¡SÍGUENOS DESDE TU CORREO!

viernes, 24 de febrero de 2017

¿LA COPA DEL CAMPO ATRÁS?




El algodón no engaña. Llull pisa.



No queremos cerrar la última edición de la Copa del Rey sin abordar el que, por desgracia, ha sido tema de moda durante unos días. Y decimos bien por desgracia, ya que hablamos de la mejor edición del torneo en muchísimo tiempo, con partidos espectaculares, emoción a raudales, remontadas impresionantes, record de asistencia (tanto en un partido, semifinales Baskonia-Real Madrid, con 15465 espectadores, como en el global del torneo, con un total de 103968 asistentes, lo que da una media de 14982 espectadores por partido, espectacular) e igualmente cobertura mundial de record, con nada menos que 141 países en todo el globo recibiendo la señal televisiva del evento. Impresionante. Actuaciones individuales tan descollantes como las de Shermadini ante el Real Madrid, Ericksson ante el Unicaja, Larkin ante el Tenerife, o Llull y Randolph durante todo la competición, sin olvidar el haber podido disfrutar de un genio llamado Luka Doncic jugando su último gran torneo siendo menor de edad. La sabiduría táctica de un técnico como Pedro Martínez, la fe inquebrantable y confianza en sus recursos de Pablo Laso, la valentía de Joan Peñarroya, la confirmación de Sito Alonso como entrenador capacitado para grandes empresas, o los malabarismos de Bartzokas para avanzar a semifinales con medio equipo en la enfermería. Y sin embargo mucha gente está empeñada en que esta edición pase a la historia como “la Copa del campo atrás”. Evidentemente no les damos ningún crédito, son enemigos del baloncesto, e incluso nos hemos pensado si no hubiera sido mejor obviar el tema y no darle pábulo a tales elementos nocivos, no obstante queremos dejar clara nuestra opinión y nuestra indignación al ver utilizado nuestro deporte favorito para que las fobias deportivas (“fobia” y “deporte” son conceptos que ya de salida nos parecen absolutamente antagónicos) de algunos salgan a relucir. 


No nos escondemos, y vaya por delante que cualquiera que siga este blog sabe que nunca hemos negado nuestra condición de madridistas. Pero igualmente quien nos conozca sabe de nuestra absoluta falta de fanatismo y nuestra reivindicación de la total libertad de pensamiento. Odiamos las sectas y los dogmas. Yo mismo he sido llamado no pocas veces “antimadridista” en muchos foros de mi equipo por no sumarme al discurso victimista de llorar y quejarme por arbitrajes o por una presunta persecución institucional en ACB y Euroliga que, sinceramente, jamás he visto. Por no hablar del linchamiento sistemático que no comparto al que se somete a medios de comunicación, periodistas o locutores deportivos en general, a los que se acusa por defecto y sin ningún tipo de fundamento de antimadridistas, cargando incluso contra ex –jugadores del equipo blanco. Una locura, una esquizofrenia, en algunos foros acusando a los medios de llenar sus plantillas de madridistas, y precisamente en foros madridistas acusando a los medios de todo lo contrario. ¿Quiénes tienen razón? Para mí nadie. Es una cuestión de prejuicios. Y el peaje que tengo que pagar por caminarme por la vida como librepensador y desterrar de mi mente cualquier prejuicio es que a mi edad y después de décadas de sufrir y disfrutar por igual con el equipo de mis amores, algunos me califiquen como antimadridista. No me importa. Anchas son las espaldas. 


Aclarado este punto, vayamos con la jugada en cuestión. La imagen no ofrece dudas. Llull comete campo atrás al pisar la línea de medio campo después de haber cruzado totalmente el citado medio campo. Una imagen tan clara como imposible de ver en directo. Nadie reclamó nada, simplemente porque nadie lo vio. Ni Thomas Schreiner, quien se encontraba encima de Llull en el marcaje defensivo, ni ninguno de sus compañeros, especialmente Oliver Stevic, quien va a hacer la ayuda para asfixiar al madridista y dificultar el pase finalmente exitoso para Randolph, autor del triple que lleva el partido a la prórroga, ni Peñarroya ni ninguno de sus jugadores desde el banquillo, ni prácticamente ningún aficionado. La jugada es rapidísima, y además se ve complicada debido a la publicidad de Movistar en dicha zona del campo. No fue hasta minutos después de sonar la bocina final cuando gracias a la repetición pudimos constatar la infracción del jugador madridista. Si un aficionado que no ha visto ni el partido ni la jugada en cuestión escucha que “el Madrid gana gracias a un campo atrás” puede imaginarse una acción clarísima con Llull recogiendo el balón en su campo después de haber fallado un pase mientras los árbitros con premeditación y alevosía miran para otro lado. No fue así. Incluso durante la globalidad del partido el arbitraje no ofreció dudas en ningún momento sobre un favoritismo hacia los campeones, más bien al contrario. En un partido jugado con similar intensidad por ambas partes (incluso diríamos con mayor intensidad por parte andorrana, con un lógico plus de motivación al encontrarse ante una oportunidad histórica en un escenario en el que su rival ya se ha visto en infinidad de ocasiones), los blancos fueron castigados con ocho faltas personales más que los del Principado, con un evidente desequilibrio en los tiros libres lanzados por ambos equipos (25 el Real Madrid, 39 el MoraBanc) y pudimos ver alguna jugada meridianamente clara como una posible falta sobre Anthony Randolph con dos rivales encima sobre la bocina antes del descanso, que de haber convertido hubiera puesto al Real Madrid a siete puntos y no cargar los diez de desventaja con los que se fue al vestuario. Sólo un auténtico ignorante de este deporte puede pensar, después de ver los 45 minutos del encuentro, que hubiera una consigna premeditada para que el equipo de Laso llegara a semifinales. 


Pero el daño ya estaba hecho. A partir de ahí el nocivo “periodismo de bufanda” comenzó a retozar en el lodazal de la intoxicación deportiva, al más puro estilo futbolero. Las aficiones no se quedaron atrás. En ocasiones con sorna, como el duelo entre baskonistas y madridistas gritando los unos “¡era campo atrás!” y respondiendo “¡y no se pitó!” los otros. Todo dentro de un sano ambiente empezado y continuado como suele ser habitual por los bares de la zona. El problema es quien ha utilizado algo tan natural como un error arbitral para dañar a este deporte, enturbiando un torneo que siempre se ha caracterizado por la cordialidad entre aficionados (“la fiesta de las aficiones” siempre se ha dicho de la Copa) y que este año ha visto sucesos tan desagradables como la agresión a unos aficionados madridistas a la salida del Buesa Arena después del partido de semifinales por parte de unos energúmenos que poco tienen que ver con el baloncesto y que ha provocado que el club vitoriano haya tenido que manifestar una condena oficial al respecto. Triste ver algo tan lamentable en las inmediaciones de una cancha donde un mes antes la afición deportívamente ovacionaba la actuación del joven prodigio Luka Doncic, pese al destrozo que estaba haciendo a su equipo. Triste ver webs presuntamente deportivas hablar a la ligera de “robos”, “atracos” y demás teorías conspiranoícas en un juego en el que se trata de meter más puntos que el contrario, y triste incluso ver algún ex –futbolista despistado clamar por una presunta injusticia en una final justamente ganada por el Real Madrid como el propio entrenador del Valencia, Pedro Martínez (quien no suele morderse la lengua respecto a arbitrajes que no le gustan) reconoció tras el choque.


No hacen ningún bien al baloncesto quienes han aprovechado esta Copa para sembrar odio y discordia entre aficiones, y ahí queremos incluir tanto al antimadridista visceral, quien vive las 24 horas del día culpando al club blanco de las desgracias de todos los males del universo como al madridista radical de tendencias ultras, empeñado en demonizar y atacar todo lo que no sea blanco, madridista y español y que aprovecha un evento como éste para sacar a la luz sus miserias en cuanto a la convivencia con el resto de sus compatriotas. Son pocos, son los menos, pero no podemos dejar que emponzoñen un deporte que para muchos es casi religión, una manera de entender la vida, y que precisamente a muchos niños y niñas enseña valiosas lecciones sobre el respeto a sus congéneres. Los errores arbitrales forman parte del deporte, y la historia está plagada de ellos. En baloncesto por encima de todo se recuerda el insólito final de los Juegos Olímpicos de Munich 72 y la canasta de Belov para ver derrotada por primera vez en la historia a la selección de Estados Unidos, pero no se quedarían atrás la famosa “liga de Petrovic”, que acabó siendo por desgracia “la liga de Neyro”, o el tapón ilegal de Vrankovic a Montero en una final continental de clubes entre Panathinaikos y Barcelona. El propio Real Madrid sufrió la pasada temporada un error arbitral clave pero comprensible debido a la dificultad de apreciar en directo la infracción. Nos referimos al partido de Euroliga en el que Davis Bertans capitula una derrota madridista en Vitoria con un triple precedido de pasos. No tiene excesiva trascendencia al ser un partido de liguilla, dirán algunos, pero aquella derrota fue clave para entender la cuarta posición del Real Madrid en su grupo y la condena a enfrentarse a Fenerbahce en cuartos de final, un rival evidentemente mucho más fuerte que el Lokomotiv Kuban.


Los errores arbitrales, como decimos, son inevitables. Forman parte del contexto de este deporte que escapa al control de los protagonistas y entran en terrenos diríamos más azarosos. Lo que sí obedece al control de cualquier implicado en el baloncesto es su comportamiento y su actitud. Cada uno es libre de escoger su manera de conducirse por la vida, ateniéndose a las más elementales reglas de respeto y convivencia o comportándose como un troglodita que la emprende a garrotazos con todo aquello que no es de su agrado.    



Igualmente cada cual es libre de escoger con que se queda, si con “la Copa del campo atrás” o la Copa de las audiencias record, los partidos desorbitados y las canastas de bellísima factura. Pero tengan claro que en su decisión llevarán implícita la realidad de su compromiso con el deporte.  




La fiesta de las aficiones. Qué nadie nos la estropee. 






2 comentarios:

  1. Simplemente felicidades y comparto esta opinión la cual para mi, es simplemente perfecta, gracias por dejarme disfrutar de estas opiniones Pepe. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias a ti por tus palabras, Carlos.

    ResponderEliminar