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miércoles, 31 de agosto de 2016

RENOVACIÓN A LA FUERZA




Claver voló sobre Doellman en Euroliga,




Vientos de cambio en Can Barça después de dos temporadas infaustas resueltas con el exiguo bagaje de una supercopa de España como único botín, pese a haber iniciado ya una remodelación con un proyecto que pintaba rutilante alrededor de jugadores como Satoransky, Ribas, Abrines o Doellman, sumados a los Navarro o Tomic para emprender un proyecto ganador que no ha sido tal. La derrota en las finales ligueras, pese a tener factor cancha a favor y comenzar la serie con 1-0 sentenció a un Xavi Pascual que vio una vez más como la apuesta de Laso y su baloncesto de velocidad de crucero le pasaba por encima. Sonó con fuerza Jasikevicius, quizás buscando repetir en el bando azulgrana el acierto (inesperado para la mayoría) madridista con un ex –jugador, igualmente base, que defendiera el escudo del club como hiciera en su día Pablo Laso. Finalmente es Georgios Bartzokas, uno de los entrenadores de moda en Europa, el designado como nuevo inquilino del banquillo azulgrana. Llega a Barcelona con el prestigio de la Euroliga conquistada en 2013 con Olympiacos y tras haber llevado a Lokomotiv Kuban a la pasada Final Four de Berlín oficiando de verdugo de precisamente su nuevo equipo en cuartos de final. 


En aquella eliminatoria fue clave Víctor Claver, brillando en su defensa sobre Doellman durante toda la serie y aportando en ataque en el cuarto partido (17 puntos a los que sumó 10 rebotes) El valenciano se ha revalorizado en Europa tras su gran temporada en Krasnodar a las órdenes del propio Bartzokas, y es una de las caras nuevas que presenta el cuadro azulgrana después de un verano en el que la rumorología le vinculó también al Real Madrid. Las otras incorporaciones las encontramos en el juego exterior, con el tirador Petteri Koponen y la rutilante estrella Tyrese Rice, sin duda el gran fichaje blaugrana para el nuevo curso. Sólo tres caras nuevas hasta el momento, por cinco salidas (Satoransky, Abrines, Samuels, Arroyo y Diagne) Y sin embargo la sensación de que frente al proyecto continuista de su eterno enemigo, el Real Madrid, el Barcelona afronta una temporada de profunda renovación. Esto viene dado sobre todo por el cambio de técnico, lo cual implica un viraje de estilo y filosofía, y sobre todo porque las marchas de Satoransky y Abrines a la NBA dejan a los blaugrana sin las dos piezas angulares que por edad y calidad debían liderar al Barcelona de los próximos años. 


Revolución total en el puesto de base, con un triple MVP continental (Final Four de Euroliga 2014, Eurocup 2015, Finales Eurocup 2015) como Tyrese Rice al mando. Rice es la gran apuesta azulgrana para este curso, y uno de los fichajes de mayor relumbrón en nuestra liga en los últimos tiempos. Un “killer” total capaz de fabricarse sus propios tiros y anotar desde prácticamente cualquier posición. Veremos cómo encaja un jugador tan acaparador en un equipo donde otras figuras reclamarán también su número de tiros y balones, especialmente Tomic, prácticamente la primera referencia ofensiva con Pascual y quien baja un puesto en el escalafón con la llegada de Rice. Todo pasará por el jugador de Richmond. No tiene en principio relevo natural, después de que no fructificara el intento de hacerse con Guillem Vives. Petteri Koponen es un base-escolta tirador que ofrece dudas en la dirección, con lo que es posible que volvamos a ver a Pau Ribas ejercer de base como en sus tiempos del Joventut. ¿Y Navarro echando una mano? No lo descartemos.   



Rice, coleccionista de MVPs y devorador de títulos.



Sin cambios en las alas, la baja de Abrines deja al equipo muy debilitado en esa posición. Stratos Perperoglou dejó muy buenas sensaciones la pasada temporada, mostrándose resolutivo en los momentos calientes de los partidos. Pero siempre en el papel de héroe inesperado. ¿Funcionará igual de bien con más galones y minutos, y por tanto, menos descanso? ¿Tendrá tan buena selección de tiro si se convierte en el alero protagonista de su equipo? Un poco de lo mismo sucede con Oleson. Jugador fiable dentro de la rotación, con una excelente (y a veces no reconocida) actitud defensiva y un notable tiro exterior, pero que no parece capacitado para ser una de las primeras referencias del equipo. Ribas en su condición de todoterreno aportará en todo, y Navarro seguirá lidiando con su fascitis plantar teniendo que dosificarse cada vez más. El aficionado buscará consuelo de la marcha de Abrines en una posible progresión del joven sueco Marcus Erikkson. Sigue interesando Hanga.     


Sin novedad en la zona (suena Kevin Seraphin, pero de momento no hay nada), con Doellman y Tomic como pareja estelar. El pívot croata ha sido la piedra angular del Barcelona de Pascual desde su llegada del Real Madrid, pero su calidad individual y sus buenas estadísticas personales no se han traducido en títulos para el club (una liga, una copa y una supercopa en tres años no parece gran bagaje) Veremos sin con Bartzokas, acostumbrado a jugar con pívots más móviles y abiertos tanto en Olympiacos como en Lokomotiv, hay un cambio de filosofía. En ese sentido Doellman parece llamado a tener mucho protagonismo y ser el Anthony Randolph de este Barcelona… siempre y cuando Rice le de balones. Dorsey y Lawal seguirán poniendo el músculo, y Alexander Vezenkov tendrá oportunidades para seguir progresando dada lo larga que se prevé la temporada entre competiciones domésticas y Euroliga. 



En resumida cuentas un nuevo Barcelona, renovado a la fuerza, pero con muy pocas caras nuevas. Claro que la de Bartzokas en el banquillo, y la de Rice en la dirección del juego, son por si solas suficientes como para hablar de un equipo azulgrana radicalmente distinto en su concepción del juego respecto a pasadas temporadas. 




Bartzokas y Claver, reencuentro en Barcelona.





martes, 30 de agosto de 2016

MÁS MÚSCULO, MENOS MAGIA




Laso pierde su prolongación en la pista.




La sexta temporada de Pablo Laso al frente del Real Madrid supone, en la medida de lo posible, una apuesta por la continuidad. Parece lo más consecuente tratándose de un equipo que en la etapa con el vitoriano al frente ha ganado una euroliga, tres ligas, cuatro copas, tres supercopas y una intercontinental, además de haber disputado prácticamente todas las finales posibles. Dominador absoluto del baloncesto nacional y consolidado entre los grandes de Europa. Con la tranquilidad del trabajo bien hecho durante estos cinco años y sin cargarse de presión alguna por muy Real Madrid que sea, se ha podido incluso apostar por darles otra oportunidad a jugadores como Jeff Taylor o Trey Thompkins, quienes no tuvieron el impacto previsto en su primer año de blanco. Los nuevos fichajes llegan para cubrir las salidas, alguna no deseada, como la de Sergio Rodríguez, rumbo a la NBA con una suculenta oferta de Philadelphia 76ers bajo el brazo. Su puesto lo ocupará un viejo conocido como Dontaye Draper. En las alas la continuidad es casi absoluta, excepto por la salida de K.C.Rivers y la llegada de Alex Suárez. Las otras dos caras nuevas las encontramos en el juego interior. Con Willy Hernángomez saltando el charco al igual que el Chacho para enrolarse en los Knicks de New York y Lima cedido al Zalgiris Kaunas (además de la baja del “parche”, con todos los respetos, que fue el fichaje de Ndour, quien compartirá vestuario con Willy en New York), y después de lo ardua que resultó la renovación de Gustavo Ayón, la secretaria técnica del club blanco buscó reforzarse por dentro con dos fichajes de relumbrón: Anthony Randolph y Othello Hunter.   


Cinco bajas y cuatro altas en una plantilla que aún sin oficializarse el fichaje de Hunter (30 años) era la más veterana de la próxima Liga Endesa según una estadística publicada por el diario Marca el pasado fin de semana. Aunque siempre gusta ver sangre joven en el equipo, no debería inquietar este dato al aficionado madridista, sabedor del magnífico trabajo de cantera que se está haciendo en la entidad blanca y el ramillete de figuras que vienen detrás, las cuales deberían ir entrando poco a poco en el sistema de Laso aun siendo conscientes de que la exigencia de un club ganador en ocasiones acaba fagocitando el talento debido a la falta de paciencia y esa exigencia en resultados inmediatos. No obstante, obviando temas generacionales, un primer vistazo al nuevo roster blanco arroja la sensación de que nos encontramos una plantilla con menos capacidad para el ritmo alto (seña de identidad de Laso), la velocidad, las transiciones ofensivas, y más física y granítica que en temporadas pasadas. Pablo Laso ha hecho un trabajo extraordinario sabiendo sacar las mejores virtudes de unos jugadores dotados para un baloncesto alegre y vertical que buscaba el aro rival antes de que el equipo contrario formase su defensa. Es en ese aspecto donde el nuevo Real Madrid puede ofrecer más dudas, al perder al Chacho Rodríguez, prolongación de Laso en la pista junto a un Llull que se queda solo como base revolucionario. En su anterior etapa al servicio de Laso Draper fue el tercer base del equipo, especializado como “stopper” ante bases rivales y jugando escasos minutos, normalmente en el inicio de los terceros cuartos. Verá incrementada su presencia en pista notablemente, la pregunta es, ¿será capaz de adaptarse a la velocidad de crucero del gusto de Laso, o será el entrenador quien pida al equipo bajar revoluciones cuando el nativo de Baltimore esté en pista? La perla eslovena Luka Doncic también debería ver aumentado su número de minutos con la salida del Chacho. Es uno de los favoritos de la grada (ya decimos que al público siempre le gusta ver sangre joven), y aunque su físico pueda seguir albergando dudas sobre si su puesto ideal es el de base, Laso ya demostró con Llull su capacidad para derribar prejuicios sobre una posición que el entrenador vitoriano dominó a la perfección en su época de jugador. Lo cierto es que se va a echar de menos a Sergio Rodríguez y su varita mágica, pero debemos seguir pensando en un Real Madrid tremendamente descarado en ataque a partir del arrojo de sus bases. 


En los aleros como decimos apenas hay cambios. Rivers no llegó a enamorar como en su anterior paso por el equipo blanco y no parece que se le vaya a echar mucho de menos. Suárez llega para cumplir cupos nacionales, tratará de aprovechar cualquier ocasión que se le presente, y seguirá buscando progresar y definir su juego entre las posiciones de 3 y de 4. El peso en las alas realmente lo seguirán llevando Rudy Fernández, aportando en todas las facetas y rezando para que su espalda deje de martirizarle, Jaycee Carroll, envejeciendo como el buen vino (el año pasado dejó un brutal 53% en triples en liga regular, el mejor porcentaje de su carrera), y Jonas Maciulis, “la tanqueta de Kaunas”, que diría Lalo Alzueta, haciendo honor a su apodo. Pegamento para el equipo. Y Llull, claro, que seguirá teniendo sus minutos como escolta. Taylor no convenció en líneas generales al aficionado la pasada temporada, pero Laso confía en él y sabe de sus prestaciones defensivas, tan necesarias en un equipo que busca correr y no puede hacerlo si no muerde atrás (parece mentira pero todavía hay que explicar a algunos que acusan a equipos con esta filosofía de no defender, de que el contraataque nace precisamente de la defensa)    


Jaycee Carroll, el tiro nunca se deja de mejorar.



En los hombres altos es donde más ilusionante se presenta el Real Madrid de Laso 6.0. Una batería de hombres temible, necesariamente bien dosificados (Felipe Reyes está en 36 años, Nocioni en Noviembre cumplirá 37) Cantidad y calidad. Ayón seguirá siendo la pieza angular. No hay un pívot en Europa que se pueda adaptar mejor a lo que pide Laso. Capacidad para aprovechar los espacios e incluso correr la pista, manos rápidas y buena defensa de anticipación. La pasada temporada le vimos ampliar su repertorio defensivo robando constantemente balones exteriores. Tendrá que rotar en ACB con Thompkins y Randolph, al ser los tres extracomunitarios (no así en Euroliga donde podrán ir convocados todos ellos), pero no cabe duda de que dentro de esta terna es el favorito para Laso. Se lo ha ganado. Cómo se ha ganado Felipe Reyes seguir siendo uno de los pesos pesados del equipo, no sólo por su ascendencia como capitán dentro del vestuario, si no por su rendimiento fuera de dudas en la pista. Si estamos viviendo la cuesta abajo de su carrera, la lentitud con la que se está produciendo hace que tengamos Felipe para rato. El Chapu Nocioni compensa su falta de piernas con su enorme corazón competitivo, y siempre aparece cuando se le espera. Quizás dormite durante el invierno pero con los títulos en juego impondrá la baza de la veteranía. Othello Hunter llega como un nuevo Marcus Slaughter, pero con mejor mano. Al igual que el actual jugador del Darussafaka, su anterior experiencia ACB fue en Valladolid, y como el bueno de Marcus, su solo nombre impone. Si Slaughter significa “masacre” o “matanza”, en Hunter tenemos a todo un “cazador”, y con nombre shakesperiano. Es un clásico de la Euroliga, tras disputarla con el Siena y el Olympiacos. Su pasaporte liberiano (cotonou) es otro gran punto a su favor. Anthony Randolph era posiblemente el jugador más deseado de este verano tras su exitosa campaña en el Lokomotiv Kuban, recordando a aquel proyecto de estrella que vimos en la NBA a principios de la década (llegó a compartir vestuario con Ricky Rubio en Minnesotta) El Madrid no lo dejó escapar previendo una posible salida de Ayón. En principio rotará con Thompkins, siendo dos jugadores con ciertas similitudes, exquisita técnica individual y buena mano, pero no especialmente agresivos en su juego y con cierta alergia a la zona. No obstante no descartemos que Laso, el técnico de la heterodoxia, sea capaz de hacer jugar juntos a estos dos talentos. Sería auténtico encaje de bolillos. Tanto Trey como Randolph garantizan peligro de cara al aro rival, pero será necesario compensarlo con las dotes de testiculina necesarias cuando tengan enfrente al Epke Udoh de turno. Ahí es donde entrarán de nuevo en juego los corajudos Felipe o Nocioni, y por supuesto un Gustavo Ayón por quien seguirá pasando todo el juego interior del equipo de Laso. 



En definitiva, optimismo para el campeón, que ha compensado sus bajas de la mejor manera posible. Hay más física pero se mantiene la química. No hay obsesión por sustituir al Chacho por una sencilla razón: la magia es insustituible. Era imposible encontrar heredero del talento tinerfeño emigrado a Philadelphia. Nos hallamos por tanto ante un Madrid menos elástico pero más musculoso, más fuerte, pero sobre todo continuista con la arquitectura baloncestística de un Pablo Laso que tras cinco años llenando las vitrinas del club de trofeos se presenta como el mayor aval para una nueva temporada de baloncesto en el Palacio de Los Deportes de la Comunidad de Madrid.     




Randolph en los Warriors, iba para estrella NBA.







lunes, 29 de agosto de 2016

UNA MEDALLA PARA LALO




La voz del baloncesto español





Lo confieso. La primera vez que escuché una narración de Lalo Alzueta no me gustó. Me chirriaron algunos de esos latiguillos que finalmente se fueron convirtiendo en marca de la casa. Un buen amigo mío, del mismo gremio que Lalo, me advirtió de que era un buen tipo, y sobre todo un auténtico entusiasta del deporte de la canasta. A partir de ahí admito que comencé a escucharle con otros oídos. Que fuera habitual de las tertulias del bueno de Francisco José Delgado (“Pacojó”) en el excelente programa radiofónico “Play Basket” también ayudó a que aumentara mi estima hacia el trabajo de este periodista, que poco a poco se ha ido haciendo voz habitual para todos los amantes del deporte que amamos y que, no nos cansamos de repetirlo, vive desde hace unos años una auténtica nueva edad de oro. Finalmente el ver cómo, una vez más, Lalo era vilipendiado por cierto sector de “aficionados” (y entrecomillo porque de aficionados de verdad tienen poco), sencillamente por su trabajo (en ese sentido da lo mismo que seas Lalo Alzueta que el mismísimo James Naismith, todo señor que en un momento dado se dedica profesionalmente a narrar, analizar, o tratar desde cualquier ángulo periodístico el deporte será despellejado por ese “aficionado” troglodita para quien el periodista está siempre en contra de su equipo) me hizo posicionarme definitivamente al lado de Lalo. Es uno de los nuestros, y como tal hay que defenderlo. 



El oprobio y la injusticia cobraron tintes tragicómicos cuando en un activo y altamente recomendable grupo de seguidores de baloncesto del Real Madrid en una red social, un pequeño (pero ruidoso, siempre ruidoso) grupo de “aficionados” acusó a Lalo de “antimadridista”, porque, siempre según ellos, jaleaba más las canastas del rival, o no denunciaba los al parecer constantes robos arbitrales que sufría el exitoso equipo de Pablo Laso. Y digo que adquiere tintes tragicómicos porque Lalo Alzueta es madridista confeso. Pero por encima de todo es un profesional, un periodista deportivo, no un periodista madridista, y eso no se lo han podido perdonar aquellos para quien un paradigma de buen periodista ha de ser un Tomás Roncero, por poner un ejemplo de periodista claramente enroscado en una bufanda, papel respetable y que tendrá su público pero que desde luego poco tiene que ver con lo que significa una visión deportiva limpia y global que no se circunscriba a una única manera de ver el mundo, y que cuanto más alejado esté ese tipo de “periodismo” del mundo del baloncesto, tanto mejor. 



De modo que Alzueta ha sido víctima del victimismo. Del viejo tópico de una gran parte de los “aficionados” al deporte de este país, da igual de que equipo sean simpatizantes, y de manera más sangrante de los propios madridistas. No es el único caso, desde luego, de hecho diría que sucede con el 90% de los periodistas deportivos de este país (al menos con los buenos, o con los medianamente buenos), que son considerados antimadridistas o antibarcelonistas por igual según de donde venga el exabrupto del “aficionado” en cuestión, y de qué color sea la boina con la se ha enroscado la cabeza. Una vez hice la prueba de buscar en google el nombre de un conocido narrador futbolístico seguido de las palabra “antimadridista” en primer lugar, y “antibarcelonista” en segundo. Como no podía ser de otro modo, se le acusaba por igual tanto de una cosa como de la otra, e incluso también se colaba algún “antiatlético”, rompiendo al menos la insultante dicotomía que esclaviza a este país en lo deportivo, como si no hubiera vida más allá de colores blancos o blaugranas.



Pido perdón al bueno de Lalo por utilizar su figura para reflexionar sobre un tema que tanto me ha obsesionado desde precisamente mi condición de madridista: el victimismo de una buena parte de la afición de nuestro club, que se manifiesta principalmente en por un lado considerar que toda la prensa está confabulada para desacreditar a nuestra entidad, y por otro que todos los estamentos deportivos, con los árbitros como brazo armado a la cabeza, tienen como único objetivo el acoso y derribo al Real Madrid. En definitiva, existe un cierto tipo de madridista que vive empeñado en creer que figura una enorme conspiración global judeomasónica contra el club deportivo más laureado de Europa futbolística y baloncestísticamente hablando. Eso le lleva a pensar que vive rodeado de antimadridistas, y así es capaz incluso de acusar de antimadridista a la mismísima Amaya Valdemoro en algún partido de Euroliga en el que se nos tuercen las cosas. A ilustres ex –jugadores se les llama resentidos cuando tratan de analizar el deporte desprovistos de forofismos, y a periodistas de viejo linaje blanco se les quiere mandar a la hoguera cuando se niegan a que el camino lo señale el dedo del Mourinho de turno. Se persigue, por tanto, al librepensador, se aplaude, por tanto, el pensamiento único y dictatorial. Y si este tema me obsesiona es precisamente como digo por mi condición de madridista, y añado, madridista de provincias. Yo soy uno de los cientos de miles de niños españoles que creció admirando al club blanco a muchos kilómetros de distancia de Concha Espina, cientos de miles que se multiplican por millones en Europa y en el resto de continentes. Si el Real Madrid ha sido tradicionalmente el club deportivo más querido, respetado y admirado, y con mayor número de seguidores y simpatizantes en todo el globo terráqueo… ¿cómo puede creerse alguien que toda la prensa, árbitros y organismos deportivos están concebidos para buscar la destrucción del club blanco? 



Que haya alguien que cuando ve un partido de baloncesto del Real Madrid está más preocupado de si fulano narra con más o menos brío una canasta de Sergio Rodríguez que de su rival, en vez de disfrutar con un equipo que ya es histórico y con una propuesta de juego que ha elevado al baloncesto a niveles que hacía décadas que no veíamos, sigue sin entrarme en la cabeza. Pero sucede, y a diario. 



Reitero mis disculpas a Lalo Alzueta por usar su caso concreto para tratar la injusticia de la persecución al periodista que hace su trabajo de la manera más profesional posible, y ya desahogada mi pena sobre tal maltrato a nuestros periodistas, vuelvo al tema principal de nuestra entrada. Y es que estos Juegos Olímpicos han sido colosales para el baloncesto español con nuestras dos selecciones absolutas en el podio, hito histórico en el caso de las chicas, que además estamos convencidos no se quedará ahí. Nuestro baloncesto ha triunfado. Los Pau Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Scariolo, Lucas Mondelo, las Laia Palau, Laura Nichols, Alba Torrens… todos ellos y todas ellas engrandecen su leyenda y palmarés, pero junto a todos estos nombres ilustres, historia viva de nuestro baloncesto, Lalo Alzueta ha sido uno de los grandes triunfadores de estos Juegos. Su buen trabajo al frente del micrófono en las retransmisiones se ha traducido en multitud de alabanzas y críticas positivas en medios especializados y redes sociales. La constancia en sus “latiguillos”, la búsqueda de su lenguaje propio, la fe en su propio trabajo y el empeño en recorrer su propio camino con sus propias virtudes y sus propios defectos ha culminado en este (esperemos que momentáneo) canto del cisne baloncestítico, el mejor momento profesional para un auténtico estajanovista de la comunicación deportiva que en los Juegos de 2008 llegó a retransmitir nada menos que 14 disciplinas olímpicas. Finalmente Lalo nos ha ganado a todos “por abrasión”, y se hace imposible desligar ya las gestas de estos Juegos, el tortuoso inicio y glorioso final de la selección masculina, el sobrio paso firme no exento de épica (aquella remontada contra Turquía) de la femenina, de la pasión que su voz nos ha transmitido. Lalo se merece otra medalla. 




Se va de RTVE después de 9 años de dar el callo, de una televisión pública española que no le ha sabido valorar como se merece, y que además vuelve a renunciar al baloncesto. Esto daría para otro debate, comprendemos que nuestra Liga Endesa se venda al mejor postor porque al final si queremos un deporte de calidad hay que mantenerlo, y para eso hay que atenerse a la oferta y la demanda y vender un producto atractivo para que te pongan los millones encima de la mesa. “Hay que vender el muñeco”, decía el añorado Andrés Montes, un profesional consciente de la importancia del deporte como espectáculo, una cultura que tienen bien presente en la mediática NBA. Por eso personajes como Montes, o como Alzueta, son tan necesarios en el mundo del baloncesto. Son una “pata” que dejarían a la mesa muy coja de no existir. Por eso nos preocupa que no se reconozca la labor de ese tipo que micrófono en mano convierte el baloncesto en una fiesta para quienes están a miles de kilómetros de la cancha. Dejemos de disparar al pianista. 


viernes, 26 de agosto de 2016

LOS SUB16 SE SUMAN A LA FIESTA



Garuba sigue arrasando



Para redondear el magnífico fin de semana pasado en el que disfrutamos de la gloria olímpica que nos han dado nuestras dos selecciones absolutas, plata en femenino y bronce en masculino, la selección Sub16 dirigida por David Soria se proclamaba campeona de Europa de la categoría cosechando otra medalla más en el primer verano como presidente de la federación de Jorge Garbajosa, que parece seguir la línea de éxitos deportivos de su antecesor, José Luis Sáez.


La autoridad de este combinado ha sido tal que no han mordido el polvo en ninguno de los siete partidos disputados. Todos los han contabilizado como victorias, todas ellas contundentes hasta llegar a semifinales, donde sufrieron ante un clásico de estas categorías como Turquía y en una final ante la siempre presente Lituania de desenlace épico con un triple del alero del Real Madrid a diez segundos del final que daba el oro. Unanue sólo jugó diez minutos y anotó seis, resueltos en dos triples, el segundo de ellos, como decimos, vale un campeonato de Europa. 


Pero el gran nombre protagonista es el de Usman Garuba, MVP del torneo y que en la final se destapó con un asombroso triple-doble, 15 puntos, 11 rebotes y 10 tapones (además de 4 robos), siguiendo la estela de Dario Saric y Ricky Rubio, quienes también consiguieron tamaña gesta en una final de esta categoría. Imposible olvidar en ese sentido aquella final de Linares de hace diez años en la que nuestro base internacional de El Masnou derrotaba a Rusia con una estratosférica actuación de 51 puntos, 24 rebotes y 12 asistencias, que casi fue cuádruple-doble ya que añadió siete robos de balón, además de un triple desde medio campo para forzar una de las dos prórrogas de las que dispuso el partido.    



Lo realmente meritorio de Garuba es que ha dominado esta categoría con tan sólo 14 años, es decir, dos menos que la gran mayoría de los rivales a los que se ha enfrentado. La diferencia con los chavales de su quinta es tan abrumadora que va subiendo peldaños a pasos agigantados, pero es que incluso con chicos dos años mayores que él demuestra una superioridad física aplastante. Garuba dibuja un futuro ilusionante para el baloncesto de nuestro país, tan ilusionante que sería una pena que no comprendiésemos que exhibiciones como las que está dando en categorías inferiores no van a ser fáciles de repetir cuando sea profesional (¿alguien recuerda cuando fue el último triple-doble en una final de un gran torneo FIBA de selecciones en categoría absoluta?) y le machacásemos con el tópico de “no cumplir las expectativas” como hemos hecho, sin ir más lejos, con Ricky Rubio. Veremos donde está su techo, pero no le levantemos un pedestal para luego derribarlo sin piedad como tantas veces hemos hecho en este país con algunos de nuestros mejores deportistas. 





jueves, 25 de agosto de 2016

EL HITO FEMENINO



El basket femenino, una gran familia



No podemos pasar por alto, hablando del baloncesto en los Juegos, lo que ha sido el grandísimo hito histórico de la selección femenina absoluta alcanzando la plata olímpica en una cita en la que de una tacada accedían a semifinales y final por vez primera en su historia. La culminación de un trabajo bien hecho ya desde categorías inferiores con una actual selección intergeneracional, desde los 21 años de la talentosa Leticia Romero, estrella en la NCAA con la camiseta de Florida State, hasta los casi 37 de la capitana Laia Palau, quien suma ya nada menos que diez medallas con la selección absoluta, y sigue siendo una de las mejores jugadores de Euroliga ahora enrolada en el USK Praga, con quienes consiguió el segundo máximo título europeo de clubes de su historia. ¿Retirada?, ni hablar. La plata olímpica tiene aún mayor mérito si cabe al alcanzarse sobreponiéndose a la baja de una de nuestras grandes estrellas, nuestra mejor jugadora en la actualidad junto a Alba Torres, una Sancho Lyttle que se fracturaba el dedo de un píe el pasado Julio y dejaba el roster español cojo en su juego interior. La joven Astou Ndour ocupaba su plaza demostrando que a sus 21 años sería ya uno de los puntales de esta selección si la FIBA permitiese al menos dos jugadores naturalizadas por país para así convivir en el equipo junto a Lyttle (un problema idéntico al que sucede con Ibaka y Mirotic)


El torneo señala de nuevo a Lucas Mondelo, entrenador muy querido en este blog, como uno de los grandes nombres del baloncesto mundial en los banquillos. Es un técnico extraordinario, y su gestión de los grupos humanos que maneja es espectacular. Ahí queda para la posteridad el ya mítico tiempo muerto durante la remontada ante Turquía pidiendo a Ndour que empujase como no ha empujado en su vida, que si había que hacerle el boca ya se lo harían, y advirtiendo a sus chicas que “os va la marcha”. Otro éxito de un entrenador de baloncesto que se reconoce admirador del “Cholo” Simeone pese a declararse culé.  


No ha sido nada fácil colgarse esta plata. Tras una extraordinaria primera fase, sólo cayendo contra Estados Unidos, derrotando a China y Canadá, ganando a las actuales campeones de Europa (Serbia) y batiendo el record de diferencia a favor en un partido (de 54 puntos a Senegal), llegó el agónico partido contra Turquía. Una selección en teoría inferior, a la que derrotamos en el mundial de hace dos años disputado precisamente en tierras otomanas después de un partido igualado y resuelto en un magnífico último cuarto del combinado español, estuvo a punto de dejarnos fuera de la lucha por las medallas. A menos de cuatro minutos para el final perdíamos de ocho puntos. Tiramos de pundonor y épica para remontar el 52-60 y Anna Cruz llevaba el delirio al banquillo español al anotar el 62-60 tras un robo de Alba Torrens. El siguiente fallo turco parecía darnos el partido, pero en la búsqueda de agotar la posesión la propia Torrens cometía un fallo impropio de su calidad al regalar el balón al rival que anotaba por medio de la imparable Sanders (el destrozo que nos hizo la turco-americana se tradujo en 22 puntos, 10 rebotes, 4 robos y 2 tapones) Empate a 62 con 4 segundos por disputarse. Sin tiempos muertos. Sin tiempo para pensar. Anna Cruz corrió la pista y a los Sergio Llull se levantó sobre la bocina para obrar el milagro. 64-62 y a semifinales por primera vez en la historia. Otra vez Anna Cruz, como el verano pasado también en cuartos de final con aquel 2+1 ante Montenegro. Ya la conocen como “Crunchelita”, por su fiabilidad a la hora de anotar canastas ganadoras. Aquel pase a semifinales en el Eurobasket nos aseguró plaza en un Preolímpico en el que no tuvimos problemas para obtener el billete a Río. El hito no se detuvo en semifinales, ya que vencimos de nuevo a Serbia para subir al segundo cajón del podio, sólo detrás de una incontestable selección estadounidense de otra galaxia. 



Absolutamente espectacular, y una gesta que dado el nivel actual de nuestro baloncesto femenino y la edad de muchas de nuestras jugadoras, parece que no va a quedarse aquí. Recuerden que por detrás viene Ángela Salvadores.    


miércoles, 24 de agosto de 2016

LAS NOTAS DE LOS JUEGOS





Abrimos esta entrada para analizar el papel de los 12 equipos participantes en estos Juegos Olímpicos recién finalizados y cual es a nuestro juicio su nota final. Lo hacemos en base a su clasificación final, juego desplegado, posibilidades reales por calidad de la plantilla, y por el global del torneo desde el primer día de competición. También nos gustaría que el aficionado más duro en sus análisis se diese cuenta de la dificultad de un torneo de este tipo, en el que es prácticamente imposible rendir a tu mejor nivel durante los ocho partidos. De hecho nadie lo ha logrado. Cuando la gente se pregunta cómo es posible que nuestra selección haya dado una determinada imagen en un partido y otra radicalmente distinta en otro, hay que recordarles que la selección sigue siendo exactamente la misma, pero las sensaciones, las piernas, o el acierto en el tiro puede cambiar radicalmente en 48 horas. Es deporte. Si ustedes practican eso del running, ahora que está tan de moda, y prueban a correr 8 kilómetros, verán que en ninguno de esos 8 kilómetros hacen el mismo tiempo, e incluso apreciarán diferencias de bastantes segundos entre algunos tramos y otros, y evidentemente notarán sensaciones muy distintas en el kilómetro 1 que en el 3 o que en el 8. Los 12 equipos participantes han corrido sus particulares 8 kilómetros (o 5 o 6, dependiendo en que fase hayan caído) y cada uno de ellos ha sido distinto. Este es nuestro balance final para todos ellos. 


ESTADOS UNIDOS: Sin desplegar un brillo superlativo y sin mostrar una autoridad tan contundente como en otras ocasiones (aun así la diferencia final en la lucha por el oro, de 30 puntos frente a Serbia, es la más abultada desde los 32 que les mete el Dream Team de Jordan y compañía a la Croacia de Drazen Petrovic en Barcelona 92), se han colgado el oro sin perder ni un partido. No se esperaba menos en la despedida de Mike Krzyzewski, quien deja la selección con tres oros olímpicos y dos oros y dos bronces mundiales (súmenle a eso sus 5 títulos en la NCAA, amén de ser el entrenador con más victorias en esa liga, y comprenderán porque hablamos de Coach K como un mito de los banquillos) Pese a las dudas que pudieran dejar en la primera fase, con Australia, Serbia y Francia plantándoles apuros, cuando comenzaron las eliminatorias no dieron opción a sus rivales. Sólo España en semifinales pudo realmente mirarles a la cara. La final, como hemos dicho, un paseo. SOBRESALIENTE.    




Coach K deja paso a Pops... esto si es una transición dulce.



SERBIA: Un parcial de 4 victorias por 4 derrotas, peor que el de España y Australia, pero que les sirve para colgarse la plata. Quedar subcampeones sólo por detrás de los inaccesibles Estados Unidos podría calificarse de sobresaliente, pero les bajamos la nota final por su global del torneo. Cumplen ante China y Venezuela pero pierden el resto de partidos de su fase. Viven un final agónico ante Croacia, y solamente ante Australia en semifinales dejan un partido para el recuerdo. Ejemplo magnífico de rentabilidad. Djordjevic se consolida como líder emocional de un grupo que crece, al igual que su entrenador, cuando sirve a su país. Nada tiene que ver el timorato técnico que vimos en Panathinaikos la pasada temporada con el depredador del banquillo serbio que ha sido capaz de convertir al difuso Teodosic en un arma letal incontestable para los rivales. La recuperación de Macvan, otro acierto. NOTABLE ALTO. 


ESPAÑA: Cinco victorias y tres derrotas. Tres partidos para las videotecas (palizas ante Lituania, Argentina y Francia), dos derrotas por la mínima y otra por seis puntos y siendo el único capaz de competir frente a Estados Unidos en las series eliminatorias. NOTABLE. 


AUSTRALIA: La revelación del torneo. No tanto por llegar a semifinales, vista la calidad de su roster, si no por haber hecho un baloncesto capaz de enganchar al aficionado desde el primer minuto. Sólo muerden el polvo en la primera fase ante Estados Unidos tras un grandísimo partido, vapulean a Lituania en cuartos de final, y sólo flaquean de manera considerable ante Serbia. Ante España recuperan sensaciones en la lucha por el bronce, pero la escasa línea que separa el cielo del infierno les deja sin metal, con un buen balance de 5-3 y 7 buenos partidos jugados. NOTABLE. 





Australia, a un paso de hacer historia.



CROACIA: Rozando el notable. Líderes de su grupo tras ganar a España, Brasil y Lituania, y a punto de dar la campanada ante Serbia. Van por buen camino de la mano de Aza Petrovic. La escasa rotación (ocho jugadores) y la excesiva dependencia de Bogdanovic (35.3 minutos por partido) y Saric (33.1), los dos jugadores que más minutos por partido han jugado de todo el torneo, ha sido su gran lastre. Selección en progresión, que debe dilucidar la cuestión Tomic de cara a futuros torneos. ¿Juegan mejor sin él? ¿Podrá el hermanísimo Petrovic insuflar testiculina a un jugador con tanta calidad como desidia? BIEN ALTO.


ARGENTINA: Que el fin del mundo nos pille bailando. Nocioni y Ginobili bailaron su último tango en Río. Scola de momento no anuncia su retirada. Parecían eternos, pero son humanos. Se van con la cabeza alta. Buen comienzo de torneo, ante una Nigeria que les había ganado en la preparación y ante una gran Croacia. Dejan un partido épico contra Brasil, tras dos prórrogas, y caen ante Lituania y España para finalmente ser cuartos de grupo y verse condenados a un duelo imposible ante Estados Unidos. Que la transición les sea leve. BIEN. 


LITUANIA: Sinceramente, por muy subcampeones de Europa que sean, con la plantilla que maneja Kazlaukas no se puede aspirar a estar mucho más arriba de unos cuartos de final en unos Juegos Olímpicos. Falta esperar que jugadores en progresión den el paso, caso de Kuzminkas, Sabonis jr., o incluso un Valanciunas que no acaba de ser el jugador decisivo para el baloncesto lituano que todos esperaban tras verle brillar en Toronto. Maciulis y Kalnietis siguen siendo el alma del equipo, en el caso del último sigue siendo preocupante la falta de relevo en el base. El joven genio Velicka (16 años, camino de 17), recién fichado por el Barcelona, no debería tardar en aparecer en la absoluta. Balance de tres victorias y tres derrotas con dos caras bien diferenciadas, ya que ganan los tres primeros partidos, pero caen en los siguientes, con derrotas tan contundentes como la que les inflige España o tan dolorosas como la de Australia en cuartos. Un poquito por encima del suficiente. BIEN. 


NIGERIA: Sólo una victoria, como en los Juegos de Londres, pero mucha mejor imagen, pese a sus lustrosas ausencias (Al Farouq Aminu, Ezeli, Udoh, y la lesión de Lawal ya comenzado el torneo) Contra Lituania y España compitieron excepcionalmente, y finalmente hicieron morder el polvo a Croacia, con una notable progresión anotadora (le hacen 80 puntos a los lituanos, 87 a nosotros, y 90 a los croatas) Cualquier cosa menos comparsas. BIEN.     




La Nigeria de William Voigt dejó muy buena imagen.



FRANCIA: Un tanto decepcionante, una vez más, para la mejor generación del baloncesto francés de la historia quedarse fuera de las medallas, y una vez más los responsables han sido Pau Gasol y compañía. Su mejor imagen la dieron en la victoria ante Serbia y en la derrota ante Estados Unidos. Cumplieron el trámite contra China y Venezuela y su mal partido ante una Australia muy superior en el primer partido fue clave para marcar una trayectoria posterior que les llevaría a encontrarse con una España que no les dio opción. SUFICIENTE.


VENEZUELA: Para los de Néstor “Che” García ya era un premio estar en estos Juegos en su condición de actuales y sorprendentes campeones de América. Cumplieron con el objetivo de no irse de vacío, tras una apurada victoria ante China. En el resto de los partidos fueron presa fácil para sus rivales. Parece que agotaron los milagros definitivamente en Ciudad de México el pasado verano, pero sin duda alguna ha sido muy importante el paso por este torneo para esta selección y para que este sufrido país siga manteniendo su pasión por nuestro deporte favorito. SUFICIENTE. 


CHINA: Se van con el dudoso honor de ser la única selección sin estrenar su casillero de victorias. Era, por un lado, previsible, pero por otro pensamos que hay que empezar a exigirle cierto crecimiento a un baloncesto que maneja un mercado tan fuerte económicamente, con una liga a la que acuden con cada vez mayor frecuencia nombres estelares, y con los parques llenos de chavales jugando a la canasta y un número de licencias federativas que ya quisiera cualquier país europeo. La realidad es que estos Juegos sólo han servido para la gloria estadística de Yi Jianlian, número 6 del draft de 2007 y que vuelve al primer plano deportivo tras este torneo al firmar por Los Angeles Lakers. El joven gigante de 20 años Zhou Qi de momento no demuestra gran cosa. INSUFICIENTE. 



BRASIL: Sin duda alguna la gran decepción del torneo. Cierto es que las bajas de Varejao y Splitter limitaban la euforia respecto a los anfitriones, pero el buen año rookie de Marcelinho Huertas y Raulzinho Neto en la NBA, la espléndida temporada de Leandro Barbosa en Golden State, y la solvencia demostrada a lo largo de su trayectoria por Nené Hilario, junto a algún joven valor como Cristiano Felicio, más un buen número de habituales de la “canarinha”, hacían que no fuera nada descabellado pensar en Brasil como aspirante a la lucha por las medallas. Lituania les dio una bofetada de realidad en el primer partido, y aunque se repusieron con un agónico triunfo ante España, Croacia les volvió a complicar la vida para finalmente ser su derrota tras dos prórrogas ante Argentina el momento determinante que señalaría el fracaso de Ruben Magnano, el hombre que conoció la gloria olímpica campeonando con Argentina en 2004 y que tres ediciones olímpicas después prueba el sabor del fracaso. Finalizaba contrato con la federación brasileña este mes de Agosto, y ya se conoce que no será renovado. INSUFICIENTE. 





Brasil, mucha pelea y escaso juego. Decepcionante.






martes, 23 de agosto de 2016

EL TABLERO DE SCARIOLO




Scariolo, primeros tiempos en Pesaro, flanqueado por Andrea Gracis.





Sergio Scariolo engrandece su leyenda. A sus 55 años nadie puede dudar de que el de Brescia posee uno de los palmareses más envidiables de la historia de este deporte en el Viejo Continente. Analizamos su trabajo en este torneo, y la utilización de unos jugadores quienes, igualmente, siguen ampliando el listado de éxitos en su carrera. Y es que el día que se retiren jugadores como Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y compañía, echar un vistazo a todo lo que habrán conseguido a nivel de selección y de clubes (amén de las distinciones individuales) hará palidecer a las generaciones venideras, que, no obstante, confiamos sean capaces de mantener el nivel de competitividad de nuestra selección. 


No ha sido un torneo fácil para nuestro cuerpo técnico. El triunvirato que con Scariolo a la cabeza se formaba con Txus Vidorreta y Jaume Ponsarnau (éste último noticia de última hora al anunciarse su incorporación al Valencia Basket como segundo de Pedro Martínez) afrontaba una gira preparatoria plagada de problemas, dudas sobre el estado físico de algunos jugadores y viajes al otro lado del Atlántico para firmar con sus franquicias NBA. Fue el caso de Sergio Rodríguez y Pau Gasol, dos jugadores de una calidad e importancia tan básicas para nuestra selección que nadie puede plantearse la locura que hubiera supuesto dejarlos fuera del roster como castigo por su ausencia de la concentración. Quizás más dudoso sea el caso de Alex Abrines, elegido finalmente por delante de Fernando San Emeterio pese a que sólo participó en el primer partido de la gira y pese a estar levemente lesionado, hasta el punto de tener que entrenar aparte del resto de sus compañeros. Sea como fuere ya no es tiempo de hablar de hipótesis, si no de realidades, y la realidad, plasmada en una medalla de bronce, merece ser valorada en su justa medida. 


A José Manuel Calderón, nacido en 1981, se le asocia con justicia con la generación del 80, la de Pau, Felipe y Navarro, ya que a pesar de ser un año más joven es otro de los “juniors de oro”, aunque en su caso fuera el oro europeo de Varna en el 98, ya que se perdió el mundial del 99, aquel aldabonazo increíble para aquellos chavales que tumbaron a Estados Unidos, por una de las muchas lesiones que ha tenido a lo largo de su carrera cuando llegan los campeonatos internacionales (es curioso que siendo un jugador muy fiable en el aspecto físico durante temporada regular, distintos percances en los veranos le han hecho perderse citas con nuestra selección que habrían agrandado aún más su palmarés) Lo cierto es que estos Juegos vienen a constatar que, precisamente el más joven de esta generación es quien más difícil va a tener su continuidad. Sergio Rodríguez y Ricky Rubio están ahora mismo varios peldaños por encima, y la progresión de Guillem Vives, ¿Jaime Fernández?, o el polivalente Pau Ribas pudieran cerrarle la puerta para una nueva convocatoria. Habrá que esperar a ver su temporada en los Lakers, si es que finalmente acaba el curso con los púrpura y oro (overbooking y devastadora competencia en el puesto de base… un jugador consagrado como Louis Williams, los jóvenes Clarkson y Russell, el veterano Huertas…) En Brasil Scariolo ha confiado exclusivamente en Ricky Rubio y Sergio Rodríguez como directores de juego, con algún esporádico momento para Llull. Calderón no jugó contra Croacia, fue anecdótico contra Brasil, subió minutaje contra Nigeria para jugar nuestros peores momentos del partido (-11 con él en pista), y buscó recuperar sensaciones ante Argentina y Francia. Lo más positivo fueron sus dos triples frente a los albicelestes. Ante Estados Unidos y Australia volvió a desaparecer de la rotación.


La utilización de Ricky y el Chacho fue uno de los mejores aspectos de Scariolo. Dos bases similares en su concepto del baloncesto en cancha rival, con gran visión del juego, predominio del ritmo alto y búsqueda del campo abierto, pero con características individuales distintas. De una manera muy resumida podemos decir que Ricky da en defensa lo que el Chacho resta, y viceversa en ataque. Y esas prestaciones son las que ha buscado nuestro entrenador (admitiendo que ambos tienen un problema, habitual en todos los bases españoles, el problema en la defensa de los bloqueos, donde nos solemos quedar pillados con el “grande”) El ardor defensivo de Ricky le ha llevado a tener que lidiar con las faltas personales. Frente a Croacia se cargó pronto y su participación se limitó a 12 minutos, similar problema frente a Brasil, mostrando un preocupante bloqueo mental, creció ante Nigeria, siendo el mejor del partido (15 puntos, 4 asistencias y 4 rebotes), mantuvo el nivel ante Lituania (11 puntos y 4 asistencias, con 3 de 4 en triples), y ante Argentina y Francia se mostró sobrio en la dirección y fuerte en defensa. Frente a Estados Unidos y Australia de nuevo las faltas personales le limitaron, pero siempre estuvo a disposición de Scariolo en momentos apretados que necesitasen de defensa (la última posesión australiana por el bronce, por ejemplo) Finaliza con un +/- de 71 puntos, el tercero por detrás de Pau Gasol y Rudy, lo que da una idea de su incidencia en cancha. El Chacho volvió a demostrar que hoy por hoy es uno de los mejores del mundo en el basket FIBA (desde aquí le deseamos toda la suerte para su segunda aventura NBA), aportando en anotación (llegando a la decena de puntos en cuatro partidos) y dirección (máximo asistente del equipo con 4.8) En general buen torneo de ambos bases y con prestaciones bastante equiparables, con una valoración de 8.4 para el Chacho en 20.6 minutos por partido y 7.1 para Ricky en 16.9, y ambos han estado en un ratio asistencias/pérdida muy similar rondando los 2.5 pases de canasta por cada pérdida de balón. Pareja de garantías. Por último, hay que recordar que Ricky llegaba a este torneo afrontando un momento personal muy delicado por el reciente fallecimiento de su madre (recuerden que hablamos de un chaval de 25 años), a quien ha dedicado esta medalla.   




Los peones de Scariolo, ambos cumplieron.



En las alas Scariolo ha confiado en la pareja madridista Llull-Rudy, con Navarro como primer relevo (dándonos mucho “small ball”) y Claver confirmado cada vez más como alero con el entrenador italiano. Riqueza táctica para el técnico, alternando tres pequeños con tres grandes según circunstancias del partido. Gran torneo de Rudy. El segundo mejor jugador del equipo en mi opinión (aunque por números Mirotic ha estado mejor) Llevamos ya tiempo advirtiendo, desde la retirada de Carlos Jiménez, que a Rudy le ha tocado esa a veces no reconocida labor de los “intangibles”, lucha, defensa, rebote, perseguir rivales, morder… nunca se ha podido dudar de la entrega de este jugador en ese sentido, pero se echaba en falta más mordiente ofensivo, cuando talento en el otro lado de la cancha no le falta. Hemos recuperado al Rudy tirador, aquel que hacía levantarse del asiento al bueno de Andrés Montes. Rudy ha vuelto a sacar el fusil (15 triples de 40 intentos) y con él en pista el equipo ha sumado 9.6 puntos más que el rival en cada partido. Lo dicho, el mejor escudero para Pau (con permiso de Mirotic) Empezó a crecer frente a Nigeria (ese partido que seguimos manteniendo, fue mucho más importante de lo que la gente cree) y estuvo descomunal frente a Argentina (23 puntos y 7 rebotes), su mejor partido. Llull ha compartido hiperactividad y estajanovismo con Rudy. No ha tenido el acierto exterior de otras ocasiones, ni hemos visto sus famosas “mandarinas” en un equipo en el que había varias opciones de ataque por delante de él. Aun así ha hecho un buen torneo, como indican sus 8.6 de valoración en 26.2 minutos en juego, y un +/- acumulado de 62 puntos. Ya es indiscutible y cada vez más se confirma como el mejor sucesor posible de Navarro. En un país tan acostumbrado a derribar a machetazos a sus ídolos, La Bomba ha sido el debate nacional para multitud de “cuñados” del país, convencidos de que su tiempo ya pasó y que fuera romanticismos, que ya no hay sitio para un jugador de 36 años con fascitis plantar crónica por mucho talento y puro baloncesto que destile por cada poro de su piel. No es el que era, pero sigue viendo el juego como nadie. Lo peor, verle lanzar de manera tan pobre (5 de 19 triples), pero ha sabido adaptarse a un rol menos anotador y más repartidor. Sus minutos con Llull y Chacho/Ricky dieron una extraordinaria circulación de balón al equipo. Desatascó al equipo en algún momento concreto (crucial frente a Nigeria) Bien dosificado, con 14.8 minutos por partido. No está para más, pero para un hombre acostumbrado a devorar registros y seguir poniéndose metas personales, verse a tres partidos de superar a Epi y convertirse en el jugador con más entorchados de nuestra camiseta hace pensar que la retirada no está entre sus planes a corto plazo.   


Claver, el siempre criticado Claver, sigue alternando posiciones con un Scariolo que es el único entrenador que realmente se ha atrevido a ponerle de tres en esta selección. Su labor sigue siendo oscura, sorda y callada, y ha cumplido en los 12.7 minutos que ha estado en pista. Fundamental en la defensa de los bloqueos indirectos, y clave para el bronce anticipándose en el último balón australiano. No ha brillado como en el pasado Eurobasket, cuando desactivó a Giannis Antetokounmpo en cuartos de final y tuvo un ratio minutos/rebotes muy notable, pero ha cumplido. 


En el juego interior puramente dicho, la dupla Pau-Mirotic ha demostrado una compenetración absoluta, extraordinaria en partidos como el de Francia, cuando ante el sobremarcaje al que fue sometido Gasol el montenegrino sacó la escopeta. Sobre Pau, poco se puede decir ya que no suene a repetitivo. Mito, leyenda, héroe… el hombre que ha cambiado nuestro baloncesto. Otra vez números de videojuego: 19.5 puntos, 8.9 rebotes y 1.9 tapones en sólo 27.9 minutos por partido. E incidimos en el “sólo” porque mucho se ha hablado de la “gasoldependencia”, cuando la realidad es que comparado con la mayoría de los primeras espadas del resto de selecciones, nuestro líder es de los que menos ha jugado. Bogdanovic y Saric por Croacia, Scola y Nocioni por Argentina, y Kalnietis por Lituania, han superado los 30 minutos de media. Por encima de los 29 han estado Mills (Australia) e Hilario (Brasil) Por encima de los 28 el argentino Campazzo y el nigeriano Diogu, y, ojo a este dato, Kevin Durant, quien con 28.8 minutos por partido ha sido requerido por Krzyzewski más que Gasol por Scariolo. Sea como fuere, lo cierto es que no se puede entender este bronce sin la aportación de un hombre que marca un antes y un después en nuestro deporte. Se ha vuelto a echar sobre sus espaldas a todo un país, y a sus 36 años su nivel sigue impidiendo anticipar la recta final de su carrera ¿Sus últimos Juegos Olímpicos?, a día de hoy, lo dudo. Hablamos del ya máximo anotador de la historia de nuestra selección, y del máximo taponador, segundo máximo reboteador, y tercer máximo anotador de la historia del baloncesto olímpico. Sólo él sabe dónde está su límite. 


Si había algún debate o controversia sobre la decisión Mirotic por delante de Ibaka (recordemos que el congoleño al no verse al 100% renunció a la posibilidad de acudir a los Juegos hace meses), Niko los ha derribado a triplazo limpio. 17 dianas de 38 intentos desde la distancia más letal. 12.9 puntos y 5.6 rebotes por encuentro lo convierten en uno de los mejores “cuatros” que han disputado esta edición del torneo olímpico. Felipe Reyes ha vuelto a ser un seguro desde el banquillo, aportando defensa, intensidad y rebote (4.1 rechaces en 14.6 minutos) Le ha faltado finura ofensiva (38.9% en tiros de campo, mal porcentaje para un jugador interior), pero ha sido el relevo más fiable en el global del torneo tanto para Pau como para Niko, aunque hay que quitarse el sombrero ante el campeonato de Willy Hernángomez. Prácticamente inédito ante Croacia y Brasil (sólo 3 minutos ante los croatas), comienza a crecer ante Nigeria (¿siguen dudando de la importancia de ese partido?) con 11 puntos en 16 minutos casi sin fallo. Enorme ante Francia (18 puntos y 6 rebotes… ¡en 17 minutos!), se va a New York con un bronce al cuello y una estupenda carta de presentación. Volvió al fondo de la rotación en los partidos más mediáticos, semifinal ante Estados Unidos y pelea por el bronce ante Australia, pero finaliza con unos buenos 6.6 puntos y 2.7 rebotes, muy meritorios si tenemos en cuenta que juega 10.9 minutos por partido. Muy destacable su seguridad frente canasta, de cinco puro que espera su momento junto al aro, dejando un sobresaliente 62.5% en tiros de campo. Phil Jackson sabe lo que se hace cuando arde en deseos de verlo con la elástica knickerbocker.   


Finalmente Alex Abrines tendrá que esperar futuras ocasiones para aportar en los éxitos de nuestra selección. Dos minutos por partido en los tres encuentros que ha disputado resultan totalmente insuficientes para poder juzgar su paso por estos Juegos, pero su convocatoria en este roster pese a sus problemas físicos y su agenda contractual con Oklahoma City, deja claro que la confianza en su figura es total y será uno de los hombres claves en la dura transición que tarde o temprano este grupo ha de afrontar cuando los pesos pesados vayan dejando el vestuario en el que tantas emociones han compartido.



Al frente de todo esto, manejando los hilos, Scariolo vuelve a demostrar que es en estos momentos el entrenador ideal para esta selección. Equilibrado tanto en su manera de ser como en su modo de entender el baloncesto, partidario de un sistema mixto que permita tanto la libertad del jugador para tomar decisiones (fundamental cuando hablamos de deportistas de esta calidad) como el mantener el “ataque por conceptos”, su flexibilidad con el baloncesto es absoluta, alternando quintetos altos con “small ball”, buscando juego más o menos físico según el contexto, ordenando zonas o individuales… Scariolo es un estudioso del baloncesto que no es prisionero de ningún libro de estilo. Este es un país muy poco dado a reconocer el trabajo de los entrenadores, sobre todo cuanto más serenos, pausados y educados se muestran, pero la contundencia de los éxitos es ya tan abrumadora que sólo queda reconocer que la selección, hoy por hoy, sigue estando en buenas manos.  




Pau, de nuevo el faro que alumbra un país. 



lunes, 22 de agosto de 2016

BAJAR UN PELDAÑO, SUBIR LA ÉPICA





De nuevo, emocionados.




De vuelta de unas intensas vacaciones toca hacer un repaso y análisis de lo acontecido en la segunda y definitiva semana de competición en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que suponen otro éxito para el baloncesto español representado en un bronce que se suma a la larga lista de logros de esta generación de jugadores ya legendaria. Mientras el sector más ingrato de la afición sigue haciendo sangre en el hecho de haber perdido dos partidos a cara o cruz (hay que recordar que de haber sido primeros de grupo nos hubiéramos enfrentado a una fortísima Serbia, últimos del Grupo A en una fase muy decidida desde prácticamente la segunda jornada en ese grupo comandado por Estados Unidos), nosotros preferimos admirar como se ha sido capaz de revertir una situación muy complicada, sin margen de error y jugando sin red, para finalmente volver a subirnos a un podio en un gran torneo. Son ya once veranos, desde el Mundial 2006, traducidos en el citado oro mundial, tres oros europeos, dos platas olímpicas, y dos bronces, uno europeo y otro olímpico. Nueve medallas, nueve veranos sin bajarnos del cajón. Sólo los mundiales parecen haberse vuelto “malditos” para nosotros. Después de ganar brillantemente el de 2006, en las ediciones de 2010 y 2014 no hemos sido capaces de subirnos al podio.  


Habíamos dejado a la selección en el tercer partido, obteniendo su primera victoria en un buen partido contra Nigeria. Unos cuantos “locos” nos empeñamos en decir que veíamos al equipo por el buen camino. Nos llamaron de todo. Hubo cera hasta para el bueno de Pepu Hernández, sereno en su juicio e incapaz de sumarse al injusto linchamiento al que se estaba sometiendo a la selección. El campeón africano, que ya había mostrado una excelente cara ante Lituania, a la que llegó a dominar durante varias fases del partido, confirmó que no era ninguna perita en dulce cuando dos días después vencía a Croacia en un brillante encuentro. Lituania de nuevo, como en el Eurobasket 2009, aparecía como punto de inflexión hacia la gloria. Encadenamos tres victorias consecutivas, frente a lituanos y argentinos para certificar el pase a cuartos como segundos de grupo en un cuádruple empate de equipos con balance 3-2, y frente a Francia en el partido de cuartos de final que daba acceso a la lucha por las medallas. Tres encuentros para el recuerdo, de los mejores que ha jugado nunca esta selección, y a la altura de los europeos de 2009 y 2011, con una circulación de balón exquisita, una gran actitud defensiva, y una exuberante magnificencia ofensiva. Especialmente recordado será el choque ante Lituania. La reedición de la final del último Eurobasket fue un auténtico paseo militar que finalizó con un concluyente 109-59. Histórico. También doblegamos a una Argentina que buscaba evitar la cuarta plaza de grupo y con ello el duelo en cuartos frente a Estados Unidos (92-73) y continuamos el festín contra Francia (92-67) La mejor generación del baloncesto francés de la historia volvió a sucumbir nuevamente ante la mejor generación española, y el siempre denostado Scariolo volvió a imponerse a un Collet incapaz de detener la tormenta ofensiva española, en un partido en el que Pau aprovechó los dobles y hasta triples marcajes (los 40 puntos que nuestro mejor jugador de la historia les endosó en su Eurobasket el pasado verano aún están muy frescos) para repartir juego a sus compañeros. De la excesiva vigilancia al de Sant Boi se benefició sobre todo Nikola Mirotic, espectacular con sus 23 puntos incluyendo cinco triples letales después de ocho intentos desde la distancia.


Con esas premisas llegaba el duelo de semifinales ante Estados Unidos. El partido que todos hubiéramos deseado en la final, y que significaba otro intento para esta generación de subir el único peldaño al que todavía no han podido llegar. El de vencer a los inventores de este deporte y con ello alcanzar por fin el oro olímpico. La selección de Coach K (en su despedida de un cargo que hereda otro mito de los banquillos como Gregg Popovich) había sembrado dudas en la primera fase. China y Venezuela no supusieron obstáculo ninguno, pero Australia fue capaz de liderar el marcador durante varias fases del encuentro, Serbia pese a estar por debajo jamás se descolgó del partido y llegó a disponer de un lanzamiento triple que hubiera supuesto la prórroga e incluso Francia ajustó tanto el marcador en los instantes finales para perder al igual que Serbia por tan sólo tres puntos. No obstante el partido de los norteamericanos en cuartos de final ante Argentina confirmaba que a la hora de la verdad su fiabilidad camino del oro seguía intacta. Y España dio la cara. No fue un partido tan espectacular como las dos finales olímpicas anteriores (quizás a un alto intercambio de golpes hubiéramos tenido menos opciones todavía), pero planteamos un encuentro muy serio en el que no nos sacaron de la pista en ningún momento (ninguna selección lo ha hecho nunca contra este grupo de jugadores) y jamás le perdimos la cara al partido en ningún momento. Es cierto que estuvimos a remolque en el marcador durante todo el partido, arrastrando la diferencia de 9 puntos del primer cuarto, pero los seis puntos de diferencia finales reflejan la poca distancia que hay en estos momentos entre estas dos potencias del mundo de la canasta, y fuimos capaces de dejar a la mayor maquinaria ofensiva del baloncesto mundial a nivel de selecciones en tan sólo 82 puntos, cuando no han bajado de los 90 en ninguno de sus otros siete partidos, y han alcanzado el centenar de puntos en cuatro de ellos. Incluso fuímos capaces de vencerles en los parciales de dos cuartos, cosa que ni siquiera logramos en las dos finales olímpicas. Caímos, como no podía ser de otro modo, con la cabeza muy alta. Porque una de las características de esta selección española (y por eso a algunos a los que nos han tildado de “fanáticos” nos han dolido algunas críticas) es que independientemente de que tengan el día en ataque o no, el balón entre o no entre, o las piernas vayan mejor o peor físicamente, su espíritu de lucha y pelea ha estado intacto siempre, tanto en las victorias como en las derrotas. Lo más parecido a una “debacle” que podamos considerar, fue el desastroso partido contra Francia en cuartos de final del Mundial 2014, y aun así no nos sacaron de la pista y fue un encuentro muy igualado que se decidió en los últimos tres minutos en el que los galos se fueron en el marcador. Pero nunca hemos sufrido un varapalo tan severo como el que nosotros si hemos endosado a nuestros rivales, como los infligidos a Lituania o la propia Francia en este torneo, sin ir más lejos. Obviando a Estados Unidos, ni Argentina, ni Francia, ni Serbia, ni Lituania, ni cualquiera de las selecciones punteras de este deporte ha mostrado este carácter de la selección de Scariolo para incluso en sus peores partidos mantener opciones de victoria hasta el final. Un aspecto clave para entender la fiabilidad de este equipo y su continuado idilio con el éxito traducido en medallas. Y es por eso, insistimos, por lo que no nos han gustado las críticas tras los tres primeros partidos (pese a la mejoría mostrada ante Nigeria, mejoría que muchos se negaron a ver, mostrando un insultante desprecio a la selección africana)   




De Andre Jordan y el rebote ofensivo, claves en nuestra derrota ante USA



Tocaba lamerse las heridas tras otro infructuoso intento de asalto al trono estadounidense. No era Australia un buen cliente para jugarte un bronce. En la primera fase, como ya explicamos en alguna entrada anterior, dieron auténticas exhibiciones de baloncesto, y en cuartos de final pasaron por encima de una Lituania definitivamente de más a menos durante este torneo. La semifinal ante Serbia les otorgaba favoritismo, aunque sinceramente en mi opinión era un partido totalmente imprevisible, dado el carácter competitivo de la selección de Djordjevic, que al igual que la de Scariolo saca lo mejor de sí misma en los momentos decisivos. Había otro aspecto, bajo mi punto de vista, interesante para pensar en una posible victoria serbia: su derrota en la primera fase ante Australia. Y es que a los de Djordjevic, como ya demostraron en el pasado Mundial de España (disputando al igual que en esta ocasión la final ante el combinado norteamericano de Mike Krzyzewski), es muy difícil ganarlos dos veces en un mismo torneo (excepto si eres Estados Unidos, claro) Un lobo balcánico con piel de cordero que se frotaba las manos con el favoritismo de Australia según las casas de apuestas. Sinceramente no creo que pueda sorprender que los de Djordjevic se hayan metido en la final dejando en la cuneta a esta gran selección australiana, lo que si resulta sorprendente es la autoridad con la que se deshicieron de los de Lemanis. Los aussies habían exhibido un baloncesto ofensivo de alto voltaje, con auténticas exhibiciones de tiro. Habían humillado a Lituania por un contundente 90-64, con una notable serie de 10 triples de 25 intentos, pero fueron una sombra de sí mismos ante Serbia. El 4 de 31 en triples lo dice todo. La metralleta Mills, desactivada con 1 de 9. Los 26 puntos que les endosaron los de Lemanis a Lituania, eran ahora devueltos por parte de una Serbia en su versión más depredadora, con un Teodosic definitivamente superior cuando se pone la elástica de su país. El gran mérito de Djordjevic, un buen gestor de emociones quien ha sido capaz incluso de recuperar a otro brillante jugador de mentalidad difusa como Milan Macvan. El jugador al que descubrimos y nos deslumbró en Madrid en el Europeo Sub18 no ha tenido posteriormente la regularidad esperada con su selección cuando estaba llamado a ser uno de los líderes del nuevo baloncesto balcánico. Tras no pasar los cortes para los rosters definitivos del Mundial 2014 y Eurobasket 2015, en estos Juegos ha sido pieza clave y jugador titular para Djordjevic. Veremos si es para quedarse.


Nos esperaba por tanto una Australia herida después de haber hecho seis partidos de gran baloncesto y haber sido barridos de la pista por Serbia en el séptimo. Sobre el papel, partido igualado y de gran calidad. Y así fue. Buena primera parte del combinado español, pero al igual que sucediera en el segundo partido frente a Brasil, los tres últimos minutos del segundo cuarto sirvieron para encajar un parcial de 8-0 que dejaba las cosas en un ajustado 38-40 cuando habíamos llegado a mandar de 10. La segunda parte se movería en un columpio, pese a que un triple de Sergio Rodríguez iniciando el último cuarto abría una pequeña brecha de 6 puntos a nuestro favor. Buenos minutos en defensa del siempre discutido Claver en los bloqueos indirectos para Mills. Pero Motum metía en el partido a los aussies con cuatro puntos consecutivos. Y el columpio a moverse, punto arriba punto abajo todo parecía indicar que nos encaminábamos a un final dramático, para valientes. Y ahí se mueve como nadie Sergio Rodríguez, quien selló el bronce con dos tiros libres tras sacar una falta personal en la defensa del bloqueo de Mills. Antes Pau Gasol había anotado otros dos decisivos, pese a su errático 4 de 7 hasta aquel momento en el día de ayer, y un acumulado de 22 de 38 en el total del torneo. Apenas un gris 60%. Pero en el momento clave no le tembló el pulso para dar un nuevo éxito a nuestro baloncesto ejerciendo como el gran líder que siempre ha sido con nuestra camiseta. Y también fue decisivo Claver de nuevo en defensa, metiendo una mano providencial sobre un balón de Joe Ingles para malograr un último ataque aussie cuando quedaban cinco segundos por disputarse.Después de haber perdido dos partidos (Croacia y Brasil) a cara o cruz, en esta ocasión nos tocó la cara, demostrando de nuevo que estos jugadores no se arrugan en los momentos decisivos y su enorme mentalidad ganadora. Australia ha hecho un torneo magnífico y merecía igualmente colgarse un bronce, pero así es este deporte, sólo puede ganar uno y la línea que separa el éxito del fracaso es tan difusa que hay que darle la razón a Kipling cuando hablaba que tanto uno como otro (éxito y fracaso) no son más que impostores. 


Con un balance final de cinco victorias y tres derrotas, derrotas producidas ante una gran Croacia (excelente torneo y a punto de meterse en semifinales y derrotar a Serbia, les condenó su escasa rotación de apenas ocho jugadores) por tan sólo dos puntos, ante la anfitriona Brasil por un punto, y ante los siempre inaccesibles Estados Unidos y a la postre campeones (no dieron opción en la final a los serbios, ganándoles de 30) por sólo seis puntos, y dejando entre las cinco victorias tres partidos de un nivel extraordinario como fueron los que nos enfrentaron a Lituania (actual subcampeón europeo), Argentina (actual subcampeón americano) y Francia (oro europeo en 2013, bronce mundialista en 2014, bronce europeo en 2014), un análisis objetivo no puede si no decirnos que el torneo realizado por nuestra selección ha sido notable. Otro capítulo más de una historia legendaria. Nos hemos bajado un peldaño del podio respecto a los dos últimos Juegos, pero hemos sido capaces de subir el nivel de épica en los momentos decisivos. 


Todavía analizaremos más cosas de un torneo que ha dejado un nivel bastante alto de juego. Hablaremos de las individualidades de nuestro equipo y de cómo se han comportado el resto de selecciones y de los jugadores más destacados del campeonato. Será en próximas entregas. 




 
Cara y cruz. Australia, gran torneo pero sin medalla. Andersen desolado.