido (-11 con él en pista), y buscó recuperar sensaciones ante Argentina y Francia. Lo más positivo fueron sus dos triples frente a los albicelestes. Ante Estados Unidos y Australia volvió a desaparecer de la rotación.


La utilización de Ricky y el Chacho fue uno de los mejores aspectos de Scariolo. Dos bases similares en su concepto del baloncesto en cancha rival, con gran visión del juego, predominio del ritmo alto y búsqueda del campo abierto, pero con características individuales distintas. De una manera muy resumida podemos decir que Ricky da en defensa lo que el Chacho resta, y viceversa en ataque. Y esas prestaciones son las que ha buscado nuestro entrenador (admitiendo que ambos tienen un problema, habitual en todos los bases españoles, el problema en la defensa de los bloqueos, donde nos solemos quedar pillados con el “grande”) El ardor defensivo de Ricky le ha llevado a tener que lidiar con las faltas personales. Frente a Croacia se cargó pronto y su participación se limitó a 12 minutos, similar problema frente a Brasil, mostrando un preocupante bloqueo mental, creció ante Nigeria, siendo el mejor del partido (15 puntos, 4 asistencias y 4 rebotes), mantuvo el nivel ante Lituania (11 puntos y 4 asistencias, con 3 de 4 en triples), y ante Argentina y Francia se mostró sobrio en la dirección y fuerte en defensa. Frente a Estados Unidos y Australia de nuevo las faltas personales le limitaron, pero siempre estuvo a disposición de Scariolo en momentos apretados que necesitasen de defensa (la última posesión australiana por el bronce, por ejemplo) Finaliza con un +/- de 71 puntos, el tercero por detrás de Pau Gasol y Rudy, lo que da una idea de su incidencia en cancha. El Chacho volvió a demostrar que hoy por hoy es uno de los mejores del mundo en el basket FIBA (desde aquí le deseamos toda la suerte para su segunda aventura NBA), aportando en anotación (llegando a la decena de puntos en cuatro partidos) y dirección (máximo asistente del equipo con 4.8) En general buen torneo de ambos bases y con prestaciones bastante equiparables, con una valoración de 8.4 para el Chacho en 20.6 minutos por partido y 7.1 para Ricky en 16.9, y ambos han estado en un ratio asistencias/pérdida muy similar rondando los 2.5 pases de canasta por cada pérdida de balón. Pareja de garantías. Por último, hay que recordar que Ricky llegaba a este torneo afrontando un momento personal muy delicado por el reciente fallecimiento de su madre (recuerden que hablamos de un chaval de 25 años), a quien ha dedicado esta medalla.   




Los peones de Scariolo, ambos cumplieron.



En las alas Scariolo ha confiado en la pareja madridista Llull-Rudy, con Navarro como primer relevo (dándonos mucho “small ball”) y Claver confirmado cada vez más como alero con el entrenador italiano. Riqueza táctica para el técnico, alternando tres pequeños con tres grandes según circunstancias del partido. Gran torneo de Rudy. El segundo mejor jugador del equipo en mi opinión (aunque por números Mirotic ha estado mejor) Llevamos ya tiempo advirtiendo, desde la retirada de Carlos Jiménez, que a Rudy le ha tocado esa a veces no reconocida labor de los “intangibles”, lucha, defensa, rebote, perseguir rivales, morder… nunca se ha podido dudar de la entrega de este jugador en ese sentido, pero se echaba en falta más mordiente ofensivo, cuando talento en el otro lado de la cancha no le falta. Hemos recuperado al Rudy tirador, aquel que hacía levantarse del asiento al bueno de Andrés Montes. Rudy ha vuelto a sacar el fusil (15 triples de 40 intentos) y con él en pista el equipo ha sumado 9.6 puntos más que el rival en cada partido. Lo dicho, el mejor escudero para Pau (con permiso de Mirotic) Empezó a crecer frente a Nigeria (ese partido que seguimos manteniendo, fue mucho más importante de lo que la gente cree) y estuvo descomunal frente a Argentina (23 puntos y 7 rebotes), su mejor partido. Llull ha compartido hiperactividad y estajanovismo con Rudy. No ha tenido el acierto exterior de otras ocasiones, ni hemos visto sus famosas “mandarinas” en un equipo en el que había varias opciones de ataque por delante de él. Aun así ha hecho un buen torneo, como indican sus 8.6 de valoración en 26.2 minutos en juego, y un +/- acumulado de 62 puntos. Ya es indiscutible y cada vez más se confirma como el mejor sucesor posible de Navarro. En un país tan acostumbrado a derribar a machetazos a sus ídolos, La Bomba ha sido el debate nacional para multitud de “cuñados” del país, convencidos de que su tiempo ya pasó y que fuera romanticismos, que ya no hay sitio para un jugador de 36 años con fascitis plantar crónica por mucho talento y puro baloncesto que destile por cada poro de su piel. No es el que era, pero sigue viendo el juego como nadie. Lo peor, verle lanzar de manera tan pobre (5 de 19 triples), pero ha sabido adaptarse a un rol menos anotador y más repartidor. Sus minutos con Llull y Chacho/Ricky dieron una extraordinaria circulación de balón al equipo. Desatascó al equipo en algún momento concreto (crucial frente a Nigeria) Bien dosificado, con 14.8 minutos por partido. No está para más, pero para un hombre acostumbrado a devorar registros y seguir poniéndose metas personales, verse a tres partidos de superar a Epi y convertirse en el jugador con más entorchados de nuestra camiseta hace pensar que la retirada no está entre sus planes a corto plazo.   


Claver, el siempre criticado Claver, sigue alternando posiciones con un Scariolo que es el único entrenador que realmente se ha atrevido a ponerle de tres en esta selección. Su labor sigue siendo oscura, sorda y callada, y ha cumplido en los 12.7 minutos que ha estado en pista. Fundamental en la defensa de los bloqueos indirectos, y clave para el bronce anticipándose en el último balón australiano. No ha brillado como en el pasado Eurobasket, cuando desactivó a Giannis Antetokounmpo en cuartos de final y tuvo un ratio minutos/rebotes muy notable, pero ha cumplido. 


En el juego interior puramente dicho, la dupla Pau-Mirotic ha demostrado una compenetración absoluta, extraordinaria en partidos como el de Francia, cuando ante el sobremarcaje al que fue sometido Gasol el montenegrino sacó la escopeta. Sobre Pau, poco se puede decir ya que no suene a repetitivo. Mito, leyenda, héroe… el hombre que ha cambiado nuestro baloncesto. Otra vez números de videojuego: 19.5 puntos, 8.9 rebotes y 1.9 tapones en sólo 27.9 minutos por partido. E incidimos en el “sólo” porque mucho se ha hablado de la “gasoldependencia”, cuando la realidad es que comparado con la mayoría de los primeras espadas del resto de selecciones, nuestro líder es de los que menos ha jugado. Bogdanovic y Saric por Croacia, Scola y Nocioni por Argentina, y Kalnietis por Lituania, han superado los 30 minutos de media. Por encima de los 29 han estado Mills (Australia) e Hilario (Brasil) Por encima de los 28 el argentino Campazzo y el nigeriano Diogu, y, ojo a este dato, Kevin Durant, quien con 28.8 minutos por partido ha sido requerido por Krzyzewski más que Gasol por Scariolo. Sea como fuere, lo cierto es que no se puede entender este bronce sin la aportación de un hombre que marca un antes y un después en nuestro deporte. Se ha vuelto a echar sobre sus espaldas a todo un país, y a sus 36 años su nivel sigue impidiendo anticipar la recta final de su carrera ¿Sus últimos Juegos Olímpicos?, a día de hoy, lo dudo. Hablamos del ya máximo anotador de la historia de nuestra selección, y del máximo taponador, segundo máximo reboteador, y tercer máximo anotador de la historia del baloncesto olímpico. Sólo él sabe dónde está su límite. 


Si había algún debate o controversia sobre la decisión Mirotic por delante de Ibaka (recordemos que el congoleño al no verse al 100% renunció a la posibilidad de acudir a los Juegos hace meses), Niko los ha derribado a triplazo limpio. 17 dianas de 38 intentos desde la distancia más letal. 12.9 puntos y 5.6 rebotes por encuentro lo convierten en uno de los mejores “cuatros” que han disputado esta edición del torneo olímpico. Felipe Reyes ha vuelto a ser un seguro desde el banquillo, aportando defensa, intensidad y rebote (4.1 rechaces en 14.6 minutos) Le ha faltado finura ofensiva (38.9% en tiros de campo, mal porcentaje para un jugador interior), pero ha sido el relevo más fiable en el global del torneo tanto para Pau como para Niko, aunque hay que quitarse el sombrero ante el campeonato de Willy Hernángomez. Prácticamente inédito ante Croacia y Brasil (sólo 3 minutos ante los croatas), comienza a crecer ante Nigeria (¿siguen dudando de la importancia de ese partido?) con 11 puntos en 16 minutos casi sin fallo. Enorme ante Francia (18 puntos y 6 rebotes… ¡en 17 minutos!), se va a New York con un bronce al cuello y una estupenda carta de presentación. Volvió al fondo de la rotación en los partidos más mediáticos, semifinal ante Estados Unidos y pelea por el bronce ante Australia, pero finaliza con unos buenos 6.6 puntos y 2.7 rebotes, muy meritorios si tenemos en cuenta que juega 10.9 minutos por partido. Muy destacable su seguridad frente canasta, de cinco puro que espera su momento junto al aro, dejando un sobresaliente 62.5% en tiros de campo. Phil Jackson sabe lo que se hace cuando arde en deseos de verlo con la elástica knickerbocker.   


Finalmente Alex Abrines tendrá que esperar futuras ocasiones para aportar en los éxitos de nuestra selección. Dos minutos por partido en los tres encuentros que ha disputado resultan totalmente insuficientes para poder juzgar su paso por estos Juegos, pero su convocatoria en este roster pese a sus problemas físicos y su agenda contractual con Oklahoma City, deja claro que la confianza en su figura es total y será uno de los hombres claves en la dura transición que tarde o temprano este grupo ha de afrontar cuando los pesos pesados vayan dejando el vestuario en el que tantas emociones han compartido.



Al frente de todo esto, manejando los hilos, Scariolo vuelve a demostrar que es en estos momentos el entrenador ideal para esta selección. Equilibrado tanto en su manera de ser como en su modo de entender el baloncesto, partidario de un sistema mixto que permita tanto la libertad del jugador para tomar decisiones (fundamental cuando hablamos de deportistas de esta calidad) como el mantener el “ataque por conceptos”, su flexibilidad con el baloncesto es absoluta, alternando quintetos altos con “small ball”, buscando juego más o menos físico según el contexto, ordenando zonas o individuales… Scariolo es un estudioso del baloncesto que no es prisionero de ningún libro de estilo. Este es un país muy poco dado a reconocer el trabajo de los entrenadores, sobre todo cuanto más serenos, pausados y educados se muestran, pero la contundencia de los éxitos es ya tan abrumadora que sólo queda reconocer que la selección, hoy por hoy, sigue estando en buenas manos.  




Pau, de nuevo el faro que alumbra un país. 



lunes, 22 de agosto de 2016

BAJAR UN PELDAÑO, SUBIR LA ÉPICA





De nuevo, emocionados.




De vuelta de unas intensas vacaciones toca hacer un repaso y análisis de lo acontecido en la segunda y definitiva semana de competición en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que suponen otro éxito para el baloncesto español representado en un bronce que se suma a la larga lista de logros de esta generación de jugadores ya legendaria. Mientras el sector más ingrato de la afición sigue haciendo sangre en el hecho de haber perdido dos partidos a cara o cruz (hay que recordar que de haber sido primeros de grupo nos hubiéramos enfrentado a una fortísima Serbia, últimos del Grupo A en una fase muy decidida desde prácticamente la segunda jornada en ese grupo comandado por Estados Unidos), nosotros preferimos admirar como se ha sido capaz de revertir una situación muy complicada, sin margen de error y jugando sin red, para finalmente volver a subirnos a un podio en un gran torneo. Son ya once veranos, desde el Mundial 2006, traducidos en el citado oro mundial, tres oros europeos, dos platas olímpicas, y dos bronces, uno europeo y otro olímpico. Nueve medallas, nueve veranos sin bajarnos del cajón. Sólo los mundiales parecen haberse vuelto “malditos” para nosotros. Después de ganar brillantemente el de 2006, en las ediciones de 2010 y 2014 no hemos sido capaces de subirnos al podio.  


Habíamos dejado a la selección en el tercer partido, obteniendo su primera victoria en un buen partido contra Nigeria. Unos cuantos “locos” nos empeñamos en decir que veíamos al equipo por el buen camino. Nos llamaron de todo. Hubo cera hasta para el bueno de Pepu Hernández, sereno en su juicio e incapaz de sumarse al injusto linchamiento al que se estaba sometiendo a la selección. El campeón africano, que ya había mostrado una excelente cara ante Lituania, a la que llegó a dominar durante varias fases del partido, confirmó que no era ninguna perita en dulce cuando dos días después vencía a Croacia en un brillante encuentro. Lituania de nuevo, como en el Eurobasket 2009, aparecía como punto de inflexión hacia la gloria. Encadenamos tres victorias consecutivas, frente a lituanos y argentinos para certificar el pase a cuartos como segundos de grupo en un cuádruple empate de equipos con balance 3-2, y frente a Francia en el partido de cuartos de final que daba acceso a la lucha por las medallas. Tres encuentros para el recuerdo, de los mejores que ha jugado nunca esta selección, y a la altura de los europeos de 2009 y 2011, con una circulación de balón exquisita, una gran actitud defensiva, y una exuberante magnificencia ofensiva. Especialmente recordado será el choque ante Lituania. La reedición de la final del último Eurobasket fue un auténtico paseo militar que finalizó con un concluyente 109-59. Histórico. También doblegamos a una Argentina que buscaba evitar la cuarta plaza de grupo y con ello el duelo en cuartos frente a Estados Unidos (92-73) y continuamos el festín contra Francia (92-67) La mejor generación del baloncesto francés de la historia volvió a sucumbir nuevamente ante la mejor generación española, y el siempre denostado Scariolo volvió a imponerse a un Collet incapaz de detener la tormenta ofensiva española, en un partido en el que Pau aprovechó los dobles y hasta triples marcajes (los 40 puntos que nuestro mejor jugador de la historia les endosó en su Eurobasket el pasado verano aún están muy frescos) para repartir juego a sus compañeros. De la excesiva vigilancia al de Sant Boi se benefició sobre todo Nikola Mirotic, espectacular con sus 23 puntos incluyendo cinco triples letales después de ocho intentos desde la distancia.


Con esas premisas llegaba el duelo de semifinales ante Estados Unidos. El partido que todos hubiéramos deseado en la final, y que significaba otro intento para esta generación de subir el único peldaño al que todavía no han podido llegar. El de vencer a los inventores de este deporte y con ello alcanzar por fin el oro olímpico. La selección de Coach K (en su despedida de un cargo que hereda otro mito de los banquillos como Gregg Popovich) había sembrado dudas en la primera fase. China y Venezuela no supusieron obstáculo ninguno, pero Australia fue capaz de liderar el marcador durante varias fases del encuentro, Serbia pese a estar por debajo jamás se descolgó del partido y llegó a disponer de un lanzamiento triple que hubiera supuesto la prórroga e incluso Francia ajustó tanto el marcador en los instantes finales para perder al igual que Serbia por tan sólo tres puntos. No obstante el partido de los norteamericanos en cuartos de final ante Argentina confirmaba que a la hora de la verdad su fiabilidad camino del oro seguía intacta. Y España dio la cara. No fue un partido tan espectacular como las dos finales olímpicas anteriores (quizás a un alto intercambio de golpes hubiéramos tenido menos opciones todavía), pero planteamos un encuentro muy serio en el que no nos sacaron de la pista en ningún momento (ninguna selección lo ha hecho nunca contra este grupo de jugadores) y jamás le perdimos la cara al partido en ningún momento. Es cierto que estuvimos a remolque en el marcador durante todo el partido, arrastrando la diferencia de 9 puntos del primer cuarto, pero los seis puntos de diferencia finales reflejan la poca distancia que hay en estos momentos entre estas dos potencias del mundo de la canasta, y fuimos capaces de dejar a la mayor maquinaria ofensiva del baloncesto mundial a nivel de selecciones en tan sólo 82 puntos, cuando no han bajado de los 90 en ninguno de sus otros siete partidos, y han alcanzado el centenar de puntos en cuatro de ellos. Incluso fuímos capaces de vencerles en los parciales de dos cuartos, cosa que ni siquiera logramos en las dos finales olímpicas. Caímos, como no podía ser de otro modo, con la cabeza muy alta. Porque una de las características de esta selección española (y por eso a algunos a los que nos han tildado de “fanáticos” nos han dolido algunas críticas) es que independientemente de que tengan el día en ataque o no, el balón entre o no entre, o las piernas vayan mejor o peor físicamente, su espíritu de lucha y pelea ha estado intacto siempre, tanto en las victorias como en las derrotas. Lo más parecido a una “debacle” que podamos considerar, fue el desastroso partido contra Francia en cuartos de final del Mundial 2014, y aun así no nos sacaron de la pista y fue un encuentro muy igualado que se decidió en los últimos tres minutos en el que los galos se fueron en el marcador. Pero nunca hemos sufrido un varapalo tan severo como el que nosotros si hemos endosado a nuestros rivales, como los infligidos a Lituania o la propia Francia en este torneo, sin ir más lejos. Obviando a Estados Unidos, ni Argentina, ni Francia, ni Serbia, ni Lituania, ni cualquiera de las selecciones punteras de este deporte ha mostrado este carácter de la selección de Scariolo para incluso en sus peores partidos mantener opciones de victoria hasta el final. Un aspecto clave para entender la fiabilidad de este equipo y su continuado idilio con el éxito traducido en medallas. Y es por eso, insistimos, por lo que no nos han gustado las críticas tras los tres primeros partidos (pese a la mejoría mostrada ante Nigeria, mejoría que muchos se negaron a ver, mostrando un insultante desprecio a la selección africana)   




De Andre Jordan y el rebote ofensivo, claves en nuestra derrota ante USA



Tocaba lamerse las heridas tras otro infructuoso intento de asalto al trono estadounidense. No era Australia un buen cliente para jugarte un bronce. En la primera fase, como ya explicamos en alguna entrada anterior, dieron auténticas exhibiciones de baloncesto, y en cuartos de final pasaron por encima de una Lituania definitivamente de más a menos durante este torneo. La semifinal ante Serbia les otorgaba favoritismo, aunque sinceramente en mi opinión era un partido totalmente imprevisible, dado el carácter competitivo de la selección de Djordjevic, que al igual que la de Scariolo saca lo mejor de sí misma en los momentos decisivos. Había otro aspecto, bajo mi punto de vista, interesante para pensar en una posible victoria serbia: su derrota en la primera fase ante Australia. Y es que a los de Djordjevic, como ya demostraron en el pasado Mundial de España (disputando al igual que en esta ocasión la final ante el combinado norteamericano de Mike Krzyzewski), es muy difícil ganarlos dos veces en un mismo torneo (excepto si eres Estados Unidos, claro) Un lobo balcánico con piel de cordero que se frotaba las manos con el favoritismo de Australia según las casas de apuestas. Sinceramente no creo que pueda sorprender que los de Djordjevic se hayan metido en la final dejando en la cuneta a esta gran selección australiana, lo que si resulta sorprendente es la autoridad con la que se deshicieron de los de Lemanis. Los aussies habían exhibido un baloncesto ofensivo de alto voltaje, con auténticas exhibiciones de tiro. Habían humillado a Lituania por un contundente 90-64, con una notable serie de 10 triples de 25 intentos, pero fueron una sombra de sí mismos ante Serbia. El 4 de 31 en triples lo dice todo. La metralleta Mills, desactivada con 1 de 9. Los 26 puntos que les endosaron los de Lemanis a Lituania, eran ahora devueltos por parte de una Serbia en su versión más depredadora, con un Teodosic definitivamente superior cuando se pone la elástica de su país. El gran mérito de Djordjevic, un buen gestor de emociones quien ha sido capaz incluso de recuperar a otro brillante jugador de mentalidad difusa como Milan Macvan. El jugador al que descubrimos y nos deslumbró en Madrid en el Europeo Sub18 no ha tenido posteriormente la regularidad esperada con su selección cuando estaba llamado a ser uno de los líderes del nuevo baloncesto balcánico. Tras no pasar los cortes para los rosters definitivos del Mundial 2014 y Eurobasket 2015, en estos Juegos ha sido pieza clave y jugador titular para Djordjevic. Veremos si es para quedarse.


Nos esperaba por tanto una Australia herida después de haber hecho seis partidos de gran baloncesto y haber sido barridos de la pista por Serbia en el séptimo. Sobre el papel, partido igualado y de gran calidad. Y así fue. Buena primera parte del combinado español, pero al igual que sucediera en el segundo partido frente a Brasil, los tres últimos minutos del segundo cuarto sirvieron para encajar un parcial de 8-0 que dejaba las cosas en un ajustado 38-40 cuando habíamos llegado a mandar de 10. La segunda parte se movería en un columpio, pese a que un triple de Sergio Rodríguez iniciando el último cuarto abría una pequeña brecha de 6 puntos a nuestro favor. Buenos minutos en defensa del siempre discutido Claver en los bloqueos indirectos para Mills. Pero Motum metía en el partido a los aussies con cuatro puntos consecutivos. Y el columpio a moverse, punto arriba punto abajo todo parecía indicar que nos encaminábamos a un final dramático, para valientes. Y ahí se mueve como nadie Sergio Rodríguez, quien selló el bronce con dos tiros libres tras sacar una falta personal en la defensa del bloqueo de Mills. Antes Pau Gasol había anotado otros dos decisivos, pese a su errático 4 de 7 hasta aquel momento en el día de ayer, y un acumulado de 22 de 38 en el total del torneo. Apenas un gris 60%. Pero en el momento clave no le tembló el pulso para dar un nuevo éxito a nuestro baloncesto ejerciendo como el gran líder que siempre ha sido con nuestra camiseta. Y también fue decisivo Claver de nuevo en defensa, metiendo una mano providencial sobre un balón de Joe Ingles para malograr un último ataque aussie cuando quedaban cinco segundos por disputarse.Después de haber perdido dos partidos (Croacia y Brasil) a cara o cruz, en esta ocasión nos tocó la cara, demostrando de nuevo que estos jugadores no se arrugan en los momentos decisivos y su enorme mentalidad ganadora. Australia ha hecho un torneo magnífico y merecía igualmente colgarse un bronce, pero así es este deporte, sólo puede ganar uno y la línea que separa el éxito del fracaso es tan difusa que hay que darle la razón a Kipling cuando hablaba que tanto uno como otro (éxito y fracaso) no son más que impostores. 


Con un balance final de cinco victorias y tres derrotas, derrotas producidas ante una gran Croacia (excelente torneo y a punto de meterse en semifinales y derrotar a Serbia, les condenó su escasa rotación de apenas ocho jugadores) por tan sólo dos puntos, ante la anfitriona Brasil por un punto, y ante los siempre inaccesibles Estados Unidos y a la postre campeones (no dieron opción en la final a los serbios, ganándoles de 30) por sólo seis puntos, y dejando entre las cinco victorias tres partidos de un nivel extraordinario como fueron los que nos enfrentaron a Lituania (actual subcampeón europeo), Argentina (actual subcampeón americano) y Francia (oro europeo en 2013, bronce mundialista en 2014, bronce europeo en 2014), un análisis objetivo no puede si no decirnos que el torneo realizado por nuestra selección ha sido notable. Otro capítulo más de una historia legendaria. Nos hemos bajado un peldaño del podio respecto a los dos últimos Juegos, pero hemos sido capaces de subir el nivel de épica en los momentos decisivos. 


Todavía analizaremos más cosas de un torneo que ha dejado un nivel bastante alto de juego. Hablaremos de las individualidades de nuestro equipo y de cómo se han comportado el resto de selecciones y de los jugadores más destacados del campeonato. Será en próximas entregas. 




 
Cara y cruz. Australia, gran torneo pero sin medalla. Andersen desolado.



viernes, 12 de agosto de 2016

EL DIA DE LOS SEÑALADOS





A Navarro no le tembló el pulso.




España sigue viva después de conseguir su primera victoria de los Juegos frente a una Nigeria de fe inquebrantable. Primer objetivo cumplido. Un triunfo que precisamente dado su tinte agónico permite sacar muchas más conclusiones que las que  hubiera procurado una victoria plácida, escenario que manejaban algunos aficionados posiblemente desconocedores del baloncesto africano (quizás incluso desconocedores de otro baloncesto que no sea el nuestro), y quienes muy posiblemente ni siquiera vieron el buen partido de los nigerianos dos días ante una Lituania a la que llegaron a dominar durante dos cuartos y medio y de la que nunca se descolgaron en el marcador, llegando incluso a anotar 26 puntos en el último y decisivo cuarto. 


Sinceramente, creo que fue un buen partido de baloncesto, de ritmo alto, intenso, y predominio del ataque sobre la defensa. Un buen espectáculo para el espectador imparcial… pero un sufrimiento para el aficionado español que llegó a frotarse los ojos viendo como a 3 minutos del final el séptimo triple de un colosal Chamberlain Oguchi (24 puntos) ponía a los de Will Voigt a un solo punto en el marcador. El ex –jugador del Gran Canaria no volvería a anotar, siquiera ni a lanzar, ni apenas recibir el balón, gracias al buen marcaje al que le sometió un centrado Sergio Llull en esos minutos finales. Personalmente ha sido el partido que quería. Una victoria balsámica, cómoda y contundente hubiera hecho sacar conclusiones precipitadas y erróneas. La selección sigue dando muestras de que la maquinaria no está totalmente engrasada. Toca ir de tapados, como en otras ocasiones en las que tan bien nos ha ido. Recordemos que en el Eurobasket 2009 después de perder el partido inaugural contra Serbia, una selección al menos tan inferior como el actual campeón africano, Reino Unido, nos puso contra las cuerdas y dominó el marcador durante gran parte del encuentro. Una derrota hubiera supuesto la eliminación (era una liguilla de cuatro equipos) Ganamos aquel partido de manera muy agónica y finalmente aquel verano nos subimos por primera vez en nuestra historia a lo más alto del cajón en un podio europeo. Que seguir vivos signifique sufrir nos puede dar ese plus de tensión competitiva que necesitamos. 


Otra conclusión positiva es el partido de los dos jugadores más señalados y discutidos del actual roster nacional (frente al sempiterno objeto de las chanzas Víctor Claver… digo yo que quienes se ríen de la carrera profesional de Claver deben contemplarse sus manos llenas de anillos de la NBA o en la estantería de su casa tendrán multitud de galardones de MVP del basket FIBA… ya sabemos que es más bien al contrario, y es que precisamente quien menos ha jugado al baloncesto en su vida quien con más ligereza desprecia lo que supone llegar a cotas como ser internacional, ser drafteado en la NBA, o jugar una Final Four de Euroliga… algo tan cruento como ver a aquellos que no se habían subido nunca a una bicicleta reírse de un campeón del mundo como Abraham Olano) Nos referimos a Juan Carlos Navarro y Ricky Rubio. Fueron claves en el triunfo, y su rendimiento en un partido como el de anoche debe valorarse en el contexto de desatascar un encuentro tan complicado como el que disputamos. Una gran actuación de ambos jugadores en un paseo militar no nos haría extraer las mismas conclusiones. Buena noticia. Sobre todo en el caso de Ricky, desaparecido y gris, hundido mentalmente en los dos primeros partidos, y que ayer no le perdió la cara al choque en ningún momento. Intenso atrás, valiente adelante, y sumando un tremendo +29 para el equipo con él en cancha. Navarro por su parte sacó la manita a pasear en los instantes más calientes del partido. 8 puntos de sus 11 totales los facturó en el último cuarto. Otros jugadores menos “sospechosos” fueron igualmente fundamentales para que hayamos sumado nuestra primera victoria. Pau Gasol, una vez más, en esta ocasión más dosificado, cerró el partido con 4 puntos en los 2 últimos minutos, abriendo una ya inalcanzable brecha de 7 puntos (85-92) a 30 segundos del final, y anotando en esta ocasión unos tiros libres decisivos en una jugada anterior. Descansó durante gran parte del último cuarto, pero una vez en pista volvió a ser (y así debe ser) el referente de nuestro equipo. La citada defensa de Llull sobre la metralleta Oguchi fue igualmente clave para el triunfo. También Felipe Reyes, comandando las labores reboteadoras, aspecto en el que fuimos claramente superiores a los nigerianos, y el hiperactivo Rudy Fernández, siempre presente en defensa y ayuda en el rebote, se soltó también en ataque con 3 triples de 7 intentos. Recuperando tiro exterior. Pau, Felipe, Llull y Rudy, como decimos, no son “dudosos”. Tampoco Mirotic, ayer en segundo plano y aportando desde el banquillo, o Sergio Rodríguez, quien ante el buen partido de Ricky ayer disputó menos minutos que frente a Croacia o Brasil. Pero ya sabemos que suma. También comienza a sumar Willy, aprovechando ayer bien los minutos de Scariolo y quien pese a un fallo flagrante a medio metro del aro a 4 minutos del final con 4 arriba, acabó con una serie magnífica de 5 de 6 en tiros de campo (únicamente el citado fallo estropeó lo que hubiera sido una gran actuación) En definitiva, jugadores que van sumando. Sobre los que no estuvieron tan acertados, preferimos no decir nada, por la sencilla razón de que ya hay multitud de blogs o foros donde se dedican exclusivamente a centrarse en lo malo y obviar lo bueno. Ya saben que aquí lo hacemos al revés. 


No queremos pasar por alto, aunque sólo sea en unas líneas, el nivel de “cuñadismo” baloncestístico al que estamos asistiendo un verano más. Un pequeño (y masoquista) vistazo a las redes sociales durante el partido de ayer me permitió asistir al bochorno de ver a quienes dos días antes solicitaban más minutos para Calderón, pedir su deportación del país; a quienes pedían más rotación a Scariolo, cagarse en las muelas del italiano porque con tanto cambio se nos iban las diferencias; a quienes pedían más dosificación y descanso para Pau, llevarse las manos a la cabeza viéndole tantos minutos en el banquillo; a quienes acusaban a Navarro de estar ahí sólo por nombre, pedir más tiros para el capitán de nuestra selección… un espectáculo. Sí, ya lo sé, la culpa es mía por perder el tiempo leyendo a quienes desahogan su frustración, incomprensiblemente, en los deportistas que más felices les han hecho. De modo que a otra cosa (advierto, eso sí, que una vez más he de recuperar el viejo grito de guerra de este blog de todos los veranos: “¡esto no es la play station!”)   


España sigue viva. El juego ofrece dudas. El espíritu de lucha desde luego no. Ver a Ricky, Rudy, Llull o Felipe tirarse al suelo a por cada balón y pelear cada rebote con sangre debería convencer al aficionado que dude de la actitud de este roster. Queda recuperar sensaciones físicas y saber dosificarse de cara a las dos finales que restan. El cansancio físico y su implicación psicológica. ¿Hubiera fallado Pau los dos tiros libres decisivos contra Brasil de no haber estado 32 minutos en cancha peleándose con animales como Nené Hilario, Augusto Lima o Cristiano Felicio?      



¿Quien dijo falta de actitud?




Ver el vaso medio vacío o medio lleno. Lo cierto es que no sólo sabemos que estos jugadores están acostumbrados a jugar sin red, sin margen de error, es que incluso da la sensación de que mejoran las prestaciones cuando se da esa circunstancia. Les va la marcha. Espera Lituania, único equipo invicto después de tumbar anoche a una gran Argentina en la que Scola, Nocioni y Ginobili siguen marcando el paso. Tanto el pívot como el forward del Real Madrid están jugando por encima de los 30 minutos (31 Nocioni, camino de los 37 años, 30.3 Scola, con 36… y nosotros nos quejamos de que no tenemos rotación) Ojo al próximo Brasil-Argentina porque pueden saltar chispas, máxime tras un nuevo tropiezo de los anfitriones ante una espléndida Croacia. Los de Aza Petrovic, también con una rotación limitada (ayer sólo ocho jugadores), están haciendo, en nuestra opinión, el mejor baloncesto del torneo después de Australia. Todo pasa por Saric y Bogdanovic (34.6 y 34.4 minutos por partido respectivamente) Ya que estamos con la estadística de los minutos, recordemos que ningún jugador español llega a los 30 por partido. Llull, con 29.5, es el más utilizado, seguido de Pau con 29.1. Scariolo si está rotando, diga lo que diga el “cuñadismo”. 



A mediados de Agosto comienza a notarse el decrecer de los días. La melancolía de los últimos bañistas volviendo de la playa, exprimiendo hasta el último rayo de sol, luchando contra el ocaso. Ese ocaso que todavía no queremos ver en nuestra mejor generación de baloncestistas de la historia. De momento ayer, a la hora señalada en el día señalado, los jugadores más señalados por el dedo del sector más ingrato de la afición, nos han sacado de un apuro. Todavía queda algún rayo de sol en esta playa.  




Dario Saric, el jugador con más minutos de los Juegos.

jueves, 11 de agosto de 2016

AUSTRALIA SIGUE HONRANDO EL BALONCESTO



Carmelo Anthony, historia olímpica.




El partido del torneo (por el momento) se vivió en la pasada madrugada en el Carioca Arena con Estados Unidos y Australia protagonizando un auténtico recital ofensivo decantado para los de Coach K por 88-98, con números tan elocuentes como los 87 lanzamientos, 39 de ellos triples, realizados por los norteamericanos en una locura de partido de puro “run&gun”. No sabemos si el bueno de Pablo Laso ha trasnochado para verlo, pero de hacerlo seguro que ha sido muy feliz viendo un partido que resumía plenamente su filosofía baloncestística. 


Habíamos visto a Venezuela aguantarle un cuarto a los yanquis dos días antes (empate a 18 tras los primeros 10 minutos), pero el mérito de los de Lemanis no fue sólo resistir hasta el descanso, al que se retiraron dominando en el marcador 54-49, si no hacerlo con las armas de los norteamericanos, con un baloncesto espectacular y nada especulativo con la posesión del balón. En el tercer cuarto los de Krzyzewski lograron amainar la tormenta aussie y sólo permitieron 13 puntos de sus rivales, para poder encarrilar una victoria muy sufrida y en la que Carmelo Anthony tuvo que vestirse de superhéroe (31 puntos y 8 rebotes, con un superlativo 9 de 15 en triples) El alero de Baltimore entra en la historia al convertirse en el máximo anotador histórico olímpico de la selección más laureada en este torneo. Es el premio a su fidelidad con esta camiseta, que le ha llevado a acudir a cuatro ediciones de los Juegos Olímpicos. Mills anotando, Dellavedova dirigiendo, y Bogut haciendo de todo, siguen siendo la clave de la selección boomer, en la que David Andersen desde el banquillo recordó al de sus mejores años (13 puntos y 5 rebotes en 18 minutos, con 5 de 6 en tiros de campo) Estados Unidos cuenta sus partidos por victorias y ahora le queda enfrentarse a las selecciones europeas, Francia y Serbia. Australia refuerza su condición de candidato a medallas y espera sus enfrentamientos a priori plácidos ante Venezuela y China.   


Venezuela, como se preveía, estrenó su casillero de victorias no sin mucho sufrimiento ante China. El buen partido de Yi Jianlian (18 puntos y 10 rebotes) y unos últimos minutos brillantes del joven gigante (2.18 de estatura) Zhou Qi estuvieron a punto de sorprender a los vinotinto, que finalmente ganaron por cuatro puntos. 


La jornada se abría con un interesante Serbia-Francia pleno de alternativas, con un equipo galo lanzado de salida (4-20 mediado el primer cuarto, con 3 triples de Batum), y una Serbia remontando con el enorme trabajo de Raduljica. Los de Djordjevic culminaron dicha remontada finalizando en el tercer cuarto y mandaron en el último parcial, pero no supieron cerrar cuando lo tenían todo a su favor (73-67 a 4.46 del final) En un final lleno de imprecisiones, y con Teodosic de nuevo haciendo la guerra por su cuenta, Tony Parker se fabricó la canasta decisiva a medio minuto del final. No habría más puntos, después de que De Colo le robase la cartera a Bogdanovic y en vez de aguantar la posesión buscase un alley-oop increíblemente fallado por Batum que dejó un último lanzamiento triple a la desesperada y sobre la bocina de Bogdanovic sin éxito. 



USA primera, Australia segunda, Francia tercera, Serbia cuarta, Venezuela quinta y China sexta. Aun quedando dos partidos, salvo sorpresa monumental el orden clasificatorio de este grupo no debería variar.  




miércoles, 10 de agosto de 2016

ROAD TO RUIN



Frustrados




España prolonga su agónico estreno olímpico sumando su segunda derrota consecutiva ante Brasil, en un partido que arroja sensaciones mucho más preocupantes que en el debut frente a Croacia. Tras lo visto ayer nos reafirmamos en que el primer partido jugado ante los hombres de Aza Petrovic no fue un mal estreno. Un encuentro dominado durante gran parte del mismo y sentenciado finalmente por un estratosférico Bogdanovic y por incomprensibles errores en ataque por parte de nuestro equipo. Pero lo cierto es que los minutos buenos fueron superiores a los malos. 


Nada que ver con lo vivido ayer en el Carioca Arena donde Brasil, pese a lo ajustado del resultado, fue muy superior en casi todas las facetas del juego. Condenados a jugar a remolque durante gran parte del partido desde que los cariocas impusieran su ritmo con la dirección de Huertas y las prestaciones de Hilario (increíble su capacidad para generar juego desde el pívot), y pese al mal partido de su gran estrella Leandrinho Barbosa, los de Scariolo dejaron sensaciones muy preocupantes, frustrantes, en uno de los peores partidos en ataque que ha jugado esta selección en mucho tiempo y en el que sólo una buena actitud defensiva y el sustento de los tiros libres (finalmente nuestra perdición, pero hay que recordar que los árbitros señalaron 31 faltas a los locales por 23 a los nuestros y que dispusimos de 33 lanzamientos desde el 4.60 por 21 del rival… si hubiera sucedido al contrario algunos estarían hablando de atraco) permitió que tuviéramos opciones de victoria hasta el final.


Hay cosas que se escapan a la comprensión analítica y la lógica baloncestística, como el hecho de que Ricky Rubio, uno de los mejores asistentes en la NBA, en 28 minutos en juego entre los dos partidos sólo haya sido capaz de repartir una asistencia, o que Pau Gasol, quien en las dos últimas temporadas ha estado lanzando en un porcentaje alrededor del 80% en tiros libres en la NBA y en el pasado Eurobasket se mantuvo en un 80.2% durante todo el torneo no sea capaz de llegar al 50% en estos Juegos, acumulando un desastroso 6 de 14.   


Lo del base de los Wolves comienza a ser de psicólogo. Dubitativo e inseguro, sólo se le reconoce por su abnegado sacrificio defensivo y sus ganas de luchar (algo creo que extensible a todo el equipo), su capacidad de pelear cualquier balón sigue intacta, pero su lastrada manera de jugar, como si cargara con pesos en sus tobillos, resulta sorprendente en un jugador acostumbrado a moverse de manera electrizante en la mejor liga de baloncesto del mundo. ¿Se le ha olvidado a Ricky jugar al baloncesto en territorio FIBA? Buenos minutos de Felipe Reyes nos metieron en el partido en el segundo cuarto tras besar la lona por 13-18 en el primero. Llull llegaba a ponernos cuatro arriba a falta de dos minutos para el descanso, pero una nueva desconexión ofensiva permitía un parcial de 0-7 para los brasileños que se marchaban 31-34 a los vestuarios. 


Continuaron los problemas ofensivos tras el descanso (sólo una canasta, con mate de Pau tras asistencia de Rudy en los primeros cuatro minutos del tercer cuarto), situación que Brasil aprovechó para estirar el marcador con el jugador de los Bulls Cristiano Felicio como protagonista. El argentino Magnano aprovechó con buen criterio a sus jugadores interiores, quienes en defensa realizaron un brutal trabajo de desgaste sobre Pau Gasol, recibiendo faltas personales constantemente y viajando en todo momento a la línea del tiro libre, y quienes en ataque se impusieron con claridad a nuestros pívots, aprovechando los picks&rolls (ese viejo déficit de nuestros bases quedándose enganchados en los bloqueos) o jugando por encima del aro. Hilario, Lima y Cristiano fueron un perfecto derbi de demolición que derribó la frágil confianza hispana. Pero fue precisamente la lucha física de jugadores como Claver y Reyes la que nos volvió a meter en el partido (45-45 a falta de dos minutos para el final de cuarto, con seis puntos consecutivos anotados desde el tiro libre) Incomprensiblemente y como pasara en el acto anterior, una nueva desconexión significaba un parcial de 0-8 para que comenzáramos el último cuarto con mucho por remar. 


Un 2+1 de Lima nada más iniciar los últimos diez minutos nos ponía contra las cuerdas. Rudy respondió con un triple, y a partir de ahí iniciamos una pequeña labor de zapa para ir limando poco a poco la diferencia, de nuevo muriendo atrás (Ricky sacrificándose cual peón con su quinta falta) y con algún destello ofensivo (triple de Llull) Volvía a pista el Chacho que con un triple tempranero nos ponía a un punto y hacía soñar con la remontada como tantas veces ha hecho con la camiseta blanca durante las últimas temporadas. En el posterior intercambio de golpes Brasil sacaría más rédito volviéndose a ir cuatro arriba a 3.45 del final. Respondimos con dos tiros libres y un triple majestuoso de Llull que nos ponía delante. El de Mahón clavaba una de esas canastas imposibles, con el tiempo de posesión apremiando, que hacía levantarse a todo un país. El 64-63 que reflejaba el marcador era uno de esos momentos mágicos que nos hacía revivir el pasado Eurobasket. Partidos resueltos si no con calidad si con oficio, sacrificio, y canastas decisivas. Pero quedaban dos minutos, y, en efecto, nos volvimos a condenar (da la sensación de que si los cuartos hubieran durado ocho minutos hubiéramos ganado el partido de calle) Sólo Llull volvería a anotar, desde el tiro libre, anotando el primero y fallando el segundo a un minuto del final. Quedaba un minuto. Había que morir en defensa. Pau le negaba la canasta a Huertas con un tapón que llevaba el balón a la línea de fondo, y el propio jugador de Sant Boi llevaba a Hilario al tiro libre. El pívot brasileño fallaba el segundo y a falta de 42 segundos teníamos bola y un punto arriba. Quedando tiempo para mínimo dos posesiones se antojaba un ataque vital. Gasol e Hilario intercambiaban los roles de la jugada anterior, y Nené cometía falta sobre Pau, quien confirmaba su desencuentro con el tiro libre fallando ambos lanzamientos. Brasil tenía posesión para ganar el partido y de nuevo Huertas, otro jugador acostumbrado a canastas imposibles, buscaba sentenciar. Sin éxito, pero España no supo cerrar el rebote y el vuelo de Marquinhos rebañando el fallo de su compañero y palmeando una canasta nos hundía en la miseria a cinco segundos del final. Llull intentó una canasta a la desesperada pero la concentración defensiva de Brasil, pese a permitir el rebote ofensivo de Rudy (que intentó un último lanzamiento ya fuera de tiempo), bastó para asegurar una victoria dramática pero merecida para los cariocas.     



Pau y el tiro libre. Un extraño divorcio.



La sensación es que Brasil fue muy superior, y lo demuestra el hecho de que lideró el marcador en casi todo momento. Pero por otro lado repasando la película del partido vemos que hay dos desconexiones muy concretas que permiten sendos parciales de 0-7 y 0-8 en el segundo y tercer cuarto respectivamente, y que incluso tuvimos serias opciones de ganar el partido (pero de nuevo en un final a cara o cruz, como contra Croacia, nos tocó la cruz) De modo que un repaso al choque de ayer nos hace no ser tan cruentos con la derrota, por mucho que nos doliera. ¿Hay argumentos para la esperanza? Sin duda. Personalizando, los centraríamos en Sergio Rodríguez y Sergio Llull. Dos jugadores acostumbrados a jugar sin red y sin miedo al vacío. Con ellos en pista todo es posible, incluso ganar los tres partidos que quedan. Y por supuesto, Pau Gasol. Simplemente porque es Pau Gasol. En el plano negativo preferimos no centrarnos, por la sencilla razón de que llevamos ya largo tiempo pensando que hay demasiada gente ya que ve lo malo del baloncesto y nosotros preferimos destacar lo bueno (raro es que en este blog vean que descalifiquemos a algún jugador o entrenador) Comprendemos la frustración del aficionado, pero desde luego no podemos respetar que esa frustración la paguen con precisamente los jugadores que más alegrías nos han dado en nuestra historia. Respecto al entrenador, esa figura que sólo parece existir en las derrotas y de la que nadie habla en las victorias, nosotros también tenemos alguna duda lógica. ¿Cómo es posible que Willy Hernángomez pase de ser el mejor jugador de la gira a apenas jugar en la competición?, ¿de qué sirve entonces la gira de preparación? En el tema Abrines si nos parece coherente. Jugó un solo partido de preparación, el primero, y se jugaba ser el jugador número 12 del roster junto a San Emeterio. Fuese quien fuese el elegido sabíamos que apenas iba a contar (y, créanme, y si no me creen repasen el resto de los partidos del torneo… todos los equipos excepto USA manejan una rotación de prácticamente 9 jugadores, no los 12 seleccionados) Sí consideramos que Calderón debería tener más minutos ante el mal momento de Ricky y con el peligro de sobrecargar de minutos al Chacho, un jugador genial pero que necesita ser dosificado por su excesiva tendencia a acaparar tanto juego, lo cual le puede llevar a cierta ofuscación ante el mínimo signo de cansancio, más mental que físico. 



El tan cacareado “Road to Río” con el que nos han bombardeado en los últimos tiempos lleva camino de convertirse en un homenaje al cuarto LP de Ramones, “Road to Ruin”. Aquel disco de 1978 se cerraba con un tema titulado “It’s a long way back”, es un duro camino de regreso. Esperemos que ese camino de regreso de momento nuestra selección lo postergué, afrontando con acierto tres auténticas finales. La primera de ellas contra Nigeria. Rival que no será nada fácil visto lo complicado que se lo pusieron a toda una Lituania. Argentina, por otro lado, cuenta sus dos partidos por victorias tras vencer a una gran Croacia. Parece que el enésimo “último baile” de los Scola, Ginobili y Nocioni va a obligar a la orquesta a no bajarse del escenario. Viejos rockeros.