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martes, 20 de junio de 2017

HISTÓRICO VALENCIA, HISTÓRICA ACB







Y a la tercera fue la vencida para Pedro Martínez. Tras perder las finales de Copa del Rey y de Eurocup, se desquitó, y de qué manera, precisamente ante su verdugo en la Copa y en las semifinales por el título ACB la pasada temporada. Es la primera liga en la historia del club taronja, y sin duda es el mayor éxito obtenido hasta la fecha por una entidad cuyo equipo había sido campeón de Copa y de Eurocup, máxime en el contexto del baloncesto actual y en una competición tan disputada y con tanta calidad como la ACB. De hecho en el camino hacia el título el Valencia ha ido superando a los tres equipos que este año competían en Euroliga: Barcelona, Baskonia y Real Madrid respectivamente. El dato tomado desde otro punto de vista nos deja una reflexión, y es que parece claro que la dureza y calendario del nuevo formato euroliguero ha pasado factura a estos tres grandes. Un formato que el propio Valencia conocerá la próxima temporada, junto al Unicaja, como campeón de la Eurocup. Con nuestros cinco mejores equipos disputando la máxima competición continental el próximo curso, se prevé de nuevo una gran igualdad en la tabla clasificatoria y posibilidades para que equipos más modestos sigan dando la campanada, caso del Tenerife de este año. Aunque ya habrá tiempo de hablar de eso. 



El Valencia se lleva las finales por 3-1, rompiendo el factor cancha en el segundo partido y dando dos exhibiciones en La Fonteta. Se recordará el maravilloso juego desplegado por los de Pedro Martínez y como han volado sobre su rival a partir del segundo cuarto del tercer partido y en el segundo acto del cuarto y definitivo encuentro, pero justo es recordar también una canasta que puede ser considera punto de inflexión de estas series finales. Era el segundo partido en Madrid, el que podía poner el 2-0 y dejar al Valencia sin margen de fallo. El choque se movía en unos parámetros de igualdad similares a los del primer encuentro, abocado a uno de esos finales en el alambre en los que tan a gusto se sienten los funambulistas de Laso con Llull a la cabeza. Pero en esta ocasión no fue el Aeroplano de Mahón quien se sacó de la chistera una genialidad con la que los espectadores se llevasen las manos a la cabeza. El montenegrino Bojan Dubjlevic, a la sazón MVP de las finales, anotaba una canasta increíble encontrando un hueco imposible entre la defensa de Nocioni y Hunter rompiendo el empate del luminoso a falta de un minuto para el final. Una canasta que finalmente vale una liga. 


Dubjlevic ha sido justo MVP de las finales con sus 14 puntos y 7 rebotes por partido (pese a su pobre 25% en el triple), pero la hazaña valencianista ha tenido unos cuantos nombres propios más. Destacadísimo San Emeterio, con 13 puntos, 3 rebotes y 3 asistencias por choque, y además con un demoledor 67% en triples, pero por encima de todo se ha erigido como auténtico guía espiritual y líder del grupo taronja, pese a llevar sólo dos años en este club. Nadie puede dudar ya de que estamos ante uno de los mejores jugadores españoles de la historia, y sólo el haber coincido en la misma generación que los Gasol, Reyes, Navarro y compañía hace que no seamos del todo conscientes de la magnitud de su juego. Junto a ellos, Pedro Martínez ha encontrado su “factor x”, ese héroe inesperado con el que nadie contaba, en Will Thomas. De unos discretos 6 puntos y 4 rebotes, para 9 de valoración en liga regular, en estas finales ha pasado a 13 puntos y 3 rebotes y una valoración media de 13.75, anotando desde todas las posiciones y con porcentajes por encima del 50%. Antoine Diot ha sido otro de los jugadores claves para Pedro Martínez, sin Van Rossom y con Guillem Vives aquejado de problemas físicos, se ha tenido que multiplicar en la pista. Joan Sastre por otro lado, campeón de Europa Junior en 2011, se instala definitivamente en la élite del baloncesto español. El gran capitán Rafa Martínez parece no haber brillado tanto como en otras ocasiones, pero su defensa ante el juego exterior madridista, especialmente frente a Jaycee Carroll (triste 3 de 15 en lanzamientos triples, cuando ante Unicaja había anotado nada menos que 9 de 15), es clave para entender el triunfo levantino.


En el polo opuesto un Real Madrid en el que, como suele ser habitual alrededor de este club, se dispara el nivel de crítica hasta niveles absolutamente insoportables. El principal señalado es un Pablo Laso que lleva seis años poblando de títulos las vitrinas blancas pero se le coloca en la diana en cuanto llega algún tropiezo. Se le critica haber fundido a la plantilla, cuando en realidad sus rotaciones durante toda la temporada han sido modélicas. El único jugador excesivamente utilizado ha sido Sergio Llull con 26 minutos por partido en liga regular (lo cual tampoco es una barbaridad), precisamente el hombre que en mejor forma ha acabado el curso. El resto de jugadores habituales se han movido entre los 12 minutos de Nocioni y los 21 de Rudy y Ayón. Al Real Madrid se le ha hecho larga la temporada, es cierto, pero no ha sido culpa de la mano de Laso. La dureza del nuevo formato de Euroliga con 30 partidos de la máxima exigencia no ofrece dudas ¿Es culpable Laso de la difuminación de Randolph, de la aparición nuevamente de la versión más temerosa de Doncic, de la indolencia reboteadora de Hunter (3 rebotes en 47 minutos en los tres primeros partidos… ahora ya saben porque no Laso no le hace saltar a la cancha en el cuarto) o de la sequía anotadora de Carroll? Para mí sinceramente la gran diferencia en estas finales ha sido algo sumamente sencillo: un equipo con un núcleo sólido llegando en su mejor momento de forma de la temporada, frente a un equipo en el que lo que se presuponía una de sus mayores virtudes, el fondo de armario, ha sido un lastre. Con varios pesos pesados en su peor versión de la temporada, a Laso sólo le han respondido Llull, Ayón y Felipe Reyes. El escandaloso segundo cuarto del último partido (29-11 de parcial para Valencia) llega con un quinteto formado por Doncic, Carroll, Maciulis, Nocioni y Randolph, una segunda unidad que cualquier equipo desearía para sí. Pero increíblemente esos jugadores vieron como el Valencia les pasaba por encima una y otra vez en cada ataque taronja, mientras que en el otro lado de la pista se estrellaban una y otra vez contra la muralla naranja. ¿Alguien se sigue preguntando porque Doncic y Randolph no jugaron un minuto en toda la segunda parte? Vuelvan a ver ese segundo cuarto y no me digan que no hubieran actuado como Laso. 


En definitiva triunfo histórico del Valencia dentro de una temporada igualmente histórica para el baloncesto ACB. Nada menos que cinco campeones distintos hemos conocido este curso. El Gran Canaria sorprendió haciéndose con la Supercopa, allá por finales de Septiembre de 2016. El Real Madrid en Febrero fue fiel a su asombrosa fiabilidad en Copa del Rey para alzarse con su cuarto título consecutivo. A principios de Abril Joan Plaza se consagraba ganando la Eurocup con el Unicaja, y a finales de ese mismo mes Txus Vidorreta (por cierto, próximo entrenador taronja tras la negativa de Pedro Martínez a renovar) hacia lo propio con el Tenerife y la Champions League. Y finalmente la campanada valencianista en Liga para demostrar que la ACB goza de una salud excelente.



Qué la campaña próxima sea cuanto menos tan excitante como la recién finalizada. 


lunes, 19 de junio de 2017

LA MELANCOLÍA DE LOS PRIMEROS BAÑISTAS




Hay un poema magistral de Manuel Vilas, dentro de su colección de 2010 “Amor. Poesía Reunida”, titulado Los Últimos Bañistas, posteriormente utilizado por una banda murciana del mismo nombre para dar rienda suelta a su música eléctricamente nostálgica. Precisamente por tierras murcianas he estado la última semana, anticipando el verano en la llamada Costa Cálida, y recordando ese recurrente poema de Vilas. Tiene su gracia comenzar el verano tan pronto para un melancólico atroz como yo. En este caso esa melancolía de los últimos bañistas, de quienes aprovechan hasta el último rayo de sol y exprimen la luz del día junto al mar, se ha convertido en la de los primeros, disfrutando de una playa casi vacía y virginal, calma preludio de la interminable algarabía que vendrá después, como describe Vilas en su poema.


Estos días de asueto nos han hecho desatender el blog, pese a que nuestras dos últimas entradas, la dedicada al primer partido de las finales ACB y al cuarto de las de la NBA ya fueron realizadas en el citado periodo vacacional. En un apartamento sin wifi, y con la tentación soleada de la playa a escasos metros, la desconexión finalmente fue total. Lo cual no quiere decir que no estuviéramos al tanto de lo sucedido alrededor de nuestro deporte favorito. He estado al corriente de los últimos movimientos en los banquillos ACB, asistí al certificado de equipo histórico de estos Golden State Warriors, he visto el comienzo del Eurobasket femenino (un Eurobasket express y comprimido en apenas una semana), y por supuesto he sufrido con la derrota del Real Madrid en las finales ACB. 


Todo esto lo iremos contando en las próximas entradas, siempre que el tiempo nos lo permita, ya que el trabajo aprieta. Sólo queríamos decirles que estamos de vuelta. Además en unos días nos escapamos de nuevo, en esta ocasión al Fuengirola Pop, en su ya nada menos que décima edición. Uno de esos festivales pequeños, familiares, donde todo el mundo se conoce y el fenomenal paisaje humano se une al marco natural de la Costa del Sol, con un puñado de bandas de lo más granado del pop nacional e internacional y un buen número de pinchadiscos entre los que se encuentra este humilde Tirador en su encarnación de Pepe Kubrick. Y por supuesto empapados de playa y mar. 



Seguiremos alimentando la melancolía.    





Próxima parada: Fuengirola Pop


lunes, 12 de junio de 2017

SU PROPIA MEDICINA




Irving voló sobre los Warriors


El cuarto partido de las finales NBA 2017 nos vuelve a dejar un escándalo ofensivo, una orgía anotadora que sitúa estas series como un aluvión de derribos de records históricos. Pero el resultado fue distinto al de los tres encuentros anotadores. Esta vez Cleveland si pudo sumar su primer punto. No hubo posibilidad de repetir los fallos del tercer partido en los minutos finales, por la sencilla razón de que aplastaron a los Warriors desde el salto inicial. 49 puntos encajaron los Golden State en el primer cuarto, record anotador en un primer acto en un partido de finales. 86 llevaban en su casilleros los Clevelad, lo que unido a los 68 de Golden State convertía la primera mitad del partido en la más anotadora de la historia en un partido de finales NBA. Increíble. Es lo que pasa cuando se suman tantos talentos juntos en una misma cancha. Si los analistas y aficionados nos preguntábamos como serían capaces de frenar la exuberancia ofensiva de Golden State, el equipo de Tyronn Lue responde a la brava: anotando más puntos que el rival. Pero cuando el rival se llama Golden State Warriors hay que admitir que la cosa tiene un mérito mayúsculo.


La dupla Irving-James volvió a alcanzar cotas sobrehumanas. El base se fue hasta los 40 puntos y fue el primero en activar el modo kamizake del ataque Cavalier con 5 puntos consecutivos dentro del parcial de 2-8 con el que Cleveland avisaba de que a “run&gun” en esta ocasión no les iban a ganar ni estos Golden State Warriors, actuales estandartes del baloncesto ofensivo a nivel global. J.R. Smith acompañó al duo dinámico de los de Ohio con 15 puntos, todos desde el triple, dentro una exhibición global que finalizó con 24 triples. Otro record pulverizado, el de triples en un partido de series finales... con la particularidad de que el anterior tope lo estableció Golden State hace tan sólo unos días en estas mismas finales, curiosidad que bastaría para asegurar que pese al 3-1 casi decisivo para los californianos, la calidad de estas series está siendo brutal. LeBron por su parte fue fiel a su cita con el triple-doble, una estadística que domina con una facilidad tan pasmosa que escapa a cualquier comprensión y definición de su juego. Sencillamente, el más completo del mundo.


Es una maravillosa noticia que frente a un equipo de la magnitud histórica de estos Golden State, su máximo rival, lejos de combatirlo transformado en una versión opuesta, intente hacerlo con sus propias armas, propinándole lo que en castizo se diría “su propia medicina”. Claro está que Cleveland también tuvo que trabajar atrás y esperar que la pólvora de los Splash Brothers se mojase por un día. El anómalo porcentaje de acierto de Curry (30%) y Thompson (36%) ayudó enormemente a que Ohio viviese la primera victoria, pese al partidazo una vez más de Kevin Durant. Sus 35 puntos, 4 rebotes, 4 asistencias y 2 tapones no sirvieron para ganar el partido y cerrar las finales, pero sí para que en el MVP de estas series su nombre esté ya definitivamente cincelado.


Cleveland pone el 3-1 en la lucha por el título. Al fin y al cabo era el mismo resultado con el que la pasada temporada viajaban a Oakland en el quinto partido, pueden pensar algunos. La diferencia es que lo hacían habiendo ganando el tercer partido, no el cuarto, con lo que la épica consistía en ganar tres partidos seguidos, lo cual no era poca cosa, pero imagínense por tanto la dificultad de hacerlo en cuatro ocasiones. Tampoco está Draymond Green sancionado, como ocurrió en el quinto partido de 2016 después de golpear a LeBron James, y luego está, como no, el efecto Durant, auténtico elemento de desequilibrio respecto al pasado curso y éste.



No hubo barrido, y ya no habrá play offs perfectos para Golden State, pero Oakland se prepara para lo que parece la más que inminente celebración por un nuevo título.  

sábado, 10 de junio de 2017

EL JUGADOR QUE NUNCA SE FUE



This is where I belong...





Tengo una extraña sensación con nuestra Liga Endesa y el baloncesto ACB. A pesar de tener el mejor basket de Europa y de tratarse de un organismo sólido que garantiza la fiabilidad de los clubes (de ahí las draconianas medidas con sus miembros, espinoso tema del canon incluido), de potenciar y vender el producto de manera espectacular cuando comienza una nueva temporada y presentar por todo lo alto su fin de semana estrella, el de la Copa del Rey, lo cierto es que una vez llegados a los play offs por el título, a la batalla final tras una larga temporada luchando por esto, siento como si el evento estuviese pasando muy desapercibido excepto para el aficionado fiel a la canasta. Y eso que estas finales no tienen apenas competencia en el plano deportivo, con las principales competiciones domésticas de otras disciplinas ya finalizadas. Quizás sea el hecho de no ser transmitidas en abierto, o quizás que no esté un habitual como el Barcelona en las finales, pero lo cierto es que tengo la sensación de que el partido de anoche que servía para abrir la serie final pasó bastante desapercibido.


Y hablamos de lo que fue un auténtico partidazo. No podía ser de otro modo. Real Madrid y Valencia nos regalaron en 2015, en la temporada perfecta de los blancos, una de las mejores series semifinales que recuerdo, destacando aquel maravilloso tercer partido (100-103) que resuelve Sergio Llull con un triple en la prórroga. En 2016 repitieron enfrentamiento en semifinales por el título, sin tanta espectacularidad pero resuelto igualmente a favor de los blancos por 3-1, y este año los hemos visto luchar en el partido final por la Copa del Rey. Sólo nos faltaba verlos en una final por el título, y ya la tenemos. Y ambos equipos demostraron, a pesar de los kilómetros en las piernas, por qué son los justos finalistas y los mejores equipos de España ahora mismo (con permiso de Unicaja, quien de haber ido por el otro lado del cuadro y no haberse enfrentado a Real Madrid en semifinales, bien pudiera estar en estas finales)


El partido fue competido y disputado, con opciones para ambos equipos. Y es que pese al pequeño estirón en el luminoso de los locales comenzado el último cuarto (67-61), dos triples consecutivos de San Emeterio (otra vez enorme) y Will Thomas empataban el partido, y poco después Dubljevic enmudecía el Palacio con un triple que ponía a su equipo uno arriba. Sería la última ventaja taronja, pero los de Pedro Martínez no se irían del partido. Un canastón en un escorzo increíble de un San Emeterio en versión líder total llevaba el partido definitivamente al alambre. 78-78 a 3.54 para el final. Y cuando hay que jugar en el alambre nadie como Sergio Llull. 20 puntos, 4 asistencias y 4 robos para la bestia negra valencianista, esta vez acompañado de un Rudy Fernández magistral todo el choque y que dejó una de las canastas del partido con un 2+1 cuando el luminoso registraba 80-78 dentro de un parcial de 7-0 definitivo para sepultar las aspiraciones de los de Pedro Martínez.


Pero hasta llegar a ese final de partido hubo varios protagonistas sosteniendo a sus respectivos equipos. Ayón y Reyes supieron cerrar el tablero madridista, especialmente el capitán, colosal para anotar 11 puntos sin fallo y capturar 6 rebotes. Dubljevic dio un recital al poste y desde la larga distancia (19 puntos y 5 rebotes, 3 de 4 en triples), Luke Sikma demostró de nuevo ser uno de los interiores más completos de la ACB (13 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias) y Diot se metió una tremenda paliza en el puesto de base ante la baja de Van Rossom y los problemas físicos de Guillem Vives. El francés apenas miró aro y sólo anotó una canasta en la recta final del partido (poniendo un empate a 76, sus dos únicos puntos en el partido), pero su dirección y sus 9 asistencias fueron claves para que su equipo llegase con opciones al final del choque. Pero sobre todo hubo dos jugadores que queremos destacar del partido de anoche, dos baloncestistas con los que gran parte de la afición lleva tiempo siendo muy injusta, pero que si encuentran comprensión en ese seguidor más exhaustivo y escudriñador, que sabe leer entre líneas y valora el trabajo que se realiza en las trincheras del baloncesto. Hablamos de Jeff Taylor y Rudy Fernández.


El sueco esta vez no se hizo el idem en ataque, y con 12 puntos y un sólo fallo en tiros de campo fue de los mejores del partido. No faltó su habitual trabajo defensivo, dejando dos tapones para las videotecas, especialmente el que coloca en el último minuto con 85-81 sobre San Emeterio y que resulta decisivo y vital para que el Madrid sume el primer punto.    



Not in my house!



Rudy no sólo apareció con ese 2+1 citado anteriormente que rompía el partido en la recta final. Todo su partido fue notable. Fue el hombre del partido, dentro y fuera de la pista, ya que su actuación sirvió para que las redes sociales comenzasen a hablar de un jugador habitualmente vilipendiado en dichas redes, y la frase “Rudy ha vuelto” se convirtió en mantra durante y después del partido. Y yo me pregunto, ¿de dónde ha vuelto Rudy?, ¿a dónde se había ido?, ¿al CSKA?, ¿al Barcelona?, ¿volvió a la NBA?, llevó siguiendo al Real Madrid toda la temporada y he visto en todos los partidos a ese número 5 dándolo todo en la pista, trabajando a destajo, defendiendo, saltando, reboteando, y sin esconderse en ningún momento. Como en el baloncesto la confianza es algo fundamental (¿recuerdan la famosa bronca de Laso a Doncic en el segundo partido de cuartos de Euroliga ante Darusafaka por no atreverse a tirar cuando tenía una opción clara?), Rudy, jugador ya veterano y que sabe que esto es un deporte de equipo, ha preferido en muchas ocasiones no mirar aro salvo situaciones muy claras, sabedor de que a su lado tiene jugadores del talento ofensivo de Llull, Carroll o Randolph, y embarrándose en trabajos menos vistosos que favorecen a su comparación como el actual Carlos Jiménez de nuestro baloncesto.


La “carlosjimenecización” de Rudy es un hecho que se lleva produciendo desde hace años. Concretamente desde que el alero ex -estudiantil y de Unicaja abandona la selección española. El combinado nacional se queda huérfano de tres alto y quien pudiera tomar el relevo en esa figura, Carlos Suárez, tiene un sonado desencuentro con Sergio Scariolo en la preparación del Eurobasket de 2011, rompiendo definitivamente las relaciones entre jugador y entrenador. Otras opciones posibles como San Emeterio o Alex Mumbrú parecen tener demasiado baloncesto ofensivo en sus manos como para no mirar aro, y Scariolo opta por un escolta de libro como Rudy como alero titular desde el mismo momento de la retirada de Jiménez (2008) En el Europeo de 2009, nuestro primer oro continental, Rudy ya es el “tres” titular de la selección española pese a su 1.98 (escaso para el baloncesto actual), le vemos a partir de entonces emparejarse con jugadores como Luol Deng, Velickovic, Turkoglu, Diaw, Durant... cada vez desterrando más la visión del aro rival y dejando que el protagonismo en ataque se lo lleven otros. Extráñamente parece sentirse cómodo en ese segundo plano, por mucho que sus estadísticas anotadoras bajen. A todo ello se suma su progresiva lesión crónica en la espalda (la dichosa hernia discal) que la hace pasar repetidas veces por el quirófano y que en 2012 le hace confesar que en sus peores momentos sólo podía dormir después de inyectarse morfina a causa del dolor. Rudy nunca deja de ser un jugador de baloncesto, pero ya no será nunca más aquel jugador que hacía mates en la cara de Dwight Howard.


Ese papel estajanovista que lleva desde 2009 adoptando en la selección nacional lo ha trasladado al Real Madrid prácticamente desde su llegada a la entidad blanca, y progresivamente se ha hecho más patente. Por eso sigo preguntándome a donde se había ido Rudy, porque siempre ha estado ahí. En todo caso quizás ha vuelto la confianza en su tiro. Ayer anotó su primer intento, el segundo tiro de su equipo, tras un primer fallo de Maciulis. No hace falta decir que eso da confianza. Pero los que siguieron lanzando fueron Maciulis y sobre todo Llull (quien por algo es el líder del equipo) Desde su primera canasta, en el segundo 70 de partido, a su segunda, a 2.36 para acabar el primer cuarto, pasan 6 minutos y 14 segundos en los que Rudy ni anota ni mira el aro rival, pero sigue jugando al baloncesto, porque Rudy nunca se fue.



Siempre me ha costado entender esa ojeriza actual a Rudy Fernández por parte de algún sector de la afición madridista, incapaz de reconocer a su equipo como un todo en el que cada pieza cumple su trabajo bajo la dirección de un técnico que ha llevado al baloncesto blanco a cotas que no se veían hace décadas, claro que teniendo en cuenta que muchos se tiraron toda la temporada diciendo que había que jubilar a Cristiano Ronaldo no debería extrañarme ya nada.   



Bailando con la más fea


jueves, 8 de junio de 2017

JUGAR COMO NUNCA, PERDER COMO SIEMPRE




Irving y el balón que no quiso entrar




Y Golden State puso el 3-0. Con su victoria en el primer partido de Cleveland, ya no hay dudas de que Curry y compañía van a ponerse su segundo anillo de campeones. La pregunta ahora es si lo harán en la madrugada del sábado o los de Tyronn Lue serán capaces de ganar algún partido para no dejar su casillero de victorias a cero y evitar un histórico 16-0 en play offs por parte de los californianos que ya no dejaría dudas sobre su condición de equipo histórico. Habrá que dejar pasar los años para ver si mantienen capacidad dinástica como los Celtics de Bill Russell y “Red” Auerbach, los Bulls de Jordan y Phil Jackson, o más recientemente los Spurs de Popovich y Duncan, pero ojo a la burrada de la que estaríamos hablando: un equipo que en tres años habría ganado tres campeonatos del Oeste y dos títulos de la NBA, con el record histórico de mejor balance en temporada regular (73-9) y el de mejor balance en la historia de los play offs (16-0) No sé si podríamos hablar del “mejor equipo de todos los tiempos”, pero desde luego del mejor equipo de los últimos tres años con una superioridad absoluta sobre el resto, y sólo tosidos por esa pareja respondona que son Kyrie Irving y LeBron James, quienes ayer volvieron a rozar la machada. 


Fue el mejor partido de las series, y desde luego el mejor partido de Cleveland. Tuvieron en sus manos la victoria, pese a que el comienzo del encuentro semejaba peligrosamente a los dos anteriores. 0-5 de salida para los Cavs, contestado por un 6-0 Warrior. En tres minutos ambos equipos habían anotado cinco triples, anticipando la locura ofensiva de un primer cuarto maravilloso. Klay Thompson sacaba la metralleta (4 triples de 5 intentos… su equipo anotaría un total de 9 en ese primer acto), pero un enorme LeBron mantenía a su equipo. La dependencia de Cleveland alrededor del astro de Akron no puede ser más evidente, y es que cuando King James tomó descanso a dos minutos para el final del cuarto, los Warriors propinaron un parcial de 10-0 culminado con una asistencia de Durant sobre Green totalmente solo para poner el 39-31 en el marcador. Un gran primer cuarto de los locales echado por tierra en dos minutos finales horribles, curiosamente los que The Chosen One estuvo fuera de la pista.


Pero a diferencia de los dos partidos de Oakland, esta vez Cleveland se mantuvo en el partido. Su defensa mantuvo a Golden State dos minutos y medio sin anotar en el comienzo de segundo cuarto, apareció, por fin, Korver desde el banquillo, y Kevin Love sacó petróleo desde el tiro libre para que el partido se mantuviera en un deseado equilibrio. Tras los peores minutos del encuentro, con el marcador estancado en 46-43, vuelve la fluidez ofensiva para ambos equipos y Cleveland definitivamente dentro del partido tras la técnica a un furioso Draymond Green, protestón y maleducado con los árbitros durante todo el choque. Pero se repitió la película vista en el primer cuarto, dos triples en los últimos 70 segundos del cuarto estiraban de nuevo la ventaja visitante a ocho puntos, suerte para Cleveland que Irving ajustó un poco el marcador con un canastón sobre la bocina. El base estaba comenzando a calentar para lo que iba a ser una descomunal exhibición en el tercer acto. 


16 puntos del genio de Melbourne, la apuesta por el “small ball” (llegando incluso a coincidir Irving, Smith, Jefferson, Shumpert y Korver, todo exteriores) y una gran actitud defensiva (dejan a Golden State en 22 puntos en el tercer cuarto, la segunda anotación más baja de los californianos en un cuarto en estas finales) permiten a Cleveland voltear el marcador. 89-94 para afrontar el acto definitivo y el Quicken Loans soñando con la machada de ganarles un partido a estos Warriors… y quién sabe si repetir el milagro del pasado curso. 


Todo seguía pasando por Irving y LeBron… mientras que Thompson daba la réplica visitante. Pronto se le sumaría Durant. El intercambio de golpes favorecía a Cleveland, manteniendo ese tesoro en forma de diferencia de cinco puntos. Incluso la estiran a seis tras otra genialidad de Irving, sacando un 2+1 frente al siempre pegajoso Klay Thompson (poco se habla de la defensa de quien es uno de los mejores tiradores de la liga) Los “Splash Brothers” respondían y con cinco puntos consecutivos ajustaban el marcador a 4.40 para el final. LeBron en tiros libres tras una endeble defensa de Curry y Smith con un triple majestuoso volvían a poner seis arriba a los locales. 107-113 a 3.09 para el final… 3.09 en los que Cleveland no volvería a anotar, sepultando las pocas opciones que pudieran tener de conseguir el anillo por segundo año consecutivo. Si el destino está escrito, está claro que no está siendo generoso con Cleveland, que vuelve a cobrar aroma de ciudad maldita para las grandes ligas deportivas de Estados Unidos. Durant (14 puntos en el último cuarto), fallaba un triple que daba opciones a los de Lue a aumentar la ventaja, máxime cuando a pesar del fallo de Smith, LeBron se hacía con el rebote, restando segundos al reloj. El jugador más completo del mundo veía a Love bajo el aro para asistir en una jugada cantada que el forward de Santa Mónica incomprensible fallaba, incapaz de sentenciar el choque (¿vuelve a ser Kevin Love el gafe de la liga?) Curry no perdonaría en el ataque siguiente poniendo el 109-113 a poco más de dos minutos para el final. Aun así una situación que seguro hubieran firmado los Cavaliers, visto lo sucedido en los dos choques anteriores. Y entonces llegó la jugada del partido. Irving se sacó otra genialidad, para pese a la, insistimos, gran defensa de Thompson, encarar el aro en una penetración prodigiosa que parecía destinada a acabar en canasta… pero el balón, caprichoso, se paseó por el aro sin caer dentro de la cesta, y aun así el pequeño Irving, cargado de fe y hambre, es capaz de levantarle el rebote ofensivo a nada menos que Draymond Green. Con cuatro arriba, balón en posesión y cien segundos para acabar el partido, todo seguía estando de cara para los de Ohio. LeBron tomó la decisión pero se encontró con su bestia negra de 2015. Y es que la defensa de Igoudala sobre el de Akron volvió a ser clave en los minutos finales. Y apareció Durant. Un tiro lateral para ajustar aún más el marcador. 111-113. Korver buscaba la réplica pero fallaba su intento triple, todo lo contrario que un Durant que ponía por delante a su equipo y de paso afianzaba su candidatura a MVP de las finales (¿alguien duda que será suyo?) La ventaja Cavalier esfumada en un abrir y cerrar de ojos. Irving intentó un triple con “cross over” tratando de revivir su canasta de las pasadas finales. La diferencia es que anoche tenía enfrente a Thompson y no Curry. Durant y Curry acabarían sentenciando desde el tiro libre y entre medias LeBron volvería a ser cazado por Igoudala, impidiendo el lanzamiento triple del “all around player” Cavalier. 



El mejor partido de las series. El mejor partido de Cleveland. Pero el mismo resultado. Amenazan finales cortas. Una pena. 


miércoles, 7 de junio de 2017

METER UN TRIPLE, ENTRENAR UN EQUIPO, ESCRIBIR UN BLOG…



Pura Vida



Hay cosas que nos hacen sentir viejos. Con las que medimos el paso del tiempo y sabemos que los años van pasando. Ver crecer a nuestros hijos, que se sucedan las temporadas de nuestras series favoritas, asistir a las retiradas de nuestros ídolos deportivos… y un nuevo aniversario de tu blog. 


Hace seis años un día como hoy El Tirador Melancólico realizó su primer lanzamiento. El destino quiso que algo menos de dos meses después conociese a la mujer de mi vida, por lo que puedo decir que la dulce transición de Primavera y Verano de 2011 fueron momentos realmente decisivos en mi vida. De los que cambian el curso de tu historia particular. Sólo así podría entenderse que seis años después mantenga este blog con la ilusión del primer día. De un modo totalmente amateur, sin beneficio ni ingreso de ningún tipo, sin colaboración alguna, pero con la total libertad de poder escribir en cada momento lo que pienso. Manteniéndome en mis principios deportivos y en la manera de entender el deporte que, equivocado o no, creo que es la correcta. 


Y así pienso seguir porque a mi edad una de las cosas de las que más orgulloso puedo sentirme es de mi total independencia. 



Y quiso la casualidad, algunos ya lo saben, que el día que esto echó a andar coincidía con el aniversario del fallecimiento de uno de los genios más descomunales de este juego que reverenciamos: el indomable Drazen Petrovic. 24 años ya sin su figura. Sí, esa es otra de esas cosas que nos hace sentir viejos.  



martes, 6 de junio de 2017

REAL MADRID Y VALENCIA, ESPEJOS CONVEXOS







Pedro y Pablo mandan en la ACB




Las finales de Liga Endesa ya tienen protagonistas, encarnados en las escuadras de Real Madrid y Valencia. Sinceramente cuesta encontrar dos equipos más parecidos y a la vez más diferentes en nuestro baloncesto. Ambos clubes apuestan por el baloncesto moderno, ese en el que manda la polivalencia y apenas hay posiciones definidas. Juego abierto y amenaza anotadora en cualquier jugador de la pista. Interiores con movilidad y buena mano (ojo al duelo que pueden protagonizar Ayón y Sikma como pívots facilitadores de juego para sus compañeros) y exteriores con mucha capacidad penetradora. Buena circulación de balón y un baloncesto muy fluido que ha llevado a ambos equipos a pasar de los 80 puntos por partido en temporada regular. Otra característica que les emparenta y nos hace particularmente felices es su apuesta por consolidar bloques en los que destaca el baloncestista español. Si el núcleo duro del Real Madrid de Laso ha sido en los últimos años el formado por Felipe Reyes, Rudy Fernández, Sergio Llull y Sergio Rodríguez (éste último ahora en la NBA), Pedro Martínez ha demostrado su querencia por el baloncestista español en sus dos años como entrenador taronja, especialmente este último curso en el que su consistente base se ha sustentado en los Vives, Martínez, San Emeterio, Sastre y Oriola. Evidentemente no podemos olvidarnos de los Carroll, Randolph, Sikma o Dubljevic, pero es difícil encontrar dos clubes grandes que hayan apostado tanto por el jugador nacional para aspirar a lo más alto de nuestro baloncesto. 


Pero por otro lado hablamos de filosofías de juego muy distintas, las encarnadas por ambos entrenadores. Pablo Laso continúa mostrándose como el gran revolucionario del baloncesto europeo en este siglo, quien ha devuelto al juego sus componentes estéticos de belleza y espectacularidad envueltos en la consigna del ritmo alto y correr a la mínima oportunidad buscando el tiro rápido sin que la defensa rival esté formada. Pedro Martínez sin embargo sigue siendo un técnico que, aunque magnífico en su trabajo, funciona de una manera más encorsetada y táctica, minimizando el riesgo y priorizando la seguridad. Las diferencias de juego entre uno y otro equipo alcanzan su máxima expresión en el uso del lanzamiento triple. Mientras que los de Laso intentaron nada menos que 891 triples durante temporada regular, líderes en esa estadística, el Valencia sólo aposto 737 veces desde el 6.75. Únicamente el descendido Betis y el sorprendente Andorra lanzaron menos triples que los taronja. En play offs se estrecha el margen, con 165 lanzamientos los de Laso por 164 los de Martínez. Claro está, los che con un partido más en semifinales, lo que haciendo un promedio nos dice que el Real Madrid lanza unas 4 veces más de 3 que su rival en las finales en estos play offs.


Como no hay verdades absolutas en este deporte, los números nos dicen que el Real Madrid es el equipo que menos balones ha perdido tanto en liga regular como en play offs, pese a su apuesta por el baloncesto rápido y sin red. A lo mejor es que Llull y Doncic no son tan pésimos directores de juego como algunos insinúan. Otro mito derribado es el de la defensa, y es que pese a encajar más puntos resulta que los de Laso han recuperado más balones y puesto más tapones que su rival en lo que va de temporada. 


¿Cómo han llegado ambos equipos a la final y qué se espera de ellos en la lucha por el título? Después de unos apasionantes cuartos de final, resueltos todos ellos en el tercer y último partido, las semifinales desgraciadamente no han tenido tales grados de emoción y competitividad, dejando un regusto amargo en el aficionado imparcial quien hubiese deseado ver alargarse las series. Real Madrid, Unicaja, Baskonia y Valencia parecían conformar un cartel de aspirantes realmente duro y atractivo como para ver series de cinco partidos. Los de Laso, desde luego, no estaban por la labor. Rotundo 3-0 para acceder a las finales por la vía rápida, aunque sólo en el segundo partido fueron descaradamente superiores a los de Joan Plaza. El 101-72 que vivió el Palacio fue uno de los mejores partidos de la temporada blanca, liderados por un estratosférico Jaycee Carroll con 8 triples de 11 intentos para irse a 29 puntos. Los otros dos partidos fueron choques ajustados, el primero decidido por un apoteósico Llull (28 puntos y 5 asistencias), dinamitando el partido con diez puntos en menos de dos minutos, y el segundo entre el propio Llull y Ayón y una lección de sobriedad en los instantes decisivos. Los minutos se acumulan en las piernas de los jugadores madridistas, pero aunque hayan perdido cierta frescura en ataque, resuelta con las explosiones puntuales de Llull o Carroll, estamos viendo al Madrid más serio en defensa de la temporada. 


Más extraña todavía ha sido la serie entre Baskonia y Valencia. Los de Sito Alonso veían roto el factor cancha a las primeras de cambio en un horrible final de primer partido, sufriendo un parcial de 2-11 en los minutos finales y estrellándose ante la zona de Martínez. En el segundo choque los vitorianos volaban sobre el rival y ganaban con contundencia para empatar la serie, pero ser incapaces de arrancar una sola victoria de La Fonteta pese a los problemas físicos de los locales, sin Van Rossom y con Vives y Rafa Martínez tocados. El gran nombre propio de la serie ha sido el de Fernando San Emeterio. No es exagerado afirmar que ante su ex –equipo ha hecho parte del mejor baloncesto de su carrera. 16 puntos y 4.5 rebotes por partido en semifinales le aseguran un lugar en el olimpo taronja. Sólo estuvo gris en el segundo partido, como el resto de su equipo, pero en las tres victorias naranjas firmó 24 puntos y 7 rebotes, 15 y 5, y 19 y 3 respectivamente. En el cuarto partido alcanzó la perfección, ya que sus 19 puntos no conocieron fallo (2 de 2 en libres, 4 de 4 en canastas de 2, y 3 triples sin error)


Favoritismo claro para el Real Madrid en las finales, con mejor y mayor plantilla, factor cancha, y las dudas en el físico de los jugadores exteriores valencianistas. Oportunidad para Pedro Martínez de demostrar que en este juego de espejos convexos que supone ver frente a frente a dos equipos tan semejantes y diferentes al mismo tiempo es capaz de deformar la realidad como lo hacían los espejos del Callejón del Gato de Valle-Inclán y dejar sin pólvora a este Real Madrid desbocado y anotador que, por si fuera poco, apenas pierde balones.



LOS MEJORES DE SEMIFINALES:


SERGIO LLULL (REAL MADRID): 17.6 puntos, 3.3 rebotes y 5.6 asistencias por partido. 19 de valoración media.

SHANE LARKIN (BASKONIA): 14.2 puntos, 3 rebotes y 5 asistencias por partido. 14.5 de valoración media.

FERNANDO SAN EMETERIO (VALENCIA): 16 puntos y 4.5 rebotes por partido. 59.4% en tiros de campo. 19.2 de valoración media.

ADAM HANGA (BASKONIA): 11.1 puntos y 3.2 rebotes por partido. 65.3% en tiros de campo. 12.2 de valoración media.

GUSTAVO AYÓN (REAL MADRID): 10.3 puntos y 5.6 rebotes por partido. 77.7% en tiros de campo. 15.3 de valoración media. 


LOS MEJORES DE LOS PLAY OFFS: 


SERGIO LLULL (REAL MADRID): 15.5 puntos, 2.3 rebotes y 6.3 asistencias por partido. 15.3 de valoración media.

SHANE LARKIN (BASKONIA): 13.5 puntos, 2.4 rebotes, y 4.7 asistencias por partido. 12.5 de valoración media.

FERNANDO SAN EMETERIO (VALENCIA): 12 puntos, 3.5 rebotes y 2.1 asistencias por partido. 15.1 de valoración media.

ADAM HANGA (BASKONIA): 11.4 puntos, 4.7 rebotes y 2.1 asistencias. 14.2 de valoración media.


GUSTAVO AYÓN (REAL MADRID): 10.1 puntos, 7.3 rebotes y 1.1 tapones por partido. 72.9% en tiros de campo. 15.8 de valoración media. 


LA MÁQUINA INFERNAL



Meter, meter, meter y volver a meter...


Segundo partido de las finales NBA con un guión casi calcado al del primero. Cleveland resistiendo, aguantando hasta el descanso (64-67), pero incapaz de seguir el vendaval ofensivo de esta máquina perfecta, infernal, en la que ha convertido Steve Kerr (por fin de vuelta al banquillo) a sus Golden State Warriors. El propio Kerr, listo como él solo, ha frenado la euforia californiana llegando incluso a declarar que jugando como en el segundo partido no tienen opción de ganar en Cleveland, aludiendo a que la victoria fue una cuestión de talento individual. No quiere relajaciones, pero la realidad es que estamos asistiendo a un equipo tan demoledor como demuestra su inaudito 14-0 en play offs y sus 27 victorias en los últimos 28 partidos. 12 partidos seguidos en post-temporada ganando por más de 10 puntos, y una cantidad de records para el recuerdo. El último, sus 18 triples, máximo conseguido en un partido de series finales. 18 triplazos que ayudaron a estirar el marcador a esos 132 puntos finales que constituyen la segunda mejor marca en la historia en un partido por el título (el tope lo siguen teniendo los Boston Celtics de 1987, con 141) Los Cavaliers consiguieron llegar a esos 113 puntos con los que los Warriors les derrotaron en el primer choque, pero de poco les sirvieron ante la voracidad ofensiva de Golden State. Y es que a Durant (33) y Curry (32) se les sumó el que faltaba. Klay Thompson recuperó su tino anotador con 22 puntos. 87 puntos entre jugadores. Demencial.  


Pero los focos se siguen concentrando principalmente en Durantula. 35,5 puntos por partido está promediando en estas finales. De otro planeta. LeBron mantiene el tipo y sigue devorando estadísticas. El domingo noche sumó un nuevo triple-doble, es su octavo en unas finales, lo que le iguala en este campo con el legendario “Magic” Johnson. 


El problema para los de Ohio, qué duda cabe, está en que la segunda unidad no da un solo motivo de esperanza para mantener alguna opción al título. El caso más sangrante es el de Deron Williams. Si hace tres años nos hubieran dicho que unos Cavaliers con Irving y Williams como pareja de bases iban a echar de menos a Mathew Dellavedova hubiéramos preguntado por el camello de quien hiciera tal afirmación, pero así de caprichoso es este deporte. El antaño All Star de la NBA acumula 4 pírricas asistencias, un 0 de 9 en tiros de campo, y un -16 cuando está en pista en estos dos primeros partidos. Para llorar. Tyronn Lue sigue sin encontrar un “factor X”, un héroe inesperado al que aferrarse y que pueda, ya no desequilibrar, al menos igualar la balanza frente a unos Warrios muy superiores en estos dos primeros partidos. ¿Dónde quedó la asombrosa capacidad reboteadora de Tristan Thompson?


Las finales viajan a Cleveland con el mismo resultado que el año pasado a estas alturas. 2-0 para Golden State. Incluso podríamos decir que el pasado curso la situación pintaba peor ateniéndonos a los números, ya que los de Kerr acumulaban un +48 en los dos primeros partidos ante su rival, y habían aplastado sin miramientos a los de Ohio por nada menos que 33 puntos de diferencia. Pero, ¿hay motivos para pensar que Cleveland pueda repetir la proeza de 2016? Sinceramente lo dudo. Para empezar la propia experiencia de lo sucedido la anterior campaña sirve tanto de aviso como de acicate para que los de la Bahía sigan haciendo su mejor baloncesto, como el propio Kerr ha demostrado con sus declaraciones. Y luego el efecto Durant, el elemento que proporciona el desequilibrio total en los distintos aspectos que pueden garantizar el éxito en las finales. Por un lado en el aspecto deportivo, ya que hablamos del jugador con mayor talento ofensivo del planeta (o al menos capaz de igualarse con Harden, Westbrook, y su propio compañero Curry), en un gran estado de forma y totalmente recuperado de una lesión que si bien le tuvo en el dique seco durante meses, ha permitido que tenga en sus piernas tantos minutos como sus compañeros. Por otro lado en el aspecto emocional, ante la posibilidad de ganar por primera vez un anillo y de sacarse la espina de las finales de hace cinco años, cuando los Miami Heat de precisamente LeBron James echaron por tierra el sueño del alero de Maryland. Aquellas finales supusieron el fin de la sociedad Westbrook-Harden-Durant, con la salida del escolta, traspasado a Houston y acusado de no responder en los momentos decisivos de un campeonato. Desde entonces los intentos de Westbrook y Durant por alcanzar el ansiado anillo por Memphis, San Antonio y los propios Golden State. Nadie parece desear por tanto este título más que KD, y su demoledor arranque en las finales parece confirmar este hecho. 



Cleveland, de hecho, parecen tener mejor tono ofensivo que el pasado curso, con un Kevin Love por fin rindiendo al nivel esperado. Pero siguen sin encontrar solución a la máquina infernal californiana. Nadie parece querer (o quizás poder) bajarse al barro y hacer sufrir a un equipo envuelto en la mayor inercia ganadora que se recuerda en muchísimo tiempo. Dicen que en el vestuario de Cleveland olía a marihuana después del segundo partido. Hay que tomarse la vida con filosofía. Quizás incluso también se escuchase algún suspiro entonando un “Mathew, we miss you…”  



viernes, 2 de junio de 2017

LA PICADURA DE LA "DURANTULA"



Volando sobre el Oracle.


Golden State golpea primero en las finales de la NBA. En el duelo mediático entre Stephen Curry y LeBron James, el momentáneo vencedor es… Kevin Durant. Quizás sea por su reciente lesión que le tuvo apartado de las canchas en el final de temporada regular, quizás sea porque no estuvo en las dos finales anteriores (aunque precisamente por eso debiera encontrar foco como el factor desequilibrante respecto a un enfrentamiento que en dos años tuvo desenlace distinto para cada uno de los bandos), lo cierto es que poco habíamos hablado del tercer gran dominador de la NBA en los últimos años tras LeBron y Curry. Es cierto que no tiene ningún anillo, como los dos genios de Akron, pero hablamos de un cuatro veces máximo anotador de la liga durante esta década, y del MVP de 2014, entre medias de los dos consecutivos de LeBron y Curry (James tiene otros dos anteriores, en una racha que trunca el malogrado Derrick Rose) Lejano queda el debate sobre si Durant lograría acomodo en el sistema californiano. Una vez llegados hasta aquí poco importa que la rotación de Steve Kerr y Mike Brown no alcance la excelencia de las dos temporadas pasadas, por muy largas que se hagan las finales todo se va a concentrar en los pesos pesados de ambas escuadras. Cleveland demostró el pasado curso que prácticamente se pueden ganar unas series finales con dos jugadores al más alto nivel (LeBron e Irving), y si hablamos de desorbitada concentración de fuerzas en pocas unidades, los Warriors de Curry, Durant, Thompson y Green no parecen tener parangón en la NBA actual. A todo eso, claro, hay que sumar los Igoudala,  Livingston, Pachulia, David West, e incluso reconocer como el cuerpo técnico de Oakland (donde cada vez cobra más peso Mike Brown ante los sempiternos problemas de espalda de Steve Kerr, ausente en el primer partido de las finales) ha sido capaz de recuperar a ese extraño elemento llamado Javale McGee, quien está protagonizando una post-temporada extraordinaria en relación minutos jugados/productividad (anoche sin ir más lejos 5 puntos, 4 rebotes y 1 tapón en tan sólo 5 minutos de juego) ,pero no nos engañemos, el desenlace de estas finales va a pasar irremediablemente por las manos de las primeras espadas de cada equipo, y en ese sentido este primer partido es sintomático: en un encuentro que demuestra una evidente superioridad californiana ambos banquillos no mantienen un nivel más que discreto (21 puntos de Cleveland por 24 los de Oakland)


Y no empezó mal el partido para Cleveland, saltando al Oracle Arena luciendo músculo y queriendo llevar el partido a la guerra. Hubo de transcurrir un minuto y medio de partido hasta que el marcador fuese desvirgado, con una diana triple de J.R.Smith, y casi dos minutos hasta que los Warriors anotasen por medio de Zaza Pachulia. Fue todo un espejismo, ya que los de Oakland no tardarían en encontrar su habitual circulación de balón (perdieron sólo 4 balones en todo el partido, record de unas finales empatando con los San Antonio de 2013 y los Detroit de 2005) y comenzar su orgía anotadora. Espejismo fue también el triple de Smith, ya que no volvió a anotar en todo el encuentro (tampoco miró mucho más al aro), encomendado a misiones defensivas de las que puede decir que salió airoso en el caso de su enfrentamiento con un errático Klay Thompson (3 de 16 en tiros de campo)  



Pero Cleveland no perdió la cara al encuentro en un magnífico primer cuarto por parte de ambos equipos. Pese a la seriedad defensiva de Golden State (Thompson, desacertado en ataque, hiperactivo atrás), liderada de nuevo por un Draymond Green capaz de emparejarse en la misma posesión rival con Kevin Love y LeBron James (y cuyo sacrificio defensivo le costó dos faltas en los cinco primeros minutos de juego), los 13 puntos de James y 7 de Irving permitieron a Cleveland estar en el partido hasta que un triple de Igoudala sobre la bocina estiraba el marcador a cinco puntos de diferencia, la máxima hasta aquel momento, con un 30-35 que significaba el mejor baloncesto de la noche. 



En el segundo cuarto el show de KD alcanzaría sus cotas más altas. 13 de sus 38 puntos los firmó en ese periodo en el que ni LeBron a campo abierto ni Kevin Love en el poste pudieron detenerle. Apenas necesitó utilizar una de sus armas favoritas durante esos minutos, como es la larga distancia. Como pez en el agua dentro de la fluidez Warrior y del particular “small ball” californiano, no como un falso cuatro abierto, si no como un alero imparable en el uno contra uno mientras que Green cubría las espaldas de sus compañeros como único jugador interior. Golden State de nuevo reivindicando el baloncesto moderno, donde ya no caben los antediluvianos pívots que viven en la zona. Los Warriors amenazaron con romper el partido, la figura de Green se agigantaba en defensa y LeBron en su ya habitual papel de "point-forward" se estrellaba contra la defensa de un Mike Brown disfrutando de su venganza servida en plato frío después de haber vivido cinco temporadas en Cleveland a la sombra de King James. Y es que otro aspecto desequilibrante de esa maquinaria perfecta construída en la Bahía es el tener como entrenador asistente al técnico que posiblemente mejor conozca a The Chosen One. Ni un detalle al azar en unos Golden State cimentados para seguir haciendo historia. Si Cleveland se sostuvo en el partido fue gracias a la efervescencia anotadora del base menos base de la NBA, un Kyrie Irving rompiendo la zona de su rival como un cuchillo penetrando en mantequilla y que con 10 abajo se saca de la manga una de las jugadas del partido: un 3+1 ante un Klay Thompson incansable en defensa (abnegado trabajo en consonacia con la responsabilidad de saber su mal partido en ataque) para comprimir el marcador en un 43-49 a falta de unos cinco minutos para el descanso que apenas conocería variaciones en la relevancia de cara al partido, ya que ambos equipos enfilaron los vestuarios con un 52-60 que si bien demostraba la superioridad de los de San Francisco mostraba a unos Cavaliers vivos y con opciones.  



Durant se había guardado sus triples para la segunda mitad de la batalla. Abrió desde la distancia letal un parcial de 0-13 al que acompañó Curry con otras dos canastas desde su distancia favorita para romper el partido. 52-73 en un abrir y cerrar de ojos. Se acabó el partido. El último cuarto y medio fue simplemente la constatación de que estos Cavaliers no alcanzan al nivel de unos Warriors varios peldaños más letales que la pasada temporada. Incluso con un Love a un buen nivel (15 puntos y nada menos que 21 rebotes, compensando la sequía de un habitual "arma X" de los de Ohio como Tristan Thompson que dejó una raquítica tarjeta de 4 rechaces y sin anotar), siendo un jugador ausente en las finales de 2016, el Big Three de James-Irving-Love palidece ante estos Warriors de Kerr y cada vez más Brown, un Mike Brown quien volvemos a insistir, parece conocer mejor que nadie como desactivar al mejor jugador del mundo. Hambre Warrior para limpiar la afrenta del pasado año, demostrada en el hecho de que con el partido sentenciado un conservador Brown sólo se atrevió a sentar a sus figuras a dos minutos del final, cuando los LeBron, Love e Irving ya llevaban tiempo con sus cabezas bajo las toallas en la bancada visitante. Trabajo por hacer para Tyronn Lue, a quien no le quedó más remedio que reconocer tras el partido que estos eran los mejores Warriors que jamás había visto. Trabajo que pasa por entre otras cosas recuperar a un banquillo del que se espera mejor rendimiento. Sangrante es que uno de los grandes especialistas del perímetro de los últimos años en esta liga como Kyle Korver se quedase con su casillero de puntos vacio (tres intentos triples errados), más sangrante todavía ver a un errabundo Deron Williams, quien no hace mucho peleaba con Chris Paul por el trono de mejor base del mundo, actuar como uno de los peores directores de juego suplentes que uno pueda recordar en unas finales (y capaz de que echemos de menos a Mathew Dellavedova... no queremos ni pensar lo que hubiera supuesto el deseado Ricky Rubio en este equipo), sólo el voluntarioso veterano Richard Jefferson pareció atisbar alguna esperanza de que Cleveland presente credenciales de orgullo de vigente campeón. 



Es sólo el primer partido, el que coloca un 1-0 en el casillero en el favorito, en el equipo que no olvidemos el pasado año adquiría un 2-0 de ventaja y veía remontar por primera vez en la historia un 3-1 a favor. Pero las sensaciones, las pequeñas batallas que conforman el total de una guerra, resultan demoledoras. Curry superando a Irving y despejando todas las dudas sobre el fantasma del famoso triple que a falta de 53 segundos dejaba en bandeja el anillo para los de Ohio con el base Cavalier ajusticiando con un "cross over" sobre el MVP de los dos últimos años. Klay Thompson y Green gigantescos en defensa, sin necesidad de mirar el aro. Mike Brown curtido en mil sinsabores (con los propios Cleveland o con unos Lakers aspirantes a mejor equipo de la historia) destrozando cualquier planteamiento, si lo tuviera, de Tyronn Lue... y por encima de todo el efecto "Durantula" planteando un más difícil todavía para el gran LeBron James. Ya no sólo se le pide a un cuatro veces MVP y ganador de tres anillos como The King subir la bola, anotar desde fuera, jugar al poste y vaciarse en defensa, además de eso ahora tiene que anular a uno de los jugadores con mayor talento ofensivo de todos los tiempos como es el ex de Oklahoma City. Demasiado para un solo hombre por muy King James que seas.



Esto no ha hecho más que empezar, pero en el vestuario de Cleveland tienen que encontrar una solución a una picadura que amenaza con ser mortal. La Durantula quiere su primer anilllo. Ajeno al duelo entre Curry y LeBron el espigado alero que lleva cinco años viviendo a la sombra de los dos genios de Akron, deseando volver al mismo escenario en el que estuvo hace cinco años, cuando al lado de Russell Westbrook y James Harden se esperaba que liderara un equipo dominador como aquellos Oklahoma City, ambiciona su primer anillo. Para ello este verano decidió unir sus fuerzas con los Curry, Thompson, Green o Igoudala (dejando en evidencia, como ya hemos expresado en este blog, las diferencias en el trato mediático con KD y el LeBron que une sus fuerzas con Wade y Bosh para ganar anillos) La Durantula cambió de ecosistema para poner patas arriba la NBA. ¿Encontrará Cleveland el antídoto a su picadura?