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jueves, 17 de mayo de 2018

WE FEEL DEVOTION



El Chacho se enfrenta a sus ex









Ya tenemos una nueva edición de la Final Four de Euroliga, o lo que es lo mismo, el fin de semana más importante del baloncesto a nivel de clubes, en el que se dará a conocer el MVP de temporada regular de la máxima competición continental y sobre todo coronará a uno de los cuatro equipos finalistas como nuevo rey de Europa (o le mantendrá en el trono si el ganador es Fenerbahce, que dicho sea de paso, en mi opinión es el máximo favorito) Siguiendo con las noticias euroligueras, hemos conocido estos días que la próxima final a cuatro será en Vitoria. Buena noticia para el aficionado español quien no tendrá que desplazarse tantos kilómetros en caso de que alguno de nuestros equipos llegue a la cita de 2019. Toca por tanto sacar tiempo para echar un vistazo al apasionante fin de semana que nos espera. Veamos por donde pueden pasar las opciones da cada equipo.  


POR QUE GANARÁ EL CSKA MOSCÚ: Hablamos del equipo con mayor presupuesto de Europa (se rumorea por encima de los 40 millones de euros) y del que hombre por hombre parece presentar la mejor plantilla de Europa. Es el principal favorito para las casas de apuestas. Llega como líder de la temporada regular y por tanto con el mejor balance en victorias y derrotas. Ningún equipo conoce esta cita como el ruso. Llega a su decimoquinta final a cuatro en las últimas 16 temporadas, y en total ha jugado 17, siendo el equipo con más presencias en una Final Four. Toda la experiencia está a su favor. Además han hecho una apuesta por la continuidad, ya que hasta nueve jugadores repiten respecto a 2016, última vez que fueron campeones (y por supuesto su entrenador, Itoudis) Además de eso Kurbanov estuvo en el título de 2006 y Khryapa y Vorontsevich en el de 2008. En un baloncesto que premia el ataque, llegan como el equipo más anotador (89.2 de media) Si hablamos de nombres propios, la dinamita ofensiva se concentra en Sergio Rodríguez, De Colo, Higgings y Willburn. Othello Hunter y Kyle Hines (elegido mejor defensor de temporada regular) ponen el músculo, y Nikita Kurbanov es el pegamento como en su día lo fuera un ahora residual Khryapa (12 finales a cuatro a sus espaldas) Mago por mago, la llegada del Chacho por Teodosic no sólo no ha restado un ápice de potencial a la escuadra rusa si no que de cara a esta cita les hace más peligrosos, dado el historial más fiable del tinerfeño respecto al ciclotímico jugador serbio en grandes citas. Mal cliente en finales de partido igualados, ya que ha sido el segundo equipo con mejor porcentaje desde el tiro libre tanto en liga regular como en play offs. En la pizarra manda Itoudis, campeón en 2006 y el alumno más aventajado del maestro Obradovic, con quien ganó los cinco cetros continentales del Panathinaikos durante la estancia del técnico serbio en Atenas. Al Real Madrid, su rival en semifinales, lo sacó de la pista en el primer cuarto en Moscú (33-11 de parcial) También ganaron a Fenerbahce en Turquía y al Zalgiris en feudo moscovita. Llegan sin ninguna baja significativa (sólo Leo Westermann, quien no pasa de ser octavo o noveno jugador en la rotación, es baja por lesión) Llegan frescos después de competir en una liga como la VTB de la que han sido dominadores en fase regular (balance 22-2) y en la que sólo juegan 13 equipos, liga claramente inferior a española y turca.


POR QUE NO GANARÁ EL CSKA MOSCÚ: Ser el equipo con más participaciones en la Final Four también lo convierte en el que acumula más decepciones en dicha cita (especialmente recordada la final ante Olympiacos en la que dilapidan una renta de 19 puntos faltando 12 minutos para el final del partido) En términos competitivos y de dureza mental parece inferior a sus tres rivales. Su defensa exterior ofrece lagunas, ya que ni Sergio Rodríguez ni De Colo muerden demasiado. En el caso del francés además hay dudas sobre estado de forma, recién salido de una lesión de abductor, al igual que Kyle Hines, quien también paró por problemas físicos. Juegan con la presión de ser favoritos. Su rival en semifinales, el Real Madrid, sabe lo que es ganarles, como sucedió en la segunda jornada de liga regular, y pese a que en la vuelta todo apuntaba a paliza tras el parcial de salida (50-24 a dos minutos para el descanso) los blancos se repusieron tras el descanso y acabaron perdiendo sólo de 6 puntos. También han visto como Zalgiris y Fenerbahce les ganaba un partido este curso. La falta de calidad de su liga doméstica en comparación con ligas como la turca o española hace que lleguen más faltos de competitividad.


POR QUÉ GANARÁ EL FENERBAHCE: Pese a que CSKA llega como favorito para las casas de apuestas, la mayoría de analistas apuestan por la fortaleza del equipo de Obradovic. El segundo gran presupuesto de Europa en manos del mejor entrenador de la historia de la competición. No llegan con el modo rodillo puesto como en la final a cuatro de Estambul, pero han sabido suplir las bajas de jugadores como Bogdanovic, Udoh o Antic con las llegadas de Jason Thompson, Nicolo Melli, Marko Guduric y Brad Wanamaker. Tienen mayor profundidad de banquillo y más recursos para Zeljko. Han conseguido la primera plaza de manera matemática en la liga turca, una competición inferior a la ACB, pero claramente superior a la VTB y liga lituana. Es el equipo que menos balones ha perdido durante el campeonato de los cuatro pretendientes al título. ¿Nombres propios? Muchos. Mucha coralidad. Wanamaker-Sloukas-Nunnally-Datome-Veselly son la guardia pretoriana de Zeljko, todos ellos anotando más de 10 puntos por partido durante la temporada (excepto el italiano Datome, que se ha quedado en 9.5), mientras que Guduric, Kalinic y Thompson son los otros tres jugadores más utilizados. Rotación larga en la que también entra el pívot Duverioglu (mejor porcentaje en tiros de dos del torneo) y previsiblemente un Ali Muhammed que pese a haber perdido rol en el equipo en los últimos partidos ha contado cada vez más para Zeljko. Nada menos que 10 jugadores repiten respecto al roster que conquista el título en 2018. Pero el gran argumento turco está en el banquillo. En una Final Four de plaza neutral para los cuatro contendientes, Obradovic es quien más puede decir que juega en “casa”, puesto que en Belgrado comenzó su leyenda. Hablamos de un entrenador que ha jugado 16 finales a cuatro... y ha ganado nueve títulos. Baste decir que los otros tres entrenadores de alguna u otra manera han sido discípulos suyos, como jugadores (Laso y Jasikevicius) o como entrenador asistente (Itoudis) Queda todo dicho. Le acompañan además dos jugadores serbios como Kalinic y Guduric, precisamente ex –jugadores del Estrella Roja de Belgrado. Unido a la relativa cercanía entre Estambul y Belgrado (unas diez horas en coche) hace que Fenerbahce sea lo más parecido a un equipo “local” en esta cita. Llegan sin problemas físicos relevantes.



POR QUÉ NO GANARÁ EL FENERBAHCE: La presión de defender entorchado en un torneo en el que tradicionalmente y con este formato no es fácil repetir título (en este siglo sólo Maccabi Tel Aviv y Olympiacos han conseguido ganar dos euroligas de manera consecutiva) Sin Bogdanovic, Zeljko no tiene una clara prolongación en la pista. Su coralidad ofensiva y buen orden en ataque necesita de un ritmo más pausado y posesiones más largas que el resto de sus equipos. Son los que menos anotan de los cuatro equipos finalistas. Han perdido un partido contra sus tres rivales del fin de semana, curiosamente los tres jugados en casa.




Zelkjo juega en casa.



POR QUÉ GANARÁ EL REAL MADRID: Obviando el tema de la similitud con el Fenerbahce de 2017, que trataremos aparte, lo cierto es que los de Laso llegan en un gran momento de forma y habiendo recuperado a su gran estrella, Sergio Llull. Su temporada ACB es sencillamente impecable. Presentan el mejor balance de los cuatro equipos en enfrentamientos directos, ya que de los seis partidos sólo perdieron ante CSKA en Moscú y en el Palacio ante Fenerbahce, habiendo ganado en Estambul a los de Obradovic y a los rusos en Madrid, mientras que a Zalgiris lo batieron por partida doble. Segundo máximo anotador de la competición y equipo con más rebote de los cuatro finalistas. Capacidad de superación ante la adversidad. Excelente gestión de Laso. Doncic, la estrella joven europea más rutilante que ha conocido Euroliga en este siglo, busca dejar su huella definitiva en el baloncesto continental antes de emprender su presunta aventura NBA. Veteranía en jugadores como Felipe, Rudy y Carroll (campeones en 2015 y que siguen teniendo hambre) y continuidad con Llull, Campazzo y Ayón, quienes junto a los tres anteriormente citados también levantaron la copa hace tres temporadas. No son los principales favoritos, deberían aprovechar la falta de presión.


POR QUÉ NO GANARÁ EL REAL MADRID: ¿Hemos dicho presión?, por mucho que los analistas se empeñen en dar mayor favoritismo (y por tanto, presión) a Fenerbahce y CSKA, el Real Madrid vive instalado en un constante nivel de altísima exigencia que a veces juega en su contra. Dureza y minutos en las piernas tras una potente ACB, en una plantilla con una media de edad alta. Llull, tras nueve meses sin jugar, no está a su mejor nivel posible. Campazzo regresa tras pasar por el quirófano para tratarse la rodilla y hay dudas sobre su estado. El primer cuarto de Moscú en el recuerdo, y con él la falta de intensidad en las salidas de partidos importantes del equipo (igual que le sucedió en la final copera o en el primer partido de play offs de Euroliga) 


POR QUÉ GANARÁ EL ZALGIRIS KAUNAS: Nada que perder, todo que ganar. Que el segundo presupuesto más bajo de la competición haya llegado a la final a cuatro es el milagro de la temporada. Impresionante dureza mental y trabajo psicológico de Jasikevicius. No pisaban este escenario desde Munich 1999, cuando tampoco llegaban como favoritos, pero liderados en la pista por un base estadounidense, Tyus Edney, acabaron levantando el título. Kevin Pangos (aunque en realidad nacido canadiense y nacionalizado esloveno, gracias a que sus abuelos lo eran) aspira a tomar el relevo. Interesante mezcla de experiencia y veteranía. Veteranos como Jankunas o Beno Udrih disputan, por fin, una Final Four y lo hacen con hambre (¿recuerdan el caso Andres Nocioni?), hambre que también demuestra el ambicioso Jasikevicius, ganador de cuatro títulos como jugador. Como buenos lituanos, excelsos en el tiro, liderando el porcentaje de tiro de tres de Euroliga con un 42.41%, aunque siendo el equipo que menos lanza desde el arco de los finalistas. Pangos, Milaknis y Ulanovas anotan por encima del 45%. Tremenda explosión de Brandon Davies, quien pasa de 8.5 de valoración en liga regular a 19.8 en la serie ante Olympiacos, y ya en los dos últimos partidos de regular ante CSKA y Olympiacos avisa promediando 17.5 puntos y 5.5 rebotes por partido. El jugador del momento en Kaunas. Saben lo que es ganar a Fenerbahce y CSKA.  


POR QUÉ NO GANARÁ EL ZALGIRIS KAUNAS: Si su gran baza es la fortaleza mental, se enfrenta a otro equipo que tampoco es manco en ese aspecto. Excesiva dependencia del bloque titular (Pangos-Micic-Ulanovas-Davies-Jankunas) Falta de experiencia en Final Four, primera máxima cita para todos los jugadores del roster. Es el equipo que más balones pierde de toda la Euroliga. Llegan con el peor balance de resultados en duelos directos con sus tres rivales, 2-4. 




Saras, otro alumno de la escuela Obradovic




APÉNDICE: EL REAL MADRID Y EL ESPEJO FENERBAHCE. 


No nos resistimos a hacer un aparte para tratar este tema que sin duda gustará a los amantes de las curiosidades, supersticiones, y datos cabalísticos (aunque como madridistas, admitimos que nos da miedo sacar esto a la luz por posible gafe) Y es que hasta llegar a la final a cuatro el Fenerbahce de 2017 y el Real Madrid de 2018 presentan una serie de paralelismos asombrosos. Empezando, lógicamente, por la plaga de lesiones que han tenido que afrontar ambos clubes, especialmente en sus grandes estrellas. Obradovic no pudo contar con su gran referencia, Bogdan Bogdanovic, durante prácticamente la mitad de la temporada regular, mientras que Pablo Laso no ha visto a Sergio Llull de corto hasta el tercer partido de los cuartos de final continentales. Kostas Sloukas también fue sensible baja para Zeljko durante varias jornadas, encarando la recta final de la temporada regular, cuando se jugaban un pase a cuartos de final que no tuvieron asegurado hasta prácticamente el final de dicha regular season. El calvario del Real Madrid no hace falta recordarlo. Además de Llull, Kuzmic se lesiona ante CSKA y dice adiós al curso (aunque es suplido con acierto con la llegada de Tavares), mientras que Randolph, Thompkins, Ayón, Taylor, Doncic y Campazzo han sido baja de varias semanas durante distintos momentos de la temporada. 


Pero las similitudes de verdad, las que entran dentro del terreno de lo curioso, comienzan con la visita del Real Madrid esta temporada al Buesa Arena, en la séptima jornada de temporada regular, recibiendo una dolorosa paliza de nada menos que 30 puntos de diferencia (105-75) Era el 14-11-2017. Enseguida se me vino a la cabeza la visita del equipo de Obradovic justo un año antes al mismo escenario (en concreto el 11-11-2016), cuando los posteriormente campeones de Europa caían por nada menos que 34 puntos de diferencia en Vitoria.   


El transitar de los otomanos durante el curso regular fue tan tortuoso como el de los de Laso, pese al rutilante comienzo de ambas escuadras. Y es que en esto también coinciden, ya que ambos equipos ganaron sus cuatro primeros partidos en la competición, pero… ¡además perdieron los tres siguientes!, idéntico balance de 4-3 en las siete primeras jornadas y con idéntica tendencia: 4-0 y 0-3. Para seguir con los asombrosos paralelismos, propios de un programa de Iker Jiménez, esas tres derrotas son a manos de casi los mismos protagonistas: Baskonia y Maccabi en ambos casos, y Unics Kazan en el caso turco, mientras que los de Laso caen ante el Khimki, otro equipo ruso que precisamente ocupa la plaza del este año ausente Unics Kazan. Por si fuera poco, el partido ante los ex –soviéticos ambos equipos lo juegan en casa, cayendo en sus visitas a Tel Aviv y Vitoria. 


Después de esas siete primeras jornadas idénticas, las tendencias del Fenerbahce de 2017 y el Real Madrid de 2018 comienzan a diferenciarse, para converger en un mismo balance y posición al final de la primera vuelta: 9-6 y sexto puesto en la tabla. Asombroso.  


En la segunda vuelta hay una ligera diferencia, ya que mientras los turcos el año pasado vuelven a hacer un balance de 9-6 el Real Madrid de este curso les supera, con brillante 10-5, pero el puesto final es el mismo, quinta posición, y el rival también: el Panathinaikos de Xavi Pascual. El desenlace ya es de sobra conocido, y en ambas ocasiones los griegos, pese a tener factor cancha, quedan eliminados en cuartos de final (aunque el Fenerbahce no cede ni un partido, barriéndoles por 0-3 y demostrando el fortísimo momento en el que llegaban a la Final Four) 


De modo que ya tenemos a ambos equipos en la final a cuatro, y ambos, para continuar con su historia de similitudes, destinados a enfrentarse al campeón de la fase regular, Real Madrid el pasado año y CSKA la presente temporada. Y ambos además llegan con el mismo balance en derrotas y victorias frente a sus rivales de Final Four, ya que como antes hemos comentado los de Laso acuden a Belgrado habiendo ganado los dos partidos a Zalgiris, y uno a CSKA y otro a Fenerbahce, mientras que los de Obradovic lo hacían con doble victoria ante CSKA y una ante Real Madrid y Olympiacos.  



Impresionante cantidad de paralelismos por tanto por parte del Real Madrid con el equipo que acabó siendo campeón en 2017. Queda ver si el desenlace final es igual de idéntico, lo cual sería una estupenda noticia para todo el baloncesto español. 





viernes, 11 de mayo de 2018

LASO, IDILIO CON LA FINAL FOUR




Laso, la rutina del éxito





El Real Madrid será el único representante español en la Final Four de Belgrado. Cumple con lo que empieza a ser tradición en el club blanco, y en el baloncesto español, que durante 16 años consecutivos mete al menos un equipo de nuestra liga en el fin de semana más importante en el baloncesto europeo (este año se caen los griegos, por mucho que el presidente de la federación helena hable de un declive del baloncesto de nuestro país) La fiabilidad del Real Madrid con la final a cuatro comienza a resultar tan natural que corremos el peligro de no saber valorar el mérito de llegar hasta aquí, especialmente en esta temporada de desgracias, infortunios y lesiones para el equipo madridista. Por si algún despistado todavía no se ha dado cuenta, hablamos de una Euroliga en la que el Madrid ha jugado 34 partidos hasta llegar a Belgrado, de los cuales ha tenido ausente a su mejor jugador de las dos últimas temporadas, Sergio Llull, en 32 de esas ocasiones. Gustavo Ayón se ha perdido 18, Anthony Randolph 15, Trey Thompkins 7, Facundo Campazzo 6 y Rudy Fernández 5. Incluso Luka Doncic estuvo ausente durante tres partidos, cruciales para la clasificación final del partido. Por su parte Ognjen Kuzmic, gran refuerzo interior para esta temporada, se lesionó en el segundo partido de liga regular frente al CSKA de Moscú, disputando en total poco más de 9 minutos en toda la competición europea. Bien es cierto que tras su grave lesión el club se movió en el mercado con un fichaje como el de Walter Tavares, quien ha disputado 27 partidos, pero hay que recordar que durante varios partidos de invierno el equipo tuvo que jugar sin un cinco puro y con Thompkins y Felipe Reyes como únicos interiores. 

Ha sido la Euroliga de los puzles de Laso, un técnico que sale todavía más reforzado tras esta durísima serie ante Panathinaikos. Un Madrid con plan B, que supo leer la eliminatoria a partir de la paliza del primer partido. Visto ahora con perspectiva, aquel primer encuentro en el que algunos madridistas impacientes y con poco juicio analítico pedían la cabeza de Laso en bandeja de plata y la limpieza absoluta de un vestuario al parecer envejecido, significó un libro abierto del juego del equipo de Xavi Pascual que Laso y sus jugadores aprovecharon para leer desde la primera hasta la última página de la paliza de 28 puntos recibida. Si el Madrid no iba a poder jugar a su estilo habitual de velocidad de crucero habría que bajar al lodo y el barro y ponerse a picar piedra con el mono de trabajo. Los “jubilados” Felipe y Rudy tiraron de galones y veteranía reuniendo a sus compañeros hasta altas horas de la madrugada para explicarles cómo sobrevivir en el particular Vietnam en el que a veces se convierte el baloncesto, un escenario que ambos veteranos conocen perfectamente de su trayectoria en el propio Real Madrid y en la selección española (otro equipo al que habitualmente se le da por muerto antes de tiempo) Insisto en que no se puede entender el 1-3 final y el pase a la Final Four de los blancos sin la exhibición griega del primer partido, en el que Nick Calathes reparte hasta 16 asistencias en una noche histórica. En los siguientes tres partidos daría un total de 13. 8 en los dos de Madrid. En los dos partidos del Palacio los jugadores de Laso dejan en 4 asistencias por partido a un jugador que había repartido 8.1 por encuentro de liga regular. Poco les importó a los blancos los 26 y 18 puntos que el greco-americano les endosó respectivamente en ambos partidos. El Real Madrid entendió que un Calathes muy anotador pero poco repartidor convertía al Panathinaikos en un equipo menos peligroso. 

El Real Madrid sobrevivió al infierno griego gracias al oficio de jugadores como Felipe Reyes, segundo jugador con mejor valoración media de la serie, 13.8, necesitando sólo 11 minutos por partido. Sus números hablan por sí solos. 13 de 15 en tiros, 8 de 13 en canastas de 2 y 2 de 2 en triples. Colosal. Sacó 3.8 faltas por encuentro, es decir, prácticamente sacó una falta personal del rival cada 3 minutos que estuvo en pista. Gracias a la hiperactividad defensiva de Rudy y Taylor, muy utilizados por Laso en esta serie. Gracias a un Ayón reivindicándose como el “cinco” ideal para el juego de este Madrid (memorable su cuarto partido con 12 puntos, 6 rebotes, 4 asistencias, 3 robos y 2 tapones) Gracias a un Carroll en modo metralleta, con un 61% en triples durante los 4 partidos (8 de 13), y gracias, como no, a su gran perla eslovena. Un Luka Doncic que acabó cumpliendo los pronósticos y ha sido el mejor jugador en cuanto a números (16 de valoración media) pese a lo complicado de su comienzo en la serie con Thanasis Antetokounmpo como particular perro de presa. 

Tuvo que tirar por tanto Laso de épica y ética más que de estética para acudir a una nueva Final Four. Es la quinta en seis años. Sólo Obradovic, con seis presencias, supera al vitoriano en finales a cuatro en el siglo XXI. No nos cansaremos de repetirlo, llegar a una Final Four en la Euroliga actual tiene tanto mérito como ganar una Copa de Europa en los años 60. Repasen la historia de la competición si no me creen.  

Una nueva final a cuatro en la que también estará el siempre favorito CSKA, precisamente rival de los blancos en el partido de semifinales. Los de Itoudis, al igual que el resto de series, dejaron en la cuneta al Khimki con un marcador final de 3-1 y polémica en el cuarto partido, cuando los árbitros anularon la última canasta del equipo de Bartzokas al no estar el cronómetro en marcha, ordenando repetir una posesión que en el segundo intento no tuvo éxito y dejó al CSKA un punto arriba y obteniendo pasaporte para Belgrado. Siendo justos hay que reconocer que no fue un fallo ni arbitral ni de mesa, si no del propio equipo local, que había solicitado un cambio que no fue anulado, razón por la cual la mesa paró el tiempo. Si se puede achacar como error a los árbitros en todo caso no haber atendido las advertencias de la mesa de que no se pusiera el balón en juego. Tardaron tanto en darse cuenta que dejaron al Khimki anotar una canasta en unos segundos que no se deberían haber jugado sin haber hecho el cambio solicitado. 

Es la séptima final a cuatro consecutiva de los rusos y la 15ª en 16 años. Una descomunal burrada. No obstante hay que recordar que en estos siete años llegando a la gran cita final sólo han podido levantar el título una vez, y es que en toda la década actual sólo Olympiacos ha conseguido ganar el trofeo más de una vez. El dato debería bastar para darse cuenta de lo injusto de las críticas a Laso por haber ganado el título “únicamente” en 2015.  

Junto al CSKA el otro gran favorito es el Fenerbahce de Obradovic. Cuarta Final Four consecutiva de un equipo turco definitivamente instalado entre la gran élite europea. Defienden título en la cancha que comenzó a dar gloria al Dios Zeljko. Y es que el serbio juega en casa. Enfrente tendrán a la auténtica revelación del torneo, un Zalgiris Kaunas que con el segundo presupuesto más bajo de la competición se ha colado entre los cuatro mejores pese a no contar con estrellas de relumbrón en su roster. La veteranía de ilustres del baloncesto lituano como Jankunas o Kavaliauskas, la experiencia del esloveno Beno Udrih, la sobriedad de Kevin Pangos, y la revelación que ha supuesto Brandon Davies, explotando en los play offs contra Olympiacos (hablamos de un jugador que había promediado 8.5 en temporada regular y ha subido sus números en play offs hasta 19.8) han sido claves para entender el éxito del histórico club verde, pero sobre todo la clave parece encontrarse en el trabajo del legendario Sarunas Jasikevicius en el banquillo, insuflando a sus jugadores de una competitividad y una dureza mental que les ha convencido de que ningún equipo tiene porque ser superior a ellos. Un ejemplo de baloncesto que comienza en el cerebro, como los actuales Utah Jazz de Quin Snyder en la NBA.   




Jasikevicius obró el milagro.




jueves, 26 de abril de 2018

LLULL EXTENDED PLAY




Llull volvió a rugir.




Ayer era un día marcado en rojo para el madridismo y el baloncesto español en general. Una importancia subrayada en la presencia de dos jugadores NBA, los hermanos Hernángomez, uno con pasado madridista y otro proveniente del vecino rival estudiantil. De modo que Willy Hernángomez acudió al Palacio de Los Deportes ataviado con la elástica blanca de Sergio Llull, quien fuera compañero suyo en el club madridista, mientras que su hermano Juancho dejaba claro su apoyo al menorquín con una camiseta roja homenaje al base-escolta internacional que la propia selección española, entre cuyos jugadores se encuentra el menor de los Hernángomez, realizó en su momento cuando el aeroplano de Mahón se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Las pantallas de vídeo del pabellón madrileño, mientras tanto, ofrecían imágenes en exclusiva de un reportaje realizado para Real Madrid TV sobre el proceso de recuperación de Sergio Llull, un documento audiovisual para la historia, porque Llull es historia del baloncesto español y madridista, y sus ocho meses y medio recuperándose de una de las lesiones más graves que puede sufrir un baloncestista forman parte de esa historia, en este caso en su sentido negativo. Llull,el jugón de la eterna sonrisa, ha vivido durante estos meses sus momentos más duros. Pero está de vuelta, y esa era la noticia, tanto o más que la posibilidad de romper el empate a uno con el que la bronca eliminatoria de cuartos de final de Euroliga ante Panathinaikos llegaba al WiZink Center.


No fue, en líneas generales, un buen partido de Llull (lo extraño hubiera sido lo contrario), pero si fue un buen retorno. Por la victoria y por las buenas sensaciones durante los 19 minutos y 31 segundos que estuvo en pista. Llull, que duda cabe, está muy lejos de su nivel, y la lógica dice que tardará en alcanzarlo, pero dejó dos minutos y medio mágicos en el último cuarto que parecieron engañar al tiempo, como si nunca se hubiera ido de las canchas. En esos dos minutos y medio el balear rompió el partido con una canasta a tabla altísima, tras penetración (de las pocas veces que le vimos irse a canasta), y dos triples para un parcial de 8-0 que amenazaba con sentenciar el choque. 70-63 a 3.28 del final. No fue así. Calathes y James aparecieron de nuevo desde el triple y el Madrid no acertó en sus posteriores ataques. Un triple lejano de un genial Mike James ponía el empate a 70 y hacía comenzar un nuevo partido con apenas dos minutos por disputarse. Toda la presión ahora recaía en el bando madridista, quien de haber visto volar el punto del Palacio quedaría en situación crítica pues los griegos habrían recuperado el factor cancha e incluso una victoria el viernes en el cuarto partido no les garantizaría su presencia en otra Final Four.


Dos minutos en los que sin embargo el Real Madrid, con toda esa presión de equipo local jugó algunos de los mejores momentos de la serie, recordando al tercer cuarto del segundo partido, y de nuevo con dos grandes protagonistas (o dos grandes protagonistas ofensivos, mientras Laso recurría a los habituales cambios de “balonmano” según su equipo estuviera en ataque o defensa), los mismos que la pasada semana en Atenas: Jaycee Carroll y Felipe Reyes. El escolta mormón anota seis puntos, con una gran penetración lateral a tablero y un triplazo con tiro libre adicional que posiblemente fue la canasta del partido. El gran capitán por su parte logró sus cinco puntos desde el tiro libre. Picando piedra una vez más. Enorme. Entre ambos anotaron los últimos once puntos del Real Madrid.


Fueron los dos mejores jugadores del equipo de Laso. Jaycee se fue a 17 puntos sin fallo en 16 minutos, y 13 de valoración (le penalizaron sus 4 faltas personales), mientras que Felipe vuelve a agotar calificativos. Fue el más valorado de su equipo (14), ¡y jugando sólo 9 minutos! Lo del capitán madridista es un caso digno de estudio.


Pero hasta llegar a ese explosivo final de partido, lógicamente, pasaron muchas cosas. Una salida muy seria del Madrid frente a un Panathinaikos que sorprendía con Rivers de titular por delante de Antetokounmpo, ¿reconocía Pascual que Doncic había logrado superar la defensa del guerrero griego? Eso parece. El rendimiento del esloveno en estos play offs camina muy parejo al de su equipo. Claramente de menos a más. Su primera parte en el partido de ayer es magnífica, culminada con uno de los “highlights” de la temporada como fue su mate sobre Gabriel tras rebasar a Payne. Una primera parte en la que Xavi Pascual ya había dejado claro el nivel de crispación instalado en el entorno del club griego, protestando unos pasos claros que le costaron una técnica que parecía más bien una provocación buscando un cambio de tendencia arbitral en la segunda parte (a los griegos sólo les señalan dos faltas personales en los primeros siete minutos del último cuarto... hasta que Felipe se pone a picar piedra)


El Panathinaikos cumplió con el guión previsto. Todo fiado a Calathes y James. El gran acierto de la defensa madridista fue negar el pase al genial base greco-americano, quien tuvo que mirar aro nada menos que en 19 ocasiones, mientras que no encontraba a los habituales Gist y Singleton. El Real Madrid, con Laso a la cabeza, está dando un ejemplo de coralidad y juego en equipo superior al de su rival. En un partido tan decisivo como el de ayer los números son elocuentes respecto al uso de las piezas por parte de ambos entrenadores. Calathes se tiene que ir a 36 minutos, Gist a 28, Singleton casi 26... sorprende los apenas 20 de James mientras que Lojeski, absolutamente inoperante excepto por un mayor aporte en el rebote que el americano, se va a 25. De hecho los griegos ganan el rebote (38 a 36) Poco le importa a un Laso que va ganando la serie 2-1 y ayer da otra lección de dosificación y confianza en todos sus jugadores. El recuperado Doncic es el más utilizado, casi 28 minutos, pero a partir de ahí ningún jugador se carga. Taylor (otra vez fundamental en defensa) 24, Ayón 22, Thompkins 21... el resto por debajo de 20 minutos... en uno de los partidos más importantes de la temporada. Impresionante. Es curioso como en una serie en la que se presuponía un exceso de minutaje de Doncic, al final el exprimido va a ser Calathes, pese a contar durante toda la serie con un “back up” de tantas garantías como Nikos Pappas, y por supuesto un Mike James que perfectamente puede ejercer de director de juego.


Y es que Laso vuelve a contar con una de sus piezas más queridas, el único jugador de la plantilla junto a Felipe Reyes y Jaycee Carroll con el que ha compartido sus siete años de entrenador madridista. Sergio Llull vuelve, de momento en pequeñas dosis. No estamos todavía ante un Llull en versión “long play”, pero recordando mi formato musical favorito, o al menos mi favorito para pinchar, el 7”, ayer nos dimos una pequeña alegría en formato reducido. Un Sergio Llull versión “extended play”.


viernes, 20 de abril de 2018

BAJAR AL BARRO






Una eliminatoria bronca.



El Real Madrid de Pablo Laso es un equipo perfectamente reconocible que, aparte de haberlo ganado todo, ha vivido rodeado de unas señas de identidad muy claras. Posesiones cortas, ritmo alto de juego, defensa presionante en las líneas de pase del rival, transiciones rápidas… un estilo atractivo que no sólo ha dado títulos, si no que ha devuelto los aficionados a las canchas. Para todo esto Laso ha contado como principales ejecutores con bases rápidos y veloces, prolongaciones en la cancha de un entrenador que como jugador fue en su día uno de los directores con mejor visión de juego del baloncesto español (recuerden que seguimos hablando del máximo asistente histórico de la ACB, una clasificación que parece que seguirá encabezando durante varios años, ya que el siguiente jugador en activo de la tabla es un Albert Oliver que a punto de cumplir 40 años está a más de mil pases de canasta del actual entrenador madridista) Sergio Llull, Sergio Rodríguez o Facu Campazzo han comprendido perfectamente la filosofía de su técnico y la simbiosis con Laso ha sido total. Y en estas llega esta serie ante Panathinaikos en la que Laso se ve obligado a mutar de ideología. Y es que no nos cansamos de repetirlo: cualquier juicio sobre esta eliminatoria ha de hacerse teniendo en cuenta las carencias del Real Madrid en la dirección de juego, todo ello con el añadido de hacerlo frente al equipo cuyo ataque es mecido por el mejor pasador del campeonato, el descomunal Nick Calathes.     


Comentábamos en nuestra anterior entrada que la recuperación psicológica del Real Madrid no parecía demasiado preocupante en un vestuario con jugadores con tantas batallas en sus piernas como Felipe Reyes o Rudy Fernández. Precisamente fueron los jugadores más veteranos quienes acudieron al rescate del Real Madrid. Entre Felipe, Rudy y Jaycee Carroll suman nada menos que 106 años, y fueron ellos los principales culpables de que el Madrid empate la eliminatoria a uno (sin obviar el gran trabajo de Ayón, las canastas decisivas de Thompkins, o el reencuentro de Doncic consigo mismo en la recta final del partido) Lo de Felipe es caso aparte. Con 38 años a sus espaldas su mérito es enorme. Obligado a reinventarse a sí mismo y haciendo oídos sordos a quienes llevan años pidiendo su jubilación (que han quedado una vez más retratados), no deja de ser curioso que con Pablo Laso esté alargando su carrera deportiva dejando exhibiciones como la de ayer y siendo decisivo en muchas victorias claves de la temporada. Felipe no es rápido, ni es un cuatro abierto (en muchas ocasiones, sobre este curso de lesiones y accidentes, ha tenido que jugar de cinco), ni juega bien a campo abierto, ni es un gran defensor exterior (como era por ejemplo Marcus Slaughter, utilizado por Laso incluso para presionar a toda cancha y negar la subida del balón al base rival) Felipe necesita posesiones largas y bien masticadas, meterse al poste, cuerpear, picar piedra… bajar al barro. La antítesis del estilo Laso. Y sin embargo no puede existir mejor capitán para este proyecto que por mucho que quieran enterrar algunos sigue vivo. En un Madrid obligado a renunciar a su habitual velocidad de crucero, Felipe es el faro que a base de albañilería pesada fatiga la resistencia rival.


La rápida canasta de Causeur a poco de comenzar el partido parecía servir de declaración de intenciones de que el partido de ayer iba a ser una historia bien distinta al del duelo inaugural de la serie, pero lo cierto es que además de ser los dos únicos puntos del francés en toda la noche, el Panathinaikos volvió a ser superior en el inicio de encuentro. Cierto es que el Madrid evitó que le pasase por encima, como en el primer partido. Contuvo el desastre. A duras penas y sufriendo pero lo contuvo. Laso cambió de inicio el juego interior titular. Randolph y Tavares dejaron su sitio a Thompkins y Ayón y no fue un cambio baladí. El frío Thompkins no demostró la ansiedad de un Randolph quien recordemos había perdido dos balones en apenas 40 segundos iniciado el primer partido, y Ayón fue fundamental dejando vía libre a la subida de Doncic con bloqueos mucho más rápidos y limpios que los de un Tavares más visible para árbitros y rivales. Luka, por su parte, había aprendido la lección del primer partido. Pese a que su primera parte no fue buena, y Antetokounmpo volvió a desquiciarle con su defensa de “karate-press” fue consciente de que muchos de los males del 1-0 vinieron desde la dificultad de cruzar media pista y organizar el cinco contra cinco con el tiempo de posesión agonizando. El esloveno llegó a campo rival sensiblemente más rápido que en el primer partido, y a partir de ahí el equipo blanco tuvo mejor circulación y con ello mejores tiros. El Madrid encontraba por fin la manera de sobrevivir, pero era simplemente eso, sobrevivir, porque el Panathinaikos jugaba a otra cosa. A falta de tres minutos para concluir el primer cuarto los griegos doblaban 16-8 a su rival, tras dos tiros libres de Antetokounmpo que mandaba al banquillo a Doncic con su segunda falta personal. Se finalizaba el acto con un 21-16 que sólo era entendible en los términos de supervivencia citados. Al Madrid le daba para no ser apalizado, pero no para ganar. 


En la citada supervivencia blanca había tenido mucho que ver un experto en tales lides como Rudy Fernández. Pese a estar fallón en el tiro (sólo había anotado tres tiros libres, fallando otro, además de sus únicos intentos triple y de dos), dos rebotes ofensivos, dos faltas personales provocadas, y una gran actividad atrás demostraban que el mallorquín era el primero en entender que había que ponerse el mono de trabajo. Claro que si de trabajo hablamos nadie puede superar a Felipe Reyes. A los siete segundos de saltar a la cancha ya estaba produciendo. Recibe al poste y aprovecha un “miss match” con Marcus Denmon. Falta personal. Dos tiros libres, los dos dentro. Juego entre pívots. Tavares recibe al poste a pase de Rudy y Felipe aprovecha la autopista por el centro para recibir del caboverdiano, pese a tener encima a K.C. Rivers, quien impide la canasta clara del cordobés. Poco importa, Felipe no pierde de vista el balón y con una mano captura un rebote ofensivo para al segundo intento anotar. En total juega 4 minutos y 31 segundos en el segundo cuarto, para anotar 8 puntos, capturar 2 rebotes y alcanzar los 12 de valoración. Increíble proporción en minutos/producción. Son los mejores minutos hasta el momento del Madrid en la eliminatoria, con Felipe, Rudy, y, ojo… Chasson Randle. El Aviador DRO y sus obreros especializados. El Madrid tutea al rival y el partido entra en la dinámica del columpio, con ventajas de uno o dos puntos alternativas para cada escuadra. Los locales estiran a cinco puntos la diferencia con un triple de Denmon, neutralizado con el primero de los tres que ayer firma Thompkins. Al descanso 40-36. El Madrid estaba vivo. En un partido feo, bronco, largo, trabado y con constantes interrupciones. En un partido antitético a la idea de Laso. Pero estaba vivo. 


El tercer cuarto fue definitivamente el del mejor baloncesto que ha mostrado el equipo blanco en este play off. Los 32 puntos anotados en esos 10 minutos confirmaron que la tormenta ofensiva de Laso sigue golpeando con fuerza al rival. Dos nombres propios lideraron el ataque blanco. Jaycee Carroll con 14 puntos, y Felipe Reyes con 10 (incluyendo dos triples) Un cuarto para enmarcar cerrado con un triple de Thompkins que estiraba la ventaja hasta los siete puntos. El viento comenzaba a soplar a favor y hasta a Doncic se le volvía a dibujar la habitual sonrisa de jugón, aparcando por unos momentos su frustración por el duelo frente al duro Antetokounmpo.  


Los siete puntos con los que se abría el último acto fueron definitivos. El Panathinaikos, pese a ser un equipazo (diga lo que diga Xavi Pascual, quien inteligentemente ha trasladado la presión a los blancos desde antes del primer partido otorgando favoritismo a los de Laso pese al factor cancha y el mayor número de efectivos griegos), demostró que sufre con viento en contra. El Real Madrid no perdió la ventaja, aunque el partido estuvo abierto en todo momento. Los de Atenas llegaron incluso a empatar con un parcial de salida de 7-0 culminado con un triple de Denmon, y se vieron a un solo punto (70-71 a 6.13 del final) tras canasta de Calathes, pero Taylor volvió a abrir brecha con un 2+1, enmendando sus dos errores anteriores en el tiro libre. El Panathinaikos resistió con Calathes y James. Nada nuevo. Entre los dos exteriores anotaron 13 de los últimos 14 puntos de su equipo (un tiro libre de Adrian Payne rompió la tendencia), mientras el Madrid tiraba del oficio de Rudy, Taylor, un renacido Doncic, y un certero Thompkins que con su tercer triple ponía un 78-83 a falta de 2 minutos que fue una puñalada en el alma helena. Los blancos no dejaron pasar la oportunidad de poner el 1-1 en la serie y los minutos finales sólo sirvieron para calentar todavía más el enfrentamiento, con Antetokounmpo erigiéndose como enemigo público número 1 del madridismo (parece que aun escuecen los partidos ante Andorra la pasada temporada) tras su tangana con Rudy Fernández. 


El Real Madrid supo bajar al barro para adjudicarse un partido durísimo e interminable (la retransmisión de Movistar Plus, ya colgada en You Tube, dura íntegra la barbaridad de 2 horas y 17 minutos) en el que los griegos los llevaron a la línea del libre en 37 ocasiones (con 28 dianas) Sólo recuerdo un partido esta temporada en el que rival de los blancos hiciera tantas faltas y les llevara tantas veces a la “charity line”. Fue en el partido de la segunda vuelta ACB ante el Barcelona de Pesic. En aquella ocasión los de Laso lanzaron nada menos que 38 tiros libres en su posiblemente peor partido de la temporada, saldado con una derrota por 22 puntos. Pesic desactivó el ataque madridista a base de una defensa al límite sin importarle cargar a sus jugadores de faltas (sabedor del axioma atribuido a Aíto García Reneses de “si haces 20 faltas te pitarán 20, si haces 200 faltas te pitarán 20, de modo que haz 200”. Pero en esta ocasión el Real Madrid, no quedaba otro remedio, supo vivir en la rudeza. Supo bajar al barro. Todo es más fácil si el primero en hacerlo es tu capitán.     




El capitán, de nuevo al rescate