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miércoles, 27 de julio de 2016

QUEREJETA SUELTA SU ÚLTIMA BOMBA






El joven Bargnani que deslumbraba en Treviso. Europa espera verle brillar de nuevo.





Cuando hace un par de meses se comenzó a especular con el retorno a Europa de “Il Mago”, Andrea Bargnani, número 1 del draft de 2006 y jugador que nunca ha llegado a explotar su auténtico potencial en la mejor liga de baloncesto del mundo debido a sus evidentes muestras de indolencia, los nombres que se pusieron encima de la mesa fueron los de, no podía ser de otro modo, los clubes con mayores presupuestos de Europa. CSKA, Fenerbahce, Khimki, Real Madrid o Barcelona parecían los únicos capaces de afrontar la ficha de un jugador que hace un par de años llegó a cobrar casi 12 millones de dólares por temporada, pero cuyo dudoso rendimiento le hizo firmar su último contrato NBA en Brooklyn por 1.3 millones.


Finalmente ha sido el Baskonia, el club presidido por Josean Querejeta quien se ha hecho con los servicios del talentoso interior italiano que de esta manera suplirá al actual MVP de Liga Endesa, Ioannis Bourousis quien ha emprendido una nueva aventura griega, en esta ocasión en el otro equipo ateniense, el Panathinaikos. Fue precisamente el club “de toda la vida” de Bou, el Olympiacos, uno de los que se ha rumoreado que intentó el fichaje de Bargnani (junto al Emporio Armani Milán), pero de manera infructuosa al no llegar a las exigencias económicas del italiano quien pedía al menos dos millones de euros de ficha, lo que le situaría como uno de los jugadores mejor pagados de Europa. Un sueldo que el Baskonia no ha ofrecido a ninguno de sus jugadores hasta la fecha. Por eso sorprende tanto la noticia de su incorporación a la plantilla alevesa. Un auténtico bombazo del que hasta el momento no ha trascendido el montante económico de la operación, pero dado que no se conoce ningún vínculo sentimental del italiano con Vitoria, y que, pese a la magnífica trayectoria en Euroliga la pasada temporada el proyecto deportivo baskonista no puede seducir tanto como el de equipos dominadores como CSKA, Fenerbahce o Real Madrid, cabe pensar que Querejeta ha preparado el talonario para traerse a la estrella transalpina. Un jugador que pese a que su rendimiento ya estaba rayando la mediocridad (6.6 puntos y 2.1 rebotes en su última temporada NBA), con 31 años está en la mejor edad para un baloncestista. Tampoco invita al optimismo su última participación con la selección italiana. En el preolímpico de Turín apenas aportó 8.8 puntos y 4 rebotes por partido, muy lejos del rendimiento que se le espera a quien debiera ser uno de los líderes del actual baloncesto transalpino. Especialmente desafortunado fue su papel en la final, unos tristes 4 puntos (2 de 7 en tiros de campo) y 3 rebotes en los 15 minutos que estuvo en pista para ver como Croacia les arrebataba el pasaporte olímpico suponiendo una nueva decepción (y van unas cuantas) para los italianos, quienes no acaban de recuperar su papel como potencia baloncestística europea. 



Sea como fuere, es una buena noticia para la ACB, ya que se trata de un jugador mediático y con calidad que viene a fortalecer el prestigio de nuestra competición. Como ha escrito CBS Sports en su página web, “Bargnani se enrola en la segunda mejor liga del mundo”. 


lunes, 25 de julio de 2016

SI HAY FUTURO






Ramón Vila, enorme ante Lituania (18 puntos y 14 rebotes) celebra exultante la victoria.




Si hay futuro. Lo lleva habiendo diez largos años en los que España no se ha apeado del podio en los campeonatos de Europa sub20, categoría antesala de la absoluta. En estos diez torneos dos han sido las veces en las que nos hemos subido a lo más alto del cajón, 2011, en Bilbao, con una selección liderada por Nikola Mirotic, y en este 2016 contra pronóstico en Finlandia sin tener ni mucho menos la mejor selección, o al menos no contar entre los equipos favoritos. En ambas ocasiones un mismo hombre dirigiendo la nave: el defenestrado Juan Antonio Orenga, quien saliera por la puerta de atrás de la absoluta tras el descalabro ante Francia en el pasado Mundial de 2014 pero que como entrenador de formación suma ya cuatro medallas, dos de ellas como decimos de oro (a las que hay que sumar el bronce con la absoluta en el Eurobasket de 2013 con una selección sin Pau Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Ibaka o Mirotic) Sería injusto seguir juzgando a Orenga por su nefasta dirección en aquel infausto partido contra Francia, cuando lo cierto es que su trabajo en la FEB arroja muchas más luces que sombras.  



Los Marc García (MVP del torneo con sus 14.9 puntos, 4.3 rebotes y 1.6 asistencias por partido), Santi Yusta (auténtico todoterreno del equipo con 10.7 puntos, 5.4 rebotes, 2.4 asistencias y 2.1 robos de balón) o Francisco Alonso (polivalente base que ha firmado 13 puntos, 3.4 rebotes y 3.7 asistencias por partido) se unen al club de los Xavi Rey,  Quino Colom, Pablo Aguilar, Víctor Claver, Xavi Rabaseda, Pere Tomas, Joan Sastre, Nikola Mirotic, Willy Hernángomez o su hermano Juancho. Jugadores que se han estado subiendo al podio durante estos diez años en este torneo y han ido regenerando nuestro baloncesto para asegurar una continuidad en la elite ahora que nuestra gloriosa generación del 80 parece dar sus últimos coletazos. Es el segundo gran éxito de la nueva etapa del baloncesto español, ya que hace unos días las chicas de la misma categoría se proclamaban igualmente campeonas de Europa otorgando el primer oro de la era Garbajosa, quien viene a suceder a un José Luis Sáez que si bien dejó el cargo envuelto en la polémica por presunta malversación del dinero de la federación para uso propio, hay que reconocer que en lo deportivo ha estado al frente de la época más gloriosa de nuestro baloncesto en todas las categorías posibles.    




Esperemos que continúe la cosecha de medallas, con culminación en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro para ayudarnos a hacer más llevadero este verano en el que, como ven, hemos reducido notablemente la actividad en este blog. Y no será por falta de noticias, ya que el mercado no para de moverse a ambos lados del Atlántico. Trataremos de analizar los movimientos más interesantes en alguna próxima entrega, aunque admitimos que en estos momentos nuestro chip baloncestístico viste de un predominante color rojo. El mismo que luce la camiseta de nuestra selección en cualquiera de sus diferentes categorías, esas que no paran de alegrarnos verano tras verano.  




Orenga aumenta su palmarés. Cinco medallas con la FEB. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.




martes, 12 de julio de 2016

LA "DURANTULA" EN UN NUEVO ECOSISTEMA





Si no puedes con tu enemigo, únete a él.





El verano de 2016 está siendo realmente movido en la NBA. Se veía venir, con el incremento del tope salarial y la obligatoriedad de las franquicias de gastar al menos el 90% de dicho tope en contratos con sus jugadores. Mucho pastel para repartir y un suculento mercado de agentes libres con un nombre propio brillando por encima del resto: Kevin Durant.


El rumor una vez más ha sido antesala de la noticia, y el alero de interminables brazos  nacido en Washington, cansado de ver una y otra vez como sus Oklahoma City Thunder no terminan de dar el salto de calidad definitivo (a pesar de que en las últimas seis temporadas han jugado cuatro finales de conferencia, siendo en ese sentido el equipo del Oeste más fiable junto a San Antonio), ha hecho las maletas rumbo a Oakland. 54.3 millones de dólares por dos temporadas tienen la culpa (que le convierten en el jugador mejor pagado de la NBA… al menos hasta que conozcamos el nuevo contrato de LeBron James), pero sobre todo la posibilidad inmediata de luchar por el anillo en el equipo que alcanzó 73 victorias en liga regular por primera vez en la historia. Unir sus fuerzas a Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green y Andre Igoudala convierte a los Warriors en los máximos favoritos para conseguir el próximo título. No hay un quinteto igual en toda la liga, con una calidad escandalosa además de una extraordinaria versatilidad. El presumible próximo quinteto titular de Steve Kerr (Curry, Thompson, Durant y Green son innegociables, y las salidas de Barnes, Bogut y Ezeli hacen pensar que Kerr definitivamente apostará por “Iggy” de inicio, renunciando al pívot puro, para pasmo de los ortodoxos… a menos que apueste por Pachulia como jugador de inicio) se anticipa indescifrable para los rivales, y la duda en todo caso se instala en la capacidad de Kerr y su equipo para adaptarse a tantos jugadores que hacen tantos tiros por partido.     


No sería la primera vez que un equipo diseñado para el éxito inmediato fracasa. Quizás el fiasco más extraordinario sea el de los Lakers de la temporada 2012-13. Después de que Mike Brown durase tan sólo cinco partidos (balance 1-4) y tras un breve remontar el vuelo con el interino Bernie Bickerstaff (otros cinco partidos con balance 4-1), Mike D’Antoni veía como ponían a su disposición un equipo de auténtico ensueño: Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y Dwight Howard, y desde el banquillo jugadores de la calidad de Antwan Jamison o Jodie Meeks. Parecían destinados a arrasar, y máxime con el entrenador que había desarrollado un baloncesto de hermosa locura ofensiva en Phoenix Suns con la batuta de precisamente Steve Nash. Sin embargo los problemas con las lesiones, y sobre todo la falta de química entre las figuras, les llevó a verse luchando por las últimas plazas de play offs. Finalmente lograrían clasificarse séptimos (balance 45-37) para ser barridos por San Antonio Spurs en primera ronda. No fue tan escandaloso el fracaso de Los Angeles Lakers de la temporada 2003-04, pero el resultado final fue igualmente decepcionante. Gary Payton, Kobe Bryant, Devean George, Karl Malone y Shaquille O’Neal se vislumbraba como uno de los quintetos más estelares de toda la historia de la glamourosa franquicia californiana, apoyado por un banquillo con nombres ilustres como Dereck Fisher, Horace Grant, Rick Fox,  y jóvenes prometedores como Kareem Rush o el ucraniano Mevdevenko. Todo esto bajo la dirección del maestro Phil Jackson en el banquillo. Llamados a ganar el anillo, dominaron la división Pacific con un balance 56-26, la cuarta mejor marca del año. Su mejor versión se vería en los play offs, primero pasando por encima de Houston, y posteriormente eliminando a San Antonio y Minnesotta, franquicias que habían hecho mejor temporada regular que los angelinos. Parecían claros favoritos ante los Pistons de Larry Brown, pese a no contar con el lesionado Karl Malone. Pero Detroit fue un rodillo y sólo una victoria en la prórroga en el segundo partido evitó un humillante “sweep” (barrido) Incluso los Heat de LeBron, Wade y Bosh no vivieron la gloria inmediata, perdiendo sus primeras finales contra pronóstico contra Dallas Mavericks, si bien se resarcirían, y de qué forma, ganando los dos siguientes campeonatos de manera consecutiva. El regreso de LeBron a Cleveland tampoco supuso el anillo el primer año, pese a estar secundado por Irving y Love (si bien es cierto que ausentes en las finales, con excepción de Irving en el primer partido), aunque la constancia les ha hecho llevar el primer título de la historia para su franquicia. Golden State se convierten en claros favoritos al anillo de 2017, pero afortunadamente será la cancha la que dicte justicia.      



¿El mejor quinteto de la historia?



Hay que tener en cuenta que una de las claves de estos maravillosos Warriors de Steve Kerr ha sido la química. No ha sido difícil, teniendo en cuenta que ningún jugador de este equipo llegó a la NBA con la etiqueta de “next big thing”, ni siquiera Curry, número 7 del draft. Incluso Draymond Green es un segunda ronda. No ha tenido por tanto que lidiar Kerr con los egos descomunales de jugadores que ya son estrellas desde la universidad (o incluso desde el instituto) Pero Durant es un caso distinto. Un jugador acostumbrado a ser el foco de atención mediático allí donde ha jugado, y que no fue número 1 del draft simplemente por la obsesión (cada vez menos plausible, en vista de los dudosos resultados) de las franquicias en encontrar ese pívot dominante, piedra filosofal baloncestística que en 2007 tenía el nombre de Greg Oden, jugador de cristal que tras constantes idas y venidas de las canchas finalmente se dedica a cultivar su fortuna personal en el baloncesto chino. Los fantasmas de 1984, cuando dejaron pasar la oportunidad de hacerse con Michael Jordan por preferir a Sam Bowie (otra vez la obsesión por los pívots), volvieron a aflorar en Portland. El jugador a elegir era Durant (MVP de la temporada en 2014 y cuatro veces máximo anotador de la liga), no Oden. 


En un juego tan completo como el baloncesto y en el que la importancia de tan distintas facetas hace que hayan llegado a ser estrellas jugadores tan radicalmente opuestos en su juego como pueden ser Allen Iverson y Dennis Rodman, por poner dos ejemplos, sigue siendo la anotación la estadística más propicia para alimentar el ego de los jugadores. Y es que el aficionado por lo general sigue fijándose más en el hombre que mete la pelota en el aro que en el defensor superlativo, el taponador estratosférico, el fajador de los tableros o en el director imaginativo. Kerr en ese sentido tiene que saber manejar la convivencia entre dos jugadores que han sido máximos anotadores de la liga, como son Curry y Durant. Dos tipos que suman entre ambos 39.4 tiros de campo por partido en la pasada temporada regular. A todo esto… ¿podrá seguir teniendo Klay Thompson sus 17 lanzamientos por partido? Hablamos ya de 56 tiros entre tres jugadores. El pasado curso los Warriors lanzaron 87.3 veces por partido. De modo que quedarían unos 30 tiros a repartir entre todo el resto del roster. Migajas. 


Eso, o aumentar todavía más el ritmo de juego y subir la apuesta por la locura ofensiva, para disfrute del espectador. Marcin Gortat, el pívot de los Washington Wizards, ha afirmado en redes sociales medio en broma que estos Warriors pueden ser capaces de llegar a los 200 puntos en un partido. Si Kerr es capaz de aumentar el número de posesiones por partido (un pase menos, dos segundos menos de posesión… y sobre todo, mayor defensa, mayor presión para recuperar más balones), podemos asistir definitivamente a la mayor maquinaria ofensiva que jamás haya visto el baloncesto moderno, pero para eso no deben perder sus señas de identidad, una de ellas es la vertiginosa circulación de balón (algo en lo que no debería tener problema en encajar Durant) Por tanto sobre el papel no pinta nada mal. Pero no todo puede ser tan positivo. El precio de tener el quinteto titular más demoledor que se pueda recordar en décadas en la NBA, hace pagar el precio de debilitar el que era uno de los banquillos más resolutivos de la liga. 


Y es que de una segunda unidad como la que manejaba Kerr la pasada temporada, compuesta por Livinsgton-Barbosa-Rush-Igoudala-Ezeli-Speights, reforzada en invierno con la llegada de Anderon Varejao, pasamos a un previsible banquillo integrado por Shaun Livingston como sexto hombre y veteranos como David West o Zaza Pachulia, a la espera de lo que puedan aportar jóvenes como Ian Clark, McAdoo, Looney y los rookies (entre los que habría que incluir a Looney, lesionado todo el pasado curso) Damian Jones y Patrik McCaw. Barnes, Speights, Ezeli, Rush y Barbosa salen del equipo, y no está claro el futuro de Varejao. Demasiados cambios en una plantilla que funcionaba, y para la que suenan más veteranos como David Lee o Ray Allen. Una rotación menos larga y fuerte y con muchos años en las piernas de sus jugadores, recordando demasiado a los Heat de la era LeBron o incluso a los recientes Cavs con casos como los de Shawn Marion (anecdótico la pasada temporada) o Mo Williams, cada vez aportando menos. Más calidad pero concentrada en menos jugadores, precisamente un reproche que se le ha hecho habitualmente a LeBron James. 


En ese sentido es flagrante la diferencia de criterio con el que las redes sociales han acogido la noticia del fichaje de Durant por Golden State respecto a cualquier decisión de LeBron para asaltar el título. Memes cachondeándose de LeBron, Irving y Love, al parecer muertos de miedo ante los nuevos Warriors, una animación del próximo NBA 2K17 que muestra a los jugadores de Oakland agigantados de tamaño contra unos pequeños Cavaliers, o chistes gráficos en los que Steve Kerr aguarda la llegada de veteranos en busca de un anillo, incluso jugadores ya retirados como Iverson, Barkley o Karl Malone. Todo muy simpático, nada que ver con el odio demostrado hacia LeBron cuando se reunió en Miami con sus amigos Wade y Bosh. Cosas del submundo “hater”.  




La vida sigue igual, palos a LeBron y respeto para sus rivales.



Tampoco compartimos las críticas hacia Durant (igual que no compartimos en su día las que hubo hacia LeBron) de algunos jugadores legendarios o de muchos aficionados, desvirtuando el valor del alero en comparación con los “Magic”, Bird o Jordan que dominaron la NBA hace unas décadas. Nos parece un argumento muy demagógico, porque para empezar hay que entender que la NBA ha cambiado mucho, y no es comparable una liga con 23 equipos, como la que se encontraron estos jugadores, que la actual con 30. A menos equipos, la concentración de calidad en los equipos dominadores era más evidente. Por otro lado es cierto que estos jugadores no necesitaron cambiar de equipos para ganar títulos, porque los movimientos en los despachos de sus franquicias consiguieron crear auténticas constelaciones de estrellas. Hay que recordar que los Lakers 80’s del showtime llegaron a juntar a tres números uno del draft (“Magic”, Worthy y Abdul-Jabbar), y un número cuatro como Byron Scott. Tres números uno del draft y un número cuatro en un quinteto titular no ha vuelto a verse en ningún equipo desde entonces. ¿Qué necesidad tenía “Magic” de cambiar de equipo? El caso de Bird no es tan descarado, pero hay que recordar que al “pájaro” le rodean de uno de los mejores pívots del momento, un Robert Parrish que deslumbraba en Golden State, junto a Kevin McHale, número tres de su draft, en un gran movimiento en los despachos de Red Auerbach en 1980. El laureado entrenador y directivo de los Celtics pondría la guinda cuando en 1983 se hacía con los servicios de nada menos que Dennis Johnson, quien había llevado a los Seattle Supersonics a ganar el campeonato de 1979 en el que había sido MVP de las finales. ¿Necesitaba Bird irse a otro equipo cuando le habían conseguido a dos de los mejores jugadores de la liga en sus posiciones (Johnson y Parrish) y otra estrella universitaria como McHale? Si le concedería en todo caso más mérito a Michael Jordan, quien sólo tenía a Pippen como jugador que hubiera podido considerarse “jugador franquicia” en otro equipo, pero también es cierto que siempre estuvo rodeado de grandísimos jugadores, la mayoría de ellos creciendo a partir del draft. Y éste es, en definitiva, el gran cambio que experimenta Golden State con la llegada de Durant, desterrando la filosofía de equipo ganador creado a partir del draft, que si le hacía emparentarse con míticas franquicias de los 80 o primeros 90.  



A veces es peligroso cambiar un animal de ecosistema, ya que puede romper el equilibrio natural entre planta, animales y demás componentes. El tiempo dirá si la adaptación de la “Durantula” al ecosistema Warrior, en el que todos eran felices aceptando unos roles ya perfectamente definidos en dos temporadas de auténtico ensueño, traerá beneficios a Oakland o por el contrario alterará el que parecía el ecosistema más envidiable de todo el planeta NBA.   



Bird y sus soldados







LA "DURANTULA" EN UN NUEVO ECOSISTEMA





Si no puedes con tu enemigo, únete a él.





El verano de 2016 está siendo realmente movido en la NBA. Se veía venir, con el incremento del tope salarial y la obligatoriedad de las franquicias de gastar al menos el 90% de dicho tope en contratos con sus jugadores. Mucho pastel para repartir y un suculento mercado de agentes libres con un nombre propio brillando por encima del resto: Kevin Durant.


El rumor una vez más ha sido antesala de la noticia, y el alero de interminables brazos  nacido en Washington, cansado de ver una y otra vez como sus Oklahoma City Thunder no terminan de dar el salto de calidad definitivo (a pesar de que en las últimas seis temporadas han jugado cuatro finales de conferencia, siendo en ese sentido el equipo del Oeste más fiable junto a San Antonio), ha hecho las maletas rumbo a Oakland. 54.3 millones de dólares por dos temporadas tienen la culpa (que le convierten en el jugador mejor pagado de la NBA… al menos hasta que conozcamos el nuevo contrato de LeBron James), pero sobre todo la posibilidad inmediata de luchar por el anillo en el equipo que alcanzó 73 victorias en liga regular por primera vez en la historia. Unir sus fuerzas a Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green y Andre Igoudala convierte a los Warriors en los máximos favoritos para conseguir el próximo título. No hay un quinteto igual en toda la liga, con una calidad escandalosa además de una extraordinaria versatilidad. El presumible próximo quinteto titular de Steve Kerr (Curry, Thompson, Durant y Green son innegociables, y las salidas de Barnes, Bogut y Ezeli hacen pensar que Kerr definitivamente apostará por “Iggy” de inicio, renunciando al pívot puro, para pasmo de los ortodoxos… a menos que apueste por Pachulia como jugador de inicio) se anticipa indescifrable para los rivales, y la duda en todo caso se instala en la capacidad de Kerr y su equipo para adaptarse a tantos jugadores que hacen tantos tiros por partido.     


No sería la primera vez que un equipo diseñado para el éxito inmediato fracasa. Quizás el fiasco más extraordinario sea el de los Lakers de la temporada 2012-13. Después de que Mike Brown durase tan sólo cinco partidos (balance 1-4) y tras un breve remontar el vuelo con el interino Bernie Bickerstaff (otros cinco partidos con balance 4-1), Mike D’Antoni veía como ponían a su disposición un equipo de auténtico ensueño: Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y Dwight Howard, y desde el banquillo jugadores de la calidad de Antwan Jamison o Jodie Meeks. Parecían destinados a arrasar, y máxime con el entrenador que había desarrollado un baloncesto de hermosa locura ofensiva en Phoenix Suns con la batuta de precisamente Steve Nash. Sin embargo los problemas con las lesiones, y sobre todo la falta de química entre las figuras, les llevó a verse luchando por las últimas plazas de play offs. Finalmente lograrían clasificarse séptimos (balance 45-37) para ser barridos por San Antonio Spurs en primera ronda. No fue tan escandaloso el fracaso de Los Angeles Lakers de la temporada 2003-04, pero el resultado final fue igualmente decepcionante. Gary Payton, Kobe Bryant, Devean George, Karl Malone y Shaquille O’Neal se vislumbraba como uno de los quintetos más estelares de toda la historia de la glamourosa franquicia californiana, apoyado por un banquillo con nombres ilustres como Dereck Fisher, Horace Grant, Rick Fox,  y jóvenes prometedores como Kareem Rush o el ucraniano Mevdevenko. Todo esto bajo la dirección del maestro Phil Jackson en el banquillo. Llamados a ganar el anillo, dominaron la división Pacific con un balance 56-26, la cuarta mejor marca del año. Su mejor versión se vería en los play offs, primero pasando por encima de Houston, y posteriormente eliminando a San Antonio y Minnesotta, franquicias que habían hecho mejor temporada regular que los angelinos. Parecían claros favoritos ante los Pistons de Larry Brown, pese a no contar con el lesionado Karl Malone. Pero Detroit fue un rodillo y sólo una victoria en la prórroga en el segundo partido evitó un humillante “sweep” (barrido) Incluso los Heat de LeBron, Wade y Bosh no vivieron la gloria inmediata, perdiendo sus primeras finales contra pronóstico contra Dallas Mavericks, si bien se resarcirían, y de qué forma, ganando los dos siguientes campeonatos de manera consecutiva. El regreso de LeBron a Cleveland tampoco supuso el anillo el primer año, pese a estar secundado por Irving y Love (si bien es cierto que ausentes en las finales, con excepción de Irving en el primer partido), aunque la constancia les ha hecho llevar el primer título de la historia para su franquicia. Golden State se convierten en claros favoritos al anillo de 2017, pero afortunadamente será la cancha la que dicte justicia.      



¿El mejor quinteto de la historia?



Hay que tener en cuenta que una de las claves de estos maravillosos Warriors de Steve Kerr ha sido la química. No ha sido difícil, teniendo en cuenta que ningún jugador de este equipo llegó a la NBA con la etiqueta de “next big thing”, ni siquiera Curry, número 7 del draft. Incluso Draymond Green es un segunda ronda. No ha tenido por tanto que lidiar Kerr con los egos descomunales de jugadores que ya son estrellas desde la universidad (o incluso desde el instituto) Pero Durant es un caso distinto. Un jugador acostumbrado a ser el foco de atención mediático allí donde ha jugado, y que no fue número 1 del draft simplemente por la obsesión (cada vez menos plausible, en vista de los dudosos resultados) de las franquicias en encontrar ese pívot dominante, piedra filosofal baloncestística que en 2007 tenía el nombre de Greg Oden, jugador de cristal que tras constantes idas y venidas de las canchas finalmente se dedica a cultivar su fortuna personal en el baloncesto chino. Los fantasmas de 1984, cuando dejaron pasar la oportunidad de hacerse con Michael Jordan por preferir a Sam Bowie (otra vez la obsesión por los pívots), volvieron a aflorar en Portland. El jugador a elegir era Durant (MVP de la temporada en 2014 y cuatro veces máximo anotador de la liga), no Oden. 


En un juego tan completo como el baloncesto y en el que la importancia de tan distintas facetas hace que hayan llegado a ser estrellas jugadores tan radicalmente opuestos en su juego como pueden ser Allen Iverson y Dennis Rodman, por poner dos ejemplos, sigue siendo la anotación la estadística más propicia para alimentar el ego de los jugadores. Y es que el aficionado por lo general sigue fijándose más en el hombre que mete la pelota en el aro que en el defensor superlativo, el taponador estratosférico, el fajador de los tableros o en el director imaginativo. Kerr en ese sentido tiene que saber manejar la convivencia entre dos jugadores que han sido máximos anotadores de la liga, como son Curry y Durant. Dos tipos que suman entre ambos 39.4 tiros de campo por partido en la pasada temporada regular. A todo esto… ¿podrá seguir teniendo Klay Thompson sus 17 lanzamientos por partido? Hablamos ya de 56 tiros entre tres jugadores. El pasado curso los Warriors lanzaron 87.3 veces por partido. De modo que quedarían unos 30 tiros a repartir entre todo el resto del roster. Migajas. 


Eso, o aumentar todavía más el ritmo de juego y subir la apuesta por la locura ofensiva, para disfrute del espectador. Marcin Gortat, el pívot de los Washington Wizards, ha afirmado en redes sociales medio en broma que estos Warriors pueden ser capaces de llegar a los 200 puntos en un partido. Si Kerr es capaz de aumentar el número de posesiones por partido (un pase menos, dos segundos menos de posesión… y sobre todo, mayor defensa, mayor presión para recuperar más balones), podemos asistir definitivamente a la mayor maquinaria ofensiva que jamás haya visto el baloncesto moderno, pero para eso no deben perder sus señas de identidad, una de ellas es la vertiginosa circulación de balón (algo en lo que no debería tener problema en encajar Durant) Por tanto sobre el papel no pinta nada mal. Pero no todo puede ser tan positivo. El precio de tener el quinteto titular más demoledor que se pueda recordar en décadas en la NBA, hace pagar el precio de debilitar el que era uno de los banquillos más resolutivos de la liga. 


Y es que de una segunda unidad como la que manejaba Kerr la pasada temporada, compuesta por Livinsgton-Barbosa-Rush-Igoudala-Ezeli-Speights, reforzada en invierno con la llegada de Anderon Varejao, pasamos a un previsible banquillo integrado por Shaun Livingston como sexto hombre y veteranos como David West o Zaza Pachulia, a la espera de lo que puedan aportar jóvenes como Ian Clark, McAdoo, Looney y los rookies (entre los que habría que incluir a Looney, lesionado todo el pasado curso) Damian Jones y Patrik McCaw. Barnes, Speights, Ezeli, Rush y Barbosa salen del equipo, y no está claro el futuro de Varejao. Demasiados cambios en una plantilla que funcionaba, y para la que suenan más veteranos como David Lee o Ray Allen. Una rotación menos larga y fuerte y con muchos años en las piernas de sus jugadores, recordando demasiado a los Heat de la era LeBron o incluso a los recientes Cavs con casos como los de Shawn Marion (anecdótico la pasada temporada) o Mo Williams, cada vez aportando menos. Más calidad pero concentrada en menos jugadores, precisamente un reproche que se le ha hecho habitualmente a LeBron James. 


En ese sentido es flagrante la diferencia de criterio con el que las redes sociales han acogido la noticia del fichaje de Durant por Golden State respecto a cualquier decisión de LeBron para asaltar el título. Memes cachondeándose de LeBron, Irving y Love, al parecer muertos de miedo ante los nuevos Warriors, una animación del próximo NBA 2K17 que muestra a los jugadores de Oakland agigantados de tamaño contra unos pequeños Cavaliers, o chistes gráficos en los que Steve Kerr aguarda la llegada de veteranos en busca de un anillo, incluso jugadores ya retirados como Iverson, Barkley o Karl Malone. Todo muy simpático, nada que ver con el odio demostrado hacia LeBron cuando se reunió en Miami con sus amigos Wade y Bosh. Cosas del submundo “hater”.  




La vida sigue igual, palos a LeBron y respeto para sus rivales.



Tampoco compartimos las críticas hacia Durant (igual que no compartimos en su día las que hubo hacia LeBron) de algunos jugadores legendarios o de muchos aficionados, desvirtuando el valor del alero en comparación con los “Magic”, Bird o Jordan que dominaron la NBA hace unas décadas. Nos parece un argumento muy demagógico, porque para empezar hay que entender que la NBA ha cambiado mucho, y no es comparable una liga con 23 equipos, como la que se encontraron estos jugadores, que la actual con 30. A menos equipos, la concentración de calidad en los equipos dominadores era más evidente. Por otro lado es cierto que estos jugadores no necesitaron cambiar de equipos para ganar títulos, porque los movimientos en los despachos de sus franquicias consiguieron crear auténticas constelaciones de estrellas. Hay que recordar que los Lakers 80’s del showtime llegaron a juntar a tres números uno del draft (“Magic”, Worthy y Abdul-Jabbar), y un número cuatro como Byron Scott. Tres números uno del draft y un número cuatro en un quinteto titular no ha vuelto a verse en ningún equipo desde entonces. ¿Qué necesidad tenía “Magic” de cambiar de equipo? El caso de Bird no es tan descarado, pero hay que recordar que al “pájaro” le rodean de uno de los mejores pívots del momento, un Robert Parrish que deslumbraba en Golden State, junto a Kevin McHale, número tres de su draft, en un gran movimiento en los despachos de Red Auerbach en 1980. El laureado entrenador y directivo de los Celtics pondría la guinda cuando en 1983 se hacía con los servicios de nada menos que Dennis Johnson, quien había llevado a los Seattle Supersonics a ganar el campeonato de 1979 en el que había sido MVP de las finales. ¿Necesitaba Bird irse a otro equipo cuando le habían conseguido a dos de los mejores jugadores de la liga en sus posiciones (Johnson y Parrish) y otra estrella universitaria como McHale? Si le concedería en todo caso más mérito a Michael Jordan, quien sólo tenía a Pippen como jugador que hubiera podido considerarse “jugador franquicia” en otro equipo, pero también es cierto que siempre estuvo rodeado de grandísimos jugadores, la mayoría de ellos creciendo a partir del draft. Y éste es, en definitiva, el gran cambio que experimenta Golden State con la llegada de Durant, desterrando la filosofía de equipo ganador creado a partir del draft, que si le hacía emparentarse con míticas franquicias de los 80 o primeros 90.  



A veces es peligroso cambiar un animal de ecosistema, ya que puede romper el equilibrio natural entre planta, animales y demás componentes. El tiempo dirá si la adaptación de la “Durantula” al ecosistema Warrior, en el que todos eran felices aceptando unos roles ya perfectamente definidos en dos temporadas de auténtico ensueño, traerá beneficios a Oakland o por el contrario alterará el que parecía el ecosistema más envidiable de todo el planeta NBA.   



Bird y sus soldados







LA "DURANTULA" EN UN NUEVO ECOSISTEMA





Si no puedes con tu enemigo, únete a él.





El verano de 2016 está siendo realmente movido en la NBA. Se veía venir, con el incremento del tope salarial y la obligatoriedad de las franquicias de gastar al menos el 90% de dicho tope en contratos con sus jugadores. Mucho pastel para repartir y un suculento mercado de agentes libres con un nombre propio brillando por encima del resto: Kevin Durant.


El rumor una vez más ha sido antesala de la noticia, y el alero de interminables brazos  nacido en Washington, cansado de ver una y otra vez como sus Oklahoma City Thunder no terminan de dar el salto de calidad definitivo (a pesar de que en las últimas seis temporadas han jugado cuatro finales de conferencia, siendo en ese sentido el equipo del Oeste más fiable junto a San Antonio), ha hecho las maletas rumbo a Oakland. 54.3 millones de dólares por dos temporadas tienen la culpa (que le convierten en el jugador mejor pagado de la NBA… al menos hasta que conozcamos el nuevo contrato de LeBron James), pero sobre todo la posibilidad inmediata de luchar por el anillo en el equipo que alcanzó 73 victorias en liga regular por primera vez en la historia. Unir sus fuerzas a Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green y Andre Igoudala convierte a los Warriors en los máximos favoritos para conseguir el próximo título. No hay un quinteto igual en toda la liga, con una calidad escandalosa además de una extraordinaria versatilidad. El presumible próximo quinteto titular de Steve Kerr (Curry, Thompson, Durant y Green son innegociables, y las salidas de Barnes, Bogut y Ezeli hacen pensar que Kerr definitivamente apostará por “Iggy” de inicio, renunciando al pívot puro, para pasmo de los ortodoxos… a menos que apueste por Pachulia como jugador de inicio) se anticipa indescifrable para los rivales, y la duda en todo caso se instala en la capacidad de Kerr y su equipo para adaptarse a tantos jugadores que hacen tantos tiros por partido.     


No sería la primera vez que un equipo diseñado para el éxito inmediato fracasa. Quizás el fiasco más extraordinario sea el de los Lakers de la temporada 2012-13. Después de que Mike Brown durase tan sólo cinco partidos (balance 1-4) y tras un breve remontar el vuelo con el interino Bernie Bickerstaff (otros cinco partidos con balance 4-1), Mike D’Antoni veía como ponían a su disposición un equipo de auténtico ensueño: Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y Dwight Howard, y desde el banquillo jugadores de la calidad de Antwan Jamison o Jodie Meeks. Parecían destinados a arrasar, y máxime con el entrenador que había desarrollado un baloncesto de hermosa locura ofensiva en Phoenix Suns con la batuta de precisamente Steve Nash. Sin embargo los problemas con las lesiones, y sobre todo la falta de química entre las figuras, les llevó a verse luchando por las últimas plazas de play offs. Finalmente lograrían clasificarse séptimos (balance 45-37) para ser barridos por San Antonio Spurs en primera ronda. No fue tan escandaloso el fracaso de Los Angeles Lakers de la temporada 2003-04, pero el resultado final fue igualmente decepcionante. Gary Payton, Kobe Bryant, Devean George, Karl Malone y Shaquille O’Neal se vislumbraba como uno de los quintetos más estelares de toda la historia de la glamourosa franquicia californiana, apoyado por un banquillo con nombres ilustres como Dereck Fisher, Horace Grant, Rick Fox,  y jóvenes prometedores como Kareem Rush o el ucraniano Mevdevenko. Todo esto bajo la dirección del maestro Phil Jackson en el banquillo. Llamados a ganar el anillo, dominaron la división Pacific con un balance 56-26, la cuarta mejor marca del año. Su mejor versión se vería en los play offs, primero pasando por encima de Houston, y posteriormente eliminando a San Antonio y Minnesotta, franquicias que habían hecho mejor temporada regular que los angelinos. Parecían claros favoritos ante los Pistons de Larry Brown, pese a no contar con el lesionado Karl Malone. Pero Detroit fue un rodillo y sólo una victoria en la prórroga en el segundo partido evitó un humillante “sweep” (barrido) Incluso los Heat de LeBron, Wade y Bosh no vivieron la gloria inmediata, perdiendo sus primeras finales contra pronóstico contra Dallas Mavericks, si bien se resarcirían, y de qué forma, ganando los dos siguientes campeonatos de manera consecutiva. El regreso de LeBron a Cleveland tampoco supuso el anillo el primer año, pese a estar secundado por Irving y Love (si bien es cierto que ausentes en las finales, con excepción de Irving en el primer partido), aunque la constancia les ha hecho llevar el primer título de la historia para su franquicia. Golden State se convierten en claros favoritos al anillo de 2017, pero afortunadamente será la cancha la que dicte justicia.      



¿El mejor quinteto de la historia?



Hay que tener en cuenta que una de las claves de estos maravillosos Warriors de Steve Kerr ha sido la química. No ha sido difícil, teniendo en cuenta que ningún jugador de este equipo llegó a la NBA con la etiqueta de “next big thing”, ni siquiera Curry, número 7 del draft. Incluso Draymond Green es un segunda ronda. No ha tenido por tanto que lidiar Kerr con los egos descomunales de jugadores que ya son estrellas desde la universidad (o incluso desde el instituto) Pero Durant es un caso distinto. Un jugador acostumbrado a ser el foco de atención mediático allí donde ha jugado, y que no fue número 1 del draft simplemente por la obsesión (cada vez menos plausible, en vista de los dudosos resultados) de las franquicias en encontrar ese pívot dominante, piedra filosofal baloncestística que en 2007 tenía el nombre de Greg Oden, jugador de cristal que tras constantes idas y venidas de las canchas finalmente se dedica a cultivar su fortuna personal en el baloncesto chino. Los fantasmas de 1984, cuando dejaron pasar la oportunidad de hacerse con Michael Jordan por preferir a Sam Bowie (otra vez la obsesión por los pívots), volvieron a aflorar en Portland. El jugador a elegir era Durant (MVP de la temporada en 2014 y cuatro veces máximo anotador de la liga), no Oden. 


En un juego tan completo como el baloncesto y en el que la importancia de tan distintas facetas hace que hayan llegado a ser estrellas jugadores tan radicalmente opuestos en su juego como pueden ser Allen Iverson y Dennis Rodman, por poner dos ejemplos, sigue siendo la anotación la estadística más propicia para alimentar el ego de los jugadores. Y es que el aficionado por lo general sigue fijándose más en el hombre que mete la pelota en el aro que en el defensor superlativo, el taponador estratosférico, el fajador de los tableros o en el director imaginativo. Kerr en ese sentido tiene que saber manejar la convivencia entre dos jugadores que han sido máximos anotadores de la liga, como son Curry y Durant. Dos tipos que suman entre ambos 39.4 tiros de campo por partido en la pasada temporada regular. A todo esto… ¿podrá seguir teniendo Klay Thompson sus 17 lanzamientos por partido? Hablamos ya de 56 tiros entre tres jugadores. El pasado curso los Warriors lanzaron 87.3 veces por partido. De modo que quedarían unos 30 tiros a repartir entre todo el resto del roster. Migajas. 


Eso, o aumentar todavía más el ritmo de juego y subir la apuesta por la locura ofensiva, para disfrute del espectador. Marcin Gortat, el pívot de los Washington Wizards, ha afirmado en redes sociales medio en broma que estos Warriors pueden ser capaces de llegar a los 200 puntos en un partido. Si Kerr es capaz de aumentar el número de posesiones por partido (un pase menos, dos segundos menos de posesión… y sobre todo, mayor defensa, mayor presión para recuperar más balones), podemos asistir definitivamente a la mayor maquinaria ofensiva que jamás haya visto el baloncesto moderno, pero para eso no deben perder sus señas de identidad, una de ellas es la vertiginosa circulación de balón (algo en lo que no debería tener problema en encajar Durant) Por tanto sobre el papel no pinta nada mal. Pero no todo puede ser tan positivo. El precio de tener el quinteto titular más demoledor que se pueda recordar en décadas en la NBA, hace pagar el precio de debilitar el que era uno de los banquillos más resolutivos de la liga. 


Y es que de una segunda unidad como la que manejaba Kerr la pasada temporada, compuesta por Livinsgton-Barbosa-Rush-Igoudala-Ezeli-Speights, reforzada en invierno con la llegada de Anderon Varejao, pasamos a un previsible banquillo integrado por Shaun Livingston como sexto hombre y veteranos como David West o Zaza Pachulia, a la espera de lo que puedan aportar jóvenes como Ian Clark, McAdoo, Looney y los rookies (entre los que habría que incluir a Looney, lesionado todo el pasado curso) Damian Jones y Patrik McCaw. Barnes, Speights, Ezeli, Rush y Barbosa salen del equipo, y no está claro el futuro de Varejao. Demasiados cambios en una plantilla que funcionaba, y para la que suenan más veteranos como David Lee o Ray Allen. Una rotación menos larga y fuerte y con muchos años en las piernas de sus jugadores, recordando demasiado a los Heat de la era LeBron o incluso a los recientes Cavs con casos como los de Shawn Marion (anecdótico la pasada temporada) o Mo Williams, cada vez aportando menos. Más calidad pero concentrada en menos jugadores, precisamente un reproche que se le ha hecho habitualmente a LeBron James. 


En ese sentido es flagrante la diferencia de criterio con el que las redes sociales han acogido la noticia del fichaje de Durant por Golden State respecto a cualquier decisión de LeBron para asaltar el título. Memes cachondeándose de LeBron, Irving y Love, al parecer muertos de miedo ante los nuevos Warriors, una animación del próximo NBA 2K17 que muestra a los jugadores de Oakland agigantados de tamaño contra unos pequeños Cavaliers, o chistes gráficos en los que Steve Kerr aguarda la llegada de veteranos en busca de un anillo, incluso jugadores ya retirados como Iverson, Barkley o Karl Malone. Todo muy simpático, nada que ver con el odio demostrado hacia LeBron cuando se reunió en Miami con sus amigos Wade y Bosh. Cosas del submundo “hater”.  




La vida sigue igual, palos a LeBron y respeto para sus rivales.



Tampoco compartimos las críticas hacia Durant (igual que no compartimos en su día las que hubo hacia LeBron) de algunos jugadores legendarios o de muchos aficionados, desvirtuando el valor del alero en comparación con los “Magic”, Bird o Jordan que dominaron la NBA hace unas décadas. Nos parece un argumento muy demagógico, porque para empezar hay que entender que la NBA ha cambiado mucho, y no es comparable una liga con 23 equipos, como la que se encontraron estos jugadores, que la actual con 30. A menos equipos, la concentración de calidad en los equipos dominadores era más evidente. Por otro lado es cierto que estos jugadores no necesitaron cambiar de equipos para ganar títulos, porque los movimientos en los despachos de sus franquicias consiguieron crear auténticas constelaciones de estrellas. Hay que recordar que los Lakers 80’s del showtime llegaron a juntar a tres números uno del draft (“Magic”, Worthy y Abdul-Jabbar), y un número cuatro como Byron Scott. Tres números uno del draft y un número cuatro en un quinteto titular no ha vuelto a verse en ningún equipo desde entonces. ¿Qué necesidad tenía “Magic” de cambiar de equipo? El caso de Bird no es tan descarado, pero hay que recordar que al “pájaro” le rodean de uno de los mejores pívots del momento, un Robert Parrish que deslumbraba en Golden State, junto a Kevin McHale, número tres de su draft, en un gran movimiento en los despachos de Red Auerbach en 1980. El laureado entrenador y directivo de los Celtics pondría la guinda cuando en 1983 se hacía con los servicios de nada menos que Dennis Johnson, quien había llevado a los Seattle Supersonics a ganar el campeonato de 1979 en el que había sido MVP de las finales. ¿Necesitaba Bird irse a otro equipo cuando le habían conseguido a dos de los mejores jugadores de la liga en sus posiciones (Johnson y Parrish) y otra estrella universitaria como McHale? Si le concedería en todo caso más mérito a Michael Jordan, quien sólo tenía a Pippen como jugador que hubiera podido considerarse “jugador franquicia” en otro equipo, pero también es cierto que siempre estuvo rodeado de grandísimos jugadores, la mayoría de ellos creciendo a partir del draft. Y éste es, en definitiva, el gran cambio que experimenta Golden State con la llegada de Durant, desterrando la filosofía de equipo ganador creado a partir del draft, que si le hacía emparentarse con míticas franquicias de los 80 o primeros 90.  



A veces es peligroso cambiar un animal de ecosistema, ya que puede romper el equilibrio natural entre planta, animales y demás componentes. El tiempo dirá si la adaptación de la “Durantula” al ecosistema Warrior, en el que todos eran felices aceptando unos roles ya perfectamente definidos en dos temporadas de auténtico ensueño, traerá beneficios a Oakland o por el contrario alterará el que parecía el ecosistema más envidiable de todo el planeta NBA.   



Bird y sus soldados







martes, 5 de julio de 2016

"FEAR THE BEARD" EN PHILADELPHIA






La NBA vivió un 4 de Julio (fiesta nacional en Estados Unidos por el Día de la Independencia) de auténtica locura con una serie de movimientos claves para entender lo que será el próximo campeonato, y que pone de relieve que esto no puede ser más que el principio con las cantidades astronómicas que se ven obligadas a manejar las franquicias (y cuando decimos que se ven obligadas es porque literalmente tienen que hacerlo, debiendo gastar un 90% del máximo del límite salarial en sueldos, es decir, unos 85 millones de dólares, o de lo contrarían esas mismas franquicias serán sancionadas por la NBA) Durant hacía estremecer los cimientos de la liga comunicando su marcha a los subcampeones Golden State Warriors, el equipo del 73-9 la pasada temporada, después conocíamos que nuestro mejor jugador de la historia y uno de los agentes libres más codiciados de este verano, Pau Gasol, ponía rumbo a San Antonio, para seguir aspirando al anillo en un equipo en el que presumiblemente ya no estará el mejor “cuatro” de todos los tiempos, Tim Duncan, y donde compartirá protagonismo en la pintura con LaMarcus Aldridge. Todo esto unido a la locura en contratos vista en días recientes, con Mike Conley llevándose la palma. El base de los Grizzlies, director de juego sobrio y posiblemente infravalorado en la mejor época de bases que pueda recordar de la NBA, renovaba por la franquicia de Tennessee por nada menos que 153 millones de dólares por cinco temporadas. Una cifra record sobre todo si tenemos en cuenta que el bueno de Conley ni siquiera ha sido All Star (aunque insistimos en que en la época actual, y ciñéndose al hecho de que sólo en el Oeste ya tiene en su puesto competencias como las de Stephen Curry, Russell Westbrook, Chris Paul o Damian Lillard, parece un dato secundario) 


Pero a última hora del día conocíamos otra noticia realmente impactante para los aficionados y que ha hecho correr ríos de tinta, no tanto en la NBA como en nuestro país. Sergio Rodríguez, pieza angular del Real Madrid de Pablo Laso ganador de 12 títulos en 5 años, vuelve a la NBA.
 

Se venía especulando desde mediada la temporada pasada con la posibilidad de que El Chacho, después de ganarlo todo con el Real Madrid, intentase de nuevo la aventura estadounidense, buscando sacarse la espina después de cuatro temporadas (las tres primeras en Portland, la última entre Sacramento y New York) en las que apenas jugó 13.2 minutos en 285 partidos, dejando unas medias de 4.3 puntos y 2.9 asistencias. Pudimos comprobar esporádicas explosiones de su talento, como los 23 puntos y 10 asistencias ante Denver en su año rookie, 24 puntos y 5 asistencias ya con la camiseta de Sacramento ante Nueva Orleans (compartiendo por aquel entonces vestuario con el “Chapu” Nocioni), o su partido posiblemente más recordado, pese a que no fueron sus mejores estadísticas (anotó 12 puntos y no repartió ninguna asistencia), pero fue capaz de liderar un parcial de 11-0 en el Madison frente a Washington, con dos triples y una espectacular canasta a aro pasado para remontar el partido y acabar recibiendo la ovación de uno de los pabellones más míticos de toda la NBA. Era Abril de 2010 y los contactos con el Real Madrid para volver a Europa ya estaban muy avanzados gracias a las gestiones del nunca bien ponderado Alberto Herreros.  




El Chacho en Sacramento, donde esperaba Nocioni.



Por eso cuando hace unos días en el “Media Day” de la selección española Sergio aseguraba su deseo de cumplir sus dos años de contrato con el Real Madrid la afición blanca respiró aliviada. Los rumores de su marcha a Brooklyn Nets parecían quedar definitivamente sepultados. Pero nadie contaba con la oferta de unos Philadelphia 76ers necesitados de reforzar el puesto de base con un jugador experimentado capaz de alimentar con balones a sus prometedores y jóvenes pívots, Noel, Okafor y el esperado y “maldito” Joel Embiid (aún no ha podido jugar un solo partido en la NBA a causa de sus lesiones en el pie derecho, que ya le han hecho pasar dos veces por el quirófano), además del alero Ben Simmons, número uno del último draft. El Chacho se va a un equipo sin presión de obtener resultados inmediatos, en el que todo lo que sea pasar de las 20 victorias será visto como un auténtico éxito (en las últimas tres temporadas han ganado 19, 18 y 10 partidos respectivamente, con descaradas pretensiones de “tankeo”, es decir, dejándose llevar en la mayoría de partidos buscando una posición muy baja en la clasificación para obtener mayores beneficios en la lotería del draft), en el que posiblemente sea el base titular y juegue una cantidad importante de minutos y se codee en los primeros puestos entre los repartidores de asistencias (donde esperamos que se siga viendo a otro ilustre internacional español, Ricky Rubio) Lo hace con un gran  contrato de ocho millones de dólares por una temporada, tras la cual y como agente libre podrá valorar su futuro todavía con 31 años y varias temporadas de buen baloncesto por delante. Aunque la noticia sea dolorosa para el madridismo no queda más que reconocerle agradecimiento por todo lo hecho con la camiseta blanca y desearle suerte en su segunda etapa NBA. 


Poco, prácticamente nada, tiene que ver este Chacho con aquel tímido veinteañero que desembarcó en Portland en 2006 recién proclamado campeón del mundo con nuestra selección española. Era el jugador más joven de aquel roster, y había sido elegido por Phoenix en la posición 27 del draft de aquel mismo año junto a bases que acabarían destacando como Rajon Rondo o Kyle Lowry. Su último curso en el Estudiantes había sido magnífico, promediando 10 puntos y 5 asistencias por partido con 19 años, y era uno de los grandes “prospects” en su posición del baloncesto europeo. Ahora es sencillamente uno de los bases que ha dominado el baloncesto continental en los últimos cinco años, gracias a su “resurrección” en la que ha tenido mucho que ver un Pablo Laso que ve torpedeada su línea de flotación y se ve obligado a reinventarse una vez más. Y es que la sociedad de los “sergios” ha sido por encima de todos los demás aspectos la que ha dotado de una personalidad más reconocible a este Real Madrid que ha maravillado a Europa no sólo a base de títulos si no sobre todo a base de juego. Llull se queda sólo como representante del juego desbocado y vertical y el conjunto blanco obligado a buscar en el mercado una opción que les haga mantener la competitividad y, a ser posible (esto más difícil) sea capaz de adaptarse al juego que propone Laso. En ese sentido hay que recordar que el primer año del Chacho en el Madrid, aún con Messina, promedia un discreto 6.38 de valoración en liga regular, para subir a 10 en la primera temporada a las órdenes de Laso.


Lo cierto es que Sergio Rodríguez debe ser considerado por méritos propios una de las grandes leyendas del baloncesto blanco de todos los tiempos. Seis años de servicios plasmados en 3 ligas, 4 copas, 3 supercopas, 1 euroliga y 1 intercontinental. Mejor pasador ACB la pasada temporada y en la 2013-14. Miembro del Quinteto Ideal ACB en las tres últimas temporadas. Jugador Más Espectacular de la temporada 2013-14. Miembro del Quinteto Ideal de la Euroliga 2013-14 y MVP de la competición aquella temporada. MVP de la Supercopa en 2013. Sólo Felipe Reyes y Sergio Llull pueden presumir de tener un mejor palmarés con la camiseta blanca en los últimos 30 años de la sección de baloncesto del Real Madrid.   


En efecto, mucho ha cambiado desde aquel lejano 2006 (hace justo diez años, buscando una cifra simbólica a la hora de elegir su retorno a la mejor liga del mundo) en el que El Chacho jugó su primer partido en la NBA. Entre otras cosas su cambio de look. De aquel jovencito pelado y barbilampiño a su llamativa y poblada barba que ha paseado su magia por todas las canchas de Europa durante esta década, y que ahora va a regalar su fantasía a la ciudad del amor fraternal, una Philadelphia que quiere competir con el Houston de James Harden a la hora de decir a los equipos rivales: “fear the beard”. 





MVP de la Euroliga, acrecentando su leyenda.