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martes, 29 de septiembre de 2015

EL MILAGRO VENEZOLANO


Fiesta en México



Debido a que el Eurobasket ha concitado prácticamente toda nuestra atención, y que hemos estado una semana de vacaciones, hemos dejado pasar por alto una noticia realmente sorprendente que ha sacudido los cimientos del baloncesto de elite, todo un golpe al poder establecido, una revolución bolivariana en toda regla. Por si fuera poco, al frente de este milagro deportivo se encuentra un entrenador al que apodan “Che”, el argentino Nestor García, toda una institución en el baloncesto de América Latina con una carrera exitosa entre su país natal, Uruguay, Puerto Rico, y Venezuela. Precisamente con la selección “vinotinto” ha logrado el hito que le sitúa definitivamente en el mapa de este deporte a nivel global, tan poco dado a mirar las canastas de esos países hermanados en el habla hispana y al que le cuesta aceptar todo lo que no sea Europa o NBA, al menos desde el punto de vista europeo.  


Los norteños de América del Sur ya avisaban de sus posibilidades en el Torneo de Las Américas de este verano dejando una grata impresión en su gira europea de preparación. Tanto es así que en Burgos y frente a nuestra selección española, la misma que semanas después se proclamaba campeona de Europa, estaban a punto de dar la gran campanada al caer en el último segundo gracias a un palmeo prodigioso de Felipe Reyes. 82-80 final para evitar el sonrojo de perder ante uno de los equipos, a priori, de nivel medio en el continente americano, muy por debajo de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá, o incluso Puerto Rico, México o República Dominicana… o eso creíamos… 


En el partido en tierras españolas los venezolanos ya dejaron claras sus señas de identidad, muy propias del basket centroamericano, o del suramericano más cercano a Centroamérica, como es el caso de Venezuela. Un baloncesto muy inspirado en el street-ball, anárquico, descarado, y duro en defensa, con mucho contacto y un ritmo alto de juego. Los triples iban cayendo una y otra vez, y aunque España parecía despegarse por momentos en el marcador ellos seguían a lo suyo, hasta que nos los llegaron a poner de corbata.


 Con las mochilas cargadas de ilusión viajaron a México, donde se disputaba el torneo en el que, al igual que en el Eurobasket, los dos finalistas obtendrían pasaporte directo a los Juegos Olímpicos de Río. Ni las previsiones más optimistas podían vaticinar que los “vinotinto” alcanzarían tal honor, y no digamos ya incluso ser campeones del torneo. 


Es cierto que el campeonato presentaba ausencias notables que lo antojaban un tanto descafeinado. Para empezar, los todopoderosos Estados Unidos no comparecían a la cita, ya que como campeones del mundo habían obtenido billete directo para los Juegos. La plaza que dejaban libre la ocupaba Panamá, el país que viera nacer al mítico Rolando Blackman. Brasil, otro de los habituales “gallos” del continente, presentaba un equipo de circunstancias, ya que como anfitriones olímpicos también tenían ganado su billete para la gran cita del próximo año. De este modo, estrellas NBA como Splitter, Varejao, Hilario o Barbosa, además de un Marcelinho Huertas ya pensando en su nueva aventura como Laker, aprovecharon el verano para descansar y recargar pilas. Aun así en su roster había varios nombres de garantías como los conocidos por la ACB Rafa Luz o Augusto Lima, o clásicos de la “canarinha” como Giovannoni o Marquinhos Viera. En el resto de selecciones, se percibía alguna que otra ausencia importante: Delfino y Ginobili por Argentina, Holford y Towns por Dominicana, Arroyo en Puerto Rico, Thompson en Canadá, Granger y Batista en Uruguay… y entre tanta ausencia estelar, Venezuela también sufría la suya, la del gran base Greivis Vasquez, consolidado como uno de los directores de juego NBA que mayor proyección ha tenido en los últimos años, dentro de esta auténtica edad dorada en esa posición que vive la mejor liga del mundo. El “Che” García tampoco podía contar con uno de los jugadores más reconocidos y carismáticos del basket venezolano, el mítico “Malote” Echenique. Bajo este panorama llegaba Venezuela a un torneo en el que Canadá, con un roster plagado de jóvenes figuras NBA (Andrew Wiggings a la cabeza), parecía gran favorito junto a las siempre correosas Argentina y Brasil, y un México ambicioso liderado por el Titán de Nayarit, Gustavo Ayón que contaba con el plus de jugar como local. 


La primera fase parecía moverse dentro de la lógica. Venezuela daba buena imagen con sendas victorias ante Cuba y Puerto Rico que allanaban su camino a la segunda ronda, pero caían con contundencia ante Canadá, para cerrar esta fase con otra derrota frente a Argentina. Dos selecciones sobre el papel muy superiores a la de García. Abrían la segunda ronda con una victoria sufrida, pero a la postre vital, sobre República Dominicana, para caer en la segunda jornada ante México en un choque muy disputado. Se seguían cumpliendo los pronósticos, con los venezolanos dando buena imagen y mucha guerra, pero sin ser capaces de ganar a ninguno de los favoritos. Caían de nuevo, esta vez ante Uruguay, y cerraban la ronda ganando a Panamá, con lo que obtenían la cuarta plaza que les daba derecho a semifinales. Pasaban a los cruces con una victoria más que la República Dominicana, frente a ellos fue por tanto el partido decisivo. 


Les esperaba Canadá. La selección entrenada por Jay Triano, auténtica institución del baloncesto de su país, había apalizado por 20 puntos a los “vinotinto” en primera ronda y eran los grandes favoritos para alzarse con el título final. Wiggins, Bennett, Olynyk, Nicholson, Cory Joseph, Stauskas, Sacre… excelentes mimbres, sin duda alguna, aunque con excesiva juventud para afrontar un torneo de esta categoría. En el momento decisivo a los jóvenes talentosos canadienses les tembló la mano con un decepcionante Wiggins (9 puntos con una serie de 4 de 11 en tiros de campo) Olynyk sostuvo a los suyos con un descomunal partido (34 puntos y 13 rebotes) pero resultaron insuficientes para doblegar a una selección venezolana que pese a verse superada bajo los tableros y en el rebote, volvió a encontrar en el triple su mejor arma, con Heissler Rafael Guillent y Windi Graterol, ya convertidos en héroes nacionales, martilleando el aro norteamericano una y otra vez. Guillent anotó tres triples consecutivos en los instantes finales del partido, cuando Canadá había obtenido una renta de siete puntos y acariciaban la final, y Gregory Vargas en la última jugada del encuentro certificaba la histórica victoria “vinotinto” poniendo el definitivo 78-79 en el marcador desde el tiro libre. Épico.    



Wiggins, gatillazo con la selección



En la final esperaba Argentina, verdugos de México en la otra semifinal. Con el billete a Río en el bolsillo parecía que los jugadores de Néstor García ya habían cumplido con creces. El orgullo albiceleste de una selección argentina en la que sigue dando sus eternos últimos coletazos la “Generación Dorada”, representada en esta ocasión por Nocioni y Scola (un Scola designado MVP y que se despidió de este torneo como el baloncestista con más partidos disputados en la historia del mismo, y el máximo anotador histórico, superando los registros de dos mitos como “Piculín” Ortiz y Oscar Schmidt, respectivamente), unida a la ambición de jóvenes como Campazzo o Deck, junto a conocidos ACB como Richotti o Mainoldi hacía a los de Sergio Santos Hernández claros favoritos para ganar su tercer Torneo de Las Américas. Pero los “vinotinto” se plantaron en la final dispuestos a repetir milagro, y lo consiguieron. De nuevo Guillent estelar (15 puntos), siendo el jugador más utilizado por el “Che”. En una cita histórica el ya mito de los banquillos utilizó a todos sus jugadores en un partido en el que el arma exterior no fue recurso, ya que con un deficiente 3 de 21 en tiros triples, se encomendaron a una magnífica defensa (en el segundo cuarto Argentina sólo anotó 8 puntos) para certificar la proeza por 76 a 71. El primer oro en la historia del baloncesto venezolano en un FIBA Américas.   


Un triunfo revolucionario, sin el mejor equipo y basado en la fe. Ninguno de sus jugadores aparece en los primeros puestos estadísticos individuales (sólo Gregory Vargas en robos de balón, segundo con 1.5 por partido),  y sólo colocó a un jugador en el Quinteto Ideal (Guillent), y tampoco en estadísticas colectivas sus números fueron importantes, ni en puntos, ni en rebotes, ni en asistencias. Simplemente hicieron bueno el tópico de que en la cancha son cinco contra cinco y no importan los nombres ni favoritismos. Ganaron porque pusieron más empeño que sus rivales. 



El título conseguido hace unas semanas por esta heroica selección es el premio al trabajo en un deporte que levanta pasiones en Venezuela y que ha crecido a pasos agigantados. En ese sentido queremos pensar que el baloncesto español ha tenido algo que ver en este progreso, ya que el país sudamericano ha sido prolijo en fechas recientes en adoptar a magníficos técnicos españoles que ante la dificultad en encontrar oportunidades en el tan competitivo baloncesto de nuestro país han dado el salto y emprendido la fascinante aventura de dirigir clubes venezolanos y competir en una liga tan caliente como la de aquel país. Equipos con nombres tan exóticos como Toros de Aragua, Bucaneros de La Guaira, o Guaqueríes de Margarita, han contado con las enseñanzas de entrenadores españoles como es el caso de Gustavo Aranzana, Luis Guil, Lluis Pino, Ricard Casas, o nuestro querido Piti Hurtado (ese entrañable tipo que tan bien y de manera tan amena nos hace entender el baloncesto con su video-blog) Seguro que sus doctas enseñanzas han calado hondo y ayudado a crecer el baloncesto venezolano. Aunque para ser justos, esta revolución pertenece al “Che”, quien de pequeño fuera para nadador hasta que su fogoso carácter, tras pelearse con otro niño en la piscina, hizo que sus padres recibieran los consejos médicos de que el chaval haría bien en dedicarse a un deporte de equipo para aprender a socializarse. Y así fue como llegó al baloncesto, un juego en el que ha hecho historia. El milagro venezolano que nació en Argentina.      



La particular revolución del "Che" García


lunes, 28 de septiembre de 2015

TODAY YOUR LOVE, TOMORROW THE WORLD


Otro baño de gloria blanca.



Pablo Laso lleva cuatro años enamorando a los aficionados al baloncesto de toda Europa con un equipo que ha demostrado que una propuesta atractiva para el espectador y el ser generoso con el espectáculo no está reñido con el ganar títulos. La culminación de este proyecto llegó durante la pasada temporada, acaparando los blancos todos los títulos disputados, quizás sin el deslumbrante fulgor alcanzado durante la 2013-14, pero con una mayor capacidad competitiva en los momentos claves (apunten ahí la llegada de Nocioni por Mirotic) y una preparación y dosificación encauzadas para llegar a la Primavera en el estado más óptimo posible. 


El Real Madrid de Laso tenía nuestro amor, y ahora además tiene el mundo, como cantaban los Ramones en su primer LP. Ayer consiguieron su primer título de la temporada (o último de la anterior, si se prefiere), al levantar la Copa Intercontinental de baloncesto que enfrentaba a los campeones de los continentes europeo y americano. Un título reaparecido en 2013 y del que el conjunto blanco es el más laureado con cinco entorchados. Particularmente soy de la opinión de que ningún título es menor, aunque evidentemente unos pesan más que otros, por lo que creo que hay que celebrarlo como merece. Quizás la a priori gran diferencia entre el baloncesto de clubes europeo y americano (hablando, lógicamente, en términos FIBA) reste enjundia a este nuevo éxito madridista, pero no es un título tan fácil de ganar como se pueda pensar (de hecho el actual campeón era el brasileño Flamengo, doblegando al Maccabi Tel Aviv), al contrario, el Madrid sudó tinta para traerse a casa este título debido a una serie de condicionantes muy especiales que de alguna manera parecían querer “igualar” el potencial de ambos conjuntos. Para empezar, aunque se trataba de una final a doble partido, se disputaba en la sede única de Sao Paulo, y luego, claro, está el tema del arbitraje.  


El Real Madrid perdió el primer partido por un solo punto, después de dominar el choque durante gran parte del mismo. Ya se habló en aquel encuentro de una permisividad arbitral con los brasileños en defensa, cuestión que alcanzó mayores cotas y dosis de polémica en el partido definitivo disputado ayer por la tarde. Y es que uno de los tres árbitros del encuentro, el dominicano Reynaldo Mercedes, se había declarado barcelonista y anti-madridista en twitter en 2012. Con el título bajo el brazo después de ganar ayer por doce puntos, la cosa podría parecer anecdótica, a pesar de lo sufrido por el equipo de Pablo Laso, expulsión por doble técnica de Sergio Rodríguez incluida, pero estamos evidentemente ante un escándalo arbitral, ya que un profesional del arbitraje deportivo no puede tener ese tipo de fobias propias de un forofo de barra de bar pero nunca de quien se debe dedicar a impartir justicia. La Euroliga, con buen tino, ya ha solicitado a la FIBA una investigación sobre este asunto. 


En el plano positivo, hay que resaltar la victoria final del Real Madrid, un nuevo MVP para Sergio Llull, elegido mejor jugador de la final, y la consolidación de Luka Doncic en la primera plantilla del Real Madrid con tan solo 16 años. Se van a cansar de oír hablar de este chico. Un jugador con un talento descomunal, pero que además ha tenido la suerte de dar con un entrenador valiente que no mira el DNI de sus hombres, ni en un sentido ni en otro. Lógicamente el chico es carne de NBA, pero hasta que dé el salto puede darle tiempo a presentar un palmarés de títulos impropio de alguien de su edad. 



Pablo Laso afronta su quinta temporada al frente del Real Madrid, ya por fin parece que con el reconocimiento unánime a su magnífico trabajo. Resulta quimérico pensar en repetir una campaña como la pasada, con una plantilla a la fuerza renovada, piezas nuevas que hay que encajar, y las dudas de si sabrán suplir las ausencias, especialmente en el caso de un jugador tan valioso (e infravalorado) como ha sido Marcus Slaughter, un hombre absolutamente básico para Laso por su aporte en defensa. Uno de los nuevos fichajes, Thompkins, fue precisamente de los más destacados ayer con 17 puntos en 21 minutos. Lo que sí parece evidenciar este nuevo título madridista es que el hambre no se ha perdido. Estupenda señal. Hay que recordar que seis jugadores (es decir, medio equipo) que ayer levantaban esta copa, hace justo una semana disputaban el cetro europeo de selecciones. Cinco españoles y un lituano, Maciulis, que debió conformarse con la plata en el Eurobasket pero que en siete días ya vuelve a sentir lo que significa ganar títulos.      






lunes, 21 de septiembre de 2015

ESPAÑA GANA EL EUROBASKET DE LOS CORAZONES INDOMABLES




“No importa cuan estrecha sea la puerta,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma”

(“Invictus”, William Ernest Henley, 1875)    




Dueños de sus destinos


Hace dos semanas, cuando comenzaba la aventura de este apasionante Eurobasket 2015, el primero de la historia con cuatro anfitriones en su primera fase pero con Francia como organizador único a partir de los cruces, nadie en su sano juicio hubiera apostado por España y Lituania cerrando el torneo en la gran final, ambos como los grandes triunfadores y con el billete olímpico bajo el brazo. Dos selecciones con marcado gen competitivo y ADN ganador, pero lejos de sus mejores versiones. Especialmente en el caso de España, donde hasta seis jugadores con los que inicialmente hubiera contado Sergio Scariolo de estar disponibles no han sido de la partida. Hablamos de Calderón, Ricky Rubio, Navarro, Abrines, Marc Gasol, e incluso Ibaka, ya que si el hispano-congoleño no hubiera terminado la Primavera pasada lesionado de la rodilla derecha y pasando por el quirófano, a buen seguro hubiera sido la elección del italiano por delante de Mirotic. Seis jugadores, medio roster. Y con todo eso Scariolo ha vuelto a hacer oro en el tercer Eurobasket en el que dirige a nuestra selección. Tres europeos, tres oros, nuestros tres únicos oros. Sigan rajando del “gominas”.


Tampoco se esperaba mucho de esta Lituania, con una sola estrella NBA (lo cual parece actualmente el método de medida de la calidad de una selección), Jonas Valanciunas, dos jugadores ACB (Maciluis y Kuzminkas) y el resto prácticamente todo jugadores de la competición lituana. Oficio, un gran entrenador (ese Kazlaukas que empezó a “recuperar” el baloncesto después de los ignominiosos años en los que se ganaban copas de Europa anotando 50 puntos, con aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado en la pista por el ciclón Tyus Edney en 1999, anticipando que el siglo XXI iba a sepultar por fin el aburrido baloncesto-control de los 90), y sobre todo muchísimo corazón, el mismo que llevó a España a superar contra pronóstico los duros escollos de Grecia y Francia con sus super-plantillas apenas sin fisuras y dos y hasta tres jugadores de renombre por posición. Scariolo y Kazlaukas han dado una lección de optimización de recursos. No han tenido un camino fácil. España, a excepción de la débil Islandia (y en menor medida Polonia, aunque los polacos son un equipo ya con cierta veteranía en estos torneo) se las han visto con prácticamente toda la élite europea: Serbia, Turquía, Italia, Alemania, Grecia, Francia y Lituania. Los lituanos por su parte comenzaron en un grupo más fácil, donde sólo Bélgica les logró sorprender. Georgia les puso contra las cuerdas en octavos de final, y de no ser por la estratosférica actuación de Maciulis muy posiblemente se hubieran quedado fuera en la primera eliminatoria. Nadie daba un duro por ellos viendo lo que les venía por delante, pero en un inmenso partido resuelto en prórroga hicieron besar la lona a una Italia que presentaba clara candidatura a medalla. Más sorprendente aún resultó su victoria sobre Serbia en un extraño partido. Los lituanos apartaron de la final a uno de los grandes favoritos en un encuentro en el que anotaron tan solo... ¡dos triples! 2 de 14. Y perdieron nada menos que 17 balones. El equipo de Djordjevic, de quien se alababa su personalidad y carácter, se ha desinflado en los momentos decisivos con fallos tan garrafales como la pérdida de balón de Bogdanovic y su pase a la grada en una jugada que regaló la victoria a Lituania. En el partido por el tercer y cuarto puesto, Francia, mucho mejor anímicamente y con ganas de festejar una medalla con su afición, les pasó por encima.



Scariolo, tres de tres.



En un campeonato tan exigente no es mal resultado para los de Collet el cosechar otra medalla, una más para su extraordinaria generación de jugadores, a las que aún les queda gasolina para unos cuantos años más, y a la que además se suman nuevos elementos como el colosal Gobert, un pívot llamado a ser uno de los interiores de referencia a ambos lados del Atlántico. No obstante queda cierta decepción en el papel francés en este torneo, ya que con un calendario muy cómodo, apenas dejan partidos para el recuerdo. Su mejor encuentro de hecho fue el que les dio el bronce frente a Serbia. Parker, desdibujado todo el torneo, ha mostrado una versión un tanto inusual de su juego. El genial base de los Spurs es un jugador sobre el que no se admite dudas, pero en ocasiones hemos comentado que Francia parece jugar mejor sin él. Siendo un hombre acostumbrado a acaparar tanto juego, sin él en pista los galos acostumbran a realizar un juego más coral (como en el pasado Mundial) En este Eurobasket hemos visto a un Parker que insinuaba querer mostrar una faceta menos individualista en su juego. Un Parker más director y menos anotador... y lo que ha resultado es un Parker menor.


Pero volvamos a los grandes triunfadores. España y Lituania se citaban para la gran final habiendo sido los equipos que, si no mejor baloncesto habían hecho (que posiblemente también), si habían demostrado más espíritu competitivo y corazón de campeones. Era una final en principio asequible para nuestros intereses. Sobre el papel, y pese a nuestras ausencias, éramos favoritos. Por primera vez desde cuartos de final. Renunciar a ese papel frente a Grecia y Francia nos había sentado muy bien, por lo tanto había dudas de como íbamos a reaccionar una vez que volvíamos a ser el foco de atención, el rival a batir. Nuestro inicio de partido despejó de golpe todas las incógnitas, viendo a la mejor selección del campeonato. Sin necesidad de acudir una y otra vez al seguro de Pau Gasol (aún así, el mejor del partido una vez más con 25 puntos, 12 rebotes, 4 asistencias y 3 tapones), Llull, y sobre todo Rudy Fernández, ¡por fin!, se encargaban de poner las primeras diferencias en el marcador gracias además a un extraordinario trabajo defensivo que comenzaba en los dos jugadores madridistas. El mallorquín parecía olvidar por fin su dichosa hernia discal para hacer su mejor partido del campeonato hasta que un tremendo golpe en un bloqueo con Jankunas le dejaba KO y le hacía retirarse de la cancha. Tuvimos a Litunia constantemente a remolque, voluntariosos con Maciulis y Kuzminkas, pero sin llegar a inquietarnos en el marcador. En definitiva el partido más tranquilo desde la segunda jornada, frente a Turquía. Como en 2009 ante Serbia y 2011 ante Francia, la final fue casi un paseo.    


Maciulis, héroe lituano.



Si España ha ido de menos a más durante el torneo, la final fue un compendio de las virtudes que nos han llevado a ser campeones de Europa por tercera vez. Y en este punto cabe detenerse a analizar lo realmente extraño que ha sido nuestro campeonato. Asumiendo las dudas iniciales antes incluso de comenzar el torneo (pocos efectivos en dirección de juego, ausencia de tiradores puros, excedencia de “cuatros” pero poco “cinco”...), nos mostramos desde el principio como un equipo sobrado en ataque, pero desdibujado en defensa. Claro que todo eso había que ponerlo en el contexto de que nos habíamos enfrentado a plantillas con excelente arsenal ofensivo, especialmente Serbia e Italia, a la sazón únicos equipos que nos hicieron morder el polvo. De hecho después de encajar los escandalosos 105 puntos frente a Italia, ningún otro equipo fue capaz de llegar siquiera a 80, ni siquiera Francia en 45 minutos. Finalmente el equipo mordió en defensa, y la mejor prueba fue el partido contra Lituania. Defensa, rebote y contraataque, ese viejo axioma del baloncesto alegre y ofensivo que tanto nos ha costado mostrar en este Europeo pese a intentarlo (hay que recordar la semifinal contra Francia, donde la exuberancia física de los locales les permitía rápidas transiciones defensivas que impedían nuestras contras, o el partido de cuartos ante Grecia, donde las constantes faltas personales cortaban nuestras salidas tras rebote o robo) Contra Lituania si pudimos correr, y a favor de marcador también supimos jugar los cinco contra cinco buscando, como no, a Pau Gasol. MVP sin discusión con unos números de escándalo (25.6 puntos, 8.8 rebotes, 2.9 asistencias y 2.3 tapones, con un brutal 57.5% en tiros de campo... ¡66.7% en triples!), máximo anotador, taponador y cuarto mejor reboteador del campeonato. La leyenda Pau se sigue agrandando pese a la edad que diga su DNI.


Acompaña a Pau en el quinteto ideal Sergio Rodríguez, el gran Chacho. Se le premia haber sido decisivo, como así ha sido, en llevar a España al éxito prácticamente como único facilitador del juego español (aunque Llull le supera en asistencias, 4.4 del de Mahón por 4.3 del tinerfeño, claro que Llull ha jugado unos cuatro minutos más por partido), pero en honor a la verdad debemos reconocer que ha habido bases que han hecho mejor torneo, como Satoransky, Teodosic o Kalnietis. No obstante nos alegramos por el Chacho, siendo además un jugador que sigue generando división de opiniones por su manera de entender el baloncesto sin red. Capaz de levantar un partido a base de penetraciones, triples, pases imposibles y de dominar el juego con su endiablado manejo del balón, es el típico jugador al que se le señala sin piedad en el fallo. Suele ocurrir con quienes arriesgan. La inclusión de Maciulis como mejor alero no ofrece discusión. Su campeonato ha sido descomunal, con el mérito añadido de no ser un jugador que entrase en las quinielas de las grandes figuras del Eurobasket. Además deja la segunda mejor actuación individual del campeonato después de la de Pau Gasol ante Francia. Justa también es la presencia de De Colo, el jugador francés más constante y regular y quien mejor ha suplido a un apagado Parker. Valanciunas también ha brillado, y a sus 23 años ya es líder que el baloncesto lituano esperaba. Le falta algo de constancia y ha sufrido frente a pívots más experimentados como Pachulia o Gasol, pero es el nuevo faro de un pueblo que vio nacer al mejor pívot europeo de todos los tiempos, un Arvydas Sabonis que como presidente de la federación lituana sigue trabajando para que el país que mayor devoción profesa a este deporte no deje de estar en la elite. No obstante tampoco hubieran desentonado en el mejor quinteto del torneo jugadores como Vesely,  Raduljica o Gobert.



Pau Gasol, amo y señor del Eurobasket



El tercero oro de la selección española, el tercer oro de Scariolo, hay que valorarlo como el más meritorio de este maravilloso ciclo (en los últimos cinco campeonatos de Europa hemos ganado tres oros, una plata y un bronce) Con una rotación de ocho jugadores parece imposible ganar una gran competición hoy día. Y se ha hecho. El torneo nos deja también la justificación, por fin, de Víctor Claver en este grupo. Es cierto que en 2013, con otra selección también de circunstancias como ésta (resulta complicado establecer cual era mejor de ambas sobre el papel), fue un jugador fundamental para Orenga, pero siempre como “cuatro” abierto. Finalmente ha aparecido el Claver alero y su figura se ha hecho tan imponente hasta llegar a recordar a nada menos que a Carlos Jiménez. Su lucha en los rebotes, palmeos en el aro contrario, y defensa ante aleros grandes, especialmente Antetokounmpo, ha sido otra de las claves de esta selección. Al igual que el trabajo generoso de un Felipe Reyes al que hemos visto en punta de defensas presionantes y saliendo constantemente a defensas exteriores. Enorme. Ribas ha sido otro de los nombres propios, con rol de titular, para ceder la dirección a Llull y utilizar al Chacho, con acierto, como sexto hombre (como bien sabe Laso, el tinerfeño rinde más saliendo desde el banquillo), su tiro exterior nos ha sostenido en los comienzos del campeonato (ha sido nuestro máximo triplista, con 14 canastas de 26 intentos) Mirotic, por fin con la absoluta, pasa con nota el examen y gana enteros para seguir vistiendo esta camiseta, aunque el plus que otorga Ibaka en defensa es francamente difícil de despreciar. El hispano-montenegrino, sin hacer apenas ruído, ha sido el segundo máximo anotador (12.7 puntos) y reboteador (4.9 capturas) de nuestra selección en 24.6 minutos de juego por partido. A San Emeterio, otrora jugador básico en la rotación, le ha tocado hacer grupo, viéndose superado por un gran Claver en los últimos partidos. Igual circunstancia para un Pablo Aguilar que sabía que su presencia obedecía únicamente a la lesión de última hora de Alex Abrines. Vives y Willy Hernángomez apenas han contado, pero tenerlos en el equipo ha resultado esencial sobre todo pensando en el futuro. Volverán, y lo harán para ser importantes.


Y Scariolo, claro, con un magnífico equipo con nombres como Txus Vidorreta y Joan Ponsarnau, técnicos de probada solvencia y experiencia ACB. Un trío para el éxito, con sabia mano para llevar un roster que pese a lo escaso de su rotación se ha movido muy bien. Y es que sólo Pau Gasol llega a los 30 minutos por partido (exáctamente 30), tras él, Llull, Rodríguez, Mirotic, Rudy y Ribas, se han movido entre 23 y 28 minutos por partido), Felipe ha llegado casi a 19, y San Emeterio y Claver 16 y 13 respectivamente. Resulta especialmente sangrante que un entrenador que en tres campeonatos de Europa nos ha llevado a tres oros (por no hablar de todo lo que ha ganado en ACB) siga siendo tan criticado (aunque creo que este torneo va a hacer cambiar bastante la percepción sobre el coach italiano), claro que hablamos de un país donde no se ha sabido valorar siquiera a nada menos que Vicente del Bosque.  



Ponsarnau, Scariolo y Vidorreta, ellos también son de oro.



No podemos dejar pasar la ocasión para dar nuestra opinión sobre un punto, a nuestro modo de ver, muy negativo y muy contraproducente para la salud baloncestística (y en general deportiva), de este país. Vaya por delante nuestro respeto para Siro López. Simplemente creemos que pertenece a una cultura deportiva y un tipo de periodismo que no nos interesa y que no casa bien con este maravilloso deporte. El caso “antetokubo”, o escucharle cantar “¡gol!” ante alguna canasta de Sergio Rodríguez, sus gritos, sus improvisaciones desatadas de barra de bar... todo eso recuerda a una manera de entender el deporte rancia y casposa impropia de un deporte tan civilizado como el baloncesto (a pesar de los analfabetos, no se les puede calificar de otra manera, que abuchearon a Pau al recibir el MVP... estaban viendo historia viva de este deporte y sólo se les ocurre silbar, hay que tener muy pocas luces) El buen aficionado a este juego es exigente porque, precisamente, al no ser el deporte mayoritario, sabe buscar bien sus fuentes y medios para mantenerse informado. Sabe a quien leer y a quien escuchar, y este país, afortunadamente, está dotado de excelentes profesionales y conocedores de este deporte que saben hablar de baloncesto sin pedir la cabeza de nuestro entrenador a las primeras de cambio o ver constantemente conspiraciones arbitrales en cada partido. Mediaset debería tomar nota y escuchar las críticas, que han sido numerosas, de los aficionados. Ofrezcannos el producto mejor cuidado, en todos los aspectos.



Y esto ha sido todo. O no. Ha sido un Eurobasket fantástico con el mejor de los resultados finales para nuestros intereses. Intentaremos no obstante sacar tiempo para algunas entradas más sobre jugadores que nos han sorprendido, y cosas que nos han decepcionado (pero estamos ahora mismo disfrutando de unas mini-vacaciones, no nos fuercen) A la vuelta de la esquina tenemos el comienzo de la temporada, con la Supercopa Endesa comenzando el 2 de Octubre. Y es que el baloncesto no para. Y mientras haya corazones indomables, jugadores empeñados en ganar y en no perder el hambre a pesar de la edad, páginas gloriosas como las que ha escrito esta inmortal selección liderada por un Pau Gasol que lleva nada menos que década y media dándonos alegrías a nuestro deporte, seguirán siendo escritas. “Dueños de nuestro destino, héroes de Europa”, fue el lema elegido por este grupo de jugadores para afrontar este campeonato y así lo lucieron finalmente en la celebración del título. Recordaban el poema “Invictus” de William Ernest Henley. Hasta eso lo hacen bien.      


Otra vez campeones


viernes, 18 de septiembre de 2015

MI NOMBRE ES LEGIÓN



“Y preguntole Jesús: “Cuál es tu nombre” Y él respondió: “Mi nombre es legión, porque somos muchos” (San Marcos, 5:1-20) 


¿Cuántos hombres y mujeres pueden caber en los 215 centímetros de Pau Gasol? Ayer llevaba dentro todo un país de más de 45 millones de habitantes. Todos cabían. Los que siempre creyeron y los arribistas. Los que nunca dudaron junto a los advenedizos. Los fanáticos de este deporte y los oportunistas. Los que llevaban horas antes del comienzo de los nervios y los que se engancharon en la prórroga mientras hacían zapping. Los que respetan al rival en la victoria y  la derrota y quienes lo único que les interesó de lo de anoche era poder hacerles una pedorreta a los franceses en su propio terreno. Incluso los políticos, que los habrá, que aprovecharán la victoria de ayer para en plena campaña electoral catalana llevarlo al debate de la independencia y glosar las alabanzas de un país unido liderado por un muchachote de Sant Boi de Llobregat, mientras cantan aquello de “no hay nada más lindo que la familia unidad atada por los lazos del amor”. Todos cabían. Pau ayer fue la legión de todos los demonios que se le volvieron a aparecer a Francia, de nuevo su bestia negra. 



Adrenalina



Resulta muy difícil (y casi hasta mezquino) ponerle algún pero a la actuación española de anoche, incluso aunque se hubiese caído derrotado (y aun así en alguna tertulia deportiva esta mañana lo estaban haciendo, resaltando que si fulanito había perdido tal rebote, menganito había hecho tal falta, o gusanito había dejado hacer tal tiro, o porque se hizo tal o cual defensa… este es un país que durante los 365 días del año tiene 45 millones de entrenadores de fútbol… y durante un mes, los tiene también de baloncesto), y es que hay que reconocer la superioridad francesa en una gran parte de las facetas fundamentales de este juego. Una de ellas es el rebote, donde fueron sensiblemente mejores en gran parte del partido, sobre todo a la hora de recuperar sus propios fallos y tener segundas posesiones que solían acabar en triple. No podía caber mayor castigo. Aun así logramos igualar la estadística de rebotes totales (38) gracias al impecable trabajo en la prórroga, donde les superamos en capturas por 7 a 3. En los momentos de la verdad vimos de nuevo a una España con una extraordinaria actitud defensiva, destacando otra vez Sergio Llull en su individual contra Parker, y en ataque, la legión Pau Gasol se encargaba de jugar por todos sus compañeros, a quienes hay que reconocer su abnegado trabajo defensivo y su lucha en un partido de los que había que ponerse el mono de trabajo ante una selección, hoy por hoy, superior. 


La película del partido recordó a lo vivido frente a Grecia en cuanto a igualdad, intensidad y grandes dosis de épica, con la particular diferencia de que mientras frente a los de Katsikaris remamos con viento a favor en el último cuarto y el sufrimiento vino gracias al arreón final del ya célebre “Antetokubo”, los franceses mandaron en el marcador casi todo el partido y llegamos a estar 9 abajo a falta de 6.46 para el final del partido tras un triple matador de Nando De Colo. Parecía una canasta definitiva, sepultando las esperanzas de una selección que había luchado con todas sus fuerzas para mantenerse a unas distancias salvables siempre por debajo de los 10 puntos.   


Que Francia mandase en el electrónico no quiere decir que nos estuviesen superando en el juego, más allá del consabido problema del rebote ofensivo. De hecho nuestra selección hizo un excelente partido a ambos lados de la cancha, con buena circulación de balón y consiguiendo tiros cómodos y librados, fallados, sí, pero bien tirados, alguno de ellos incluso saliéndose del aro, mientras que veíamos como a Francia le entraba hasta un triple a tablero de Lauvergne.  


Después de dos cuartos muy disputados, la buenísima noticia era que estábamos a sólo un punto (32-33), pese a haber visto como los franceses rebañaban hasta nueve rebotes en nuestro propio tablero, que les habían dado, lógicamente, nada menos que nueve posesiones más.  


Se habla de que España juega los peores minutos de sus partidos en este torneo tras el paso por el vestuario, y ayer se confirmó, pese a que el inicio del tercer cuarto fue bueno. Un triple de Mirotic, una canasta de Pau y una bandeja de Llull empataban el partido a 39 neutralizando los puntos de Batum y Parker. Mediaba el tercer acto y los de Collet abrirían la primera brecha, con un parcial de 0-7. Comenzaba entonces la tarea de picar piedra en la zona francesa con el juego al poste de Pau sacando faltas a los pívots rivales. Anotó su segundo tiro libre para dejar la diferencia en unos seis puntos que yo empezaba a firmar para afrontar el último cuarto… y entonces apareció Lauvergne. Un tiro exterior lateral y el citado triple a tablero ponía el 40-51 en el marcador. Once abajo. Pintaba muy mal. A seguir trabajando el “pau-sistema”, acompañado de Felipe Reyes y Víctor Claver. Tres altos durante los momentos decisivos del partido. No lo veíamos desde los tiempos de Carlos Jiménez (ya avisamos antes de comenzar el torneo que en esta selección íbamos a ver poco “small ball”, a diferencia de otros campeonatos) Pico y pala para que Pau, de nuevo en los libres, y Claver, anotando tras dos rebotes ofensivos nos metieran en el partido dejando el 44-51 (entre medias un triple fallado por Diaw), pero Gelabale con otro de sus estratosféricos triples volvía a estirar la diferencia a la decena de puntos. Tocaba de nuevo bajar a la mina con Pau, cuatro tiros libres consecutivos nos dejaban de nuevo a unos esperanzadores seis, pero el bestial Lauvergne machacaba un “alley oop” servido por De Colo prácticamente sobre la bocina. 48-56. Ocho abajo. En efecto, el tercer cuarto nos había sentado muy mal. 


Sergio Rodríguez abría el marcador del último acto con una bandeja marca de la casa. Su descaro en las penetraciones fue otro de los factores que nos mantuvo vivos en el partido. Tras un intercambio de canastas no demasiado fluido (se empezaba a sentir la presión) De Colo anotaba el ya mencionado triple que nos dejaba 9 abajo a menos de 7 minutos para el final. Parecía el tiro de gracia. Pero esta selección española no se rinde, y tampoco se vuelve loca. La remontada era posible a través de la defensa y ataques pacientes buscando a Pau. No caímos en la tentación de querer remontar los 7 puntos en un minuto cuando aún quedaban más de 6. La gestión emocional desde el banquillo de Sergio Scariolo en ese sentido fue encomiable. Sin dejar de creer en ningún momento en la victoria no transmitió ninguna ansiedad a sus jugadores, pese a que nuestros previsibles ataques con Pau en ocasiones no acababan con éxito debido a la excesiva dureza de los rivales, especialmente Gobert, la cual a veces era castigada pero a veces no (ya conocen el axioma baloncestístico que dice que si haces 20 faltas te pitarán 20 faltas, y si haces 200 faltas te pitarán 20 faltas, por lo tanto haz 200 faltas) El Chacho, con su endiablado manejo del balón en penetraciones de uno contra uno y Pau sacando faltas o machacando el aro rival tomaron las riendas en ataque mientras detrás todo el equipo funcionaba como un solo hombre. Les dejamos dos minutos sin anotar, y un colosal tapón de Pau a Gobert culminaba en un ataque finalizado por el propio Gasol con un precioso y estético gancho que hubiera firmado el mismísimo Kareem Abdul-Jabbar para ponernos por delante (62-61) por primera vez desde el minuto 18. Batum volvía a dar ventaja a Francia anotando los tiros libres tras sacar falta a un muy vigilado por los árbitros Felipe Reyes (tremenda defensa la del cordobés saliendo a las ayudas exteriores, lo dijimos en el partido contra Polonia, después de verle presionar a toda cancha, y lo volvemos a repetir hoy: está siendo para Scariolo lo que Slaughter para Laso) Pau se trabajaba una media vuelta en suspensión para volver a ponernos arriba. Parker fallaba un triple en el ataque siguiente pero el rebote del titán Gobert les daba otra posesión errada por Batum. Hacíamos un ataque largo que finalizaba con un triple bien orientado de Rudy, pero al mallorquín le falta ese punto físico que influye en todo su juego y desperdiciábamos la posibilidad de casi sentenciar el partido. De Colo buscaba la contra pero se encontraba con un Felipe Reyes con los pies perfectamente plantados en el suelo sacando la falta de ataque. Una falta clarísima pero que hay que tener narices para pitar con 27000 tíos en contra. Una de las jugadas del partido, y otra muestra de lo que aporta el gran Felipe a este equipo. Quedaban 46 segundos, tiempo para dos posesiones. Íbamos a buscar a Pau, quien fallaría su intento pero capturaría su propio rebote para que el Chacho dejase pasar más segundos y aprovechase el mínimo resquicio para con otra bandeja poner el 66-63 que podía haber sido definitivo… de no aparecer Batum con un triple rapidísimo e inesperado tras tiempo muerto. Los franceses ni movieron la bola ni dejaron la posibilidad de que hiciéramos falta para enviarlos a la línea de tiros libres. Frialdad de Batum y el partido empatado. Teníamos una posesión, malograda por el coloso Gobert al taponar el intento de Pau Gasol. Tras unos instantes de confusión y con los árbitros consultando el “instant replay” para determinar a quién correspondía la última bola, al perderse la misma por banda, Francia tuvo un tiro desesperado de Batum sin éxito que conducía a la prórroga.     


La gran pelea



¿Quién llegaba mejor al tiempo extra? Imposible determinarlo. Francia había mandado durante más minutos, pero España lo había tenido en su mano en los últimos minutos. Nuestro mayor motivo para el optimismo era la carga de faltas en sus hombres altos. Pau Gasol y su pico y pala.   


Intercambio de golpes en la prórroga protagonizado por los exteriores (los sergios y Rudy, éste en los tiros libres, y Parker y Batum), para mediar el tiempo extra. Aún no habíamos buscado a Pau en este tiempo, y su primer intento acaba en agua, para ver como Gobert conecta con De Colo y otro “alley oop” indefendible les pone por delante. Volvemos a jugar por dentro, con Pau y Felipe peleando y reboteando pero incapaces de anotar y finalmente Gasol cometiendo la típica personal de la frustración cuando el balón ya era francés. A esas alturas lo que se estaba repartiendo dentro de las zonas era de auténtico escenario bélico. Diaw anotaba uno de los dos tiros libres para poner el 72-75 a falta de 1.27. Todo un mundo, en el que los franceses no volverían a anotar. Nuestro siguiente ataque volvió al paciente “pau-sistema”, llevando al jugador de los Bulls a la línea de tiros libres y lo que es más importante, consiguiendo la eliminación por faltas de su gran puntal interior Rudy Gobert. Pau no falló desde la “charity” para ponernos a un solo punto, 74-75. A Batum se le empezaban a nublar las ideas y perdía la bola ante el inmenso Llull (si se otorgase un título de Mejor Defensor del Torneo estaría en todas las quinielas) que corría el contrataque para que Pau recibiese y acabase matando el aro francés y llevando el delirio a los escasos espectadores españoles en Lille, pero a todos los hogares de nuestro país que seguían el partido por televisión. De nuevo por delante. 76-75, a falta de 49 segundos. ¿Momento Parker? ¡Momento Rudy!, su tapón sobre el base de los Spurs (el tercero del partido) propiciaba otra posesión para España que finalizaba con un intento triple fallado por Sergio Rodríguez después de pasar los segundos… y entonces aparecía de nuevo la figura ya divina de Pau Gasol para recoger el balón y acabar hundiéndolo en el aro francés. ¡78-75! Quedaban 18 segundos y en los cambios “de balonmano” habituales en finales de este tipo cambiando la configuración del equipo según se ataque o defienda, Claver entraba por el Chacho, para cometer una falta sobre Batum cuando ya había levantado el brazo para lanzar a canasta. Tres tiros libres, y toda la presión para una de las estrellas galas, quien minutos antes había convertido un apoteósico triple casi sin pensar, pero a quien la soledad del tiro libre hizo que los cinco segundos de rigor se le hicieran interminables. El primer fallo fue una losa que ya no pudo levantar. Ninguno de los tres intentos tuvo éxito, y España, ya sabiendo cerrar el rebote con un gran Felipe Reyes, se aseguraba la victoria con un último mate de un enrabietado Pau Gasol que ha agotado todos y cada uno de los calificativos posibles. Era su punto número 40. La mitad de todo el equipo, un equipo que encomendado a su líder había dado una lección de generosidad. El lesionado Rudy y Llull trabajando atrás. Felipe y Claver y su defensa y rebote, y el desparpajo ofensivo del Chacho para desatascar nuestro ataque en los momentos más espesos. Pese a lo que digan los números, nos comportamos como un auténtico equipo.    



A Nico le tembló el pulso



Es nuestra cuarta final en los últimos cinco europeos. Sólo en 2013 no estuvimos en el último partido, conformándonos con el bronce, eliminados precisamente por Francia en semifinales. En 2007 Rusia nos derrotó en aquel amargo final de partido con Holden como héroe y Pau intentando el milagro en el último segundo. 2009 y 2011 fueron exhibiciones frente a Serbia y Francia respectivamente. Ahora nos esperan precisamente la propia Serbia, favorita en su duelo contra Lituania, o la brava selección de Jonas Kazlauskas, que al estilo de la de Scariolo no ha comparecido con su mejor equipo pero aun así su espíritu de campeón les hace estar de nuevo entre los mejores. No se trata de conformarse con la plata, pero debemos admitir que el éxito ya se ha conseguido, dejando para el recuerdo dos grandes victorias ante unas Grecia y Francia más completas, y con un partido como el de anoche de los que hace época y nos asegura la pervivencia en la afición de muchos niños que pueden estar enganchándose ahora mismo a nuestro deporte favorito. Yo llevo viendo jugar a Pau Gasol 16 años, desde 1999, casi nada, pero pienso en esos chavales de 10 o 12 añitos que empiezan a ver sus primeros partidos, como yo los veía a mediados de los 80. Ellos también estaban ayer dentro de Pau, nuestro particular Legión. Demonio para Francia, Dios para España. Al igual que la maltratada y perseguida religión yazidista considera a Melek Taus como el ángel superior al cuidado del mundo creado por Dios, mientras que las religiones mayoritarias de los musulmanes y cristianos lo identifican con Satanás. Y es que la actuación de Pau Gasol anoche abandona irremediablemente los aspectos terrenales para sumergirse de lleno en el misticismo. Si el deporte nació para que los hombres superasen sus límites y se acercasen a los dioses, nadie está más cerca de tocar el cielo hoy día en nuestro país que Pau. Y esto hay que decirlo pase lo que pase en la gran final.   


Pau frente al pelotón de fusilamiento... al final invirtieron los papeles...




Una final en la que al igual que en cuartos y semifinales, vamos a volver a repetirlo, admitir el favoritismo y la superioridad del contrario debe ser el primer paso para tener opciones de conquistarla.  

jueves, 17 de septiembre de 2015

CUENTAS PENDIENTES


Parker y Gasol, líderes de las mejores generaciones de la historia de sus respectivos países.



Esta noche tenemos de nuevo el que ya es el clásico europeo por excelencia entre selecciones nacionales en esta década. Los dos últimos campeones de Europa frente a frente. España, la selección que dominó el continente a partir de la segunda mitad de la primera década del siglo XXI, frente a Francia, que con la mejor generación de jugadores de su historia veía truncados una y otra vez sus sueños de gloria precisamente a causa de la superioridad de los Gasol y compañía. Supieron esperar su momento y los frutos llegaron. Repasamos los últimos enfrentamientos entre hispanos y galos en torneos de la máxima categoría. 


EUROBASKET 2009. CUARTOS DE FINAL. Francia 66-España 86  

Francia llegaba al cruce invicta, como primeros de su grupo, y después de pasarse por la piedra a Rusia, Alemania, Letonia, Grecia y Macedonia. Parker era el máximo anotador del torneo y los galos parecían una máquina perfectamente engrasada bajo el mando del base de los Spurs y sus inseparables escuderos Batum y Diaw, además del infatigable Pietrus, Diot, y el trotamundos NBA Turiaf. España era un mar de dudas. Después de perder contra Serbia y Turquía y clasificarse cuarta de grupo, acabó barriendo en aquel torneo para proclamarse por vez primera campeona de Europa. Fue el comienzo de la frustración francesa. Ricky Rubio dio un clinic defensivo sobre Tony Parker, y Pau Gasol sembró estragos en ambas zonas (28 puntos, 9 rebotes y 3 tapones) España daría posteriormente dos exhibiciones más para colgarse el oro apalizando a Grecia y Serbia en un torneo en el que se empezó pidiendo la cabeza de Scariolo y se acabó realizando posiblemente el mejor baloncesto que hayamos visto con esta generación de jugadores.   


Ricky y su inolvidable defensa a Parker en 2009



MUNDIAL 2010. PRIMERA FASE. Francia 72-España 66  

No tardaron mucho los galos en desquitarse. Fue en el primer partido de ambas selecciones en aquel torneo en el que acabamos sextos (a Francia no le fue mejor, cayendo en octavos de final de manera contundente ante Turquía), y que será recordado por aquel triple de Teodosic que nos apartó de la lucha por las medallas, escenario al que parecíamos abonados. Francia iba sin Parker (pero con Diaw y Batum) y nosotros sin Pau Gasol. Gelabale nos hizo daño con 16 puntos, y Navarro nos sostuvo con 17.


EUROBASKET 2011. SEGUNDA FASE. Francia 69-España 96

Defendíamos título en un largo Eurobasket con dos liguillas, e infligíamos a Francia su primera derrota, y de qué manera. Habían llevado a todas sus figuras al torneo y Collet reservó a Parker y a Noah, dando lugar a especulaciones de que lo hacía para no ser primeros de grupo y evitar el lado del cuadro por el que iba Lituania, anfitriona del evento. Seraphin y Traore, con 18 y 16 puntos respectivamente mantuvieron el tipo para los galos, mientras que en el festín español varios jugadores anotaron en dobles dígitos, destacando Navarro y Rudy con 16 y 15 puntos respectivamente. Días después nos veríamos en una gran e inolvidable final. 


EUROBASKET 2011. FINAL. España 98-Francia 85 

Segundo oro consecutivo para la selección española en una final para el recuerdo. Los trece puntos de diferencia finales son anecdóticos, porque lo cierto es que España fue una perfecta sinfonía coral con un juego exterior inmenso (Calderón 17 puntos, Rudy 14, Navarro 27 y 5 asistencias), un Pau imperial (17 puntos y 10 rebotes) y la exhibición taponadora de Ibaka (históricos sus 5 tapones en 3.43 minutos) Nuestro baloncesto vivía sus mejores momentos, y una constelación de estrellas como la que formaban Parker,  Batum, Noah, Diaw, De Colo, Seraphin o Gelabale debían conformarse con la plata. Lo nuestro era de otra galaxia.     


Ibaka se consagró con nuestra selección en la final de 2011



JUEGOS OLÍMPICOS 2012. CUARTOS DE FINAL. Francia 59-España 66  

El día que Batum perdió los nervios, y la frustración francesa se hizo más evidente que nunca. El partido ya llegaba caliente debido a las acusaciones vertidas por nuestros rivales de dejarnos perder contra Brasil para evitar el lado del cuadro en el que iba Estados Unidos. El caso es que llegábamos con muchas dudas, habiendo perdido dos partidos (Rusia y el citado contra Brasil) y sufriendo lo indecible ante Gran Bretaña. Francia sólo había claudicado ante la todopoderosa USA. El partido más bronco y duro de los disputados entre estas dos selecciones con sus actuales generaciones. Encuentro a cara de perro en el que cada canasta costaba sangre, sudor y lágrimas y se decidió desde la defensa. Llull puso testiculina en los momentos decisivos, encendiendo las gradas londinenses, Rudy taponó a Parker cuando empezamos a tener las primeras ventajas del último cuarto, en los minutos finales, y a partir de ahí desinflamos a una Francia en su versión más rocosa pero igualmente derrotada. La escena final de Batum agrediendo a Navarro simbolizó lo que significaba en aquel momento la selección española para Francia. Pura frustración. En un partido sin apenas brillo estadístico, destacó el doble-doble de Pau Gasol con 10 puntos y 11 rebotes. Acabaríamos colgándonos nuestra tercera plata olímpica tras otra extraordinaria final frente a los imbatibles norteamericanos. 


EUROBASKET 2013. SEMIFINALES. España 72-Francia 75  

Y por fin llegó el momento para Francia. Su dulce venganza previo paso a convertirse en campeones continentales (Lituania no fue rival en la final) Visto con perspectiva, y pese a todo lo que ha caído sobre Orenga posteriormente, hay que admitir que el bronce de 2013 tiene un enorme mérito, y más aún haber tenido auténticas opciones de victoria frente una Francia muy superior a la que llevamos a la prórroga, después de dominar durante gran parte del partido y de tener incluso un tiro ganador con Calderón. Pudimos haber ganado a una selección que contaba con los habituales Parker (estelar con 32 puntos), Batum y Diaw y a la que se unían grandes pívots como Ajinca o Lauvergne. Sin embargo con nuestras ausencias se podría haber hecho un equipo favorito para el oro (Pau Gasol, Felipe Reyes, Navarro, Ibaka y Mirotic) Sencillamente, era el momento de Francia. 


MUNDIAL 2014. CUARTOS DE FINAL. España 52-Francia 65

El penúltimo capítulo de esta historia supuso la derrota más dolorosa para una España que como anfitriona y con su mejor selección posible aspiraba incluso a plantar cara a unos intratables Estados Unidos. Orenga, muy señalado tras su mala gestión de recursos (incomprensible ostracismo para Felipe Reyes) tuvo que dimitir bajo la presión popular. Marc Gasol, estrenando paternidad y sin haber dormido en toda la noche, no debería haber permanecido aquellos 29 minutos en pista en los que su presencia no sólo no aportó nada ni en defensa ni en ataque si no que nos lastró sobremanera. Los franceses arrasaron en el rebote (50 por 28) y nos ejecutaron con un constante Diaw y un Heurtel en modo “killer” en los instantes finales del partido. Ni siquiera un solvente defensor como Ricky Rubio supo pararlo. Todo fue un desastre. Ibaka, nuestra gran esperanza para suplir a los Gasol, errático en el tiro e indolente en la actitud. Navarro, Llull y Rudy con la pólvora mojada. El porcentaje en el tiro de 3 lo dice todo: 2 de 22. Sólo se salvó mínimamente Pau Gasol respondiendo con 17 puntos y 8 rebotes. Derrota ignominiosa ante una Francia sin Parker ni Noah, pero donde empezaba a destacar un espectacular pívot que apunta a estrella NBA. Rudy Gobert anotó sólo 5 puntos, pero sus 13 rebotes le convirtieron en el auténtico dueño de los tableros. La noche más negra del baloncesto español en mucho tiempo.    


La noche más triste




De modo que muchas cuentas pendientes entre ambas selecciones. El mayor ánimo de revancha es nuestro tras sus dos últimas victorias, pero nos siguen teniendo muchas ganas ya que en su recuerdo aún perduran exhibiciones de Pau Gasol o Navarro. Son claramente favoritos y tendrán 27000 gargantas apoyándoles. Al igual que dijimos ante Grecia, empecemos por reconocer su superioridad y ese será el primer paso para tener opciones de victoria y conseguir ese deseado billete directo para los Juegos de Río, que tantos problemas de calendario ahorraría a nuestros jugadores.   

miércoles, 16 de septiembre de 2015

ESPAÑA SOBREVIVE AL EFECTO "ANTETOKUBO"


¿Antetoqué?


Nunca dudes de un equipo campeón. Spanoulis se vuelve a quedar con las ganas (este año tendrá pesadillas con los españoles) y el inmenso Antetokounmpo, en su mejor partido del campeonato (12 puntos, 17 rebotes, 8 de ellos en ataque, y 2 tapones) tendrá que esperar para luchar por medallas con la selección de adopción de su familia. A sus 20 años y con el tremendo potencial que atesora no nos cabe duda de que más pronto que tarde así será.


El caso es que España llega a sus novenas semifinales consecutivas en un campeonato de Europa de selecciones, una burrada estadística que da la sensación de que no sabemos valorar en su justa medida. Desde 1999 no hemos dejado de luchar por medallas, llevando las mejores selecciones posibles, o en ocasiones, como en este 2015, con equipos de circunstancias y superando una y mil adversidades. Ningún país ha conseguido tal proeza excepto las míticas y extintas URSS y Yugoslavia. No importa. Seguiremos atizando a Scariolo, al maltrecho Rudy, al Chacho por perder un par de balones… en fin, mientras el típico español sigue en su particular cruzada contra el mundo nosotros a lo nuestro, a disfrutarlo. 


Y es que ayer, pese al sufrimiento (no podía ser de otro modo), hemos de admitir que vimos a una gran España. Llull castigaba de inicio con dos triples, el segundo de ellos llegaba además tras meter Rudy Fernández  limpiamente la mano ante el posteo de Antetokounmpo, dándonos esperanzas de volver a ver al mejor Rudy con la selección, el que es capaz de emparejarse con éxito con aleros grandes (recuerden su defensa a Luol Deng) y suplir esa figura del “alero alto” que tan desahuciada parece en el combinado nacional (a la espera de que se apueste por Dani Diez, toda vez que el “divorcio” con Carlos Suárez es evidente) desde la retirada de Carlos Jiménez. Lamentablemente no fue así y el mallorquín volvió a demostrar que físicamente no está, se agradece su compromiso pero en ocasiones su presencia, a este nivel, puede lastrarnos más que beneficiarnos. Surgió entonces la figura de Claver, decisivo en los momentos claves y único jugador capaz de parar al gran protagonista del partido, y no sólo en el aspecto puramente deportivo: Giannis Antetokounmpo.   



La clave Claver



De Antetokounmpo se lleva largo tiempo hablando entre los aficionados al baloncesto (evidentemente Siro López no se cuenta entre ellos), a estas alturas ya todo el mundo conoce su particular historia de hijo de familia inmigrante dedicada a la venta ambulante, tarea que tuvo que realizar el propio Giannis, antes de que encauzase su futuro hacia un deporte para el que está magníficamente dotado. Ya es una de las figuras indiscutibles de unos Milwaukee Bucks con vitola de proyecto de futuro (Carter-Williams, Parker, Monroe…) y por supuesto una de las atracciones principales de un Eurobasket repleto de estrellas. Siro López, la malísima elección de Mediaset como narrador para este torneo, especialista en meterse en jardines y en vivir enfrentado contra el mundo (tengan en cuenta que su ídolo es José Mourinho), tuvo la feliz ocurrencia de acercarse, según contó, a preguntarle a Fotsis Katsikaris por la pronunciación griega de Antetokounmpo (a pesar de que su apellido es nigeriano), y a resultas de lo que sucedió durante la estrambótica narración de Siro, parece ser que el sosias griego de Elvis Costello respondió algo así como “Antetokubo”. De modo que ni corto ni perezoso y para asombro de la audiencia, López se tiró los 40 minutos del partido refiriéndose a la perla griega como “Antetokubo”, mientras se convertía en trending topic en ese Twitter que carga el diablo y era objeto de chanzas de todo tipo por los aficionados. Tal fue así la cosa que al descanso un enrabietado Siro cargaba contra los tuiteros con ironía nada fina y seguía en sus trece: Antetokubo, Antetokubo y más Antetokubo. A su lado Antúnez y Pepu, más prudentes, no se metían en líos. Para ellos era Antetokounmpo, y listo. De modo que Siro, con su habitual acritud, ayer dirimía dos batallas, la de España vs. Grecia y la suya particular contra los incultos tuiteros que se reían de su excelsa pronunciación griega. Por curiosidad estuve investigando un poquito sobre el tema, y al parecer el jugador habla de sí mismo como “Adetokunbo”, y de hecho en su estancia en Zaragoza era conocido por tal nombre. De modo que si quieren ir de finos estilistas de la lengua yoruba, a la cual pertenece el apellido Antetokounmpo, deben decir “Adetokunbo”, pero creo que con Antetokounmpo (que no es tan difícil), nos vamos a entender todos, excepto Siro López y sus estrambóticas anécdotas que no le dejan precisamente en buen lugar. 


Volvamos al baloncesto, que es lo que importa de verdad. Decíamos que España había tenido un gran comienzo de partido, con Llull acertado en el triple y buena actitud defensiva (el robo a Antetokounmpo, dos tapones de Pau Gasol), pero Grecia no tardaría en meterse en el partido, con ese ritmo lento y en apariencia cansino que les conviene. España estaba atenta a que Spanoulis no encendiera la chispa, pero aparecían sus hombres altos, Printezis (con ese extraño tiro lateral tan característico) y Koufos, para acabar el primer cuarto en tablas, 14-14. Veríamos buenos minutos en el segundo cuarto, con Grecia cargándose rápido de faltas intentando parar los pacientes ataques españoles. Jugamos con acierto buscando a Pau y a Mirotic por dentro. Después de un intercambio de triples (Chacho y Antetokounmpo), el partido fue nuestro con un parcial de 22-15 (25 puntos anotados en total en el segundo acto) para irnos al descanso con un buen resultado: 39-32 y muy buenas sensaciones. Las sensaciones de un equipo otrora campeón que pese a no ser favorito en esta cita demostraba su capacidad y oficio para este tipo de partidos. 


Nunca dudes de un equipo campeón, pero tampoco entierres nunca a un equipo que tenga en sus filas a un jugador llamado Vassilis Spanoulis. Al demonio de Larisa le va la marcha y sabemos de su facilidad para liderar remontadas, tal y como hemos visto tantas veces con su siempre sorprendente Olympiacos. Un triple suyo abría la anotación de un tercer cuarto en el que los helenos nos iban a pasar, literalmente, por encima. Y eso que Ribas respondía con otra canasta de tres puntos para devolver los siete puntos de diferencia, pero un parcial de 0-11 ponía a los griegos cuatro arriba y ya no abandonarían el mando en el marcador durante el tercer cuarto. Calathes castigaba desde el triple, y Spanoulis y Antetokounmpo, éste además imperial en defensa y rebote, se echaban el equipo a la espalda. Scariolo ordenaba zona 2-3 que de nuevo jugadores como Printezis y Koufos aprovechaban para anotar desde media distancia, debido a la ausencia de defensor en el poste medio central. Zozobra. Pau Gasol rompía el parcial y anotaba un triple mediado el cuarto que nos ponía a un punto. Uf. Respirábamos. Ya llovía menos. A partir de ahí nos encomendamos al “pau-sistema”, contando el triple fueron nada menos que once puntos consecutivos, entre canastas en juego y tiros libres, para mantenernos en el partido y dos tiros libres de Felipe Reyes ponían el 55-57 final del tercer cuarto. Lo peor era que nos habían anotado 25 puntos en 10 minutos, pero habíamos superado un momento crítico y estábamos vivos.     


Pau volvió a mantenernos



Vaya película de terror que nos esperaba para el último y definitivo acto.


Nunca dudes de un equipo campeón. Esta selección sabe competir, sabe sufrir, y sabe ganar sufriendo. Cuando todo se pone en contra sabes que hay algo con lo que puedes contar: tu propio corazón y deseo en defensa. Los griegos tardaron más de tres minutos en ver aro (un triple de Antetokounmpo), tiempo que aprovechamos para a trancas y barrancas hacer un parcial de 5-0 con nuestros hombres altos (Felipe, Mirotic, y Claver, definitivamente jugando de alero y emparejado con el jugador de Milwaukee, tremenda defensa la del ex –jugador de Portland y en ataque dejando cosas como la canasta tras rebote ofensivo después del fallo en tiro libre de Reyes, nuestro primer error en el partido desde la línea) El Chacho nos ponía 4 arriba tras el triple de Giannis y pese a que no lográbamos cerrar el rebote (Antetokounmpo de nuevo haciendo daño), Zisis fallaba dos intentos triples consecutivos. Costaba anotar, el partido estaba bronco, pero el crono corría a nuestro favor. Mirotic sacaba la quinta personal a un frustrado Bourousis y su acierto en los libres nos ponía con 66-60 a falta de tres minutos y medio. Era el momento de Spanoulis, bien defendido por Llull, pero que aun así encontraba algún resquicio para hacer daño sacando la falta al de Mahón. Sólo anotaba uno de los tiros libres. Cinco arriba y poco más de tres minutos por jugar. Y llegaron los nervios. Claver regalaba una bola que no debería haber subido estando Chacho y Llull en la pista. Printezis fallaba el triple pero el rebote lo capturaba Antetokounmpo, que por aquel entonces ya era Antetokubo, Cabecicubo, Siroalcubo o vaya usted a saber. A sufrir. Calathes fallaba pero él mismo capturaba su propio rebote y el silbato sonaba para pitar unos aliviadores pasos. Había pasado un minuto. En el siguiente ataque Llull fallaba un triple pero aparecía Mirotic para el rebote y sacar la falta de Printezis. La excelencia en los tiros libres nos ponía siete arriba (68-61) con dos minutos por disputarse. Lo empezábamos a acariciar. Llull seguía desactivando a Spanoulis, quien fallaba su intento triple, y el propio jugador del Real Madrid se hacía con el rebote, pero Pau Gasol perdía la bola ante Koufos. A sufrir. Antetokounmpo, que a aquellas alturas ya era Antetokubo, Antequeranokubo o Antediluvianokubo hacía pasos de salida y nos devolvía la posesión. Lo volvíamos a acariciar. Llull perdía la bola con sólo cinco segundos transcurridos. A sufrir. Calathes anotaba una canasta rápida. A sufrir. Quedaba poco más de un minuto y con cinco arriba los griegos nos llevaban a la línea para parar el crono. El Chacho anotaba el segundo. 69-63 y 1.05 para el final. Lo volvíamos a acariciar. Una buena defensa finalizaba con un fallo de Spanoulis y rebote para Pau, ¡lo estábamos acariciando!, pero el Chacho perdía incomprensiblemente (incomprensiblemente desde el sofá de mi casa, claro, jugándote un pase a semifinales en un Eurobasket frente a toda una selección griega es otra cosa) Calathes, imbuido del espíritu de un neutralizado Spanoulis (y repetimos, gracias al trabajo de Llull), anotaba otra canasta rápida. A sufrir. Cuatro arriba y 27 segundos. Estaba claro que nos iban a mandar de nuevo a la línea de personal. Se nos complica el saque de banda pese a estar con tres “pequeños” (Chacho, Llull y Ribas) y sólo Gasol logra recibir. Falta personal sobre nuestra estrella con sólo tres segundos consumidos. Mete el primero. ¡Lo estamos acariciando! Falla el segundo. A sufrir. Cinco arriba y 24 segundos. Spanoulis sigue sin aparecer, o quizás es que le transfirió sus poderes a Calathes. Triple del base de Panathinaikos a falta de 15 segundos. Ahora sí, a sufrir. Falta rapídisima sobre el Chacho (la quinta de Calathes) que enmienda su fallo de la posesión anterior anotando ambos lanzamientos. Cuatro arriba a falta de 13 segundos. ¡Lo estamos acariciando! Sin Calathes, Spanoulis tiene que tomar la responsabilidad. Falla su intento triple. ¡Lo estamos acariciando! Rebote para Antetokounmpo-Antetokubo de Todos Los Santos. A sufrir. Un triple desesperado de Sloukas, quien había entrado por el eliminado Calathes y apenas había jugado durante el partido y no había realizado tiro alguno hasta aquel momento ajustaba el marcador en un 72-71 a falta de casi 4 segundos por jugar. Lo han adivinado: a sufrir. Volvemos a sacar de banda y vuelve a recibir Pau. Como anteriormente, Pau mete el primero… pero falla el segundo, rebotea Koufos y Antetokounmpokubo López cruza su cancha hasta llegar a medio campo y sobre la bocina lanza un triple que no entra mientras su padrino Siro musita extrañamente: “canastaaaaa… canastaaaaaaa… canastaaaa… canastaaaa que no ha entradoooo…” para poner a prueba la capacidad neurológica de los aficionados que, como en la buena película de terror en que se había convertido el partido, habían preferido no mirar a la pantalla en el momento en el que el astro griego de los mil nombres lanzaba esa pelota que podía significar el cielo o el infierno. 


Pero el cielo se abrió, y con justicia, para una selección española que alcanza sus novenas semifinales consecutivas, siendo éstas además las más meritorias que recuerdo en mucho tiempo. Subimos un peldaño más, el de Francia, la actual campeona continental y bronce mundialista. Casi nada.  



Caía la noche en Lille y nuestros jugadores buscaban el descanso del guerrero. Pese a la escasa rotación (ocho jugadores, Aguilar, Vives, Willy y extrañamente San Emeterio no contaron ayer) Scariolo los dosificó bien, con Llull, Mirotic y Pau Gasol permaneciendo 31 minutos en pista como hombres más utilizados (Katsikaris exprimió más a sus titulares, todos por encima de los 30 minutos) Tocaba celebrar la victoria. Pero había alguien que todavía tenía otra batalla que librar. Siro López abandonaba su puesto de comentarista y se entregaba con fruición a tuitear pruebas de que Antetokounmpo era, en realidad, “Antetokubo”. Y es que cada persona, al fin y al cabo, elige la causa por la que luchar.      


Giannis, antes de ser drafteado, cuando era "Adetokunbo".