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jueves, 29 de septiembre de 2011

DEMASIADO CORAZON

El pasado martes discurría la tarde con el habitual carrusel de partidos futbolísticos de la Champions League (no sólo de baloncesto vive el tirador melancólico) cuando el bueno de Paquito Gonzalez daba una noticia de última hora de manera escueta, breve y concisa: Arvydas Sabonis había sufrido un infarto al corazón, el temido infarto, esa sombra que planea siempre sobre las cabezas de todos los que vamos llegando a una edad. 

El infortunio le sobrevino realizando lo que más le gusta, lo que mejor sabe hacer, y aquello que le ha dado la gloria, y recíprocamente él ha ayudado a hacer más grande: el juego del baloncesto. El pasado martes, como decimos, en plena cancha en su Kaunas natal sufrió un desvanecimiento que ha resultado ser un ataque a su enorme corazón de gigante lituano. Uno se imagina que no puede haber sitios más dulces para dejar la vida que una cama entre los brazos de la mujer amada, o una cancha de baloncesto practicando tu deporte favorito (así fue como nos dejaron el gran genio Pete "Pistol" Maravich, o el joven y brillante cineasta Ted Demme). Aunque por otro lado la actual inmortalidad que disfrutamos (uno es inmortal hasta el día de su muerte) nos gusta demasiado como para pretender abandonar esta condición y naturaleza. 

Afortunadamente las noticias que nos llegan desde Lituania hablan de un Arvydas fuera de peligro. Pero ha servido para darnos cuenta del impacto que tiene el gran pívot aún hoy en nuestras vidas, y desde luego pocos personajes más queridos por nosotros podrá encontrar el lector en este blog. En Sabonis se dan una serie de circunstancias que hacen que sea una figura casi paternal para “El tirador melancólico”. En primer lugar, para todos los que hemos nacido en los 70, significa uno de esos héroes de nuestra infancia, pubertad o adolescencia. Representante de la generación dorada del baloncesto del Este de Europa de los 80, un baloncesto europeo que vivía bajo la dictadura de dos potencias, yugoslava y soviética, haciendo que para el resto de los países alcanzar siquiera unas semifinales en cualquier torneo fuera una enorme hazaña. Por otro lado, como madridista, su paso por nuestro equipo lo recuerdo como quizás la última época en la que fuimos grandes de Europa y el Real Madrid era una referencia a nivel mundial en baloncesto. Sabonis también representa parte de esa nueva Europa que vimos cambiar a principios de los 90. Las descomposiciones de Yugoslavia por un lado, y del extenso coloso soviético por otro (todo ello unido a la caída del Muro de Berlín en el 89, acontecimientos que parecían hacer profética la canción de Ilegales “Europa ha muerto” ocho años antes, al menos la Europa que conocíamos) trajeron también consecuencias en el mundo del deporte, y ahí estuvo el gran Arvydas erigiéndose como líder de una Lituania que siempre ha vivido por y para el baloncesto casi como si fuera su religión. El Sabonis ex –jugador también es una figura que nos resulta francamente grata, siempre vinculado al baloncesto, a su país, era un placer verlo en las gradas lituanas el pasado Eurobasket acompañado de sus guapísimas mujer (miss Lituania 1989) e hija. Sus vínculos con España y nuestro baloncesto tampoco han desaparecido, concretamente con Malaga (posee una casa en Torremolinos), así sus tres hijos varones, Zygimantas, Tautvydas y Domantas, tratan de hacer carrera en la cantera del Unicaja y asegurar la pervivencia de uno de los apellidos más ilustres que ha dado el mundo de la canasta.    

Sufriendo por Lituania al lado de sus chicas.


Finalmente, y como ya expusimos en nuestra entrada “Safe european home”, en lo plenamente deportivo y baloncestístico, Sabonis ha sido el más grande, no tenemos duda, seguimos pensando lo mismo, ha sido algo excepcional, nunca hemos visto nada igual, y sólo las lesiones impidieron no desarrollar el auténtico potencial de un jugador que tuvo que conformarse con jugar por debajo de su 50%, pero que no tenía absolutamente ninguna fisura en su juego, todos los conceptos y aspectos de este deporte los dominaba con insultante facilidad… su único pero, como hemos dicho, el físico.   

Seul 88. Sabonis revolution.


Recordemos que sin el Sabonis de Seul 88 y su tunda al marine Robinson no hubiera existido el Dream Team de Barcelona 92. Él hirió de muerte al orgullo yankee, y cambió para siempre la manera de ver nuestro baloncesto desde el otro lado del Atlántico. En definitiva, cambió el baloncesto moderno.      


martes, 27 de septiembre de 2011

DE COMO UNA BOMBA FUE CAPAZ DE UNIR A SPIELBERG Y A BERLANGA

Aunque va tocando cambiar el chip e ir pensando en la Liga Endesa próxima a comenzar con la celebración de la Supercopa el próximo fin de semana en Bilbao, seguimos exprimiendo en cierta manera el exitoso Eurobasket de Lituania que tan buen sabor de boca nos ha dejado a los aficionados españoles. Lo hacemos movidos entre una especie de orgullo patrio y el paladeo de un plato que tan buen gusto te deja en el cuerpo. Un campeonato de tan buen nivel y con tantas cosas positivas para nuestro baloncesto bien merece seguir siendo recordado y disfrutado, como esa última calada de un cigarrillo, o el poso con orujo que queda en nuestra taza de café.    

¡Bomba va!


El pasado Eurobasket ha significado la consagración total y absoluta, si es que esto no se hubiera producido ya, de nuestro capitán, Juan Carlos Navarro, coronado como jugador más valioso del torneo, agrandando su leyenda y engordando su palmarés por partida doble, en lo colectivo y en lo individual. Aún estando en Septiembre, no cabe duda de que a final de año, cuando se hagan los habituales resúmenes y análisis sobre como ha discurrido el 2011 en materia de baloncesto, estamos convencidos de que el hombre del año en nuestro país será él. Parece lógico tras un año en el que le hemos visto levantar los títulos de Copa del Rey y Liga ACB (siendo MVP de las finales de esta última), y ganar el Eurobasket de Lituania siendo igualmente elegido como el jugador más valioso. Así a sus 31 años nuestra particular Bomba alcanza la madurez y la excelencia en su juego, un juego que prácticamente ha mantenido el mismo perfil, la misma dimensión, además de una regularidad siempre acompañada del triunfo, lo cual hace que no sea ninguna barbaridad pensar en Navarro como el mejor jugador exterior del baloncesto FIBA de lo que llevamos de siglo XXI. Posiblemente el mayor palmarés en activo en cuanto a títulos de club y medallas con su selección. Sobre eso trataremos algún día de estos, y lo compararemos con los Papaloukas, Jasikevicius, Siskaukas o Diamantidis, pero así, “a porta gayola”, me atrevería a poner la carrera de Navarro por delante de la estos genios. 

Asimilando mentalidad ganadora.


Números y títulos al margen, hoy queremos centrarnos en el Navarro jugador por encima de todo. En ese estilo y tipo de juego a menudo indefinible, y casi siempre indefendible, y en una evolución hacia su mayor nivel rebasada la treintena, curiosamente tratándose de un jugador que apenas ha evolucionado en su juego. Es decir, no estamos hablando de un baloncestista que con los años haya ido ampliando su repertorio, o trabajado más aspectos de su juego. Es decir, y por poner ejemplos cercanos y recientes, no es el caso de un Marc Gasol, al que últimamente le hemos visto exhibiciones pasadoras a lo Arvydas Sabonis. Tampoco es el caso, para ser más justos y fijarnos en jugadores de su misma posición, de cestistas como los Yotam Halperin, Drew Nicholas, o en nuestra liga Roger Grimau, o saltando el charco DeShawn Stevenson. Jugadores de marcado rol ofensivo al principio de sus carreras, que han tenido que ir adaptando su juego a labores más sacrificadas y menos lustrosas y aparentes, al menos en el apartado estadístico. El juego de Navarro ha sido siempre el mismo, exactamente igual, le vemos ahora y le recordamos tal cual hace diez, o doce años, cuando su descomunal talento comenzaba a aflorar. Ese tipo de evoluciones para sobrevivir en el mundo del baloncesto, adaptarse a lo que el equipo pudiera requerir para seguir contando con minutos en la cancha, Navarro no la ha necesitado. Siempre ha hecho lo mismo, y, no nos cansamos de repetirlo, siendo un jugador sin grandes condiciones físicas, lo cual podría resultar un grave condicionante en cualquier otro deportista, pero no en quien vive de puro talento.  

Viviendo a la pata coja.


Entonces, ¿realmente ha evolucionado Navarro a lo largo de los años sí o no?, evidentemente ha evolucionado y ha mejorado, pero su juego es exactamente el mismo, sólo que potenciado casi hasta su tope, hasta su máximo nivel, ese que aún no ha alcanzado, porque jugadores de este tipo que mantienen como principal arma la calidad en el tiro y en los fundamentos del uno contra uno, lejos de perder calidad con los años, la ganan precisamente en esos aspectos del juego de los que viven. El caso de Navarro es en cierto sentido comparable al de Dirk Nowitzki, otro de los grandes triunfadores del año, y otro ilustre treintañero que con el paso del tiempo parece alcanzar su mejor versión. Ambos casos, el del escolta español y el del ala-pivot alemán, corroboran una verdad irrefutable del mundo de la canasta: en un jugador de baloncesto la única cualidad que no sólo no se pierde con el paso de los años, si no que mejora, es la del tiro. El rubio jugador de los Mavericks es además, al igual que el protagonista de nuestra entrada, un cestista con un tipo de juego muy concreto y que apenas sufre cambios a lo largo de su carrera. Su evolución en todo caso es más bien una maximización de sus virtudes, con la adquisición de una experiencia que les permite por otro lado la minimización de sus defectos. Experiencia que les permite además conocerse mejor a si mismos, saber dosificarse física y mentalmente, y sacar lo mejor de su repertorio en los momentos más importantes. No es casualidad que el mejor Navarro del Eurobasket haya aparecido precisamente cuando comenzaron los partidos a cara o cruz, aquellos en los que no hay margen de fallo, y parecen concebidos para jugadores sin vértigo ni miedo a las alturas. Pero en lo que realmente se parecen Nowitzki y Navarro es en ese constante desafío a la lógica, ese pulso a la probabilidad del fallo. Han sido capaces de construír una mecánica de tiro prácticamente indefendible, una comunión perfecta entre la muñeca y el balón, tal es así que no les importa lanzar a canasta a la pata coja, desequilibrados, etc... algo absolutamente ilógico, irreal, casi de ciencia-ficción.  

Claro que si hablamos de tirar a la pata coja, nadie como Dirk.


A menudo se compara a Navarro con el futbolista Xavi Hernandez. Ambos son de la misma quinta, del 80, representan el nuevo y exitoso barcelonismo, que vive sus mejores tiempos en su larga historia gracias a haberse librado de victimismos y complejos, son el orgullo de su cantera y han desarrollado toda su carrera en ese club (excepto el año NBA de Navarro, una espina que el genial escolta se quiso quitar y una vez matado ese gusanillo volvió a su habitat natural donde compite por todos los títulos posibles cada temporada) y son dos deportistas que huyen del estatus de estrellas, conscientes realmente de ser unos privilegiados por la vida que les ha tocado vivir y poder dedicarse a lo que más les apasiona en el mundo, uno, meter canastas, el otro, dar pases milimétricamente calculados, y en ambos casos, la necesidad e imperiosa exigencia de ganar para sentirse realizados, pero no ganar de cualquier manera, si no a través de su ideal de juego. Por ello lejos de vivir constantemente enfadados con el mundo disfrutan y hacen disfrutar a los aficionados con su juego, que parece a veces una prolongación de su propia vida o personalidad. En pocos casos como los de estos dos hombres además encontramos una distancia mayor del prototipo del deportista atleta. No son ejemplos de eso que se suelen llamar “físicos privilegiados”. Y por supuesto, y esto es lo más importante, ambos han puesto su enorme talento al servicio de nuestras respectivas selecciones nacionales, y se han convertido en los mejores representantes del nuevo ADN ganador del deporte español, son un poco la identidad de nuestro futbol o baloncesto, aunque si queremos ser realmente fieles a los símiles futbolísticos, la genialidad con ciertos rasgos anárquicos e individualistas de Navarro, acompañada de su capacidad para ver al mejor compañero cuando las defensas se cierran sobre él (recordemos que tanto Rudy como él han sido los mejores pasadores de la selección en el Eurobasket), le convierten más en un Messi de la canasta, por su figura de finalizador más que creador, pero también de ser capaz de dar el pase definitivo (en aspectos futbolísticos eso hace de Messi un auténtico “punto y aparte” en el mundo del futbol y por eso mantiene una distancia sideral sobre los demás, Cristiano Ronaldo incluído, al tener la capacidad goleadora de los mejores delanteros de la historia, siendo capaz de romper todos los registros en ese sentido, pero además siendo capaz de dar pases que firmarían Zidane, Michael Laudrup o Francescoli... es decir, Messi es gol, pase y visión de juego todo en uno, el mejor goleador y el mejor pasador dentro del mejor equipo, lo nunca visto) 

El nuevo referente.


En definitiva lo que admiramos de Navarro es esa capacidad para evolucionar y mejorar constantemente desde sus limitaciones que le confieren un juego monodimensional. Navarro no es en absoluto ningún todoterreno ni un jugador especialmente completo, pero reverdece la gloriosa figura del escolta anotador puro europeo de toda la vida. Pertenece al árbol genealógico por cuyas ramas transitan los nombres ilustres de Dalipagic, Antonello Riva, Drazen Petrovic o Nikos Gallis. Por otro lado tampoco es justo considerar a Navarro únicamente como un anotador, ya que un jugador que se mantiene como imprescindible a lo largo de su carrera para entrenadores como Aíto, Pesic, Ivanovic, Pepu, Xavi Pascual o Scariolo, todos ellos coachs exigentes con el trabajo en ambos lados de la cancha, no cabe duda de que es un jugador que entiende el juego en equipo y la importancia del sacrificio atrás. Como suele ocurrir con todos los grandes jugadores ofensivos, se da por sentado que apenas defienden, tampoco es que Navarro sea un especialista defensivo, pero no es mal defensor, como a veces se le ha querido acusar, con una enorme ligereza.   

Los primos lejanos de La Bomba


Es curioso, comencé este texto anoche lunes, y lo retomo hoy martes. Los martes ya sabrán los aficionados que es el día que llega a los kioscos la conocida revista “Gigantes del basket”, la única publicación específica sobre baloncesto que ha logrado sobrevivir nada más y nada menos que durante más de 25 años y que con cuyas páginas hemos crecido más de una generación de fans de la canasta. Pues bien, leo en la Gigantes de esta semana unas palabras de Ángel Palmi (director deportivo de la FEB y personaje fundamental para comprender el actual éxito del baloncesto español) que me dan la razón en mi planteamiento a priori tan extraño sobre Navarro como jugador que ha evolucionado sin evolucionar. Afirma Palmi que el juego de Navarro es absolutamente igual que la primera vez que le vio jugar, en el campeonato autonómico cadete de la temporada 95/96, donde le metió 40 puntos a la selección de Madrid. El de Navarro ha sido siempre un talento descomunal, pero que de no haber ido acompañado de la ambición y mentalidad ganadora que atesora no le habría llevado a su estatus actual. Y todo ello desde la más absoluta tranquilidad, con una insólita convivencia con la rutina del triunfo. Lo explicó perfectamente Bozidar Maljkovic tras el partido que enfrentó a la Eslovenia que dirigía contra España en cuartos de final, dejando una de las mejores frases del torneo. “Con Navarro siempre es igual, llega antes del partido y me saluda muy atento y muy educado y me da la mano y luego me mete 20 puntos”. En realidad le metió 26… en otros tantos 26 minutos, comenzando su exhibición de tres partidos consecutivos, esos en los que sólo valía la victoria, rozando los 30 puntos por partido.   

Una imagen que se repite desde hace más de una década: Pau y Navarro ganando medallas con nuestra selección.


Hay otro tipo de evolución en Navarro, un tipo de evolución animal, depredadora, la de un tipo tranquilo que en el fondo de su mente lleva impreso un sello de instinto asesino, como uno de esos sicarios de película de Tarantino que es capaz de mantener una natural conversación sobre hamburguesas antes de descerrajarle un tiro a su victima entre ceja y ceja. Se dice que los tiburones atacan cuando les llega el olor a sangre, algo parecido sucede con Navarro, que sabe cuando ajusticiar perfectamente a sus víctimas y darles el tiro de gracia. Un instinto animal y salvaje desarrollado por la experiencia y la veteranía de los años para saber en que momento el rival está a punto de ser doblegado. Es otro tipo de evolución, la del simpático delfín al impío tiburón. Esa es la verdadera naturaleza de Navarro en la pista.   

Oliendo la sangre


En definitiva el triunfo de Navarro es también el del baloncesto en su máxima expresión artística y estética, un puro gozo para los sentidos verle penetrar, fintar, tirar… su repertorio de golpes, de bombas, de movimientos, sus cambios de ritmo, de dirección, sus salidas de los bloqueos, o ese cambio de mano con el balón en bote en penetración, pinceladas del genio para deleite impagable del espectador. El mayor ejemplo de que el talento del jugador ha de surgir de manera natural, y que las pizarras, en muchas ocasiones, mejor dejarlas para los colegios.  Esos en cuyos patios los niños españoles comienzan a hacer sus primeros botes y tiros queriendo imitar a nuestra escopeta nacional, tomando el relevo de quienes lo hicimos queriendo imitar a Petrovic o a Gallis. ¿Acaso puede haber mayor contribución al crecimiento de un deporte en tu país que el de conseguir cambiar toda una mentalidad? 

“La escopeta nacional” y “Tiburón” en la misma cartelera.  

miércoles, 21 de septiembre de 2011

THE DIRTY DOZEN

En 1967 el inmenso Robert Aldrich llevaba a las pantallas un clásico del cine bélico que ha perdurado como una de sus obras más famosas y uno de los filmes de acción más entretenidos de finales de los 60. Una película que aún hoy se sigue viendo con gran agrado gracias a la magnífica labor detrás de la cámara del maestro Aldrich y a un grupo de actores realmente carismáticos, entre los que se encuentran Lee Marvin, Donald Shuterland, Robert Ryan, George Kennedy, John Cassavetes (siempre eficaz a ambos lados de la cámara) o incluso el cantante Trini López, que en esta ocasión no deseaba empuñar su famoso martillo, si no metralletas y fusiles de asalto. No es que queramos comparar al duro Mayor Reisman interpretado por Lee Marvin con Sergio Scariolo, ni que consideremos que la misión de traernos el oro de Lituania sea algo semejante a la misión suicida que afrontan los militares convictos de la película de Aldrich (de hecho pensamos que lo que han hecho nuestros jugadores es muchísimo más difícil y meritorio que hacer volar un cuartel general del Wehrmacht nazi), simplemente es un tópico recurrente junto al de utilizar otra brillante película, “Doce hombres sin piedad” de Sydney Lumet basada en el espléndido texto de Reginald Rose, el de usar estos símiles cinematográficos a la hora de hablar de algún grupo de personas que conforman numéricamente una docena, y ya que consideramos que de piedad estos muchachos andan sobrados (aunque en la cancha no toman prisioneros), nos hemos decantado por el símil con los protagonistas de la cinta de Aldrich, demostrando por otro lado nuestra absoluta falta de originalidad. 

Otro tópico habitual una vez concluido un campeonato de este tipo es repartir las “notas”. Dentro de una actuación global sobresaliente, lógicamente el peso se ha sostenido más en algunos jugadores que en otros, y prácticamente la vieja guardia de la selección española sigue dando la cara y llevando el peso. Así hemos visto a nuestros jugadores desde este blog.  

Cassavettes, míreme a los ojitos, y tal.




Pau Gasol: 

Sigue siendo el auténtico líder y el referente absoluto de la selección. Nuestro máximo anotador, reboteador y taponador. El más regular, en todos los partidos ha cumplido con creces. En prácticamente todos los apartados estadísticos del torneo aparece mínimo como un Top 5. Desde el primer día frente a Polonia con 29 puntos y 7 rebotes, no tuvo ninguna actuación mediocre y jamás bajó de los 10 puntos, para, al igual que Navarro, guardarse lo mejor para el final y acabar con tres dobles-dobles seguidos, en los partidos más importantes, los cruces. Ha sumado en todo y ha hecho daño en todas partes de la cancha, ahí queda su extraordinario 7 de 11 en triples entre otras cosas.

10 partidos. 20.1 puntos, 8.3 rebotes, 1.7 asistencias, 1.7 tapones, 1.1 robos. 53.8% en tiros de campo, 63.6% en triples (7 de 11), 26.2 minutos de media. 

Calificación: 9.5


Rudy Fernandez:   

El torneo de Rudy hay que verlo más allá de lo puramente estadístico, forzado a jugar en una posición que no es su natural, ha tenido que adaptarse a lo que ha pedido el entrenador, y en ocasiones vérselas en defensa con jugadores muy difíciles de marcar para un escolta nato, o con las estrellas rivales, caso de Luol Deng. Finalmente esa temida posición de 3 en la que nos podían hacer daño no ha hecho aguas gracias al generoso trabajo de un Rudy menos brillante en ataque que en otras ocasiones, pero más comprometido en defensa y en la circulación del balón para los pivots (Navarro y él han sido nuestros mejores pasadores) Además en sus dos partidos contra Francia se soltó en ataque. 

11 partidos. 8.2 puntos, 3.4 rebotes, 3 asistencias, 1.5 robos. 50% en tiros de campo. 25.4 minutos de media.  

Calificación: 8


Ricky Rubio: 

Un Ricky ya decidido a dar el salto a la NBA, con lo que parecía haberse quitado una carga de encima, y que comenzó la preparación con la selección volviendo a demostrar esa chispa especial suya que tanto nos gusta y que le da otro aire al equipo, nos auguraba un campeonato a seguir respecto a su juego. Lamentablemente no ha sido así. Buen trabajo en defensa y en rebote, pero nuevamente la sensación de cierto agarrotamiento en su juego ofensivo. Una pequeña decepción, aquí ya saben que somos fanáticos de Ricky, y que seguimos creyendo que es un prodigio baloncestístico, por lo tanto debemos juzgarle en base a esas exigencias. No obstante muy buen trabajo ante Macedonia en semifinales, y buenos minutos también ante Alemania.

11 partidos. 1.5 puntos, 2.5 rebotes, 2.1 asistencias, 1.4 robos. 15.5 minutos por partido.   

Calificación: 5


Juan Carlos Navarro: 

Merecido MVP del campeonato, pese a no ofrecer números demasiado extraordinarios en el global del torneo, pero las tres exhibiciones finales en las eliminatorias quedarán para el recuerdo de todos los aficionados y le confirman como uno de los genios del baloncesto europeo de todos los tiempos. Dos actuaciones desafortunadas (ante Gran Bretaña y Turquía) no empañan un torneo sobresaliente en el que como los grandes capitanes ha acudido al rescate cuando el equipo lo requería. Con el paso de los años su tiro es cada vez más indefendible, y su deseo de ganar no decrece. Escribir sobre su palmarés nos llevaría páginas y páginas de blog, aunque algún día lo haremos. 

11 partidos. 18,7 puntos y 3 asistencias por partido. 34 de 76 triples (44.7%), 90.5% en tiros libres (38 de 42) en 27.1 minutos.  

Calificación: 9  

Uno de los pocos galardones individuales que le faltaban a La Bomba.


José Manuel Calderón:

El base de Toronto ha sido un jugador tan castigado por el infortunio con la selección, que hacía cuatro años que no jugaba una final con esta camiseta, desde aquella derrota en el último instante frente a Rusia en el Europeo de Madrid, (recordemos que aunque fue plata olímpica en Pekín, no disputó la final por lesión), de modo que podemos imaginar el gustazo que se dio este pasado domingo. Sin poder brillar demasiado en una selección en la que los bases apenas retienen balón, mostró algunas sombras preocupantes recordando al Calderón que ha perdido el potencial que tenía en las que eran quizás las mejores piernas de un base europeo, pero afortunadamente también han aparecido las luces, esas que le alumbran como un base capaz de dar al equipo lo que necesite en cada momento, sea dirección, anotación, o defensa. Precisamente cuando más protagonismo ofensivo tuvo (partido contra Lituania y final contra Francia) coincidió con los mejores momentos de la selección. 

11 partidos. 5.9 puntos, 3.2 rebotes, 2.7 asistencias, 1.6 robos. 54.8% en tiros de campo. 19.4 minutos por partido.    

Calificación: 6.5


Felipe Reyes: 

Difícil torneo para un Reyes que tres días antes del comienzo perdía a su padre, y que ha visto además como su rol ha sido mucho más secundario que en otras ocasiones. Lo que no ha cambiado un ápice es su generosidad con el equipo y entrega en la cancha. Lleva en el ADN pelear por cada balón como si le fuera la vida en ello. En un ejercicio de lógica aplastante ha visto como su importancia se reducía cada vez más (dos minutos acumuló entre semifinal y final) en proporción a la que iba ganando Ibaka. No obstante muy pocos jugadores hay en el mundo, y menos con un estatus de estrella del baloncesto, de ofrecer un rendimiento tan bueno en tan corto espacio de tiempo como el que ha disfrutado Felipe, demostrando una profesionalidad y una concentración admirables.


11 partidos. 5 puntos y 2.8 rebotes. 54.8% en tiros de campo. 9.7 minutos por partido. 

Calificación: 6


Victor Claver:     

Otro jugador para quien no ha sido un torneo fácil desde el punto de vista emocional. Tercer verano consecutivo para un jugador privilegiado por entrar en este equipo, pero que tiene que ir creciendo dentro del grupo. Seguimos pensando que potencialmente está a la altura de los mejores 3-4 de Europa. Su escasa participación haría lógico que no entráramos a calificar su actuación, pero como integrante del grupo se merece por lo menos el aprobado.

7 partidos. 2 puntos por partido en 4.7 minutos.   

Calificación: 5


Fernando San Emeterio:  

Pese a lo complicado de “rascar bola” y conseguir minutos teniendo por delante a jugadores como Navarro, Rudy o Llull, el MVP de nuestra liga ha dado un pequeño paso adelante y ha jugado prácticamente un minuto más que en su anterior participación en la selección, en el pasado mundial de Turquía, y se ha hecho notar en el Europeo. En los momentos decisivos sigue sin ser un jugador fundamental, pero sus 18 minutos en pista ante Eslovenia en el primer cruce demuestra que ya goza de la confianza de Scariolo por pleno derecho (aún así en semifinales no dispuso de un segundo), su mejor encuentro fue ante Alemania donde en los momentos de mayor espesura en nuestro ataque fue la vía que encontramos con una serie de penetraciones que le llevaron hasta los 12 puntos.

9 partidos. 2.9 puntos, 1.4 rebotes y 1.3 asistencias. 12.8 minutos por partido.  

Calificación: 6  

No, amigos, aunque lo parezca no es Jim Carrey en "La máscara".



Sergio Llull:

El base-escolta menorquín fue una de las grandes apuestas en el primer verano de Sergio Scariolo en la selección, en el Europeo de 2009, entrando por el lesionado Berni Rodríguez, buscando el seleccionador italiano en él un duro “stopper” que apretase a los exteriores rivales en algunos momentos complicados de los partidos. Dos años después y convertido en la gran referencia ofensiva de su club, le ha costado volver a adaptarse a ese rol especialista tan concreto. Su mejor aportación, en semifinales cuando junto a Ricky Rubio formaron una excelente pareja de perros de presa para desarmar a unos Ilievsky y McCalebb cuya facilidad anotadora nos estaba haciendo muchísimo daño.

11 partidos. 2.8 puntos y 2 asistencias por partido. 14.8 minutos por partido.           

Calificación: 5  


Marc Gasol: 

Quien iba a decir que aquel pívot cargado de kilos que sufría en el Barcelona a las órdenes de Ivanovic y que empezó a asomarse tímidamente en el Mundial de Japón de la mano de Pepu Hernandez, cinco años después iba a ser uno de los pivots puros más dominantes de todo el planeta baloncestístico. En Lituania ha refrendado ese caché que se ha ganado en unos Memphis que gracias a él han dejado de ser un equipo perdedor, y ha dejado en este Europeo auténticas pinceladas de superclase y de pívot evolutivo que cada vez entiende mejor el juego, capaz de hacer daño también por fuera y distribuir juego desde la zona (llegando a exhibiciones en ese sentido como frente a Gran Bretaña o Macedonia, yéndose a cinco asistencias por partido, o Lituania con cuatro) Su mejor partido fue frente a Serbia, con un lustroso doble-doble de 20-10 que nos puso en franquicia el pase a cuartos de final.

11 partidos. 13.3 puntos, 7.3 rebotes, 2 asistencias. 50% en tiros de campo. 27.6 minutos por partido.   

Calificación: 8


Serge Ibaka: 

El último en llegar a este grupo junto a Victor Sada, y un jugador que será absolutamente fundamental en el futuro a medio plazo de la selección. Claro ejemplo de la evolución del equipo y del “menos a más” generalizado, a partir de los cuartos de final se fue convirtiendo en pieza clave. Deja unos cuantos highlights en su trabajo defensivo, especialmente esa marca histórica de cinco tapones en 3:43 minutos de partido en la final, que han de perdurar en la memoria de este torneo. 

11 partidos. 7.1 puntos, 3.9 rebotes y 1.2 tapones por partido. 56.6 % en tiros de campo. 17.2 minutos por partido.   

Calificación: 7

"Air Congo" sobrevuela París. 


Victor Sada: 

Desde su primera contribución en el campeonato en el partido inaugural frente a Polonia quedó claro algo que eliminaba cualquier atisbo de debate: Sada debía estar, y ha sido un acierto llevar tres bases. Su rol ha sido claro, el tercero de los directores al ser un recién llegado a un grupo ya formado, pero ha demostrado que su extraordinario momento de forma del final de la temporada pasada no fue una casualidad. Sada, al igual que San Emeterio, por fijarnos en otro jugador internacional de su misma quinta (84), es uno de esos jugadores nacionales que en otras épocas llevaría ya muchísimas internacionalidades más a sus espaldas, pero le ha tocado vivir entre el apogeo de la generación del 80 y la explosión de algunos jóvenes genios veinteañeros, no obstante su momento actual de madurez le convierte en jugador muy aprovechable para la selección, y así lo ha demostrado volviendo a ser un ejemplo de derroche e intensidad en el juego, sobre todo en defensa, en los minutos que ha disputado.

9 partidos. 1 punto, 2 rebotes y 1 asistencia por partido. 7.8 minutos por encuentro.  

Calificación: 6 

Por supuesto tampoco podemos olvidarnos de todo el cuerpo técnico, médico, fisioterapeutas, etc, que conforman una selección campeona. Sobre los técnicos, con Scariolo a la cabeza (pero magníficamente acompañado por Jenaro Diaz, Orenga y Ricard Casas), en este país seguimos siendo muy injustos, y apenas se valora la figura del entrenador como se merece. El balance con el técnico italiano en la selección en tres años es de dos oros europeos (que recordemos, jamás habíamos ganado) y un sexto puesto mundial en el que un triple desde ocho metros nos aparta de las medallas y sin Pau Gasol ni Calderón. No es sólo el hecho de esas dos máximas medallas continentales, si no como se han conseguido, ¿o acaso les parece lo más normal del mundo ganar finales con 98 puntos, por mucho talento que tengas en tu equipo?, creemos que hay algunas cosas criticables en el trabajo de Scariolo, que debemos empezar a pensar en trabajar con aleros altos, que Sada, Felipe Reyes, Claver o San Emeterio no deberían haber tenido un papel tan marginal en algunos momentos, y que no se debería abusar tanto del juego interior, pero siendo justos, el balance que nos deja el trabajo táctico es realmente meritorio. Una selección que gana el oro con una media anotadora de 85.2 puntos y repartiendo 19.2 asistencias por partido, sólo un analfabeto baloncestístico podría pensar que está mal dirigida desde el banquillo. El juego de la selección ha sido por momentos una armonía, una orquesta perfectamente afinada con una fluidez asombrosa con el justo bote de balón (lo volvemos a repetir, demasiado bote es un mal vicio) y la participación de todas sus líneas. A excepción de las genialidades de Navarro, no se ha abusado de individualidades, a diferencia de otros equipos, y el magnífico trabajo anotador de nuestros pivots ha venido precedido de una estupenda circulación de balón, luego hay que admitir que la pizarra ha funcionado. Creemos que el trabajo de Scariolo, Jenaro, Orenga y Casas, se merece por lo menos un notable.    

Ricard Casas, Sergio Scariolo y Juán Antonio Orenga, triunvirato ganador.

lunes, 19 de septiembre de 2011

HEART OF GOLD

“Keep me searching for a heart of gold
You keep me searching for a heart of gold
And I'm getting old.
I've been a miner for a heart of gold” 

(Neil Young, “Heart of gold”)

¡Pura vida!


No cabe duda. Esta selección tiene un corazón de oro. Ese oro europeo que tanto se nos resistía, y que en tan solo dos años hemos sido capaz de ganar dos veces, de retener el cetro continental, y entrar, más si cabe, en la leyenda de las grandes selecciones míticas de la historia de este deporte. Para llorar de la emoción y que se le pongan a uno los pelos como mostachos de baloncestista soviético de principios de los 80. Una vez más volvemos a ser el centro, el orgullo, y la envidia del baloncesto mundial. No es sólo la victoria, es como se produce. Es una brillantez en el juego de equipo, un orden táctico cuidadoso y una disciplina y sacrificios en defensa y en trabajos más oscuros, pero igualmente necesarios. Una final que se gana con casi 100 puntos, que borra de un plumazo los malos recuerdos de aquellas finales de un baloncesto infumable que se ganaban con 60 puntos y con la filosofía de destruir más que crear. Esta selección es un regalo, ya no sólo para los aficionados españoles, si no para cualquiera que ame este deporte y disfrute con este juego, que cuando se interpreta con la afinación de este combinado nacional, es un plato para auténticos gourmets deportivos. 

Y por supuesto, y más allá de lo estrictamente deportivo (o dentro de ello, si consideramos, como debiera ser, el deporte como un campo para el desarrollo y crecimiento moral y vital del ser humano), vuelven a ponerse de manifiesto ciertas actitudes de este entorno de jugadores que nos demuestran una vez más su unidad como grupo humano, lo que comúnmente entendemos como “valores”. Unos principios como seña de identidad que hacen que nos podamos sentir más orgullosos de esta selección todavía, no sólo como campeones y buenos jugadores, si no además como buenos deportistas y estandartes de ese espíritu que implica que no vale ganar de cualquier manera, y que la victoria tampoco te otorga ningún privilegio especial para no regirte por un comportamiento honorable. Curioso tema este el de los valores, en un país que se congratula de vivir su época dorada en lo deportivo, gracias a una generación majestuosa de deportistas posiblemente ejemplarizados sobre todo en Pau Gasol y Rafa Nadal, que al margen de sus éxitos deportivos, que son notables, fuera de las pistas muestran una educación y respeto no demasiado habitual en los deportistas de elite. Curioso, como digo, que nos enorgullezcamos de este tipo de figuras patrias que más que como deportistas admiramos como personas, y que han llevado a este país a cotas de éxito jamás soñadas, pero luego seamos capaces de vivir en la esquizofrenia deportiva de defender otro tipo de personajes que hacen bandera de la ruindad, la mala educación, el exabrupto, la falta de respeto, y toda la antítesis que uno pueda imaginar de un Rafa Nadal. ¿Acaso alguien duda que a Nadal lo que le pedía el cuerpo realmente el pasado lunes tras la final del US Open no era cagarse alegremente en las muelas de Nole Djokovic?, sin embargo, como gran deportista que es, se tragó sapos y culebras, volvió a demostrar un ejercicio de profesionalidad, y lo primero que hizo fue felicitar al rival y mantener el tipo como un señor, demostrando que siempre hay que ser deportista y mantener un código de conducta en la victoria y en la derrota. Ensalzamos a este Nadal caballeroso en todo momento como modelo de conducta, pero luego no tenemos reparo en aplaudir las salidas de tono de cualquier otro personaje de modos macarras, simplemente porque lleve la camiseta de nuestro equipo, o se siente en un determinado banquillo de futbol. Incomprensible. 

Rafa Nadal, orgullo y ejemplo español, pero modelo que algunos no quieren para su club.


Pero volvamos al baloncesto, BA-LON-CES-TO, como remarcaba el gran Pepu tras el oro de Saitama, dorado climax de esta generación que se sigue prolongando como un orgasmo dulce y cálido que parece no tener fin, baloncesto que hay que poner en mayúsculas cuando se practica con la precisión y eficacia de este grupo plagado de talento y de humanidad. Humanidad puesta nuevamente de manifiesto con los detalles mostrados hacia Victor Claver y Felipe Reyes, para quienes ha sido un verano muy difícil por las perdidas de sus padres, de los progenitores que les vieron crecer y meter sus primeras canastas, mientras ellos crecían hacia la gloria deportiva que ahora disfrutan. El alero del Valencia perdía a su padre víctima de una larga enfermedad a finales de Mayo, mientras que el pundonoroso capitán madridista recibía el mazazo de la repentina e inesperada perdida del suyo con la concentración y preparación del equipo ya comenzadas. Ambos son dos grandísimos ejemplos para el grupo siendo dos jugadores cuyo rol no ha sido protagonista. Victor porque sigue sin gozar de la confianza y minutos de Scariolo y se mantiene como una bala en la recámara a la espera de que nuestro glorioso núcleo duro vaya bajando las prestaciones en veranos venideros por los lógicos ciclos de la vida, mientras que Felipe ha visto como su importancia en la selección ha sufrido el lógico bajón debido al grandísimo momento de Marc Gasol, su extraordinaria conjunción con su incuestionable hermano, y la llegada de un descomunal Ibaka. Ambos han entendido a la perfección su papel en la actual selección, ni una mala palabra, ni un mal gesto, se han sentido parte del grupo y el grupo les ha correspondido. La visión ayer de Felipe levantando el trofeo soltando una furibunda descarga de adrenalina, es la imagen de un guerrero que a pesar de todo lo conseguido sigue con hambre de victorias y de conquistas deportivas, que aunque no sea tan importante para el equipo en la pista, sigue sintiendo como suyo ese vestuario impecable que no sólo da oportunidad de engordar su palmarés a los jugadores, si no que les colma en lo espiritual como siempre sucede cuando uno tiene la ocasión de estar rodeado de buenos amigos y sentirse enriquecido por su presencia. En el caso del bravo ala-pivot cordobés, su buena prestación en los pocos minutos que ha jugado, esa relación minutos/productividad, confirma que mantiene intacto su deseo de ganar. 

El tópico dice que lo difícil no es llegar, si no mantenerse, y estoy de acuerdo. No es fácil mantener una tensión ganadora cuando ya lo tienes todo y has llegado a lo más alto. Volvemos a incidir en el mérito enorme de lo conseguido en este Europeo, si alguien tiene alguna duda, sólo tiene que repasar los últimos campeonatos y verá la imposibilidad de que haya habido selecciones que hayan sido capaces de mantener un ciclo ganador continuado. España se sigue manteniendo como la referencia baloncestística y modelo a imitar del siglo XXI. Dusan Ivkovic, que de esto sabe un poco, no ha tenido reparos en afirmar que este ha sido el Europeo más duro de la historia. Por otro lado el nivel de juego ha sido alto y la calidad ha estado muy presente, y a pesar de las reticencias que pudiera plantear el hecho de haber 24 selecciones en liza, y la presencia de tanto equipo, a priori, “menor”, la realidad es que prácticamente todos los equipos han competido muy dignamente, en un torneo que ha dejado mucha sangre por el camino y en el que los más fuertes, en lo deportivo, en lo psicológico, y en lo humano, han sobrevivido.   

Presidente y seleccionador, una colaboración que vuelve a dar sus frutos.


Mañana espero hacer un pequeño análisis individualizado y estadístico de los doce héroes de Lituania. Por lo demás, ha sido un placer poder asomarme estos días a este blog a comentar algunas de las cosas que más interesantes y reseñables me iban pareciendo de un Eurobasket que creo que debiera ser inolvidable para todos los aficionados.    



domingo, 18 de septiembre de 2011

MUCHO MÁS QUE PARKER

A unas horas de nuestra tercera final consecutiva de un Eurobasket, si, han leído bien, tercera final consecutiva, algo que ninguna selección conseguía desde la URSS de finales de los 70 dirigida por el mítico Alexander Gomelski (quien tuvo la suerte de ser seleccionador nacional de baloncesto en un país serio que no buscaba atacar a su entrenador en base a los litros de gomina usados para su cabello), creo que puede ser un buen momento para analizar la final que nos espera, e investigar en las entrañas de ese rival que nos ha tocado en suerte (o desgracia), una Francia que hoy por hoy, es mucho más que Parker. 

El "Zorro Plateado", maestro de los banquillos, e historia viva de este deporte.


Para empezar y hablando de números de equipo, Francia está por debajo de nosotros, llegamos a la final con un magnífico balance 83.9-70.4 (el mejor ataque y la sexta mejor defensa si nos atenemos a la frialdad de los números), mientras que ellos están en un 79.1-74.5 de media (tercer mejor ataque y desastrósamente décima mejor defensa del campeonato, aunque las sensaciones y apariencias sean otras) Se ha hablado mucho de la capacidad reboteadora de Francia, algo en lo que realmente dan miedo, con jugadores como Noah, Seraphin, Traore, o incluso exteriores tan físicos como Batum, pero la realidad es que, siguiendo con los números, nosotros estamos en 38.7 capturas por partido (tercer mejor equipo reboteador del torneo) por 34.2 rechaces de los franceses (décima posición en el ranking), un dato siempre importante el del rebote, aunque viendo que el mejor equipo en esa disciplina es una Lituania que ni se ha metido en semifinales (39 rebotes por partido), se te destrozan todos los argumentos al respecto.


El hombre tranquilo, o como hacer fácil lo imposible.


Si somos el mejor equipo en ataque de todo el torneo, parece lógico que seamos también los líderes en asistencias y pases de canasta, y así es (19.5), por tan solo 12.3 de nuestro rival. 

Vayamos por tanto a las cuestiones defensivas, tan fundamentales para colgarse la medalla de oro en un campeonato de este tipo. Tenemos la sensación de que Francia es un equipo fortísimo en defensa (que lo es), viendo a Batum (2.1 robos por partido, segundo mejor ladrón del torneo detrás de Kirilenko) y a De Colo (increíblemente sólo un robo por partido en estadísticas, a pesar de su intensidad defensiva), pero la realidad es que es otro aspecto en el que les superamos, somos el segundo equipo que más robos por balón consigue, 8.1 por partido, empatados con Macedonia y sólo por detrás de Rusia (8.2), Francia por su parte están en un notable 7.8. Por nuestra parte destaca un Rudy capaz de ponerse el mono de obrero liderando este apartado con 1.6 recuperaciones por partido, y los muy eficientes Calderón y Ricky con 1.4 (y luego dirán que nuestros bases no hacen nada) Si nos vamos al otro aspecto estadístico que habla sobre la identidad defensiva, los tapones, volvemos a salir bien parados. Colocamos 3.2 gorros por partido por 2.4 de Francia. Números todos estos que sin duda invitan al optimismo. 

Sin embargo sabemos que estos números, a la hora de encarar la final de dentro de unas 12 horas, no significan nada. Francia no tiene nada que ver con ninguno de los rivales que nos hemos enfrentado hasta la fecha, ni siquiera tiene nada que ver con la propia Francia que reservó a Parker y Noah en nuestro duelo de segunda fase. Los galos presentan un conjunto rocoso al que llevamos años viéndole crecer y avanzar, pese a que la liga francesa es muy menor hoy día en Europa poseen una envidiable cantera de jóvenes jugadores en los últimos años (Batum, De Colo, Diot, Westermann, Fournier... una generación de jugadores que es difícil que no se empiecen a colgar medallas más pronto que tarde), y por supuesto, de Parker, Diaw, y el recién llegado Noah mejor no hablemos ya que son estrellas consagradas en la NBA. Francia sigue teniendo un handicap en su juego en estático, excesiva dependencia anotadora de Parker, y falta de lustre desde la dirección del banquillo. Sus grandes armas siguen siendo el músculo, la defensa, y una capacidad para rebotear que hace que siempre vayan a estar dentro de cualquier partido y tener al menos segundas opciones de ataque. Mal rival para jugarte un oro... pero peor rival es España.  


Nico Batum, one step beyond.


Lo grande de esta Francia es el hecho de que la mayoría de jugadores hayan dado un paso adelante, jugadores en principio menores, como Traore (7.4 puntos por partido) o Kevin Seraphin (una mala bestia de 21 añitos) son sintomáticos de que Vincent Collet ha construído un equipo que va mucho más allá de Tony Parker. 

Si nos paramos a analizar las armas de uno y otro conjunto, empezando por la dirección técnica, nadie puede negar que Sergio Scariolo está muy por encima de Collet. En las líneas exteriores, y centrándonos en los bases, un superclase como Parker no puede desequilibrar la balanza ante una tripleta formada por Calderón, Ricky, y el infravalorado Sada. Tchicamboud es un elemento extraño en esta selección (está en el equipo por la lesión de Antoine Diot, éste posiblemente el mejor base puro de Francia hoy día), y ha sido capaz de robarle minutos al joven Albicy que tanto daño nos hizo el año pasado en Turquía. 

En las alas, Francia empieza a mostrar esa exhuberancia física tan temible que les ha llevado hasta donde están. El Europeo de Batum es la mejor noticia para este combinado. Es un jugador deslumbrante al que le ha costado adaptarse a una selección que (equivocadamente) dependía en exceso del excelso base de San Antonio Tony Parker. De Colo como escolta está siendo de los mejores defensores de la primera linea de pase del torneo, y Kahudi es otro de esos "elementos extraños" de Francia que están rindiendo por encima de lo esperado y han contribuído a llevar a los galos a la final. No obstante tampoco parece una linea en la que nos puedan superar, si Rudy sigue en su faceta de todoterreno (tremendo Europeo que está haciendo, y que haya quien lo critique sólo porque no meta puntos...) y Navarro sigue mandando a la lona a los rivales a base de puñetazos certeros (y por cierto, tirando de media distancia como jamás en la vida le he visto, ya conocíamos sus "bombas" y sus triples imposibles, pero esos tiritos desde la bombilla no solían aparecer en su repertorio... un arma más para nuestro auténtico dinamitador de guiones establecidos, nuestro anarquista que no necesita táctica, técnica, físico, ni etcetera, simplemente un talento descomunal para ver como el balón besa la red y suben los puntos a nuestro marcador), si a eso le sumamos los arrojos corajudos de Llull o San Emeterio, tampoco parece que debamos temer a nuestro rival de la final en las posiciones de aleros. 

Respecto al juego interior, ese del que tanto hemos abusado a lo largo del torneo y que se ha mostrado imparable en casi todos los partidos, me preocupa realmente que seamos capaces de controlar el rebote ante un equipo tan físico. Tampoco creo que debamos cargar demasido el juego en ataque en esas lineas, por mucho que a Scariolo (y hay que admitir que le ha salido muy bien) le parezca siempre nuestra mejor opción... con un Navarro a este nivel es de locos no pensar en buscar un equilibrio entre juego interior y exterior. 

Hoy me comentaba mi amigo Marcos Prieto (le pueden seguir en su blog Defensa Ilegal o en sus colaboraciones para Basket4us), que le preocupaba el tobillo de Pau. Sinceramente a mí no me preocupa demasiado, porque sé que un Pau al 70% es superior a la mayoría de jugadores en su posición al 100%. Pau es tan jodidamente bueno que somos incapaces de valorar todo lo que hace, parece demasiado fácil que se vaya a los dobles-dobles sin pestañear, cuando la realidad es que es objeto constante de un "karate-press" que entronca con un lema baloncestístico atribuído al gran Aíto García Reneses, una filosofía e idea que corre por los mentideros de los banquillos españoles (y que demuestra que Aíto ha sido realmente el gran Maquiavelo de nuestro baloncesto), esa regla no escrita de que si haces 20 faltas personales, te pitarán 20 faltas personales, pero si haces 200 faltas personales, igualmente te pitarán 20 faltas personales... por lo tanto, haz 200 faltas personales. Pau es guapo, rico, y es muy bueno en lo suyo, y jamás le verán quejarse (por mucho que haya tenido que sufrir críticas injustificadas por "blando" y demás cosas que no se sostienen... un tío que se comió a Dwight Howard en unas finales de la NBA, ¡por favor!)   


¡Y los muchachos del barrio le llamaban blando!


Respecto a dirección técnica, sin duda Scariolo está muy por encima de Collet, sobre banquillo y "fondo de armario", ahí puedo tener alguna duda, ya que me ha sorprendido gratamente el paso adelante dado por algunos jugadores franceses de banquillo, concretamente el mejor De Colo que hemos visto nunca, y Traore y Seraphin como "fondo de armario", pero literalmente además, porque vaya par de armarios y vaya manera de rebotear... incluso estirando más y siendo generosos, Charles Kahudi es otra sorpresa, ¿es este jugador mejor o peor que un San Emeterio o un Claver?, no lo sé, lo único que sé es que su entrenador si confía en él y le da minutos, pero esa es otra historia. 

Finalizo esta entrada pidiendo a España lo único con lo que creo que se ganan los partidos, la única ideología baloncestística en la que realmente creo: dejarse la testiculina en defensa, y ser atrevidos en ataque, y en este orden (ningún compañero te reprochará nada ni te echará la bronca porque te tires un triple en contrataque y sin rebote, si ve que en defensa te estás dejando la piel) 

Pase lo que pase en unas horas, seguiremos defendiendo esto... keep the faith, brothers and sisters... always searching for the young soul rebels...

viernes, 16 de septiembre de 2011

CAN YOUR PUSSY DO THE DOG?

Primer objetivo cumplido. Billete directo para los Juegos Olímpicos de Londres, y como mínimo la medalla de plata. Ya es un preciado botín que merece ser valorado como merece, hace días analizamos la dureza y dificultad que supone un torneo de estas características, recordando las últimas ediciones del Eurobasket, esas en las que vimos como los seis últimos campeones dos años después eran incapaces siquiera de subir al podio, tal es la dificultad de mantener un ciclo continuado de éxitos hoy día en un baloncesto europeo muy igualado en el que prácticamente una décena de países son capaces de llevar selecciones con aspiraciones de medallas. Por lo tanto hay que congratularse ante nuestra selección que es capaz de mantener ese estatus privilegiado en lo más alto demostrando una ambición y un hambre que aún no parece estar saciado. Es fantástico ver a jugadores como Navarro o Pau Gasol, ya superada la treintena, y habiendo ganado todo y habiéndolo sido todo en este deporte, mantener esa ilusión juvenil de seguir escribiendo páginas gloriosas para nuestro baloncesto y para su propio palmarés que les sitúa ya como estandartes de una de las mayores generaciones europeas de todos los tiempos. A ese imaginario colectivo al que siempre recurrimos recordando el baloncesto con el que crecimos evocando las mágicas Yugoslavia de Drazen Petrovic o la URSS de Sabonis, entra ya por pleno derecho la España de Gasol y Navarro. En el futuro así será recordada, no cabe duda.  

¡Capi, lo has vuelto a hacer!


Sobre Navarro sinceramente ya poco podemos añadir que no sea caer en los tópicos de siempre, hemos agotado el vocabulario, no quedan adjetivos para describir sus estratosféricas exhibiciones, sus ramalazos de genio y episodios de locura anotadora, se ponga quien se ponga por delante. Una obsesión asesina y canibal en sumar y la sensación de que si esta fuese una selección más pequeña y necesitasemos que anotase 50 o 60 puntos, no hay duda, lo haría. 

Hace sólo dos entradas ya le señalamos como justo héroe nacional apareciendo en el momento clave ante Eslovenia para dinamitar el partido y meternos en la lucha por las medallas. La exhuberante exhibición del miércoles, vista ahora, palidece incluso ante lo hecho en este último partido de semifinales donde fue capaz de dar otro paso más y reventar cualquier atisbo de lógica, esa lógica que habla de lo posible y lo imposible y que contempla la certidumbre del fallo. Escenario que Navarro decide no pisar nunca. Su seguridad causa auténtico pavor, es un Guillermo Tell con quien no dudarías en que apuntase a una manzana colocada sobre tu cabeza. Un lanzador de cuchillos del que no te importaría ser pareja bajo la carpa de un circo y soportar pacientemente sus puñaladas, seguro de que jamás alcanzarían tu piel.   

Es tanto ya lo dicho sobre nuestro capitán que hoy quiero detenerme sobre todo en el trabajo de dos "secundarios", quienes mientras Navarro destrozaba la moral de la fortísima Macedonia, se pusieron el mono de trabajo para lograr que la sangría producida por el genial McCalebb y el frío Ilievski llegase a su fín. Es de justicia hacerlo además porque no se está analizando, en mi opinión, con la justicia debida el trabajo de los jugadores que no brillan en lo estadístico en este equipo. Para empezar, y de esto ya hemos hablado, hay que ver el contexto actual de la selección de Scariolo, el tipo de juego que está proponiendo, la busqueda de los pivots como primera opción ofensiva, y el escasísimo tiempo que retienen el balón nuestros bases. Eso ha llevado a la equivocada conclusión de que nuestros bases están haciendo un "mal" campeonato, cuando la realidad es que están haciendo lo que se les está pidiendo. Apenas tienen posesión una vez superada media pista. Seamos justos con eso y analicemos su trabajo a partir del contexto propuesto por el seleccionador. Y por supuesto, seamos justos también con ese seleccionador que por muy mal que caíga a una parte de la afición, hay que admitir que ha dotado a la selección de una fluidez en el juego que hace que apenas ningún jugador tenga que amasar la bola demasiado tiempo, que ha logrado que tengamos un juego entre pivots no muy habitual de ver en ninguna selección (y no hablo sólo de la propia calidad de estos pivots, si no de como juegan entre ellos, y como son capaces incluso de bloquerse entre ellos), y ha logrado acabar con el sambenito de que los hermanos Gasol no podían ni debían concurrir juntos en pista porque se "estorbaban" entre ambos.  


Los dobermans de Scariolo.


Pero como digo quiero centrarme en el trabajo oscuro hoy de dos hombres que resultó fundamental para la victoria. Mediado el tercer cuarto, ese cuarto que una vez más volvió a ser nuestro punto de inflexión, como está siendo en los últimos partidos, Scariolo, después de haber visto como fracasaba la defensa zonal que sin embargo tan bien funcionó ante Eslovenia, hizo coincidir en pista a una pareja exterior formada por Ricky y Llull, dos jugadores que cuando han coincidido en este campeonato han demostrado cierto atolondramiento ofensivo y no han sido capaces de complementarse en sus ataques, pero había que intentar algo (quizás ese fuera el "plan B" del que había hablado Scariolo antes del partido), siempre hay que intentar cosas y no quedarse de brazos cruzados. Volviendo a Rick Carlisle, del que tanto hemos hablado en este blog por sus brillantes planteamientos en las finales de la NBA, Scariolo optó por un trío de "bajitos" (recordando a los Mavericks que tuvieron sus mejores momentos en las finales cuando hicieron coincidir a Kidd, Barea y Terry en pista... incluso recordando los Pistons bicampeones de Chuck Daly con Thomas, Dumars, Aguirre y Johnson, todos ellos por debajo de los dos metros, coinciendo en muchos minutos tres de ellos formando una trinchera exterior con el cuchillo entre los dientes que no dejaba pasar ni las balas) con Ricky y Llull mordiendo atrás como furibundos perros de presa y Navarro liberado en ataque. El base-escolta madridista se situó encima de Ilievski, el base macedonio encargado de subir la bola, y Ricky se pegó como un chicle sobre el genio McCalebb que apenas rascó bola en los momentos en los que sufrió el marcaje del pegajoso prodigio de El Masnou. Así empezamos a certificar el pase a la final, y gracias a, como ya hemos dicho, esa portentosa exhibición ofensiva de un Navarro con quien van a soñar en Macedonia durante mucho tiempo. Buena noticia la labor defensiva de estos jugadores que por fín han encontrado su auténtica aportación en el equipo, junto a un Ibaka que también hay que juzgarlo como debe. El día de la final cumple tan solo 22 años, lleva un par de meses conociendo a este grupo, y no se le puede exigir ser un referente de esta selección desde el primer día, pero lo será, no lo duden. También creemos que hoy Sada podría haber sido de gran utilidad en esos ajustes defensivos, siendo posiblemente el mejor base español en trabajo físico hoy día. Sea como fuere lo importante es que estamos en la final, ante una Francia que nos recuerda, como no, aquella magnífica exhibición defensiva de Ricky en cuartos de final en Polonia 2009. Tony Parker llegaba como máximo anotador del torneo, y ante la marca de Rubio sólo fue capaz de anotar una canasta en juego en todo el partido. La defensa ha sido una de las grandes señas de identidad de este equipo. El gran Pepu Hernandez nos dotó de un ADN defensivo y velocidad y libertad en ataque. Hemos perdido parte de esa identidad, aunque hemos ganado (insisto, por mucho que pese a los detractores de Scariolo) fluidez ofensiva en estático, donde más sufríamos antaño cuando no nos dejaban correr. Si queremos colgarnos el oro debemos recuperar el equilibrio de un buen trabajo en ambos lados de la cancha. Momento para que los Ricky, Llull o Ibaka, jugadores que quizás no brillen en lo estadístico, pero comprenden perfectamente la importancia de que el rival respire con dificultad cuando tiene la posesión, den un paso al frente.  


No eran los más altos, ni tampoco los más fuertes, pero pocos backcourts en la historia hcieron tanta sangre.


El domingo tenemos una cita con la gloria, esperemos llevar puestas las mejores galas, esas que nos muestran como una selección brillante a la hora de atacar el rival, pero que no deja que nadie le arrugue el traje. Pongamos la señal de "ceda el paso" en nuestra zona, y en ataque sigamos tranquilos mientras tengamos a Navarro y a Pau a este mayestático nivel. Pero valoremos el trabajo de nuestros dobermans cuando Scariolo decide sacarlos a pasear. Al fin y al cabo no todos los gatos, por muy elegantes y estéticos que nos resulten, pueden hacer el trabajo de un perro. 


jueves, 15 de septiembre de 2011

OCHO RAYOS DE SOL







Todo torneo de las características de un Eurobasket tiene su propia gesta. El del 2011 nos deja una GESTA. Así, en mayúsculas. No se puede calificar de otra manera lo vivido anoche en Kaunas con el doblegamiento de los poderosos anfitriones ante un pequeño grupo de valientes guerreros macedonios. La fecha del 14 de Septiembre del 2011 sin duda pasará a la historia de la pequeña república balcánica de apenas dos millones de habitantes de población, pero también ha de pasar a la historia del baloncesto en general, y del Eurobasket en particular, como uno de esos grandes momentos en los que la épica trasciende fronteras y todo el mundo del deporte en su generalización mira hacia un mismo sitio señalando la grandeza del triunfo obtenido a base de un trabajo encomiable.    

Heaven and hell.

Con el tiempo se recordará la victoria macedonia de ayer como el “maracanazo” baloncestístico más impactante de los últimos tiempos. Pongámonos en situación. Un país en el que el baloncesto es religión, como Lituania. Un nuevo y reluciente pabellón construido expresamente para el evento, el Zalgiris Arena, con menos de un mes de vida, con capacidad para más de 15.000 personas, lleno hasta la bandera, autoridades locales, míticos ex -jugadores, el Zar Sabonis… el mayor ambiente de gala que uno pueda imaginarse en un torneo de este tipo para gozo de una buena selección lituana que había ofrecido posiblemente junto a España los mejores momentos de baloncesto de ataque de la competición. El equipo hasta el momento máximo anotador del campeonato con 85 puntos por partido y uno de los mejores también en asistencias, ritmo de juego y fluidez de balón. Una selección que parecía haber encontrado un perfecto equilibrio entre viejas estrellas como Jasikevicius y Kaukenas y sus jóvenes talentos representados en Valanciunas. Un equipo sustentado en sus jugadores de la generación del 86 (Kalnietis, Pocius…), que parecían por fin llegar a un torneo de estas características con la madurez necesaria para aspirar a lo máximo y refrendar la fantástica medalla de bronce obtenida hace un año en el Mundial de Turquía. Lituania volvía a estar en el mapa baloncestístico mundial, y su segunda gran ciudad en población y extensión, pero primera en lo deportivo, su capital baloncestística, la ciudad donde nacieron Arvidas Sabonis o Sarunas Marciulonis, esperaba ser excepcional testigo del retorno de uno de los países que más vive este deporte a la auténtica elite del mundo de la canasta. 

Un jugador sin ningún Pero.


Enfrente el equipo revelación del torneo, un conjunto modesto, justito de fuerzas, que lleva sobreviviendo gracias al sustento en un hercúleo trío formado por su exquisito backcourt, que se está mostrando como el mejor del torneo, Ilievski y McCalebb, dos jugadores con ciertas similitudes en su perfil, bases con facilidad anotadora y que necesitan tener el balón. La compenetración, a priori nada sencilla, entre estos dos exteriores tan protagonistas y que pudieran solaparse el uno al otro, es una de las grandes claves del éxito macedonio. Junto a ellos emerge la colosal figura de Pero Antic, ese pívot con cierto parecido al jugador de Chicago Carlos Boozer y quien cercano a los 30 años ve como su nombre comienza a sonar con fuerza en media Europa. Actualmente en el emergente Spartak de St. Petesburgo, ya es pretendido por varios equipos de la Liga Endesa, y se está mostrando en este torneo como un fajador con buena muñeca, un bailarín al que no le importa mancharse en el barro. A Ilievski ya le conocemos de su paso por el Barcelona, y en menor medida por el Baskonia, aunque la mayor parte de su carrera la ha repartido entre Italia y Eslovenia (tiene la doble nacionalidad, macedonia y eslovena), y sobre el pequeño McCalebb ya hemos hablado también por aquí, ya que sin duda alguna es uno de nuestros jugadores favoritos desde hace un par de temporadas, cuando le descubrimos. En esa temporada 2009-10, aparte del lógico seguimiento a los equipos españoles, y por encima de todo a nuestro Real Madrid (del que ya hemos comentado que en este blog somos seguidores… y a nuestro pesar, añadiría, dado los tiempos que corren de desastre absoluto a la hora de gestionar esta sección deportiva antaño victoriosa), el Partizan de Belgrado de aquella temporada nos gustaba especialmente, nos transmitía, nos hacía vivir ese tipo de sensaciones de buen baloncesto añejo, sin necesidad de presupuestos multimillonarios de los CSKA, Maccabi, Barcelona o Panathinaikos de turno que han expoliado el baloncesto europeo de una manera atroz sin capacidad de respuesta por parte del resto de los equipos, configurando una elite tan destacada que entre estos equipos y algún otro (Olympiakos, Sienna…) se han repartido prácticamente todas las participaciones en las Final Four de los últimos años. Un club selecto en el que nadie podía parecer aspirar a entrar ya.    

Ilievski en nuestra liga.


Allá por Enero de 2010, mis más allegados recordarán que comencé a apostar seriamente por la posibilidad de que el Partizan de Belgrado se colase en la F4 que aquel año se disputaba en Paris. Me tomaron por loco (no quiero decir con esto que ahora no me tomen por tal cosa) y comencé a coleccionar embudos con los que adornar mi cabeza. Pero yo estaba convencido. Aquel equipo me subyugaba. Tenía ese viejo orgullo plavi de lucha, de no dar ningún partido por partido. Guerreros en defensa, fuertes en el rebote, con un tipo de jugadores versátiles y capaces de realizar todo tipo de trabajos sobre la cancha. Lógicamente nos comenzó a llamar la atención ese nuevo joven alero del que todo el mundo hablaba, Jan Vesely, la tortuga ninja checa, un desgarbado jugador de 2,10 que jugaba por fuera y hacía unos mates descomunales. Recordamos, por supuesto, a Dusan Kecman, hijo pródigo que regresaba del Panathinaikos (a donde había ido, por cierto, Uros Tripkovic, uno de los pilares de la temporada anterior, quien junto a Velickovic, Lasme y Tepic habían emigrado a ligas y equipos de mayor potencial, o eso pensaban ellos), el Kecman de aquel año era una cosa increíble, con actuaciones como su partido en Tel Aviv con siete triples de nueve intentos para una victoria colosal de su equipo que empezaba a encarrilar así su pase a la Final Four, o el milagroso triple final en Zagreb con el que ganó la Liga Adriática frente a la Cibona para el Partizan. Que decir de Aleks Maric, quien parecía no valer para el Granada y en Belgrado destapó el potencial de estrella que llevaba dentro. Y por supuesto, que decir de aquel pequeño base americano que dirigía con la velocidad de un rayo aquel grupo salvaje. Aquel Bo McCalebb que enseguida nos hizo recordar a otro grandísimo base que dignificó tremendamente el baloncesto europeo con su llegada: el Tyus Edney del Zalgiris Kaunas. 

Haciendo diabluras desde Nueva Orleans hasta Belgrado.


Pero sobre el Partizan de Belgrado ya hablaremos en más ocasiones, ya que sin duda méritos volverán a hacer para ello, o sea que sigamos centrándonos en este milagro macedonio. Como digo, Ilievski, McCalebb y Antic son la columna vertebral del equipo, tres jugadores que superan ampliamente los 30 minutos por partido (ningún español llega a esa cifra), en el caso del base nacido en Macedonia, lidera la clasificación de minutos por partido con más de 37, mientras que el pequeño base de Nueva Orleáns no le anda a la zaga y supera los 34. Excesiva batalla en las piernas para los líderes de una selección demasiado dependiente de estos jugadores y con poca profundidad de banquillo. Poco importa ya, la hazaña, pase lo que pase mañana contra nuestra selección española, es ya mayúscula, un puesto en semifinales, la posibilidad de luchar por medalla, y el pasaporte a un pre-olímpico donde seguir soñando con la gloria para un país con apenas 20 años de existencia y cuyos "pioneros" serían jugadores aún tan latentes en el recuerdo como Vrbica Stefanov o el mítico Petar Naumoski. Absolutamente nadie podía haberlo predicho cuando en su debut caían derrotados ante Montenegro por cinco puntos. A partir de ahí, una agónica victoria frente a Croacia (que acabaría quedándose fuera en primera ronda) para seguir con vida, y posteriormente el comienzo del milagro. Una victoria contundente frente a Grecia les ponía en franquicia el pase a la segunda fase, el cual consumaron venciendo a una también sorprendente Finlandia con muchos apuros, y con mayor convicción frente a Bosnia. Ya en la segunda ronda, con dos victorias de colchón, apretaron para ganar a Georgia, derrotaron a Eslovenia demostrando que ya eran más que un equipo revelación, y en la jornada que cerraba el grupo acariciaron la primera plaza con la punta de los dedos hasta que el triplazo de Monya les despertó bruscamente. Toda Lituania sonreía frente al rival que le había tocado en suerte. Francia, por que no decirlo, también veía como sus previsiones y cuentas de la lechera (esas que una vez más se vuelven a romper por no tener los pies en el suelo y no hablar JAMÁS sobre resultados futuros que no se han producido) se iban cumpliendo… hasta lo de anoche.   


Stefanov, nombre ilustre del pasado reciente.


Lo de anoche, que ya es historia de nuestro deporte. Uno de esos momentos por los que merece la pena amar el baloncesto. Póngale ustedes los calificativos que quieran. 

Lo único que pido mañana a mis compatriotas, por favor, es el máximo respeto a esos tíos de la camiseta con la bandera de los ocho rayos de sol. Se lo han ganado donde hay que hacerlo. En la cancha, no en una cabina de comentaristas.  

Macedonia de piña